olga felip

Han pasado varios días desde que la vi por ultima vez, su tersa piel que se erizaba al correr de mis labios quizás sea el único recuerdo grato que tengo de ella, no hablo mal de su ser, pero en realidad su apresurado caminar por la vida me lleno de hastío, de ese hartazgo fúnebre que suena como la melodía que anticipa un lecho de muerte… ¡¡¡¡pero que desperdicio!!!! me lo he repetido mil veces, en realidad era una joya…
No niego que la extraño, porque la he extrañado a cada segundo, incluso cuando estaba con ella, tan solo el hecho de que se alejara del dormitorio me hacia sentir solo y ruin, se volvió mi todo de la nada, de un día para otro se había convertido en lo que siempre soñé, en lo que necesitaba, era mi musa, mi amiga y mis ganas de vomitar…
Comenzó a cambiar sus saludos por preguntas, sus besos por evidencias y su sexo por necesidades, paso de ser proveedora de amor a un recipiente sin fondo, dejo de ser esa casa de ayuda, el hostal de mi memoria, mi playa, mi calma; prefirió ser la dueña de un reloj y un calendario, la secretaria que llevaba la bitácora de todo lo que un día hicimos mal…
Así se marco ese final, entre reclamos, cobros y desdenes, sin olvidar deberes, sin manifestar dolor, así como se termina un plato de buena comida, simplemente nos sentimos satisfechos, no hay nada mas que dar ni que recibir, sin temor deben ser las despedidas, porque hay días en que el amor es solo un fastidio, porque hay días donde lo mas romántico es decir adiós…
—  Felipe Martínez primo de Olga Cecilia Martínez Rojas