pared blanca

*La ventana en el hospital*

Esta es una historia muy hermosa que me encantaría compartirla con todos ustedes:

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba.

Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones.

Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosa que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarlos, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.

Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo él mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

El hombre preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indicó: “Quizás sólo quería animarlo a usted”. 

Era tarde, las manecillas del reloj marcaban más de las 10:00 PM y su mirada se mantenía fija en ese reloj que colgaba sobre la blanca pared mientras yacía sentado en uno de los sofás de aquella sala esperando que la puerta del pasillo se abriera en cualquier momento. “ ¿Cuánto tiempo tendré que esperar más?”, hablo para el mismo pasando sus dedos entre ese cabello negro y lacio que estaba por completo alborotado después de haberlo hecho tantas veces durante todo ese rato que duro con la espalda recargada sobre ese respaldo acojinado “Debí de obedecer a ese impulso de mi estómago e ir por al menos una bebida” su susurro fue más alto mientras volvía a pasar su vista a esos números que marcaban la hora. Giro con rapidez cuando la puerta se abrió de par en par y dando un salto, subiendo sus manos haciendo un ademan con ambas aplicando esa sonrisa que siempre tenia termino por negarle — Unos minutos más y mi estómago realmente comenzaría a odiarte.


Habitación de cada signo:

Aries: No pasa mucho tiempo en su habitación, así que tiene pequeñas decoraciones pero no muy ordenado.
Tauro: Tienes la cama más cómoda, tú si sabes como descansar.
Géminis: Cambias constantemente tus decoraciones, posters van y vienen.
Cáncer: “Acumuladores” te vendría bien ver ese programa c;
Leo: Tus habitaciones tienen temas, de un artista o una filosofía. Son bonitas ;3
Virgo: Campeón/a del zodiaco, tu habitación es la más limpia y ordenada.
Libra: No sabes si la pared será blanca o azul, pero siempre andas en busca de la armonía.
Escorpio: Seguro encontraras símbolos satánicos y muñecos vudú. Nah, mentira, pero tu habitación habla mucho de ti así que… ¿Por qué no entras? vamos, entra, entra…
Sagitario: Mapas, fotografías de lugares que quiere visitar o a los que ha ido… no ocupa más tiempo para cosas más complejas.
Capricornio: Tiene cosas que le sirvan, y decora solo para que vean que su bolsillo tiene para todo eso c;
Acuario: No sé, aquí puedes encontrar lo más raro de todo el zodiaco, en vez de luces de navidad, tendrá colgado papel higiénico como decoración.
Piscis: Le falta un poco de luz, y esta algo desordenada, pero es una habitación en la que dices “es como en casa”.

Ella - One Shot (Wigetta)

La situación no era lo suficientemente favorecedora paraSamuel, no al menos como él la hubiese imaginado. Se encontraba en su habitación, pensando en lo que su compañero de piso le había estado recalcando durante toda la semana. San Valentín se acercaba, y con él, todas las dudas florecían como día de primavera. Willy había agregado una nueva palabra a su diccionario matutino; “ella”, era el término que últimamente le estaba colmando la paciencia, no porque fuese un artículo sin sentido, sino porque ese “ella” estaba haciendo planes con él. No pensaba mantener retenido a su compañero de piso en un San Valentín completamente plástico; falso y sin vida, ya que era totalmente consciente de que no sería capaz de decirle a la cara lo mucho que lo quería; lo mucho que deseaba estar a su lado y compartir con él éste, y millones de otros días.

-Soy un cobarde- Se lo había planteado muchísimas veces, pero jamás pudo concretar de la manera que a él le hubiera gustado. Había tenido cientos de veces las palabras atoradas en la garganta, esperando a que salieran expulsadas aunque fuese lo más vergonzoso del mundo. Lo había visto allí, sentado en su silla reclinable; totalmente concentrado en la edición de sus videos diarios.
-No debería haber esperado tanto- Sin duda se arrepentía de ello; llegar a esta situación lo estaba matando lentamente. Escuchar como el menor hablaba de “ella” sin reparo alguno, lo estaba destruyendo lentamente, y es que ya le había contado absolutamente todos los planes que tendría con ella; a dónde irían a comer; que lugares visitarían y que tenía planeado hacer con ella a la noche. Intentaba omitir por completo esto último, más aún cuando el menor se volvía excesivamente detallista en lo que comentaba. Nunca lo había visto tan interesado en una situación amorosa, mucho menos con una chica, pero podía suponer que su compañero había encontrado a alguien que lo hiciera feliz, y ahí él no podía hacer absolutamente nada más que aceptar lo que el otro sentía y peor aún, intentar respetar esa decisión.
-Se supone que debería estar grabando, no pensando en estas cosas. Al fin y al cabo Willy ya es un adulto- Sonaban gracioso en su cabeza esas dos palabras. “Willy” y “Adulto” no calzaban en absoluto, pero quizá era así, quizá su compañero ya había madurado lo suficiente para dar un paso adelante y seguir con su vida amorosa, esa que estancó por muchísimo tiempo por culpa de Youtube.
-Hombre, Vegetta. ¿Estás en la tierra? Te he estado llamando por casi media hora- Sabía que lo estaba llamando, pero la verdad era que no quería ir. Ya se había adelantado a lo que sucedería; Willy se vería fenomenal en ese traje que le había visto comprar días antes; de seguro le preguntaría “¿cómo me veo?” y él tendría que aguantarse las ganas de lanzarse encima de él, y decirle que se veía más que encantador… que por favor se quedara con él y no saliera con esa chica que recién había conocido.
-Ya voy- Respondió, no sin antes revolverse el cabello con cierta frustración encima. Era terrible mintiendo, así que prefería ir, mirarlo de reojo y decirle que se veía bien; sin dar malos entendidos ni explicar cosas que no eran. Golpeó el escritorio frente a él con el puño cerrado, deseando que esa chica, que ahora odiaba más que a nadie, no hubiera aparecido en sus vidas. Aunque era irracional pensar así, más cuando él nunca fue capaz de decirle al contrario todo lo que tenía en mente. Le había hecho un carta de lo más cursi, con corazones de cartulina roja recortada por él mismo; era una verdadera vergüenza para las manualidades, pero esperaba que todo ese esfuerzo lograra sacar del rostro de Guille aunque fuese una pequeña sonrisa. Se sentía tonto por estar enamorado de su amigo; por hacer cartitas de amor como si tuviese 15 años, y peor aún, se sentía tonto por celar a una chica que ni siquiera había visto. Quizá era un encanto; una chica ideal para él, pero le costaba tanto concebir la idea de que, quizá, sólo quizá, ese chico que él veía como un niño, su niño, se haría hombre esta noche.
   Se levantó del escritorio, ofuscado por la cantidad de información que se le estaba pasando por la cabeza, saliendo de su habitación en busca de su tan desesperado amigo.
-¿Y? ¿Qué querías, chiqui?- Se apoyó en el marco de la puerta de la habitación del menor, cruzándose de brazos, mientras esperaba a que el otro hiciera su aparición estelar.
-Cierra los ojos- La voz de Guille salió en un titubeo. Samuel sonrío de lado, cerrando los ojos y tapándoselos con las manos; quería ser fiel a lo que le pedía el contrario. Su mente le comenzó a pasar malas jugadas ¿Y si Willy quería besarlo? ¿Y si ahora mismo estaba a pocos centímetros de su rostro? Tenía miedo de sacar las manos de sus ojos y arruinarle la sorpresa… lástima que su mente sólo hacía eso; jugar con él y con sus emociones.
-Vale, mira- Vegetta, quien ya tenía el corazón en una mano, sacó las manos de su rostro, mirando a un Willy irreconocible. Estaba con ese traje impecable que lo había visto comprar; tenía razón, era para esta ocasión. Los pantalones de tela le quedaban a la medida; junto a eso llevaba una camisa color crema, una corbata color vino y un saco que le caía de manera elegante gracias a ese corte recto. Su pelo estaba perfectamente peinado hacia un lado, sin dejar de lado esos típicos mechones que caían en su frente. Samuel quedó embobado ante la imagen que le estaban presentando. ¿Cómo podía verse más guapo de lo que ya era? Nunca hubiera pensado verlo en una faceta tan majestuosa, más todavía con corbata y traje.
-¿Cómo me veo?- Era una pregunta tan incorrecta. Samuel tenía ganas de escupirle en la cara la cantidad de adjetivos que tenía para él, sin contar que su corazón palpitaba de manera acelerada, en busca de ese aprecio que tanto había anhelado de él.
-Te ves bien- Respondió, con una sonrisa más que fingida. Ese “Te ves bien” no reflejaba en absoluto lo que quería decirle. Recordaba la carta que ahora reposaba en su escritorio; recordaba cómo había expresado todo lo que sentía en palabras un poco infantiles pero sinceras… si se la entregaba ahora no haría más que perjudicar la cita de su amigo; sólo quedaba resignarse y maldecir la cobardía que había presentado todos estos meses.
-¿Sólo bien? Tío, que mala gente. Dime algo bonito, vamos- A veces su inocencia se volvía terriblemente dañina. Vegetta no sabía si podría aguantar mucho más la situación así que, diciendo un par de palabras cutres y sin sentimiento, salió raudo de la habitación de su compañero de piso, encerrándose en la suya. Haría directo esta noche, o al menos se obligaría a hacerlo para que su mente trabajara en algo que no fuese Willy, pero se le hacía imposible pensar en otra cosa que en la dicha de su amigo y la terrible desdicha que él mismo estaba presenciando. Imaginarlo besando a esa chica desconocida, abrazándola y desnudándola le provocaba más asco que cualquier otra cosa. El corazón se le perturbaba de tan sólo pensar en ese niño gruñón, tomado de la mano a esta chica, para invitarla a quizá qué lugar.
-No vale la pena todo esto- Negó con la cabeza, tomando la carta que había hecho con tanto esmero, para guardarla en el bolsillo de su abrigo. Si intentaba esconder en el cajón del escritorio podría encontrarla cualquier persona, y botarla no era una opción… al menos le serviría para recordar lo mucho que quiso a su compañero.
-¡Voy saliendo!- Aquel grito de parte del menor retumbó por todo el departamento, seguido por el golpe de una puerta que, de seguro, sería la de entrada. Le costaba tanto asimilar la situación; Guillermo había crecido, y había encontrado a alguien que lo hiciera feliz. Siempre pensó que los dos se mantendrían en la misma posición; que ninguno se enamoraría y que finalmente terminarían mirando al lado, notando como el contrario los complementaba más que cualquier otra persona. Lamentablemente cometió el terrible error de hablar por los dos; crear un universo donde su deseo más grande era el pensamiento de los dos, sin notar que sólo se hacía daño, al pensar que él podría sentir algo por su persona.
-Es que soy tonto…- Apoyó los codos en el escritorio, dejando descansar su cabeza en las palmas de sus manos. Ya era suficiente trabajo estar aguantándose las ganas de besarlo cada vez que se le daba la oportunidad. Ya no podía lidiar con tantos problemas, menos con una chica… Samuel siempre pensó que, el nunca haber desmentido los constantes rumores sobre lo que tenían ellos dos, podría haber significado que realmente tenían algo, o que el menor podría haber sentido algo por él, pero darse cuenta de la realidad era muy duro, más cuando se vive en una mentira tan alentadora. Samuel estaba dispuesto a dejar todo y avanzar… aunque le significara vivir en constante agonía, mirando a su par invitar a esta chica al departamento, quizá compartir con ella en las fechas importantes.

