pareado

“I didn’t do it.” @bryhclt

La gitana rodó los ojos, exasperada por la actitud de la fémina — No me interesa — Respondió sin más, estaba demasiado cansada para encima perder la paciencia — Simplemente no me interesa lo que no hiciste y lo que si, Brynja, no tengo interés en escucharte hablar del tema — Sentenció finalmente, si bien ya era imposible no saber quién era a esa altura del viaje en donde todos se conocían con todos. Savannah estaba cansada desde el inicio cuando su nombre había sido pareado al de Mattias en un problema con Séb y ella, simplemente odiaba esos dramas adolescentes y no tenía interés en alimentarlos. 

Crônica sobre relacionamentos e cordas bambas

Nós fomos tentar passear de bicicleta juntos e, de repente, a av. atlântica parece uma corda bamba.
Estar junto é difícil. Não é só sobre dividir paixões pelos mesmos discos riscados do supertramp, ou pelos mesmos quadros malucos de van gogh; não é só sobre dormir mais ou mesmo no mesmo horário (ou não dormir mais ou menos no mesmo horário); não é só sobre saber fazer deliciosos ovos mexidos, bolo, brigadeiro, bife acebolado e sobre rir das mesmas piadas toscas. Embora seja muito sobre tudo isso, a corda bamba é ainda mais longa. Não basta ter um clique de personalidades e manias que se encaixem, pra serem, no mínimo, aceitáveis. Não basta ter um clique físico (mais ou menos a mesma altura, ele um pouco mais forte, ela um pouco mais leve), uma atração inseparável, uma química desmedida. Não basta ter intelectos pareados (não iguais, mas semelhantemente desenvolvidos e dispostos a se desenvolver). Até porque, se fosse só sobre ser semelhante, a gente se duplicava na hora do nascimento e pronto: iguaizinhos, não desgrudaríamos nunca mais. Não basta nada disso, embora tudo isso venha a ser de grande ajuda.
É preciso uma cola chamada disposição. Não cola no sentido de trapaça. Cola no sentido de ligação. Aquela coisa bonita de ‘os dispostos se atraem’. Não adianta encontrar o amor da sua vida num dia em que ambos estão com a cara virada, no aeroporto, um indo pra Tailândia, o outro pra Cancun; um a trabalho, o outro de férias; ambos emburrados com a vida, olhando pro chão. Se esbarram e pronto: um ódio instantâneo pra duas pessoas que nunca mais vão se ver, absortas nas suas próprias vidinhas que continuam.
Não basta a faísca.
Já teve essa aula de química? É preciso um combustível, disposto a se consumir pra alimentar o fogo. Mas é preciso o oxigênio, que não me vem mais a cabeça exatamente o que representa, mas que é igualmente necessário na combustão.
Não basta a faísca, repito. Nem basta a semelhança. Nem basta a disposição, quando não há no que investir.
É necessária uma combinação milimétrica de tudo isso, mais um pouco de sorte e um pouco de outras coisas que não conseguimos explicar.
É por isso que todo mundo se descabela. Parece uma ciclovia, mas estar junto é andar de bicicleta numa corda bamba. O lado positivo é que se você cair e se esfolar, o outro assopra e vice-versa.
(Pelo menos até a corda estourar e ir cada um pro seu lado, cada qual com sua dor, como se nunca tivessem dividido nada, quiçá um pedaço de vida. É necessário também paciência pra isso: nem todo passeio é infinito, ou termina em vistas bonitas. De alguns, só se guardam mesmo as casquinhas de machucado e os lembretes: não empinar e não tirar as mãos do guidon).

