oyendo

(Casi) TODO lo que sé del amor y de la vida lo aprendí oyendo a Juan Gabriel en los paseos por el Valle mientras mi mamá cantaba a todo pulmón. Gracias JuanGa por mi educación sentimental (y por tantos recuerdos de mi madre).

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LA NORIA.

Estoy ejerciendo de espía de baratillo

oyendo a seis jóvenes

hablar de las mismas banalidades,

de los mismos sublimes misterios,

de las mismas músicas volátiles,

del mismo amor torturado

que tú y yo hablábamos

hace ya treinta cortos años.

Solo cambia la pintura,

la ropa, el último milímetro de dermis.

Lo demás permanece

en todo su cíclico esplendor.

Déjame desaparecer un rato entre tus brazos, quiero apartar el miedo de mi mente, estos últimos días me he sentido más frágil que de costumbre y aunque no lo creas, oigo cerca los pasos de la muerte.
Al cerrar los ojos recuerdo personas que han dejado de existir y exhalo tristeza antes de levantar los párpados, no es bueno extrañar, pero en estas fechas visualizo a quienes me han abandonado para siempre…
No me gusta sentirme efímera, no me gusta sentirme vulnerable, la idea de la enfermedad me asusta, y no puedo mirar a la cara a quienes están luchando inútilmente contra la muerte.
El cáncer se está llevando a muchas personas de mi entorno, y aunque te suene tonto, entre tus brazos todo pierde importancia, y mis nervios se rinden a la calma que me demuestra tu respiración suave y constante. Eres mi refugio contra los pensamientos angustiantes. Me vuelvo invencible oyendo las palpitaciones de tu corazón, que a pesar de todos los infiernos que vivo e imagino, me acompaña.
Así que déjame desaparecer un rato entre tus brazos…
Olivia Ismael