     No se alejó del ordenador ni un solo segundo. Sabía que, en el momento en que hiciera aquello, saldría corriendo de allí, en busca de su amigo. Tenía todo listo, no había nada más que grabar y, aún así, se mantenía moviendo el ratón de un lado a otro, abriendo pestañas, cerrando otras, mirando videos y jugando sin interés alguno. Los rayos del sol comenzaron a descender, marcando un trayecto más que claro en la pared blanca del mayor. Éste, con el alma por el piso, decidió levantarse de la silla reclinable, caminando hasta la ventana de su habitación. Siempre le gustó haber escogido esta que, aunque no fuera tan grande, tenía una vista privilegiada de lo que era Los Ángeles. El sol se levantaba por la ventana del menor, y se acostaba por la de él.
-Siempre imaginé un día así, a su lado- Apoyó la mano en el borde de la ventana, dejándose llevar por sus ideas. La brisa costera entraba con delicadeza en la habitación, inundándola de aromas tan característicos de la zona. La tarde coloreaba el cielo en tonos rosáceos, anaranjados y rojizos, dando el perfecto color de San Valentín. Uno que pasaría completamente solo, lamentando hasta lo que no tenía lamento. Su vista se dirigió directamente a ese móvil, vibrando con vigor encima de su escritorio. Sintió como el aire se le agotaba al ver que la llamada era, ni más ni menos, que de su colega; Guillermo.
-Compañero, ¿Cómo va todo? ¿Ya me echas de menos que me llamas?- Se tambaleó por un instante, retomando el equilibro al sentarse en el borde de su cama. Tenía miedo de que se tomara a mal la broma, nunca se sabía cuando iba a estar de buen humor el menor, mucho menos en una situación tan tensa como la que, de seguro, estaba viviendo en ese instante.
-Tío, aún no llega… me estoy acojonando en serio. Ven a alentarme aunque sea- Hay pocas veces en la vida, en la que uno siente que el corazón sale prácticamente expulsado del cuerpo; sientes como la sangre pasa tan veloz por las venas, que en cualquier momento estallarán por la presión. Samuel estaba sintiendo eso y lo siguiente; no sabía el porqué de su emoción, pero sin duda se sentía importante. El pequeño; su pequeño, estaba asustado por lo que venía. Era un poco egoísta de su parte el no haber atendido a sus nervios con antelación. Él ya había tenido muchas citas; había experimentado tanto con hombres como con mujeres, y cada una de esas experiencias le había dejado buenos aprendizajes.
-Me tengo que dar una ducha rápida, y arreglarme… digo, si este cabezón fue tan elegante, debe ser un lugar importante- La forma perfeccionista con la que actuaba el mayor día a día, le jugaba en contra en estas situaciones. Sabía que debía llegar rápido o podría encontrarse con la cita del menor. Era una cosa u otra. Arreglarse y demorarse la vida, como solía hacer siempre, o ducharse rápidamente y ponerse lo más decente que tuviera a la mano. Titubeó, pero finalmente se decidió por la segunda opción; no era la que más le gustaba, pero era la más necesaria en estos momentos, así que se puso manos a la obra. En cuestión de segundos estuvo en la ducha, enjabonándose a la par con que se echaba shampoo en el cabello y se enjuagaba de pies a cabeza. Cuando se sintió lo suficientemente limpio, salió de esta, tropezando con la baldosa fría del baño.
-No hay dolor, no hay dolor. Au, au, au- Dijo entre dientes, levantándose del piso para dirigirse a las gavetas de su ropero; el orden había pasado a segundo plano. Las camisas comenzaron a volar por los aires, mientras buscaba algo que pudiese ser apto para entrar a un lugar tan sofisticado; aunque no tuviera la menor idea de donde era. Su vista se clavó en esa camisa de algodón puro que le había regalado su padre en navidad. Era de color gris, muy parecida a la de su compañero de piso. La tomó sin chistar, abrochándola con cierta torpeza, dejando el último botón sin mover de su sitio. Detestaba tener las camisas cerradas hasta el cuello, más por sentirse ahogado que por verse un poco soso. Los jeans del día anterior colgaban del respaldo de la cama, así que tomó esto como una simple señal; se los puso con rapidez, corriendo a por calcetas y sus convers favoritas.
   Al mirarse al espejo se pudo ver ansioso. No era un Adonis ni mucho menos, pero estaba arreglado, fresco y perfumado, así que con eso le bastaba. Tomó el abrigo que colgaba en el gancho de la puerta de su habitación, saliendo hecho un bólido, del departamento que compartía con su compañero.
-¿Pero a donde tengo que ir, chico?- No dejaba de gruñir, mientras caminaba, un poco desorientado, por las calles oscuras de Los Ángeles. Su móvil vibró, dejando entrever ese mensaje que tanto esperaba. Su Whatsapp estaba inundado de mensajes del menor, que le decían donde era el sitio al que debía llegar y como debía llegar. Siempre había sido muy despistado para las calles, pero logró reconocer aquel lugar en cuanto leyó la dirección que su compañero le enviaba… era aquel restaurant donde habían ido a cenar un día cualquiera. Recordaba lo gracioso que había sido leer los comentarios de la gente, mientras cada uno de ellos sacaba una foto a su compañero, incitando a los rumores con esa coletilla tan interesante:

“cenando con…”

