olas gigantes

Morite de amor cagón.

Antes que decir que no, pensa que en algún momento te vas a morir, si, te vas a morir.
Métete al mar, despeinate, que la sal te endurezca el pelo y la piel, que te despinte, métete de día, de noche, que una ola gigante te llevé a pasear y la arena se te meta en los calzones,que el topless sea por la fuerza del agua, menos sexy y más divertido.
CAGATE MUCHO DE RISA, enterrate en la arena, hace castillitos , si, estás peludo pero las ganas de hacer un castillito NO SE VAN JAMÁS.
Tírate de un paracaídas, que tenés más probabilidad de morir entrando el auto a la cochera de tu casa, cruzando la avenida apurado para ir a laburar o de un ataque al corazón post-stress, post-chatarra, post-depresión; Acostate con tu perro y llenate la ropa de pelos, escucha su corazón, ese si late por vos.
Juntate con tus amigos aunque no tengas un puto peso, siempre hay un paquete de arroz por ahí o unas criollitas; juntate con ellos y meate de la risa y si los ves con el celular, tiraselo por la cabeza, putealos que están ahí con vos, el resto puede esperar. Coman un asado, vallan a la montaña, pónganse en tarlipes en medio de la calle, solo para reír, la amistad sana y no hay antidepresivo que le toque los talones.
VIAJA, AHORRA,VIAJA, quizás cuando termines de pagar la ropa que estás usando, ya la hallas dejado de usar, quizás cuando termines de pagar tu casa se halla llevado la deuda toda tu energía, quizás cuando termines de pagar el auto ya te hallas acostumbrado a caminar, quizás cuando termines de pagar el microondas te des cuenta que como calentar en el horno no hay. El somier super archie blah blah blah puede esperar, mejor una garrafita para las montañas.
Escúchame pendex VIAJA, VIAJA, VIAJA, para enriquecer el alma, conocer gente, culturas, idiomas, viaja para ver y escuchar que el amor en todos lados tiene la misma lengua. Viaja, tírate al pasto, vacía 45 termos de mate, charla y que se te quede la lengua verde de tanto chupar la bombilla mientras guardas las fotos del paisaje en tu cabeza y si no hay guita, andate igual, andate abajo de una planta, frasada, fideos blancos y nada más.
ESCUCHA!! escucha a tus viejos, pregúntales todo lo que no sabes, todo lo que les pasa, cuantas veces amaron, cuantas perdieron un amor, pregúntales que querían ser de chicos y pregúntales porque carajos no lo hacen si están vivos.
HABLA, habla con ellos que te escuchan hasta en silencio, deciles lo que queres y métete el orgullo post-moderno liberal de todo me chupa un huevo en el culo porque ellos también se van a morir, abrazalos porque ni las velas de cumpleaños, ni las estrellas fugaces, ni las vaquitas de San Antonio tienen el poder de conceder la inmortalidad.
DECILO TODO, decilo, escribilo, transmitilo, SÁCATE LA VERGÜENZA DE LAS VENAS, decile que lx querés, decile que lx amas, métele un beso para que no se olvide, decile que te dormis y te levantas pensandolx, decile, decile todo lo que se te cruce por el bocho, sea asquerosamente romántico, empachante, deja de hacerte el duro que todos bien sabemos lo que siente el otro, así que decilo ¿ Qué podés perder? Decile lo que te gusta, lo que te enloquece, lo que te exita, deja de sobarle la espalda a la tristeza y abrazala y abrazala fuerte para que se valla un tiempo para volver fresquita como una lechuga y así la volvés a abrazar…
NOS HACEMOS MUCHOS PROBLEMAS Y VIVIMOS MUY PARA EL CULO AL PEDO.

Viví

Antes de decir que no, pensá que algún día te vas a morir. Sí, te vas a morir.

Metete al mar, despeinate… que la sal te endurezca el pelo y la piel, que te despinte. Metete de día, de noche… que una ola gigante te lleve a pasear y la arena se te meta en los calzones. Que el “toples” sea por la fuerza del agua, menos sexy y más divertido. Cagate mucho de risa, enterrate en la arena, hacé un castillito… sí, estás peludo, pero las ganas de hacer un castillito no se van jamás.

Tirate en paracaídas que tenés más probabilidades de morirte entrando el auto a la cochera de tu casa, cruzando la avenida apurado para ir a laburar, o de un ataque al corazón post- estrés, post- chatarra, post- depresión. Acostate con tu perro y llenate la ropa de pelos, escuchá su corazón… ese sí que late por vos.

