padre

Mamá, papá:


No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.


No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.


Cumple las promesas, buenas o malas. 


No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir, y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra. 


Cuando yo hago algo malo no me exijas que te diga el “por qué lo hice”. A veces ni yo mismo lo sé.


Cuando estés equivocado en algo admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.


Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos; porque seamos familia eso no quiere decir que no podamos ser amigos también.


No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas; pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.


Cuando te cuente un problema mío no me digas “No tengo tiempo para tonterías” o “eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme.


Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

—  Anónimo.
Sí, tengo la suerte de tener una casa, de poder ir a la escuela, de tener una mamá y un papá, de poder comer cada vez que tengo hambre, y hasta tengo algunos amigos. Pero no saben lo horrible que es querer que te den de la mano y te digan que te quieren, querer dormir abrazada, sentir que alguien te ama con todo su corazón, y que no haya nadie ahí.
A volte non riesco a respirare, mi sento soffocare per le lacrime, non riesco neanche a piangere, come se questo dolore fosse più grande di me.
Per una volta, una soltanto, vorrei solo poter scappare lontano dai miei problemi.
Iniziare a correre, semplicemente.
Con la speranza che tutto questo male mi lasci respirare quel che rimane della mia vana vita.
—  Altro-ego