     Las fotos de ambos, mostraban al contrario sólo del cuello para abajo, dando una sensación de estar ocultando algo terriblemente importante. Vegetta no quiso admitir cuanto le asustaba hacer esto, más aún cuando sus sentimientos ya estaban más que claros, pero ver sonreír al contrario, con esos mofletes gordos y esos ojos pequeños, le enternecieron y ablandaron el corazón, haciendo imposible el negarse ante la tentación de sacarse una foto como si fueran una verdadera pareja. Las fotos se hicieron virales y los comentarios intensos, pero eso no evitó que esa noche fuera buena y cálida…
-Y ahora el tontaco lleva a esta tía al mismo restaurant- Le parecía absurdo, casi de mal gusto. ¿El menor no se daba cuenta de lo doloroso que era eso? Claramente para él, esa cena y todas las que habían tenido en ese mismo lugar, no habían significado nada pero, ¿Llevarla como primera vez a ese lugar? Le parecía que estaba mal de la cabeza, más todavía cuando lo llamaba para “alentarlo”. –Ya te aliento yo chaval, estampándote la cara en la pared- Siempre se sentía gracioso cuando estaba solo, no así cuando estaba en compañía de alguien más que, obligado, debía reírse de sus chistes sin gracia.
     La caminata no se hizo muy duradera puesto que el local no estaba tan lejos de casa. Miró unos segundos la entrada del restaurant, notando los pequeños detalles de escultura que tenía esta y como se habían esmerado en decorar los pilares a los costados de la puerta. Inhaló pesadamente y entró con paso firme, sintiéndose descolocado al mirar al recepcionista que, con un menú en la mano, lo bombardeó de preguntas que él no estaba escuchando.
-Señor, ¿mesa para uno?- Al parecer el hombre, que vestía un elegante esmoquin negro, había hecho la pregunta demasiadas veces.
-N-no- carraspeó. –No, de hecho vengo a ver a alguien- Se sentía estúpido hablando como un niño pequeño, pero no tuvo más remedio que apuntar al menor, quien estaba justo en la misma mesa que se sentaron ese día; aquel día donde se sacaron esas fotos tan comprometedoras.
-Por aquí, señor- El hombre de esmoquin comenzó a caminar por alrededor de las mesas plagadas de gente, hasta llegar frente a la mesa de Guillermo.
-Gracias- Dijo el mayor, en cuanto el recepcionista se inclinó y se retiró al mismo lugar donde lo había visto por primera vez. Se sentó sin decir palabra alguna, quedando frente a su compañero.
-¡Que elegante!- Willy se mordía la lengua por lanzar alguna broma sobre el aspecto informal del contrario. No es que estuviera hecho un mendigo, pero destacaba entre todas las personas que estaban sentadas a su alrededor.
-Que gracioso. Chaval… si es que Vegettita tiene que salvarte de todititas- Guillermo alzó una ceja, suspirando resignado ante los chistes bastante malos que su compañero lanzaba. Samuel lo disfrutaba. ¡Que importaba decir incoherencias, cuando estaban juntos!
-Creo que tu cita no vendrá…- Comentó el mayor, un poco más serio. No era que se alegrara por la situación que estaba viviendo su compañero, de hecho esperaba que esto no le afectara para que, en un futuro, se animara a tener nuevas citas
-Mi cita acaba de llegar- Samuel palideció, mirando a su alrededor con desesperación. ¿Había llegado justo ahora? No podía creer la mala suerte que tenía. El sentarse en esa silla fue el detonante para que la chica llegara. ¿Y si había sido un maldito plan para ser la burla de los dos? Ahora mismo no podía pensar con claridad, de hecho tenía ganas de tirarse al piso y desaparecer. Le costaba creer que el contrario hubiera hecho algo tan cruel como aquello.
-Entonces será mejor que me vaya antes de que me vea aquí- Dijo, apoyando las palmas de sus manos en la mesa, impulsándose para pararse. –Espero que todo salga bien chico, y no te pongas nervioso- Tenía el corazón apretado y las manos sudorosas. Sentía que si no salía rápido de allí, todos sus pensamientos le jugarían en contra… no podía, realmente no podía.
-¿Eres tonto? Siéntate- Dijo en un ademán de resignación. El menor no podía creer lo estúpido que se veía su compañero de piso. No pudo evitar esbozar una leve sonrisa ladeada, cuando lo vio sentarse en esa silla frente a él, con la frente levemente perlada por sudor.
-¡Vamos tío! ¿Quieres que me quede a mirar?- Samuel contuvo el aliento, sin entender qué diablos pasaba a su alrededor. ¿Por qué? No había otra pregunta que le rondara la cabeza. ¿Por qué le hacía esto? Comenzó a tamborilear con los dedos en la mesa, mirando a su alrededor, nervioso.
-Hombre… Vegetta… ¿no lo entiendes, en serio?- Guillermo estaba impactado por el poco tacto del contrario. Frotó sus sienes con frustración, preguntándose si sería lo correcto ser tan directo.
-¿Entender qué? Willy, esto no me está pareciendo para nada gracioso tío. Vale, que te aguanto muchas cosas chico, pero esto no es gracio…

//// https://www.youtube.com/watch?v=HoZbZHaUQ2I ////

-Tu eres mi cita- Para los dos, de manera espontanea, el tiempo se detuvo. Sintieron que estaban en una burbuja, aislados de todo y todos. Guillermo por su lado, avergonzado de haber sido tan directo, y Samuel, con el corazón en la garganta, preguntándose si lo que había escuchado había sido efecto de sus sentimientos atolondrados. El aire se comenzó a sentir liviano, casi inexistente…
-Willy… en serio, basta- Si ahora mismo Guillermo le decía “eh, que todo es una broma”, no sabría qué hacer. Estaba al borde del colapso, estático en su asiento, mirando al contrario con los ojos completamente abiertos, en espera de esa dolorosa estocada que le rompería el corazón.
-¡Tío! ¿En serio?- El rostro del menor se tornó más frustrado aún. -Eres mi cita- Samuel sintió como el color le subía rápidamente al rostro. Podía sentir como un estúpido querubín se las coloreaba de tonos rosáceos, sin piedad alguna. Pero ¿y la chica? ¿Ese “ella” del que tanto habló?
-¿Por qué me haces esto, cabezón?- El mayor se apretó la camisa, haciendo alusión a que él mismo se apretujaba el corazón, intentando que bombeara más sangre para no desmayarse en el intento. Que tonto era… no podía creer la cantidad de celos que sintió por esto. Los pensamientos tan irreverentes que lo dejaron sin dormir. -¿Y ella? ¿Qué pasa con ella?- Su corazón se estrechó una vez más, esperando atento a la respuesta que el contrario le tuviera.
-Es que es tonto… ¡No existe!- Como si se tratase de una broma con finales desastrosos, Apoyó la mano en su rostro, tapándolo de resignación y frustración. Nunca hubiera pensado que su “cita” sería un cabezón que no entendería el mensaje fluidamente.
-¡Pero tío! ¿Tú que tienes en la cabeza? Me has estado hablando toda la semana de esta tía inexistente. ¡Me hiciste ir de compras contigo!- Guillermo sentía la recriminación constante del mayor como una muestra de que al fin se estaba relajando.
-Quise ir contigo, porque como eres tan tiquismiquis, podría no gustarte lo que me pondría en nuestra propia cita. ¿Ves que pienso en todo?- Una conversación informal, para un momento demasiado formal. Se veían como dos niños peleando por nada; Guillermo sonriendo con un dejo de maldad, y Samuel, impactado por toda la información que debía tragarse en tan poco tiempo.
-Me cago en… no me lo creo, en serio. Si es una broma, será mejor que lo digas ahora… esto no me está haciendo bien- Parecía como si desde siempre hubieran sentido lo que el otro sentía. Cada uno se había valido sólo de su intuición. Guillermo sintió terror muchas veces porque esto terminara en tragedia; que Vegetta no aceptara esto y se marchara, dejándolo verdaderamente plantado. O que simplemente le dijera “no quiero perder la amistad”, pero sentía que si no arreglaban esto pronto, la situación empeoraría y la relación explotaría tarde o temprano.
-¡No es una broma! A ver… Samuel De Luque- Dijo con cortesía. –La chica que mencioné, no existe. Nunca existió. Esta cita está planeada hace mucho y…- Tragó saliva, intentando no desmoronarse ante la vergüenza que era cada vez más poderosa. –Y tú siempre fuiste el protagonista. Tu… tu eres mi cita Vegetta. Y si te quedas, te demostraré que a veces sé hacer cosas bien. Que no soy tan torpe como crees- Su voz se cortó, cosa que temía desde el principio de lo que para él, era el discurso más cutre de la vida. Apretó los labios, esperando respuesta alguna… la cual nunca llegó. Mirar al frente le dio la respuesta. Samuel se encontraba escondiendo su rostro en las palmas de sus manos. No estaba enojado, de hecho estaba muy lejos de poder sentir algo de irritación por el menor. Estaba avergonzado, terriblemente avergonzado y enamorado por este pequeño que lo sacaba de sus casillas, y a la vez, lo hacía sentir cosas inimaginables.
-¿Estás bien?- Guillermo se había comenzado a preocupar por la posición de su compañero. Samuel por su parte, sentía vergüenza, demasiada para poder mirar a los ojos a quien era su cita. Había pensado tantas estupideces que ahora lo acongojaban. Tenía que ser capaz de llevar la situación, después de todo estaba en un restaurant, con Guillermo frente a él, vestido de traje y corbata, y peinado como nunca en su vida lo volvería a ver.
-Estoy…bien. Si, estoy bien- Afirmó, mirándolo fijamente. Sus miradas se cruzaron, de manera que pudieron verse a través de ellos. Samuel no lo dudó más… realmente estaba enamorado de Guillermo, desde aquel día en el que le mostró esa dulce sonrisa; desde aquel día en el que se fueron a vivir juntos a compartir una vida; desde aquel día… en que lo vio dormir como si fuese un psicópata, escondido entre las sombras.
-Bueno, despabila, que te están preguntando qué quieres comer tío- Samuel miró a un costado, notando como un chico de no más de 25 años, esperaba atento a su pedido.
-Dile que pido lo mismo que tu- Comentó en un susurro, abochornado por su mal manejo del idioma. Guillermo, quien hablaba bastante fluido, hizo la orden para volver a poder tener esa privacidad tan de ellos.
-Eh… bueno… yo… quiero decirte que… feliz San Valentín- Tartamudear era una de las cosas que detestaba más en la vida. Guillermo se oía a sí mismo tan tonto al no poder concretar una sola frase hilada, pero no había nada que hacer… en ese aspecto estaba más que perdido. Samuel lo miró sorprendido, sonriendo internamente, reflejándolo en su rostro. Aún no había nada claro; no tenía idea del porqué de esta cita o las razones del contrario, así que se sentía como si pisara brazas calientes.
-Feliz… feliz San Valentín- Samuel se sentía tan dichoso en este preciso momento; sentía que cada cosa cuadraba a la perfección, algo que sin duda le gustaba mucho a él. Se levantó un segundo, quitándose el abrigo para colgarlo en el respaldo de la silla, recordando el contenido de uno de los bolsillos de este. ¿Entregársela? Quizá era un poco apresurado. ¿Y si el contrario se asustaba y creía que estaba obsesionado? Podría arrepentirse luego, pero ahora debía sacar toda la artillería, y esa carta era la puerta directa a sus sentimientos más profundos.
-Willy…- Susurró, moviendo la mano dentro del bolsillo, mientras palpaba aquel sobre con corazones torpemente recortados.
-Vuestra comida. Que lo disfrutéis- El mesero los sacó del ensimismamiento a los dos por igual. Dejándolos en un silencio que no fue para nada incómodo. Más bien se sentían torpes de estar embobados por la magia de este día.

