olor a lluvia

Y llega septiembre. Con sus cambios , sus lluvias , su amor. Y llegas tú . Con tú rutina , tú pereza , tú frío. Y vaya mes , que hace a lo más feo , bonito , a lo más valiente , vulnerable . Septiembre , con su olor a lluvia . Ese olor tan de nosotros.

Huele a lluvia

Dicen que cuando el cielo se decolora en matices de gris, avisando la llegada de la lluvia anuncia también la llegada de cosas malas, de noticias tan grises como el mismo cielo, de cabizbajos andantes, sueños mojados y corazones rotos…

Pero yo, yo creo todo lo contrario. 

A veces uno tiene que desdibujarse para comenzar a pintarse de colores nuevamente, a veces hay que borrar los trazos para comenzar a bocertearnos de nuevo, esta vez de mejor manera, esta vez con trazos más limpios.  

Hay que dejar que la misma lluvia que se avecina nos cale hasta el alma y se lleve con ella, en cada gota que se desliza por nosotros hasta caer al suelo, las penas, los sueños aún frustrados, las inseguridades y miedos, todo aquello que no fue y todo aquello que pudo haber sido. 

Nada nace o renace sin un poco de lluvia, los caminos no se limpian sin el paso de la misma, ni los mismos ríos toman fuerza en su cauce sin su intervención. 

Ya huele a mojado, ya huele a lluvia, pero también huele a renacimiento.


  • Diario de una Ondulada
Porque para mi…
Te sientes como terminar de leer un buen libro.
Te sientes como el olor después de la lluvia.
Te sientes como una noche fresca.
Te sientes como terminar un buen libro.
Te sientes como comer un plato de tu comida favorita.
Te sientes como sacar un 10 en algún examen.
Te sientes como un buen recuerdo.
Te sientes como reír con tus mejores amigos.
Te sientes como hacer lo que más te gusta.
Te sientes como dormir en clases.
Pero sin duda la mejor no tiene comparación, porque para mi eres más bonito que un atardecer.
Pero shh, que quede entre tú y yo, es un secreto que nosotros y los que nos rodean saben.
Bogotá es un acuario de peces tristes. Autor: Rafael Chaparro M.


Cuando llueve, Bogotá se convierte en la ciudad más triste del mundo. La escena se repite una y otra vez. De pronto estás en la calle y miras hacia el cielo y ves allí en las nubes un grupo de aves que se escabulle. Entonces empieza a llover y a tu nariz llega el olor pesado de la lluvia bogotana. Es un olor mezclado con whisky, un olor mezclado con perfume de mujer y gasolina, un olor incierto que se apodera de tus pulmones, de tu garganta, de tus alvéolos, y te invade, te asalta, te jode, te pone down, triste maluco. No hay nada qué hacer. A lo mejor te va a coger una de esas gripas tenaces que suelen dar en Bogotá. Una gripa maluquita con muchos moquitos, con muchas lagrimitas. Una gripa pendeja y estúpida.
Cuando llueve en Bogotá te llega la tristeza primordial que se siente en Praga, en el puente Carlos a las seis de la tarde cuando los vendedores se recogen y las mujeres de cabellos dorados se van con el viento gris de la tarde. Ver llover en Bogotá es ver llover en Praga. La misma soledad que se siente cuando llueve en el parque de Lourdes se siente en la estación Muzeum a las cinco de la tarde. Ver llover en Bogotá es ver llover en París. También como Vallejo me podría morir una tarde en París mientras llueve. Ver llover en la carrera Trece es la misma sensación que te posee en el Boulevard Ménilmontant cuando los árabes salen con sus perros viejos y antiguos, salen a las esquinas a mojarse, a fumar, a desgastarse bajo la lluvia remota de París, esa lluvia que uno sabe que humedece todos los besos, esa lluvia que uno tiene la certeza de que humedece todos los labios salvajes y que cobija con sus  agujas invisibles todos esos gatos tristes y melancólicos que pasean por los techos de París. Uno sabe que esa lluvia es mágica. Es una lluvia que sabe a lo que saben tus babas, una lluvia que sabe a árboles lejanos, una lluvia contaminada por la luna, contaminada por las palomas grises.
Ahora probablemente llueve sobre Bogotá. Llueve en la avenida Caracas, llueve en la carrera Séptima, en la avenida Chile, en el centro. Llueve. Llueve. Llueve y todos los rostros de los habitantes se ponen así, no sé, como más tristes, como más baratos, y entonces te dan unas ganitas de volar hacia el centro de la lluvia, ganas de estar cagado de la risa en la mitad de la lluvia mientras te crecen alas transparentes en la espalda. Llueve y los corazones se humedecen y las mosquitas muertas que se estrellan contra las paredes sucias de los días caen y se arrinconan contra las alcantarillas mientras las luces de las patrullas de policía se reflejan en el pavimento húmedo.
Probablemente cuando llueve Bogotá entra en otra dimensión. Bogotá se torna una ciudad más irreal, tal vez un poco más fantástica y en las calles se presiente el murmullo de diez millones de dragones tristes que recorren las calles húmedas y se introducen en el camino incierto de la niebla.
Son las cinco de la tarde. Los buses parecen acuarios llenos de peces tristes que se zambullen en el agua sucia de la gasolina. Bogotá lluviosa. Bogotá es una ciudad de cucarachas. Una ciudad de culos y tetas tristes. Una ciudad con una lluvia que huele a cebolla blanca. No hay caso, son las cinco de la tarde y Bogotá es una postal triste y gris donde la gente trata de sonreír, una postal gris untada con la triste cagarruta de las palomas que vuelan sobre la plaza de Lourdes.