Sería bonito decir que nuestras miradas se encontraron y que yo me acerqué lentamente a ella. Sería bonito decir que sonreí y que le hablé de cosas agradables en pareados cuidadosamente medidos, como el Príncipe Azul de algún cuento de hadas.
Por desgracia, la vida casi nunca tiene un guión tan meticuloso
—  El nombre del viento, Patrick Rothfuss
Sentimientos Latentes || Cap 17 (Fic Wigetta)

6 Día : Nuestra Semana Perfecta.

 -Narra Vegetta-

El día anterior lo había pasado estupendamente. Comencé procurando hacer sentir cómodo a mi compañero de piso en todo momento, quería disipar las inseguridades que mi pasado rechazo hubieran podido provocarlo. Aunque él no terminaba de comprender que mi rechazo no significaba que no me sintiera atraído por él, más bien todo lo contrario, me atraía tanto que era incapaz de comprender e incluso me asustaba. Simplemente Willy esperaba que yo tomase las riendas en el asunto, y aunque había tenido novias en el pasado, nunca antes tuve algo con un hombre. De esa manera no sé cómo esperaba que yo supiera algo del tema y que, en cierto modo, siempre desde el respeto, no me repugnase. Algo me decía que me había fijado en el cuerpo de mi amigo porque era ligero, delgado, pálido y lampiño como el de una mujer, y de tener un cuerpo más varonil quizá nunca me hubiera llamado la atención en ese aspecto. Pero no sabía como explicar mi punto de vista al menor sin que lo malinterpretase e hiriera. Era confuso incluso para mí, me atraía pero no, quería hacerlo con él pero no. Aún así Willy no prestaba demasiada atención a eso, se centraba más bien en los aspectos románticos y tiernos de nuestras relaciones, lo cual le hacía ver irremediablemente dulce. No me sentía en absoluto presionado por el chico, más que cuando era yo quien empezaba las provocaciones pero me veía incapaz de culminarlas. En ese momento era cuando me cercioraba de que Willy tenía razón, siempre era yo quien empezaba y también quien nunca terminaba nada. ¿Porqué era todo tan sumamente complicado? ¿Porqué no era Willy una mujer? Todo sería más sencillo en ese caso, sin lugar a dudas. 

Pero lo pasaba genial cuando estaba con él. Me divertía con sus estupideces, me enternecía con sus palabras e incluso me enfadaba con sus impertinencias. Si debía decir algo a su favor, es que nunca nadie había logrado que adoptase un carácter tan bipolar, nadie me hacía tener tantos sentimientos contradictorios en un período tan reducido de tiempo. ¿Alguna vez nos cansaríamos el uno del otro? Quizá ya deberíamos haber caído en la inminente rutina, nuestra amistad debería haber perdido la magia que todas tenían al principio y deberíamos buscar un cambio en nuestras vidas. Pero no era así. Creía fervientemente que su compañía jamás me parecería aburrida, que estábamos hechos el uno para el otro e incluso deseaba haberle conocido antes, al margen de Youtube.

Mientras me atormentaban los pensamientos, me dedicaba a escarbar con el tenedor entre las hojas de lechuga de mi ensalada. Era la hora de comer, ya había hecho mi rutina matutina diaria. Creía haber tenido una buena idea por haber aliñado mi comida con vinagre, pero el sabor era horrible.-¿No te la vas a comer? .-Escuché la voz grave de mi compañero, que me observaba fijamente sentado en la silla colindante a la mía. Yo no hice más que aprovecharme de la ocasión para pavonearme de mi compañero de piso, entreabriendo los labios con sorpresa.-Willy.. no te hacía tan pervertido.-Bromeé, haciendo una obvia alusión al doble sentido de su interrogante, aún cuando él mismo no lo había pillado todavía. En cuanto lo hizo empezó a reír algo nervioso y negó con la cabeza.-La ensalada, carapie..-Sonreí tiernamente por su aclaración, la cual no consideraba necesaria en absoluto.-No tío, está asquerosa.-Me levanté de la mesa con el plato de ensalada en las manos. Me agazapé para besar los labios del menor, que permaneció sentado, y fui a la cocina a colocar el plato tras tirar las sobras.-¿Qué harás ahora?.-Me preguntó y yo suspiré. Últimamente estaba más curioso que de costumbre, no dejaba de formularme preguntas.-Tengo que grabar unas cuantas cosas.-Notifiqué, con cierto estrés por el canal. Cuando pasé por su lado le revolví los oscuros cabellos y entré en mi habitación. Me lo pasaba bien grabando, pero siempre era estresante tener que hacerlo y todo, más teniendo en cuenta que el día anterior apenas había grabado ningún vídeo nuevo por estar con él.