      La comida y la charla hicieron de la noche algo muy ameno. Guillermo había tirado leves indirectas a su compañero quien, intentaba mantener la cordura, pero mucho le faltaba para ello, ya que en cuanto escuchaba alguna frase extremadamente cursi, sentía que las mejillas le iban a explotar, seguido por el corazón. Nunca había padecido la enfermedad del enamorado. Claramente había tenido citas, pero nunca había sido el cohibido, mucho menos por alguien como Willy, quien imponía más ternura que otra cosa. En cuanto la cena finalizó con el postre, los chicos se levantaron de la mesa, dejando la propina correspondiente y saliendo del local. Afuera corría una brisa marina muy agradable pero que calaba profundo en los huesos.
-Chaval, que frío hace- Comentó Guillermo, abrazándose a sí mismo, mientras jugaba con el vaho que expulsaba de su boca.
-¿Quieres irte ya o…dar una vuelta?- Samuel sentía que, en cuanto volvieran a ese departamento, toda la magia se extinguiría y volvería a ser los mismos de antes. Guillermo tan descuidado como siempre, tan insensible a veces, y él, un tonto sin causa, recortando corazones deformes.
-Vamos a la costa. Me entumo, pero…es sólo una noche- Willy no quería sonar borde con lo de “una noche”, pero esta, de la manera que fuera, sería una noche para recordar. Invitarlo a una cita ya era algo nuevo para él, y caminar por la costanera lo era aún más. Samuel asintió, caminando en calma a su lado. Los autos pasaban poco fluidos, y la gente en las calles era casi nula. Era bastante tarde pero no lo suficiente para ser de madrugada, por lo que los bares y restaurantes aún seguían en funcionamiento. En cuanto llegaron a la costa de Santa Mónica, bajaron por la arena, llegando lo más cerca que pudieran del agua, sin mojarse claramente.
-Ostras chaval… que bonita se ve la luna- El agua hacía un efecto de espejo que lo fascinaba de una manera abismal. No había muchas estrellas producto de la contaminación lumínica, pero sin duda era una escena más que conmovedora. Sintió la mano de Guillermo tironeándolo de la camisa para que se sentara en la arena a su lado, así que no dudo en imitarlo, sentándose lo más cerca que pudo del menor
-Esto es muy raro…- Dijo el menor, abrazando sus piernas con los brazos, mientras mantenía la vista clavada en el mar. Las olas sonaban constantes, quebrando en la orilla y volviendo a acumularse.
-Esto te parecerá más raro pero… tengo algo- Este era el momento. Estaban solos, en medio de la playa, sentados uno al lado del otro sin saber que hacer o decir. Samuel metió la mano en el bolsillo de su abrigo, sacando la carta que ahora le parecía más vergonzosa que la primera vez. –Ten… disculpa por… todo. Es una basura, lo sé- Guillermo tenía los ojos como platos, intercambiando la vista a la mano de Samuel, la cual le estiraba un sobre lleno de corazones para luego depositar la mirada en el rostro de su compañero. –Tómala ya, cabezón. Que no es una araña- Samuel ya sentía la cara hervir. No podía ser que ahora estuviera en manos de su compañero aquella carta que nunca pensó entregarle. Había sido más bien un desahogo por todo lo que tenía encima, pero no había nada que hacer, ya no podía quitársela, ahora le pertenecía completamente.
-¿Quién hizo los corazones? ¿Un niño de 5 años?- La risa aguda del menor hirió el orgullo de Samuel, quien sólo optó por mirar hacia un lado, esperando que la tortura de los corazones terminara luego.
-Joder niño, que la abras. Lo importante es lo de adentro. ¿No te enseñó eso tu mami?- Hizo un puchero para sí mismo, mirando como el menor se interesaba cada vez más en aquel sobre, el cual rasgó sin mucho cuidado, sacando la hoja de oficio que había doblado de manera perfecta para que cupiese en el sobre.
-Vamos a ver que tiene Vegetta para decirme- Willy sonrió de lado, mirando a Samuel con dedicación, para luego sacar su móvil y poner la linterna. –Supongo que tu plan siniestro no es que quede ciego- Dijo este, alumbrando con esa luz potente la hoja que contenía muchas letras y palabras que no quería leer aún. Deseaba comenzar desde el inicio de esta. Inhaló relajado, comenzando la lectura

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Querido Guillermo… vale, eso no queda para nada bien. Hola Willy. Eso me suena más lógico.

    Como verás, esta es una carta muy cursi… si tiene corazones te pido que te prepares porque NUNCA he hecho esto en mi vida, así que si me expreso como un tontaco, entenderás que no tengo pasta de escritor.
   Que difícil escribir lo que siento por ti… digo, ahora mismo debes estar leyendo esto y diciéndote “bah! Este tío está loco como las cabras que tanto le gustan” pero no! No estoy loco, o bueno…quizá si lo estoy por enamorarme de alguien tan despreocupado, como tu…
   Que si!!! Acabo de decir que me gustas! Que me traes loco (bueno, eso no lo había dicho) pero la verdad es esa… yo creo Willy… creo que te quiero mucho. Espero no estar cerca de ti cuando estés leyendo esto, porque creo que estaría más que avergonzado porque me leas decir tantas cosas sin sentido. Me da miedo lo que siento Willy… digo, estoy enamorado de mi mejor amigo ¿qué quieres que haga? Te tengo 24/7 y no, aunque no lo creas, no me molesta en absoluto, porque eres tú y si no lo fueras, creo que no sería capaz de aguantar tanta estupidez junta. Pero vale, vale… me pongo serio… ejehm…
   Willy… Guillermo… me gustas. Me gustas mucho, ahora mismo te oigo roncar, porque sí macho, roncas un montón! Me desvío!!! Sé que estás durmiendo, pensando en esa chica que tanto interés ha causado en ti. Sé que descansas tranquilo, que estás emocionado por San Valentín y que, de seguro, estás nervioso por tu cita con ella. Siempre me he preguntado como será tenerte a mi lado, sin miedo de que te alejes de mí. Soy un cobarde, por mucho que aparente no serlo, y toooodo lo que he dicho, es verdad. He pensado en acercarme a ti, decirte cuanto te quiero, cuantas veces te lo he dicho en serio, pero luego el temor me invade y me digo “joder, que el chico se asustará y se alejará”. Tengo 25 años Willy, para mi eres un niño… pero eres mi niño. Y eso no lo podrán cambiar ni los juegos, ni las risas, ni que tengas a alguien más en tu vida. Maldita sea, estoy llorando mientras escribo esta cosa tan cursi… de seguro me debes ver como un tonto ahora mismo. Si tienes esta carta en tus manos, significa que algo drástico cambió en mis planes, quizá ahora mismo estoy en España, escapando de la realidad, o quizá estoy encerrado en mi habitación, esperando a que me dé un ataque cardíaco, pero de lo que estoy seguro, es de que algo importante pasó, y por eso mismo tienes esta carta tan cutre en tus manos. Discúlpame, nunca he sido bueno para las manualidades.
     No sabría que más escribirte ahora mismo… me siento muy tonto macho. ¿Es bastante tonto decirle a quien quiero todo lo que siento? Yo creo que si… soy un tonto, pero creo que vale la pena, aunque sea para no vivir en mentiras.
    Pero bueno! No me quiero poner cursi ni mucho menos (aunque ya sobrepasé todo lo cursi que podría ser) así que eso… te quiero Willy, me gustas y estoy enamorado de ti. Sólo espero que, no recibas jamás esta carta, porque eso significaría que cedí ante mis peores miedos… perderte. Te quiero y feliz San Valentín.

