palabras curativas

Me recuerda un poco a esas escenas
que se miran en las películas
o en alguna telenovela
en donde los testigos
se quedan con las bocas abiertas
en donde las lagrimas
no pueden faltar
y sobra un suspiro
que se la ha caído a alguien
de el cuerpo en el que debe estar.

Me recuerda un poco
a los ojos de los enamorados
que se ven sin desperdiciar
los segundos que corren más y más rápido.

Me recuerda mucho a esas carreteras largas
que alguna vez recorrimos
a toda velocidad en un carro pequeño
con el vidrio hasta abajo
el pelo cubriéndonos las risas
y la música acompañando
aquella alegría.
Viajamos sin un mapa,
tantas veces
nos perdimos
sin querer perdernos
pero con plena conciencia
de saber
que nos encontraríamos perdidas
y desvalidas
en alguna ciudad
que no conocíamos.
Esos momentos que marcan recuerdos,
las risas
y el viento.
La falta de direcciones
y al final
encontrarnos
acostadas
sin hacer ningún movimiento,
tomadas de la mano
viendo al techo
y en silencio
diciendo tantos besos,
narrando tantas caricias
y para mí
aquella escena con tu mano en la mía
era más que suficiente
para sonreír
y agradecer por la falta de direcciones,
agradecer por el momento
de sentirnos tan cansadas
y tan aliviadas
de tenernos.

Confié sin saberlo
en un mapa imaginario
que tantas veces me perdí
y por fin me llevo hasta ti.
Con o sin direcciones,
mi mano me dirigió hasta tu cuerpo
y todo esto cada vez
me parece más una escena de telenovela
o una escena de alguna película
en las que un final feliz
no hace falta.
Mi mayor tesoro
encontrarte sin direcciones
y amarte sin un libreto
que me dicte
lo que sigue,
que me diga lo que siento.
Porque si trato de explicártelo
me quedaré perdida en palabras
intentaré resumir
una vida con uno que otro acierto
y tantos fracasos sumados a ellos
y ya te lo dije
encontrarte sin direcciones
ha sido un reto
y el tesoro
que guardo
detrás de la sonrisa que se me escapa
cada vez que te veo.

Poly Cinco - Tesoro guardado detrás

Me convencí de no extrañarte
De no sentirte
De no esperarte.

Me convencí de dejarte ir
Sin atadura alguna
Sin llevar acabo la posesión
Aquella que tanto odiabas.

Me convencí de desprenderme
De la realidad
Porque soñar es mejor
Que aferrarte a algo que lastima.

—  Tatiana C.
El problema no es el mundo
ni la vida.
El problema son esas cosas cotidianas
de las que nos constituimos..
Las miradas
Una sonrisa
Un café
Los libros
Los besos
Los abrazos
Las caricias.
Eso, que tanto daño nos hace
Eso de lo cual nos adherimos eternamente.
—  Cosas cotidianas. Tatiana C.

Y un día el mundo
pareció acabar para los dos.

Te me fuiste desvaneciendo
Lentamente en mis brazos
Y yo te observaba
Mientras tus ojos se cerraban.

Tantas aventuras
Tantos momentos mal vividos
Tantos recuerdos ya olvidados
Y la memoria falla
Y el corazón se queja.

Hoy te vas, por fin
Lloro, amor.

En los jardines de un edén
Ya estarás caminando
Yo te cargo en mis brazos
Hasta las rosas que nacen
en el pintoresco césped.

Tu cuerpo cae sin movimiento
Y te vas, y te fuiste
El mundo acabó para los dos
Ya no estás, y ya me fui.

—  Te fuiste. Tatiana C.
Cabe una eternidad en esta mañana sombría
Cabes tú, y eso basta
Uno más uno es dos
Y eso es igual a nosotros.
He probado tus labios sabor a cielo
A nubes, a lluvia.
He saboreado el paraíso de tu pensamiento
Me he visto atrapada en el amor.
Me basta respirar y saber que todo está bien
La amargura se ha disipado
Ha salido el sol.
—  Labios sabor a cielo. Tatiana C.
Amor mío…
Mi cama vacía aún te sigue esperando. No te imaginas cuanto duelen las noches frías en compañía de esta eterna soledad. No te imaginas cuánto duele extrañarte.
He comprendido que los días son mas largos si te encuentras a la espera de alguien. El tiempo me susurra al oído, me clava en el pecho cientos de agujas que son capaces de herirme como nada ni nadie lo había hecho jamas. Me he desangrado por tu recuerdo. He muerto sobre el edredón azul con el que te abrigabas a mi lado. ¿Donde estás? Cierro los ojos y mi memoria te ha borrado, no recuerdo a que saben tus labios. No recuerdo el aroma de tu cabello. No recuerdo la textura de piel.
Quiero que sepas, cariño, que seguiré esperándote así pasen los años. Pero por favor, trata de no tardarte tanto.
—  Cartas arrojadas al vacío. Tatiana C.
Se han marchitado las palabras que no entiendo, ya no escribo igual que siempre. Sé que los días pasan, y pasan, y lentamente nos van clavando la daga del tiempo en tu corazón, y en el mío. Se siente una ráfaga de viento sobre nuestras caras. Perdón, no puedo decir si tu también la sientes, no te he visto, y hace horas que no sé de ti. ¿Que es la distancia? No entiendo, y tengo miedo de seguir abrazando a esta soledad, porque sus espinas se entierran en mi, pero si volteo y abrazo la distancia, me apuñalará sin temor alguno.
—  Alejandro. Tatiana C.