olvidé

Algunas veces fui camino, pasos gigantes y pequeños sobresaltos de felicidad.
Alguien me dijo que soy una huella imborrable, pero cuando le prendió fuego a nuestros recuerdos entendí lo efímero de las palabras y empecé a quedarme con los silencios que supieron quedarse.
Me he quedado en el adiós, el baile impulsivo de los dedos cuando los carcome la angustia, ya saben, esa sensación de correr y salvar lo que queda, cuando el amor y las ganas ya salieron por la ventana.
Lo último que quedó fue lo bebido, lo que no es de nadie, lo que tiene derecho a volver: Los recuerdos. A ellos también los olvidé y solo pude beberlos.
—  Café para la Luna, Daniela Arboleda

anonymous asked:

me encantaría hacer muchas cosas contigo, que pena que no sepas de mi existencia, o peor, que no te acuerdes de mi existencia

Como que cosas? Si me haz hablado y llegamos a ser amigos, cómo estás tan seguro(a) de que me olvidé de tu existencia?

Superarte, costó. Costó mil lágrimas, costó cien noches sin dormir, y cien días sin ver la luz del sol. Superarte costó lunas y soles. Costó silencios y gritos. Costó besos ajenos de bocas desconocidas y abrazos fríos de personas que jamás amé. Superarte costó letras y poesía amarga. Superarte costó café cada día y alcohol cada fin de semana. Costó horas de distracción barata haciendo cosas que una persona con el corazón sano no haría. Superarte costó lectura y escritura. Superarte costó sufrir profundamente cada vez que algo me hacía recordarte. Superarte me costó media vida.

El día que vuelvas a saber de mí.

El dia que vuelvas a saber de mí, ojalá que ese día me recuerdes, ojalá que tu corazón se acelere, y que el viento te diga jamás me olvidaste, ojalá que imagines como he cambiado, ojalá vuelvas a creer que era preciosa, ojalá desees que esté feliz, ojalá el día que vuelvas a saber de mí no desees otra cosa que volver a verme, ojalá que el día que vuelvas a saber de mí, te duela el alma, la pena, la herida.

El día que vuelvas a saber de mí ojalá que sonrías, aunque te duela, el día que vuelvas a saber de mí ojalá que reviva el fuego en tu interior, ese fuego que solo se prendió cuando lo fuimos todo, aún cuando no fuimos nada.

Ojalá que ese día, si llega, si es que algún día vuelves a saber de mí, sientas celos de quien puede verme a diario, ojalá que te preguntes si sigo igual de loca que antes, o si la vida me ha hecho más cuerda, o si estoy peor que antes.

Ojalá que te preguntes como avanzó el tiempo tan lento y tan pronto desde el día que nos despedimos, ojalá que venga a tu memoria la última sonrisa que te brinde, solo a ti, aun triste, aun rota, aún marchita, esa sonrisa que me permití mostrar solo para ti.

Ojalá que ese día llegue y sonrías por mí, ojalá que no te culpes, o tal vez ojalá que lo hagas por no haber hecho nada cuando caminé hasta la salida, ojalá que pienses en mí, y anheles oir mi voz, y mi risa, ojalá desees volver a decirme uno de tus chistes malos solo para ver mis ojos brillar por ti, porque no importaba que tan malos pudieran ser, nada me hacía más feliz que verte contándolos, aún cuando no dieran risa, porque tu risa, era tan contagiosa que olvidaba todo lo demás.

Ojalá que el día que vuelvas a saber de mí sientas una opresión en el pecho, como de lo que pudo haber sido y no fue, ojalá que ese día llegue, ojalá que ese día si te dicen que soy feliz, ojalá que si lo sea de verdad, ojalá que ese día también seas feliz por mi, y ojalá te duela el no saber si ya te olvidé, pero también ojalá que creas que sí, y ojalá que te duela.

Porque cariño, soy una egoísta de mierda, y una cobarde, y soy un jodido desastre, pero ojalá, el día que vuelvas a saber de mí, sientas que jamás dejaste de quererme. Y ojalá sientas todo esto, todo eso y todo esto que sentí, por tu olvido y tu nueva felicidad. No me malinterpretes, me hace bien saber que estás feliz, pero cariño, no puedo evitar sentir envidia de quien ahora te da felicidad, porque esa persona ya no soy yo. Ahora solo puedo escribir esto, solo puedo decirlo entre líneas, pero ojalá amor, el día que vuelvas a saber de mí lo sientas todo.