Estuve encerrado en mi habitación mientras grababa y subía vídeos. Noté que empezaba a chispear, y media hora más tarde la lluvia se hizo más fuerte. Fue curioso cuanto menos, creía que aquella era la primera vez que veía llover desde que nos habíamos mudado. Pensé en hacer un directo pero la lluvia se acrecentó, hasta el punto de que empezó a convertirse en una fuerte tormenta. La luz se fue tal y cómo sucedió la noche del temblor, así que repentinamente mi ordenador se apagó mientras que estaba subiendo un vídeo. Me sentí muy enfadado y frustrado por eso, pues yo no podía controlar el tiempo. ¡Y pensar que ayer hacía buen día! Me gustaban los días lluviosos, pero no cuando estos eran un impedimento en el cumplimiento de mis labores. Permanecí sentado en el ordenador, esperando con impaciencia que la luz volviera pero no lo hizo. La tormenta era potente y furiosa, parecía que no pensaba detenerse nunca. El clima de los angeles no tendía a ser tan inconstante, era una sorpresa que una tormenta irrumpiera en un clima tan soleado. Estaba de muy malhumor por el vídeo que no había llegado a subirse y observaba la pantalla apagada de mi ordenador, hasta que percibí una luz cegadora dirigiéndose a mi habitación y apuntándome directamente a la cara. Me cubrí los ojos algo molesto.-¿Estás tonto o qué? Me estás dejando ciego.-Exclamé secamente, notando cierta molestia en las pupilas. Willy se había guiado en la oscuridad gracias a la luz cegadora de su móvil.-Se ha ido la luz con la tormenta.-Observó, mientras que permanecía en el umbral de mi puerta. Yo me levanté, pues según parecía la luz tardaría bastante en volver, al menos hasta que amainase la tormenta.-No me digas Willy, no me había dado cuenta.-Respondí, con toda la ironía del universo reflejada en mis palabras. Escuché como se reía en la oscuridad.-Te ha salido un pareado.-Al principio no entendí a que se refería, pero cuando lo hice no pude hacer más que reírme también por su estupidez.-Anda.. anda que eres tonto. 24/7.-Recordé risueño, notando como mi cólera disminuía con su cálida presencia. Un relámpago iluminó momentáneamente mi habitación, pude ver su rostro algo pálido antes de que la oscuridad volviera a sumirnos en ella. Seguido del relámpago, como acostumbraba a suceder, sonó un trueno ensordecedor. Se escuchó muy fuerte, y por la reacción del menor supe que le asustaban algo los ruidos violentos o las tormentas descontroladas.-¿Tienes frío?.-Pregunté, pues con la tormenta había bajado mucho la temperatura y ambos estábamos vistiendo ropa veraniega.-Sí, un poco.-Fui hasta mi cama torpemente, pues la luz era ahora muy tenue. Cogí la aterciopelada manta que habíamos comprado juntos al mudarnos y se la eché sobre los hombros.-Mejor vamos a quedarnos en el salón.-Propuse, cogiéndole su mano para guiarnos mejor. Tenía los dedos largos y fríos, me estrechó con fuerza la mano cuando sonó otro trueno y yo le pegué contra mi cuerpo con cierto deseo protector. 

