paola ale

Sigo pensando que hay una respuesta a todo, siempre y cuando haya una pregunta. Puede ser la cosa más absurda, pero eso no quita que sea una respuesta. El árbol del otro lado de la calle, ese que sostiene la luz entre sus ramas; ese que juega con la luz y con los colores de tu cara; parece como si tu rostro tuviera dos colores y me pregunto de qué color te ven otros. Los dos colores no tardan mucho más de diez minutos en transformarse. El de tu lado derecho se desvanece y tu rostro se queda oscuro. Se difuminan tus rasgos duros. Tu rostro se hace parte de la noche, de la luz nocturna. Se hace parte de la calle y el árbol, sus ramas, se hacen parte de la oscuridad y ahora no sostiene ninguna luz. Hay tantas preguntas y tantas respuestas. Hay tantas cosas que podríamos decir como si fueran ciertas y las diríamos mal, las diríamos tan mal porque nunca se puede estar seguro de nada, porque para estar seguro de algo tendríamos que conocer a fondo todo y no conocemos nada. No conozco la silla que me sostiene. El sillón en el que descanso. La cama en la que duermo, ¿quién ha tocado estos objetos?, ¿quién ha estado aquí antes? No conozco nada, no conozco a nadie y sin embargo, me atrevo a decir que conozco perfectamente las líneas de tus labios, las arrugas en tus ojos, la linea de tu cintura, la postura de tu espalda cuando te sentás y estás cansada. No conozco nada y sin embargo, conozco las líneas de tu voz, la curva en tu enojo, el chillido que sale de tu risa y la felicidad que emana de tu cuerpo cuando te sobresaltás sobre algo que para nadie tiene sentido y vos, vos le das todo el sentido a eso. Sos como el oso que se sienta al final de la fila a esperar a que alguien le regale un suéter: sinsentido. Nada tiene sentido. El oso no quiere escuchar respuestas. El suéter le quedará muy corto y la fila… la fila es sólo una larga espera en el banco, en el mercado, en la carretera. La fila no es más que la vida en tus ojos que se va formando en bloques de caras que no conocés. Caras que nadie conoce. Caras que todos asumen que están allí, que han estado allí siempre. Nadie piensa en que un día muchas de esas caras dejaran de ser lo que son. La fila no es más que tu mano que se detiene en mi hombro y me acaricia el cuello y tu cara se acerca a mi cara y miro a todos los que han estado antes. La fila no es más que el tiempo que recorro sin conocerte, sin tenerte; no es más que un cuaderno con muchas letras, muchos errores y quizá un acierto. La vida es eso: una fila que no termina cuando detrás del último siempre se para otro y me pregunto sobre las reflexiones. Le doy cualquier respuesta al mundo.
—  Paola Rivera- La fila
La pluma en el lapicero. La pluma sobre el lapicero. La pluma adherida al lapicero. La pluma adornando al lapicero. Blanca. La pluma blanca dandole alas al lapicero. El lapicero con una pluma, pluma blanca. El lapicero con pluma encima de la hoja. El lapicero y su pluma en mi mano. El lapicero y la pluma entre mis dedos. Una pluma, un lapicero, una hoja, una mano. Basta el aire para que salga un pájaro miniatura de la punta de la pluma y lo cubrirá la pluma blanca que acompaña al lapicero.
—  Paola Rivera