—  La sinfonía del alma.

Después de este tiempo, he descubierto tanto de mí.

Le di una oportunidad a gente que quería conocerme a fondo. Escuché música que dije que nunca escucharía. Me enamoré de la sonrisa de Julia Roberts. Leí muchos libros, vi muchas series, películas, amaneceres. Fotografié muchos atardeceres en lugares diferentes. Uno tras otro. Besé por primera vez a un chico. Evité discusiones con gente racista y homofóbica, ya que comprendí que de nada sirve empezar un debate con gente que tiene la mente cuadrada. Abracé a muchas chicas, en especial a una que tiene un carisma demencial. Borré unos cuantos recuerdos, quemé unas cuantas fotografías y saqué de mi vida a unas cuantas personas. Olvidé. Formateé el disco duro de mi vida. Limpié la tristeza con lágrimas, sudor y mar.

Murió el octavo gato que he amado en mi vida, quedando solamente el último gato en mi mundo. Cada uno de ellos me representaba en cierta medida, aunque Plutón, el que murió, tenía tanto de mí. A veces tan amoroso, otras veces rasguñaba profundo. Todas las mañanas era el único, porque el Menino Pecosín es perezoso, de recibirme con un ronroneo, con un roce. Se levantaba a la misma hora que yo ponía el pie izquierdo sobre el helado suelo. Miraba al alba como yo miro el atardecer. Pero un día ya no estaba. Desperté y no lo veía ahí, ya no trataba de alejarlo de mí cuando estaba de mal humor, ya no estaba ahí para levantarlo con mis manos y posarlo sobre mi pecho-hombro. Un día nadie se levantó conmigo.

Hice correcciones, miré en retrospectiva, cambié algunos aspectos de mí, hice un borrón y sonrisa nueva, modifiqué algunas conductas, tratos y actitudes.

Me descubrí a mí mismo despidiéndome de lo que echaba de menos por años, deshice nudos que en mi garganta no combinaban y, en cambio, me lancé desde décimo séptimo piso de mis miedos.

Dejé atrás los miedos, inseguridades, timideces, egos, orgullos y todas las barbaridades que me imposibilitaban de ser el que quería ser.

Así como los pájaros regresan a su nido, independientemente de cuánto horizonte haya por delante. Yo regreso a mi refugio, yo regreso a ti.

Abrazos, Benjamín Griss.

Y si te preguntas por mí de vez en cuando y no obtienes respuestas del viento, déjame que te cuente; soy feliz ahora, soy libre, soy amor. Tu nombre ya no duele, ni los besos tuyos que la brisa lleva consigo. Ya no me duele el recuerdo de tu adiós, pero para no mentirte, tendré que decir que aún pasas por mi mente cuando la madrugada llega con la intención de lastimarme, y tu risa se reproduce en mi cabeza una y otra vez. Sí, a veces tu recuerdo quema más que el mismo fuego, pero ya no te extraño. Repito, ya no te extraño. Déjame contarte que el no necesitar de ti, es una bonita sensación. Mi almohada huele a libertad, mi cabello a felicidad. Sí, definitivamente he vuelto a ser feliz.
Posdata: Te quiero.
Ya no habian nervios, tampoco emoción cuando sabía que iba a verte. Mis piernas ya no temblaban cuando se aproximaba tu llegada. Podía escucharte reir, pero ya no era música para mis oidos. Ya no habia cosquilleo cuando tomabas de mi mano. Las mariposas en mi estómago, ya no estaban. Ya no sentía nada.
La historia más bonita que conozco son dos labios que se buscan con necesidad de encontrarse a mitad de un beso, mientras fuera no para de llover, ni de relampaguear. He encontrado la certeza del valiente cuando ya ha disparado todos sus te quiero y han dejado manchada la escena del crimen.