Juntate con tus amigos aunque no tengas un puto peso. Siempre hay un paquete de arroz por ahí, o unas criollitas. Juntate con ellos y meate de risa y si los ves con el celular, tiraselos por la cabeza. Putealos, que están ahí con vos… el resto puede esperar. Coman el asado, vayan a la montaña, ponganse en terlipes en el medio de la calle. Sólo para reír. La amistad sana y no hay antidepresivo que le toque los talones.

Viajá. Ahorrá y viajá. Quizás cuando termines de pagar la ropa que te estás comprando ya la hayas dejado de usar. Quizás cuando termines de pagarte tu casa se haya llevado la deuda… toda tu energía. Quizás cuando termines de pagarte el auto te hayas acostumbrado a caminar. Quizás cuando termines de pagar el microondas te des cuenta de que como calentar en el horno no hay. El somnier extra súper archi blah blah “King” puede esperar, mejor una garrafita para la montaña. Escuchame pendejx, viajá.

Viajá, viajá para enriquecer el alma. Conocé gente, culturas, idiomas. Viajá para ver y escuchar que el amor en todos lados tiene la misma lengua. Viajá, tirate al pasto. Vaciá cuarenta y cinco termos de “meta mate y charla” y que te quede la lengua verde de chupar la bombilla mientras guardás las fotos de ese paisaje en tu cabeza. Y si no hay guita, andate igual. Andate abajo de una planta. Tres frazadas, fideos blancos y nada más.

Escuchá, escuchá a tus viejos. Preguntales todo lo que no sabés, todo lo que pasó. Cuántas veces amaron y cuántas perdieron un amor. Preguntales que querían ser de grandes cuando eran chicos. Preguntales porqué carajos no lo hacen si están vivos. Hablá, hablá con ellos que te escuchan hasta en silencio. Deciles que los querés y metete el orgullo post-moderno liberal de “todo me chupa un huevo” en el culo. Porque ellos también se van a morir. Abrazalos como si fuera la última vez… que ni las velas de cumpleaños, ni las estrellas fugaces, ni las vaquitas de San Antonio tienen el poder de conceder la inmortalidad.

Decilo todo. Decilo, escribilo, transmití. Sacate la vergüenza de las venas. Decile que la querés, decile que lo amás. Metele un beso para que no se olvide más. Decile que te dormís y te levantás pensándolo/la. Decile, decile todo lo que se te cruce por el bocho. Sé asquerosamente romántico/a. Empachate. Dejá de hacerte el/la durx que todos bien sabemos lo que siente el otro. Así que… decilo. ¿Qué podés perder? Decile lo que te gusta, lo que te enloquece, lo que te excita.
Dejá de sobarle la espalda a la tristeza y abrazala, abrazala fuerte y que se vaya un tiempo para volver fresquita como una lechuga y así… la volves a abrazar.

Antes de tener hijos… sé un niño, sé un niño todo el tiempo que más puedas. Dormí, salí, reíte, comé chocolates y gomitas y reíte. Fulminá tu juventud… antes de envejecer. Y cuando te pongas viejo, contale a la generación entrante… qué significa cada una de tus arrugas. No les dejes tu cuerpo gris, dejales tus ganas de vivir. Dale viejo, dejalos que jueguen a la pelota en la siesta ¿Te acordás cuando jugabas a la pelota en la siesta? Dale, no llames a la policía. Comprate un paquete de bombitas y cuando te toquen el timbre mojalos también. Dale viejo, viejo las pelotas. Sí, viejas las pelotas pero sangre en el pecho. No fué hace tanto viejo, acordate y reíte con ellos… antes de decir que no.


- Desconozco el autor pero tiene un tinte argentino, me lo mandaron por wasap y empecé el día con esto. Vale la pena compartirlo

Creo que fui feliz (con ella). Pero cuanto mayor es la felicidad, mayor es la angustia que se tiene ante la posibilidad de perderla. Y al final la perdí, fui perdiendola poco a poco en vida hasta que se desvaneció por completo. Como algo gastado por la erosión, que acaba siendo arrancado de raíz y arrastrado por una ola gigante…
—  Haruki Murakami
Abril.

Equívoco
el error y yo
constantemente unidos
ante la adversidad
recojo semillas, ramas, fracasos y lluvias
construir un nido
para esta nostalgia y su sueño.