  Atentamente: Samuel de Luque (vegetta)

Guillermo se encontraba cabisbajo, mirando la carta con detención. No leía absolutamente nada, sólo la observaba, sintiendo los ojos inundados hasta decir basta. Su mentira le había hecho demasiado daño a quien quería, había causado temores irracionales, todo por una “jugarreta”
-¿Willy?- Samuel, quien miraba a Willy hace varios minutos, notó aquellas leves lágrimas asomarse en los ojos del contrario. Lo primero que se le vino a la cabeza fue “lo perdí”. Quizá la carta lo había afectado y la noche se había arruinado.
-Que tonto eres macho…- Guille se atrevió a hablar con la voz temblorosa, al igual que las manos, las cuales sostenían aquella carta que le había parecido lo más increíble que pudiera haber recibido en esta fecha. –Tenías tanto miedo y yo… joder, soy un hijo de puta- Samuel se quedó estático mirando a su par, quien no dejaba de recriminarse.
-Oye… tranquilo chico. Tu nunca supiste de esto… digo, es normal que actuaras así. Mira, date cuenta del lugar en el que estamos. Mira el mar, la luna… estamos felices… no llores por esas cosas chiqui… después de todo, es sólo una noche- Samuel se sentía confiado y relajado. Esta noche sería eterna en su mente, aunque quizá mañana no sería lo mismo. Quizá mañana volverían a ser sólo dos desconocidos, ocultando su amor al contrario.
-Te amo… te amo. Y-yo…yo te amo desde hace mucho. Y…perdóname- Samuel giró el rostro como si se tratase de una cámara ralentizada, mientras veía el rostro de Willy, cada vez más cerca del suyo. Guillermo no lo dudó… lo necesitaba hace mucho. Necesitaba de su compañía, de su amor y de sus chistes sin gracia. Todo el miedo que lo invadía era infundado por cosas inexistentes, y ahora podía detener el tiempo para ambos y dejar que el amor fluyera como gotas de agua. Apoyó sus manos en los hombros del mayor, acercando su rostro hasta poder alcanzar los labios contrarios. Fundió sus labios con los de Samuel, cerrando los ojos y dejándose llevar. Todo su cuerpo se dejó llevar… podía sentir la luz de la luna, las estrellas… podía sentir las nubes y el agua… sentía como se fundía con el mayor, en algo tan cálido y puro; algo mágico y nuevo para él. Samuel por su parte, centró todos sus sentidos en esos labios temblorosos y fríos. Sentía sus latidos unirse con los del menor, creando una melodía única y magnífica… podía sentir cuanto lo amaba, cuanto había esperado por este momento. No había miedos ni reproches. No había distancias provocadas por ellos mismos… sólo estaba la luna, de testigo… el mar de acompañante y la brisa, de cobija.

    La noche pasó, luego de una caminata nocturna por las calles de Los Ángeles. Los dos estaban embobados, mirándose de vez en cuando; perdiendo el aliento y sonriendo con cierta vergüenza. Al llegar al departamento cada uno se fue a su habitación, encerrándose en su propio mundo; su propia vida… cuando Samuel despertó, agitado por el sonido del despertador, notó que la mañana anunciaba un nuevo día, y con ello… un desastroso desenlace para lo que había sido una noche inolvidable.
-Mierda…- Susurró, masajeándose las sienes con frustración. Aquel beso… ¿cómo viviría sin él? Luego de haberlo probado, no quería alejarse de aquello nunca más en la vida. No lo pensó demasiado, levantándose de la cama y saliendo de su habitación en busca del menor, quien de seguro dormía plácidamente. Verlo despierto, editando un video pendiente, lo dejó un poco tenso. Pensaba despedirse de él y de sus esperanzas mientras durmiera, pero mirarlo de frente, allí, sentado y pendiente de todo, lo hizo querer arrancar.
-Hola Vegetta, buenos días- Willy giró la cabeza, mirando con seriedad a Samuel, quien se retorcía por dentro, queriendo saber si ya era hora de olvidar todo lo que ocurrió esa noche, o de si podrían darse una oportunidad… tenía miedo, mucho miedo de que la primera opción se hiciera presente. –Que tiquismiquis eres. Ven, dame un beso- La sonrisa de Willy se expandió, marcando un aire de ganador. Él tenía más que claras las inseguridades del contrario. Verlo tan asustado por el futuro le preocupaba, pero si podía darle la seguridad de estar con él, quizá todo andaría mejor.
-Me asustaste chico. Ya pensé que lo habías olvidad- Samuel sintió como el corazón le pegó un brinco, al escuchar las palabras del menor…

“dame un beso”

  Siempre pensó que era el más valiente de los dos, que podría aguantar cualquier adversidad… pero al sentirse cobijado por la dulzura de su compañero y luego notar que podía perder todo aquello por lo cual había caído rendido, le demostró que su fortaleza era mínima. No dudó en acercarse al menor, para besarlo con cariño, con ansiedad… esto le demostraba que lo habían logrado; habían dejado atrás sus miedos… Guillermo, quien dejó de lado las inseguridades, para vivirlas y superarlas, y Samuel, quién dejó de temerle a ella… ese “ella” que tantas lágrimas le había sacado.
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Feliz San Valentín! ^^ Espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo <3

Día 29.

Samuel no había podido dormir por culpa de la pregunta que Estefania le había hecho, lo estaba poniendo a elegir, ¿Qué más pruebas quería? Se iba a divorciar, aunque, le había pedido tiempo para pensarlo. Estaba dudando, dudaba sobre su propio divorcio.

Necesitaba un descanso, ese día no fue a trabajar, sólo llevo a Zeus a la escuela y se fue a caminar un rato, necesitaba pensar las cosas, necesitaba saber que pensaba, que sentía por guillermo, y más importante, que sentía el por Samuel. Quería regresar a casa y hablar con el.

Había vuelto sólo, ya que este día la mamá de Samuel había decidido pasar por Zeus a la escuela, para pasar tiempo con el, estaba muy cansado, quería darse una buena ducha en la bañera e irse a dormir.
Entro en casa y la encontró totalmente silencio, tal ves Guillermo no estaba, fue directo a la habitación y dejo sus cosas en la cama, se quitó los zapatos y calcetines, los pantalones, la camisa, y finalmente la ropa interior, tomó una toalla y abrió la puerta para entrar al baño.
Lo siguiente que vio lo dejo totalmente congelado en su lugar.

En la bañera estaba Guillermo recostado, con los ojos cerrados y los labios semi abiertos.
Samuel sólo lo miraba, su piel pálida, su extrema delgadas, sus mejillas menos rosadas y unas grandes ojeras, y aún así lo seguía viendo guapo. ¿Por qué? ¿Por qué después de todo este tiempo le seguía pareciendo atractivo?

Un sonido proveniente de la boca de Guillermo lo había traído de vuelta a la tierra. ¿Qué era ese sonido? Nada más que un ahogado gemido.
Lo miro más fijamente y noto como su mano se movía debajo del agua, con unas claras ideas de que estaba haciendo.

Samuel sintió que algo dentro de el despertaba, ¿que había ahora, irse? ¿Quedarse?

Decidió irse, pero cuando estaba apunto de salir, su pie golpeo algo haciendo ruido, sacándole un grito al chico que estaba en la bañera.

-¡Samuel! -grito Guillermo sonrojado hasta las narices mirando a su esposo.

Samuel se giró y le regalo una tímida sonrisa.

-Venía a ducharme. No sabía que.. Que estabas aquí.