Uno, después de amar cierto fuego, no vuelve a quemar igual. Y ahí estaba yo, mirando las montañas por encima de mis muros, viendo la pasividad de la noche mientras todos dormían, pero el cielo jamás dejó de buscar enamorados, rotos, suicidas y niños, como excusa para durar un segundo más antes de que el amanecer venciera a los inmortales.
Le doy vuelta al amor, porque siempre amé al revés. Amé con perdón y olvidé sin motivo, cuando lo que tuve que hacer era amar con motivo y olvidar con perdón. Te necesité, por eso me costó tanto soltarte la mano. Dejar de acariciarla con mi tacto. Dejar que te fueras sin quemar este contrato de supervivencia. Dejar que, en medio de aquella tormenta, no me concedieras el último baile.

Algo que he comprendido es que los hasta nunca se van asomando al momento que decidimos decorar los exteriores, mientras el jardín interno lo dejamos marchitar: no nos preocupamos de ponerle el sol, de llevarle la lluvia de vez en cuando, de abonarlo con sonrisas y canciones, de girarle su mundo en las cuatro estaciones.

Qué otoño hacía aquella tarde en tus pestañas, podía descifrar el secreto de la eterna juventud. Lucías radiante, como ninguna otra vez. Sonabas un poco herida, mirabas un poco apagada y te sentías un poco invierno.

Qué hermoso jardín eras, mientras más triste, más bello era apreciarte. Los lugares tristes siempre te hacen volver, así ya estés demasiado lejos de ellos, ya sea en tiempo o distancia, siempre vuelves.

Hoy, tras años tratando de amortiguar la caída, decido caer sin piedad ni remordimientos a aquel jardín, aunque ahora sólo queden las espinas, los pétalos marchitos, los troncos de los cerezos, los cadáveres de los pájaros, la fuente sin agua, las bancas oxidadas, la mala hierva sobre los muros y el sol que no para de llover.

He vuelto, tras años de evitar la caída, finalmente la piedra me enamoró. Y hay veces en las que uno tiene que saberse caída, y no siempre equilibrio.
—  “El jardín de los inmortales”, Benjamín Griss
Yo no te olvidé, simplemente dejé de buscar interés donde no lo había y me alejé. Nunca dejé de pensar en ti, lo hacía cada día, pero ésta vez ya no podía remar donde no había agua. No dejé de soñar contigo, pues todo éste tiempo lo hice hasta despierta. Nunca dejé de quererte, simplemente supe que a mi lado no eras feliz y que mi lugar no era contigo, por eso dejé de buscarte . Jamás dejaste de ser importante para mí, pero tuve que cambiar mis prioridades. Hoy en día estoy primero yo, y segundo, pues también estoy yo.
Mi ultima carta: Escribo mis últimas palabras, mis últimos sentimientos y dolores. Quiero dejar atrás todo lo que he sufrido, todo lo que he esperado… Lamento haber sido tan tonta contigo, tan confiada, tan niña. Lamento haberte brindado mis mañanas, mis tardes y mis noches, lamento haberte esperado por mucho tiempo, haber estado mucho tiempo, lamento que todo esto que dediqué sin nada a cambio, que lo hice solo por un objetivo que ese era estar contigo, hoy no es nada, hoy no vale.
Quiero aclarar que después de esta de solución, va costar volver a confiar, volver a creer, como fue al principió recuerdas? Me diste donde mas dolió, te entregue mi confianza y la despreciaste, la humillaste, la olvidaste y la lastimaste.
Ahora entiende una sola cosa, no volveré a rogarte, aunque mi piel lo necesite a gritos, no volveré a fallarme, ya no dejaré que me hagas creer que tengo la culpa, no volveré a atrás. Es una prueba muy importante dejarte ir, pero me quiero mucho más a mi misma, me quiero feliz, y lo que hiciste no me hace feliz.
Cerraré mi corazón por un largo tiempo, viviré de amores pasajeros, amores que duran minutos, que son solo fugases y vacíos, que no lastiman ni enamoran. No tendré ilusión hasta encontrar a alguien que realmente quiera lo que soy, que me necesite tanto como alguna vez lo senti por ti.
Ahora se, que nunca fuiste para mi.
—  No volveré atrás, nunca más.
Te he vuelto a ver desnuda y se me han corrido los ojos de pena.
Debí borrar aquellas fotos el día que te olvidé, ¿pero quién sabe cómo deshacerse del rastro de una estrella fugaz cuando ya te ha mirado a los ojos? Uno es preso de todo lo que ha amado porque el amor es una condena de cadena perpetua en una cárcel sin rejas.
—  La poesía jamás te olvidará-Elvira Sastre