Una vez llegamos al salón me separé de él.-Teníamos velas ¿Verdad? Recuerdo que teníamos.-Dije, mirando a los alrededores sin éxito ninguno. Aunque mi visión ya se había acostumbrado a la oscuridad, seguía siendo complicado distinguir las cosas y mucho menos buscar algo tan insignificante como eran las velas.-Sí, me suena.-Dijo el menor, aunque estaba claro que no sabía dónde estaban. Yo saqué mi móvil del bolsillo para alumbrar la cocina, mientras que él tomaba asiento en el sofá, arropándose más con mi manta. Busqué en varios cajones hasta que finalmente di con ellas. Eran varias, aproximadamente diez, pero su tamaño era mínimo así que depende de la duración de la tormenta acabarían consumiéndose por entero.-Gracias por la ayuda compañero.-Agradecí con cierta ironía, mientras que colocaba las velas encima de la mesa y me dedicaba a encenderlas con las cerillas. Willy, quien permanecía vagueando en el sofá, alzó el brazo ante mis palabras.-De nada, compañero.-Añadió jocoso, respondiendo de esa manera mi sarcasmo. Una vez estuvieron todas encendidas tomé asiento en el mismo sofá que él, mirándolo fijamente. La luz de las velas iluminaban su aspecto sutilmente, y daban a la situación un ambiente romántico junto con el externo sonido de las gotas de lluvia al repiquetear contra el suelo. Ahora no había luz, ni ordenadores, ni vídeos, ni juegos, ni youtube. Estábamos uno frente al otro, únicamente con nuestra mutua compañía. Me permití observarlo detenidamente, como pocas veces había hecho hasta el momento. Sus ojos, aunque seguían siendo rasgados, se veían mejor cuando no estaba sonriendo y mantenía el rostro relajado, con semblante serio. Eran del mismo oscuro que sus revueltos cabellos, los cuales me gustaban con su aspecto desaliñado y cuando los dejaba crecer más de la cuenta. Su nariz era muy pequeña y graciosa, lo que acrecentaba su adorabilidad junto con sus grandes mejillas, que debido a la tendencia al sonrojo fácil le dotaban de una gran ternura. Llevé mis manos hacia su boca, acariciando con el dedo índice sus labios finos y rosados. El gesto pareció avergonzarle, pero no opuso resistencia. Casi me arrepentía de que antes no hubiera llamado mi atención, hacía unos meses ni le hubiera considerado un hombre atractivo en el sentido más heterosexual de la palabra. Y es que no destacaba, nunca antes me había parecido llamativo ni tampoco era fotogénico. Pero ahora que le miraba con otros ojos, veía que era una persona dotada de una belleza extravagante y única, además desde que nos habíamos mudado brillaba más que nunca, la felicidad se reflejaba en el atractivo de las personas y era el caso.-Que bonito eres.-Me sentí un poco ridículo diciendo algo semejante, pero no pude contenerme. Acaricié ahora su mejilla derecha sin dejar de mirarlo con fijeza bajo la luz anaranjada de las velas.-No lo soy.-Susurró en un tono de voz casi inaudible, a lo que me sorprendí. Pensaba que alimentaría su arrogancia con el cumplido y que admitiría o incluso exageraría sobre su belleza tras sentirse adulado, pero se restó importancia. Quizá los arranques de altanería del menor no eran más que una forma de ocultar su inseguridad y su forma de hacer humor. Quedé pensativo, preguntándome si realmente conocía de algo a mi amigo. ¿Cuanto habría padecido en el pasado? Quizá se sentía insignificante, quizá lo molestasen en el colegio, quizá había sufrido mucho rechazo o quizá solamente intentaba aparentar modestia y estaba seguro de sus virtudes.-A mis ojos sí.-Respondí seriamente, sin pestañear en nuestro intercambio de miradas. Aprovechar nuestro momento de soledad para comprender o hacernos saber muchas cosas sería lo mejor que podíamos hacer mientras que la luz extendía su ausencia.