-debiste tocar la puerta, puede estar de pie y me pudiste ver.

-¿Y eso te molesta? Por dios Guillermo, estamos casados, te conozco más que nadie en este mundo. -Guillermo negó con la cabeza- Además, te vi, lo que hacías. -Guillermo no pudo evitar sonrojarse una ves más, Samuel sonrió y se acerco lo suficiente a Guillermo, mirándolo desde arriba. -¿Te avergüenza que te vea tocarte?

-Cállate Samuel.

-¿te molesta si me ducho contigo? Ya lo hemos hecho antes, la bañera es lo suficientemente grande para los dos.

Guillermo no dijo nada, seguía mirando al piso.
No le avergonzaba que su esposo lo haya encontrado en aquella incómoda situación, le avergonzaba que le viera desnudo, le avergonzaba su ahora delgado cuerpo. Ya no se sentía atractivo para el.

Samuel se quitó la toalla y entro con cuidado a la bañera, Guillermo sintió enseguida como el nivel del agua subió, pero no tanto como para que se desbordara, Samuel se sentó frente a el, mirándole. Guillermo permanecía con la respiración agitada, las mejillas rojas y el ceño un poco fruncido. ¿Que tramaba este hombre?

-Debemos hablar. -susurro Samuel

-¿A si? ¿Sobre qué? -pregunto Guillermo, aún sabiendo la respuesta.

-Mañana se cumple un mes, mañana… -suspiro y desvío su mirada hacia la blanca pared del baño.

-Lo se -suspiro Guillermo. -Mañana sucederá todo.

Un silencio se apoderó del lugar, todo estaba tenso, era extraño, estaban en una bañera desnudos y ni siquiera se miraban.

Guillermo tomó el jabón para lavarse el cuerpo, lo fregó contra una esponja para hacer espuma. Comenzó a pasarlo por sus hombros y sus manos. Samuel lo miraba atento. Esas odiosas manchas estaban ahí, cada vez más moradas, lo odiaba. Pero no dejaba de ser perfecto.

-Guille… ¿puedo ayudarte a lavarte la espalda? -Guillermo se encogió de hombros y le paso la esponja, con muy poca fuerza, se colocó de espaldas a Samuel, algo cercas de el. Samuel tuvo que sacar una pierna de la bañera para que hubiera más espacio, pasó la esponja por la espalda de Guillermo, ahí había más marcas, también en sus brazos. Pero también había más cosas en la espalda de Guillermo, como esos lunares que formaban una estrella, según Samuel.

Samuel siguió pasando lento la esponja, pero también sus dedos hacían contacto con su suave piel mojada, siguió bajando los dedos, recorriendo toda su espalda, escuchando la respiración calmada de Guillermo. No se dio cuenta cuando había soltado la esponja y sus manos ahora paseaban peligrosamente por la delgada cintura del menor. Ambas manos pasaron por la cintura, corriéndolo para atrás, hasta quedar juntos. Pensó que Guillermo lo apartaría cuando sintió sus manos sobre las suyas, pero no lo hizo, sólo las dejo ahí, sobre las de el. Samuel apoyó su cabeza en el hombro de Guillermo y le dio un tierno beso en este. Luego aspiro el aroma del jabón y agua. Cerró los ojos, ¿Por qué hacia esto? ¿Por qué no dejaba de sentir estas cosas por Guillermo? ¿Por qué se sentía confundido y no tomaba una decisión? O tal vez ya la había tomado, ya había decidido, lo elegía a el.

Continuaron así, abrazados, relajados, sin pronunciar palabra alguna, se habían logrado meter en la misma burbuja de pensamientos, ya no había pensamientos negativos, no había dolor, no había nada malo. Sólo estaban ellos.

Guillermo hacia círculos con sus dedos en las manos del mayor, sintiendo como sus dedos ya estaba arrugados por pasar tanto tiempo en el agua.

-Deberíamos salir ya. -murmuro a mitad de un bostezo.

-No, estoy bien aquí.

-Samuel hablo enserio, ya estoy hecho una pasa.

-Mmm… -Guillermo giró los ojos e hizo el afán de moverse y levantarse, pero sólo logro que Samuel lo abrazará más fuerte y lo pegara más a el.

-Déjame ir, Zeus esta pronto a llegar.

-vale… -Samuel soltó a Guillermo, este apoyó las manos en la bañera y trato de levantarse, pero fue inútil, ya no tenía las fuerzas suficientes para hacerlo el sólo. -¿Te ayudo?

-Por favor.

Samuel se levanto, tomó una toalla que enredó en su cintura y luego ayudo a salir a Guillermo, le entregó una toalla y comenzaron a secarse en silencio. Una tensión que antes no existía, se estaba haciendo presente, pero no era tensión negativa, o que estuvieran molestos, era otra clase de tensión… Tension sexual.

Guillermo fue el primero en salir del baño con una toalla en la mano secando su cabello, Samuel salió detrás de el, mirándolo caminar.

Guillermo paró a mitad de la habitación y se giró, sin contar que Samuel iba detrás de el y sus cuerpos chocaron.

-¿Puedes salir de la habitación? Me quiero vestir.-susurro Guillermo debido a la distancia, o era por que estaba nervioso. Quería que se fuera, el igual sentía esa odiosa tensión sexual.

-¿Enserio? -Samuel río- No voy a salir, también me quiero vestir.

-Samuel… -los brazos de Samuel en sus hombros hicieron que no terminará su frase.

-Guille, yo estoy sintiendo lo mismo que tu, y no se por que, pero sabemos que es inevitable que pase.

-¿Qué es inevitable? -Esa pregunta salió de los labios de Guillermo de manera involuntaria, sabía la respuesta.

-Es inevitable que te haga el amor.

Guillermo sintió su corazón bombear a mil por hora, sentía que sus piernas flaqueaban, se sentían de gelatina.

Samuel tomó sus mejillas con ambas manos e hizo que lo mirara a los ojos, quería saber su respuesta, aunque no había hecho una proposición, más había sido una afirmación, quería saber si estaba de acuerdo.

-Hemos pasado por un mes difícil, lleno de altos y bajos, lleno de recuerdos, nuevas anécdotas, tenemos problemas, todas las parejas los tienen, no pude creer que un simple problema me derrumbara y me pusiera una venda que me impedía ver eso.

-¿El que?

-El por que te amo tanto Guillermo.

-Yo también te amo Samuel.

Y no hubo más que decir, Samuel acorto la poca distancia que había entre ellos y unió sus labios después de mucho tiempo de no probar, si, se habían besado otra veces en el mes, pero ninguna como esta, era un beso tierno, lento, que hablaba lo que los dos habían callado en este tiempo.


Las manos de Samuel acariciaban las mejillas de Guillermo, que ahora estaban más delgadas.

Guillermo pasos sus manos por los codos de Samuel, aferrándose a estos, sintiendo que en cualquier momento podría desfallecer.

Las manos de Samuel bajaron a su cintura y lo aprisionaron contra su cuerpo mientras que las de Guillermo pasaban por sus hombros, abrazándolo más si era posible contra su cuerpo. Sentía que el aire le faltaba, pero no quería romper con ese beso, y si al separarse ¿se arrepentía?

Samuel se alejó apenas unos milímetros para tomar aire, sin abrir los ojos y con la respiración agitada, hablo.

-Por favor, déjame hacerte el amor, déjame demostrarte que aún eres alguien importante para mi.

-Si. Hazlo.

Y otra vez no hubo más que decir, Samuel cargó a Guillermo como lo había hecho las últimas noches para llevarlo a dormir, pero sabía que esta era diferente, era como su noche de bodas. Tendría el mismo final.

Con delicadeza, lo dejo en la cama, lo sentía sumamente ligero, pesaba quizás menos que Zeus, o tal vez el exageraba un poco. Sentía que en cualquier momento de iba a romper, lo sentía frágil, roto.

-No quiero lastimarte, seré cuidadoso.

-Samuel, no es mi primera vez.

-Aún así, lo seré.

Volvieron a unir sus labios mientras el mayor se acomodaba sobre el cuerpo del menor, sin apoyar todo su peso en el, acariciando su mejilla. Las sábanas rápidamente comenzaron a mojarse por el agua de la ducha que aún estaba en sus cabellos y cuerpos, pero eso poco les importo, sólo les importaba ellos, estar juntos, como si fueran las últimas personas en este planeta, como si no existieran ninguno de sus problemas, como si esto no fuera acabar nunca.

El mayor de ambos estaba ansioso, no podía negarlo, quería de una vez por todas arrancar esa toalla del cuerpo de su esposo, y hacerlo suyo. Pero sabía que la clave del éxito es la paciencia, si era tosco y brusco, lastimaría a Guillermo, que aunque negara que no pasaría nada, Samuel sabía que si, se veía jodidamente débil.