La Prensa, Bogotá, 14 de noviembre de 1993, p.26

Porque somos de inviernos , de noches frías pero con corazones calientes , de comer palomitas sin película , somos de mil metas el primer día del año , de reírnos en los momentos menos oportunos , de enamorarnos siempre como la primera vez , somos del olor a lluvia , de ver películas en el cine o lo que es mejor , en la cama , somos el sueño de alguien .
Somos. Y eso es lo importante que somos algo , bueno , peor o mejor. Somos vida , sueños y casi siempre , somos esperanza .

Me gusta el olor a lluvia, el color de la mañana y los vientos de agosto en la capital. Me encanta la gente decente que no teme decir buenos días, el olor a pan recién horneado y mojarme cuando la lluvia me encuentra en el camino. No me gustan los abrazos sorpresa, las cosquillas ni las películas de terror. Hago galletas cuando quiero recordar cosas bonitas, no como chicle y me fascina todo lo que diga “coco”. Puedo ver dibujos animados por horas, repetir la misma canción durante días y volver a ver una temporada de Hannibal veinte veces seguidas. Mis pies me parecen divertidos, tengo más de 60 lunares, y si me acarician la cabeza, me quedo dormida. Encuentro fascinación en las manos de las personas, me derrito por el chocolate y nunca aprendí a decir adiós. Armo cuando me toca, creo cuando se me antoja y diseño cuando me apasiona. Suelo ilustrar retratos, robar con letras pensamientos y fotografiar memorias. Unos días me quiero, otros días también, y otros, pienso que soy una maravilla. Soy difícil, ambivalente y bastante complicada, por eso estoy convencida de que vine a este mundo a desaprender. Esa es mi absurda osadía.
—  Doble T. - La Dama en Solitario.
EL “OLOR A LLUVIA” ES PRODUCIDO POR UNA BACTERIA

Ese inconfundible perfume que libera la tierra al detener las primeras gotas de una lluvia se llama geosmina, un compuesto químico producido por la bacteria Streptomyces coelicolor. El olor a tierra mojada es, en realidad, el olor de esta bacteria al hidratarse.

Factoides adicionales:

  • Muchos animales, desde insectos hasta camellos, navegan las zonas secas con la geosmina como brújula.
  • Algunas plantas han aprendido a imitar su aroma y así atraer a los insectos y engañarlos para que las polinicen.
  • El olfato humano es tan sensible a la geosmina que puede detectar una de sus moléculas diluida en 200.000 moléculas de aire.
Un libro nuevo

Tener un libro nuevo en tus manos, es algo que emociona, te hace sonreír y te captura.

Con un libro nuevo, hablo de los libros en físico, es cierto que leo la mayoría de las veces en mi celular o computadora pero eso es por que las nuevas sagas no llegan rápido a mi ciudad, y por ello los EPub se han convertido en mis nuevos mejores amigos. 

Pero nada, absolutamente nada será igual que saber que has pedido un libro, esperar por el, luego tenerlo en tus manos y simplemente sentirte un poco más realizado porque después de tanto tiempo, meses o años al final has logrado adquirirlo. Tal vez sea por experiencia personal, es probable que no todos se sientan así, solo los fans de distintas sagas o los amantes de todos los libros.

El olor de libro nuevo no tiene comparación, aunque probablemente el de la lluvia lejana o el de la lluvia cayendo sobre la grama, esos dos también son algo especial, pero por esos pequeños momentos es que vale la pena disfrutar de todos y cada uno de los minutos de la vida. 

Volviendo a cuando tienes un ejemplar sensacional en tus manos, es aun mejor cuando miras en las últimas páginas y dice que es con material reciclado. Para aquellos que dicen que lo mejor es no comprar el físico por que ya existen los libros electrónicos, les digo que para mi jamás será igual, no tiene comparación ver una hilera de libros de tus autores favoritos, de las historias que te cautivaron en un momento, verlos y poder tomarlos en cualquier momento y abrir en X página y leer de nuevo sobre aquellos personajes que te hicieron suspirar y te dejaron con una sonrisa en el rostro, o aquellos que te hicieron llorar, de igual forma la lectura es uno de los regalos más grandes que hay. 

Y les dejo esa pequeña imagen con solo algunos de los libros que tengo en mi extensa colección…