Notaba como mi corazón latía con fuerza. No estábamos haciendo nada fuera de lo normal, pero sentía una conexión especial en nuestro silencio. Como si habláramos sin necesidad de usar palabras.-¿No vas a decirme lo guapo que soy yo? .-Pregunté en un tono cómico, sin dejar de acunar su mejilla entre mis dedos. Se estaba cubriendo con la manta hasta el cuello, sin embargo su mejilla ardía con tanta fuerza que la notaba caliente contra mi piel. Él se rió, y cuando lo hizo sus mejillas ascendieron de modo que cerraron sus ojos de un modo encantador.-No, eres feo.-Exclamó risueño, y tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no acompañar su sonrisa.-Chaval.. que mala gente eres.-Murmuré, fingiendo molestia teatralmente, más mi función no duró mucho. Yo no era inseguro, aunque me consideraba bastante común, sabía que la intención de mi compañero no era la de ofenderme. Puse fin a mi falso enfado cuando me besó los labios, beso que no pude evitar corresponder con ganas. Pretendía ser un beso suave, pero lo intensifiqué, moviendo mi boca contra la suya e introduciendo mi lengua en su cavidad bucal con ansias. El menor siguió besándome como pudo, aunque era notorio que le resultaba complicado seguirme el ritmo. En mitad de beso lo empujé contra el sofá para que se acostase por completo y tendí mi cuerpo encima del suyo. Cuando nos separamos nos faltaba el aliento. Me miró sonriente, con la respiración agitada, mientras que yo lo miraba con toda la lascivia que me había provocado tanto el beso como el hecho de tener su cuerpo justo debajo del mío.-¿Te hago daño?.-Pregunté entonces, con cierto temor de estarle aplastando contra el sofá, aún cuando en todo momento procuraba no apoyar mi peso completo sobre su menudo cuerpo. Él negó con la cabeza. La tormenta seguía deleitándonos de vez en cuando con el fuerte sonido de un trueno o la luz blanquecina de un relámpago, pero el sonido de la lluvia no cesaba en ningún momento. Yo miré a mi amigo, aún encima de su cuerpo, y repartí varios besos juguetones por su cuello mientras que él los recibía con cierto reparo. Me sentía extrañamente unido a él, de un modo distinto a lo habitual. ¿Era posible que Willy fuera un personaje? Posiblemente detrás de aquella apariencia de arrogancia, descaro e incluso maldad, albergaba a un joven inseguro, tímido e inocente. Nunca me había planteado esto porque me gustaba Willy, y era, después de todo, la persona que conocía. Pero ahora ya no, quería conocer también su personalidad cuando no estaba en vídeos o rodeado de gente que había conocido gracias a estos.-Guille..-Murmuré contra su oreja, experimentando el efecto que causaría su nombre tanto en él como en yo mismo. Su rostro cruzó entre la confusión y la diversión, mientras que yo me sentí complacido. No quería conformarme con Willyrex y lo que pudiera conseguir aparentar, también quería a Guillermo. Ya era tarde para llamarle por su nombre, que no era más que algo simbólico, pero no era tarde para conocerlo en todos los aspectos de su vida. Quería saber como era con su familia, como era con sus amigos de siempre y como había sido en la infancia.-¿Guille?.-Repitió en una pregunta, y yo asentí con la cabeza.-Guille.-Confirmé risueño, antes de volver a besarle en los labios. Él me correspondió, y cuando se separó me mordió el labio inferior de un modo excitante que consiguió estremecerme y hacerme temblar sobre su cuerpo.