Samuel se separo de los labios del menor y comenzó a besar su cuello, arrancándole suspiros al contrario. Su cuello y su cara eran los únicos lugares que no tenían esas horribles manchas. Bueno, ahora su cara. Samuel beso con fuerza el cuello de Guillermo y se separo a admirar lo que había hecho.

-Si yo no hago esto, nadie más lo hace. ¿Vale?

Guillermo asintió, avergonzado, sabía a que se refería.

-No te preocupes, nadie más lo hará.

Samuel volvió a besar sus labios mientras sus dedos deshacían el nudo de la toalla, quitando esa única prenda que separaba sus pieles, que demandaba ya sentirse.

El mayor se separo y se sentó a hurtadillas sobre Guillermo, admirando su cuerpo. Guillermo giró la cabeza, unas lágrimas salieron de sus ojos, sentía asco hacia su cuerpo, no se sentía atractivo.

-No llores, por favor. Se que lo que estas pasando es difícil, y que te atormenta, que quizás no te sientes atractivo, pero es mentira, sigues siendo el joven guapo del que me enamore, ese tonto con mofles grandes y ojos que se escondían bajo estos. Para mi sigues siendo guapísimo.

Samuel limpió las lágrimas que salían de los ojos del menor. No quería verlo llorar nunca más.

-Por favor, sigue. -susurro Guillermo, el también estaba ansioso, quería tomar la iniciativa, pero no podía, está débil.

Samuel sintió y quitó también su toalla, comenzó a estimular el miembro de Guillermo en sus manos. La habitación pronto se llenó de gemidos, el mejor sonido que Samuel podía escuchar.

Después de darle algo de atención a esa parte, se len ato de la cama en un salto, dejando a Guillermo con una mueca en el rostro. ¿Se había arrepentido?

Samuel buscaba algo, no decía el que, Guillermo sólo lo miraba.

-Están en el baño, ahí fue la última vez que los usamos.

Samuel asintió y se fue rápido al baño, para luego volver con lo que buscaba, el lubricante y los condones.

Guillermo río nervioso al verlo abrir un paquete plateado, realmente iba a pasar esto. No había vuelta atrás, no había momentos para arrepentirse. Iba a pasar.

Samuel volvió a posicionarse sobre Guillermo una vez que se había preparado, abrió un bote blanco que tenía un líquido frío, lo coloco en dos de sus dedos y miro a Guillermo, esperando su aprobación, el menor sólo asintió, para luego cerrar los ojos fuertemente al sentir el primer dedo en su zona, había olvidado lo mucho que dolía eso.

Samuel espero a que de acostumbrara, para luego introducir otro dedo y comenzar a estimularlo con ambos dedos, unos cuentos movimientos y Samuel tenía a Guillermo delirando mientras tocaba ese punto de placer en Guillermo que lo volvía loco.
Si no se detenía, podía hacerlo venirse así, pero no quería, aunque sonara cursi y tonto, quería que lo hicieran al mismo tiempo, aunque era casi imposible, eso sólo pasaba en las novelas.

Samuel retiró sus dedos, coloco las piernas del menor sobre sus hombros y acomodo la punta de su miembro en la entrada de Guillermo, sólo se miraron, no dijeron palabras, sus ojos gritaban lo que sus bocas callaban, un leve asentimiento por parte de Guillermo y Samuel se impulsó hacia delante entrando, lento, a un ritmo sin prisas. Que dejaba a ambos delirando. Pidiendo más. Cuando este estuvo dentro de el, y el menor se había acostumbrado al intruso, comenzó el vaivén de caderas, esa danza única de parejas.

Samuel entraba y salió a del cuerpo del menor, aferrándose a sus hombros, mientras las piernas de Guillermo, ahora en su cintura, lo empujaban aún más en su trabajo, haciéndolo prisionero, queriendo que nunca acabara y jamás saliera de el, que pudieran vivir así toda la vida, pero eso era imposible.

Samuel se seguía moviendo lento, no tanto como para desesperarlo, pero tampoco tan rápido como para lastimarlo, el seguía sintiendo que si aumentaba el ritmo le haría daño. Y ya no sería hacerle más daño.

Unos cuantos movimientos más, sonidos que emanaban de sus bocas y ese choque de pieles y ambos terminaron alcanzando ese glorioso éxtasis.

Ambos quedaron rendidos sobre la cama, mirando al techo recuperando sus respiraciones. Era como si lo todo lo que estuviera todo dentro de ellos, o al menos la mayoría, se hubiera arreglado.

Guillermo se había recuperado ya, se acostó de lado y abrazo a Samuel tan fuerte como sus brazos lo permitían, Samuel correspondió al abrazo. Se quedaron en silencio hacia unos minutos, no quería hablar, no querían arruinar ese momento.

Para Samuel ya todo había quedado arreglado, le había demostrado que lo prefería a el, que lo elegía, que lo seguía amando de todas las formas posibles.

Pero ¿Qué sentía Guillermo? Se sentía confundido, el había tomado una decisión ya, esto lo ponía más confundido que antes, ¿Y si Samuel sólo jugaba con el? ¿Y si lo volvía a engañar? No quería pensar eso, pero esos pensamientos jamás saldrían de su mente. A no ser que los replantaran por otros, otros que dolieran menos.

-¿Cómo sigue Zeus? -pronuncio Guillermo al ver tan callado a Samuel.

-Bien, el doctor dice que la venda se la quitaran en una semana.

-¿Dónde esta ahora? -Guillermo se separo para mirar el reloj, era la hora en la que siempre llegaban.

-Con mi madre, ella pasaría por el.

Acabo de pronunciar esa frase y el timbre sonó, debían ser ellos.

-Yo abro.

Samuel tomó los primeros pantalones que encontró y una camisa y de los puso, bajo a abrir con una gran sonrisa en los labios, estaba feliz.

Acomodo su cabello y abrió la puerta, al otro lado estaba su mamá y Zeus, con un helado en la mano.

-Hola, pasen.

Ambos pasaron, Samuel iba a cerrar la puerta pero una mano lo detuvo, Samuel volvió a abrir la puerta, se hubiera imaginado muchas personas menos esa que sostenía la puerta.

-¿Puedo pasar?

-Claro… Papá.

El hombre entro a la casa, mirándola, camino hasta el salón donde se encontraba su esposa y Zeus que seguían hablando de no-se-que cosa.

Samuel cerró la puerta, estaba en shock, ¿Qué hacia el aquí?

-¿Quien es Samuel? -grito Guillermo bajando las escaleras mientras se acomodaba el cabello, miro a los invitados y se quedo a la mitad, ¿Ese era el padre de Samuel? ¿Qué hacia aquí? Tenía muchos años que no lo veía.

Guillermo término de bajar y fue hasta su esposo, y lo miro.

-¿Que hace aquí?

-No lo se.

-Samuel, Guillermo, vengan un momento. -hablo la madre de Samuel. Samuel tomó la mano de Guillermo y fueron hasta donde estaban los demás y se sentaron juntos, Zeus sonrió al verlos tomados de la mano.

El silencio invadió rápido el salón, Samuel no dejaba de apretar la mano de Guillermo, estaba nervioso.

-¿Por qué no me habían dicho que tenía abuelo?

Zeus fue el encargado de romper el silencio, mirando a sus padres. Los cuales no sabían que responder.

-Es por que, estaba enfermo, no querían que te pegara mis enfermedades de viejo. -Hablo el hombre mayor, mientras miraba al pequeño. Zeus asintió.

-Cariño, ven, vamos a jugar arriba, tus padres deben hablar con tu abuelo.

La madre de Samuel tomó a Zeus en brazos y lo llevo a su habitación.

Otra vez volvió el silencio a la habitación, y esa insoportable tensión, diferente a la que habían sentido hace apenas una hora.

-Guillermo… Te vez… Diferente.

Esta ves el que apretó la mano contraria fue Guillermo, si este hombre estaba aquí para insultarlo como siempre lo había hecho, podía irse.

-¿Qué haces aquí papá?

-Quería hablar con ustedes. Hoy tu madre me presento a Zeus. Es un buen niño, me hablo mucho de ustedes, de lo que han hecho, y de que tiene novia. -el hombre sonrió- Me equivoque Samuel, si pudiste formar una hermosa familia. Independientemente de quién fue la persona con la que elegiste hacerla. -el hombre dio un largo suspiro, organizando las palabras que tenía en su mente- Guillermo, quiero pedirte perdón, jamás debí tratarte tan mal como te trate, no lo mereciste, tu cuidaste de mi hijo y luchaste por el aún cuando dije que no. Creo que un perdón no basta para demostrate lo arrepentido que estoy.

Guillermo lo miraba atento, le dedicó una mirada a Samuel, estaba pensativo.

-No hace falta que pida disculpas, todos cometemos errores. Para mi esta perdonado.

-¿Lo dices enserio? -Guillermo asintió y miro a Samuel.

-¿Eso quiere decir que apruebas lo nuestro? -Hablo Samuel mirando a su padre.

-Si. Y espero que sean felices los años, meses y días que les queden de vida juntos.

-u horas -susurro Guillermo mirando sus dedos. Samuel había escuchado eso, pero sabía lo negativo que era Guillermo, así que paso de largo el comentario.

[…]

Los padres de Samuel ya se habían ido, habían comido los 5 juntos, si, Guillermo también había comido, lo cual a Samuel lo tenía feliz. Acordaron verse pronto, para que el padre de Samuel pasara más tiempo con Zeus.
Cuando se fueron, Zeus ya estaba a punto de caer dormido, lo llevaron a su habitación y lo dejaron dormido. Samuel tomó a Guillermo en sus brazos y lo llevo a la habitación entre risas y burlas, lo dejo en la cama y le dio un beso en la frente, se pusieron las pijamas y se acomodaron en la cama, abrazados.

-Samuel…

-Dime.

-¿Imaginas cuando Zeus sea mayor y tenga su primera relación sería? -Samuel asintió- ¿Cuando vaya a la secundaria, cuando lo pillemos haciendo travesuras, cuando vaya a su primer concierto, cuando nos diga que se va a casar, cuando sea su boda, o cuando tenga su primer hijo? -Guillermo suspiro- ¿Prométeme que jamás lo dejarás sólo en esos momentos?

-Lo prometo.- Samuel sabía que Guillermo estaba inseguro, aún no habían hablado nada sobre el divorcio, así que sabía que todas preguntas era por esa inseguridad de dejarlos solos.

Guillermo abrazo más fuerte a Samuel.

-Te amo. Buenas noches. Por favor, se fuerte.

-¿Por qué siento que te estas despidiendo?

-Por que me voy a dormir, estoy cansado.

-Vale, yo también te amo. -le dio un corto beso en los labios y se durmieron abrazados, mañana sería un nuevo día.

Nos vemos el lunes con awesome-mary-is-here >:D

3

Hemos cambiado la ubicación de los muebles de nuestro lugar de trabajo. Y como la pared se veía muy blanca y vacía…

Ahora el rincón del ordenador ya se ve mucho más encantador. :D

Con un Magnus Bane dándole un sentido a nuestro corcho semi descolgado.

Y un Belkis divo divino dando la bienvenida, sea quien sea el que entre. 


Ahora más que nunca os darán ganas de visitar la morada Channú. Pero a falta de poder hacerlo en directo, os iremos informando con fotitos si va aumentando la colección de dibujos por las paredes, que es muy probable que siga en aumento. :b
¡Besetes!

Ahora me pasa. Ahora porque antes no me pasaba. Siento en los ojos una venda invisible. Puedo ver, puedo hacer todas las tareas necesarias, puedo hacer cualquier cosa sin ningún problema, pero está la maldita venda oscureciendo los momentos en los que alguna parte de mi cuerpo quiere ver algo más y los ojos se niegan, se niegan y siempre termino cediendo ante la lucha contra un par de ojos que está en huelga. Siempre deciden mirar para otro lugar, siempre cambian de un momento para otro y desvían la mirada o se quedan viendo fijo a alguna pared blanca. El otro día me topé con alguien y por un momento perdí la visibilidad, me excusé y salí de ese lugar, cuando salí todo volvió a la normalidad. Entonces supe que eran estos ojos, ellos siempre queriendo taparme cualquier cosa que pueda llevarlos lejos de alguna memoria que ellos todavía no pueden dejar atrás. Qué innecesario es, que innecesario, les vuelvo a repetir cuando me hacen pasar vergüenzas frente a alguien más. Qué innecesario me repito a mí misma cuando me tiro en la alfombra con los ojos clavados en la lámpara. Qué innecesario es que ellos me tapen los ojos para que yo no desvíe el pensamiento de lo que una vez quise tanto y hoy ya no consume ni una mínima parte de algún anhelo. Qué innecesario, y me río intentando buscar el cielo en el techo bajo de aquel cuarto; logro ver las nubes por un momento y veo que también se ríen. Si, que innecesario es que intenten taparme los ojos cuando veo otras caras, otros cuerpos, cuando he tocado otros labios y fui yo, fui yo la que les facilitó esa venda invisible para que ellos la hicieran suya y me taparan los ojos después de ver que los resultados siempre se resolvían en misterios poco interesantes y voces que no me alcanzan para desgastar durante la noche. Se convirtieron en ojos que conozco y vientres que por más que toco no siento el sabor a tormenta y calma que me endulzaba el paladar cuando te besaba. No lo siento. Fui yo. Fui yo la que decidió dejarte la llave y volverme al apartamento sin ella. Dejarte la llave y taparme los ojos porque es innecesario querer sentir algo con alguien por quien no siento nada… Y en cambio, en cambio, te dejé la llave y me quedé con la venda, porque mis ojos están en huelga y yo, yo sólo quiero mirar el techo y buscar el cielo en mi apartamento.
—  Paola Rivera - Pensamientos después de ti
Fandom: descripción literal.

Willy: *se toma una foto en cualquier parte de la casa*

Fandom: esa es la habitación de Vegetta porque tiene la pared blanca, y Vege tiene las paredes blancas, ¿y ves esa raya negra allí? Bueno, ese es Vegetta que se escondió, porque no quieren que sepamos que duermen juntos pero ellos no saben que nosotras somos observadoras, o sea, es la habitación de Vegetta porque ahí está mi libro luna de pluton, y ellos son illuminati confirmed.

No me maten.

Wigetta- Drabbles de la A a la Z

GARABATOS

El silencio que había en la casa se le hizo demasiado extraño, claro si tomaba en cuenta que en ésta habitaba un pequeño niño de cuatro años, esto en realidad era muy inusual, pues acostumbrado estaba a los gritos de su pequeño hijo que inundaban siempre el hogar. Por esa razón Guillermo se apresuró a subir las escaleras que conducían a la habitación del pequeño. Él era un padre muy atento, siempre preocupándose por lo que hacía su hijo y procurando que nada le faltase.


-Rafael, pequeño ¿Qué haces?- Gritó antes de llegar a la habitación de su nene.


No recibió respuesta, así que se preocupó un poco, no porque tal vez algo malo le hubiese pasado a su hijo, sino más bien alarmado por la travesura que quizá estaba realizando. Lo habían adoptado tan pequeño que ya conocía muy bien la personalidad del niño y que guardara tanto silencio no auguraba nada bueno.

Nada mas llegar a la habitación se encontró con aquellos ojos verdes tan profundos que lo miraron acompañados de una traviesa sonrisa. Rafael sostenía un crayon rojo y se había quedado inmóvil al mirar a su padre llegar, como esperando a que su papi no viera la obra de arte que ahora adornaba la pared antes blanca de su habitación.

Guille le dedicó una amorosa mirada a su pequeño, pero solo por unos instantes, ya que sus ojos se desviaron hacia el enorme dibujo que ahora ocupaba gran parte de la pared.


-Y esos garabatos que significan hijo- Preguntó Willy al tiempo que alzaba una ceja.


-No son garabatos papi- Contestó el pequeño indignado.


Guille lo miró divertido, el pequeño tenía el entrecejo fruncido, gesto que había adoptado de su otro padre, Samuel, y que francamente el mayor adoraba que tuviera su hijo, pues le parecía tan tierno como cuando su marido lo hacia.


- Entonces explicame que es- Dijo paciente el padre.


-¡ Somos nosotros tres, papi Samu, papi Guille y yo, mira estamos agarrados de la mano, y aquí está también trotu!- Explicó el pequeño entusiasmando mientras señalaba una pequeña bolita que representaba su mascota.


Willy se enterneció, eran este tipo de cosas que adoraba vivir con su hijo y por las cuales había valido la pena tanto esfuerzo, no podría sentirse más feliz que en estos momentos.


- ¿Te gusta papi? - Preguntó el niño que miraba orgulloso su obra de arte.


-Me encanta- Respondió Guillermo sincero- Se lo mostraremos a papi Samuel cuando llegue, apuesto a que le parecerá genial tener tu dibujo en la habitación.


El pequeño sonrió y luego salió dando saltitos de alegría, Willy lo siguió igual de contento. Se sentía dichoso de tener a sus dos amores en su vida.


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Subiendo a las 5 am porque YOLO xD
Creo que ya nadie se acuerda que escribo esto, pero aquí estoy, después de mil años u.u
Soy un desastre en serio xD
*si se va a cumplir aquello de acabar estos drabbles hasta diciembre o.o
Nah mentira, ya tengo escrito algo de varios drabbles :3
Besitos y z4