Le miré fijamente desde arriba, mi cuerpo aprisionaba el suyo contra el sofá y le sometía a mi voluntad.-Samuel.-Sonreí al escuchar ese nombre salir de sus labios. Me gustó, lo sentí mucho más cercano, era más íntimo, personal. Si las personas que más me importaban en el mundo me llamaban por ese nombre ¿Porqué no él? Definitivamente prefería ese nombre, al menos en los momentos pasionales en las que el otro sonaba absurdo y poco calenturiento. No me molesté en preguntar que quería, pues supuse que solamente había pronunciado mi nombre por imitar lo que yo había hecho con el suyo. Noté sus manos introduciéndose intrépidamente por mi camiseta cuando volvimos a besarnos, sus largos dedos acariciándome la piel con timidez. Le ayudé quitándome por completo la prenda y arrojándola al suelo. Sus caricias y besos no le pasaban inadvertidos a mi cuerpo, empezaba a enardecerse y reaccionaba al contacto de su piel. Mientras me acariciaba los brazos y el pecho con cierta fascinación, yo notaba la reciente excitación que eso me acarreaba y sospechaba que el menor no tardía en sentirla contra su cuerpo. Me agazapé para besarle el cuello con cierta promiscuidad, escuchando sus jadeos placenteros que no hacían más que incrementar mi endurecimiento. Metí las manos dentro de la manta para buscar sus muslos y estrecharlos entre mis manos con fuerza desmedida. Noté como sus brazos me rodeaban por debajo del pecho y me abrazaba con ímpetu contra su cuerpo mientras seguía reaccionando a mis besos.

Me sobresaltó un poco cuando dejó de abrazarme, quedándose inmóvil, seguramente consternado por el delicado momento. Yo acaricié su cuello con la nariz y le di varios besos cariñosos.-¿Quieres seguir? .-Pregunté, acariciando su pierna con parsimonia para calmarlo, tenía la piel erizada. Él permaneció silencioso unos segundos, planteándose su respuesta, para después negar con la cabeza.-Está bien.-Me incorporé para no seguir aplastando al chico contra el sofá y que pudiera moverse libremente. Él también se incorporó, se le veía acalorado y ruborizado.-¿Te he agobiado?.-Pregunté, guardando la distancia entre ambos. No me extrañaría que fuera el caso, a cualquiera le habría agobiado tenerme encima tocando y manejando su cuerpo a mi antojo, más sumando el calor que esos acercamientos traían al cuerpo humano.-No, no es eso. Quiero pero no quiero ¿Entiendes? .-Reí suavemente al escucharlo, negando con la cabeza y aplaudiendo con las manos.-Que bien te explicas, que gran dominio de la lengua, ahí te he visto.-Dije en un tono burlón, a lo que él se encogió de hombros mientras que me fulminaba con la mirada.-Que tonto eres.-Recriminó en un tono indignado, mirando después únicamente a las velas que casi estaban consumidas por completo.-Te he entendido chiqui, me pasa exactamente lo mismo que a ti.-Murmuré, para que entendiera que no estaba en absoluto enfadado por su reacción. Probablemente, si no me hubiera frenado él, lo habría hecho yo mismo. Ambos teníamos demasiadas dudas, aún cuando las ganas y la atracción era obvia.-Uff.-Notaba ardiendo cada vena de mi cuerpo. Me miré el pantalón y ladeé una sonrisa pícara.-Necesito una ducha fría.-Confesé, y la observación me pareció tan curiosa que no pude evitar reír por mi propio comentario. Él, sentado a mi lado, acompañó mis carcajadas.-Yo también.-Normalmente su rostro mutaría de color al hacer una confesión semejante, pero como ya estaba rojo hasta el exceso no se podía pedir más esfuerzo a sus colorido rostro. Nuestro aspecto era un poema. Mi frente estaba perlada de sudor, el pelo de ambos despeinado y nuestra piel ardiendo. La ropa que Willy llevaba puesta estaba arrugada y mi camisa tirada en el suelo ¡MI CAMISA EN EL SUELO! La recogí y la doblé correctamente, dejándola sobre la mesa. Afortunadamente la luz no tardó mucho más en volver, y aunque llovió durante toda la noche fue un leve chispeo. 

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Holi, espero que os guste. La verdad no me gusta mucho escribir acciones físicas porque creo que se me da mal, pero son necesarias e intento perfeccionar eso ^^ Al igual que me gusta mucho describir rasgos físicos, como habréis notado. Espero que os guste el episodio y me enviéis vuestra opinión :3