He cavado tan profundo
he sido fantasma, piedras y secreto
me he agobiado en este intento insostenible
de seguir intentándolo.

Me encuentro desde lo desconocido
desde el saber
hasta la duda más pronunciada
gigante ola que arrasa con todo
tan violentamente
haciendo que semillas, ramas, fracasos y lluvias
queden arrojados en los escombros
que bota la marea.

La melancolía cotidiana
acariciar interminablemente al gato
y autoconverncerme que es sólo esto
una prueba de construcción nocturna
en donde el sueño crea todo
en donde el sueño limpia todo
en donde el sueño cae
y forma pistas que me llevan a algún lugar
entre formas y laberintos
invisibles
aleteo rápidamente
y espío con los ojos abiertos
a la que fui
en esto que hoy
perdidamente
habito.

Acantilado / 2016.-

Morite de amor, cagón.

Antes de decir que no, pensá que algún día te vas a morir. Sí, te vas a morir.

Metete al mar, despeinate… que la sal te endurezca el pelo y la piel, que te despinte. Metete de día, de noche… que una ola gigante te lleve a pasear y la arena se te meta en los calzones. Que el “toples” sea por la fuerza del agua, menos sexy y más divertido. Cagate mucho de risa, enterrate en la arena, hacé un castillito… sí, estás peludo, pero las ganas de hacer un castillito no se van jamás.

Tirate en paracaídas que tenés más probabilidades de morirte entrando el auto a la cochera de tu casa, cruzando la avenida apurado para ir a laburar, o de un ataque al corazón post- estrés, post- chatarra, post- depresión. Acostate con tu perro y llenate la ropa de pelos, escuchá su corazón… ese sí que late por vos.

Juntate con tus amigos aunque no tengas un puto peso. Siempre hay un paquete de arroz por ahí, o unas criollitas. Juntate con ellos y meate de risa y si los ves con el celular, tiraselos por la cabeza. Putealos, que están ahí con vos… el resto puede esperar. Coman el asado, vayan a la montaña, ponganse en tarlipes en el medio de la calle. Sólo para reír. La amistad sana y no hay antidepresivo que le toque los talones.

Viajá. Ahorrá y viajá. Quizás cuando termines de pagar la ropa que te estás comprando ya la hayas dejado de usar. Quizás cuando termines de pagarte tu casa se haya llevado la deuda… toda tu energía. Quizás cuando termines de pagarte el auto te hayas acostumbrado a caminar. Quizás cuando termines de pagar el microondas te des cuenta de que como calentar en el horno no hay. El somnier extra súper archi blah blah “King” puede esperar, mejor una garrafita para la montaña. Escuchame pendejx, viajá.

Viajá, viajá para enriquecer el alma. Conocé gente, culturas, idiomas. Viajá para ver y escuchar que el amor en todos lados tiene la misma lengua. Viajá, tirate al pasto. Vaciá cuarenta y cinco termos de “meta mate y charla” y que te quede la lengua verde de chupar la bombilla mientras guardás las fotos de ese paisaje en tu cabeza. Y si no hay guita, andate igual. Andate abajo de una planta. Tres frazadas, fideos blancos y nada más.

Escuchá, escuchá a tus viejos. Preguntales todo lo que no sabés, todo lo que pasó. Cuántas veces amaron y cuántas perdieron un amor. Preguntales que querían ser de grandes cuando eran chicos. Preguntales porqué carajos no lo hacen si están vivos. Hablá, hablá con ellos que te escuchan hasta en silencio. Deciles que los querés y metete el orgullo post-moderno liberal de “todo me chupa un huevo” en el culo. Porque ellos también se van a morir. Abrazalos como si fuera la última vez… que ni las velas de cumpleaños, ni las estrellas fugaces, ni las vaquitas de San Antonio tienen el poder de conceder la inmortalidad.

Decilo todo. Decilo, escribilo, transmití. Sacate la vergüenza de las venas. Decile que la querés, decile que lo amás. Metele un beso para que no se olvide más. Decile que te dormís y te levantás pensándolo/la. Decile, decile todo lo que se te cruce por el bocho. Sé asquerosamente romántico/a. Empachate. Dejá de hacerte el/la durx que todos bien sabemos lo que siente el otro. Así que… decilo. ¿Qué podés perder? Decile lo que te gusta, lo que te enloquece, lo que te excita.

Dejá de sobarle la espalda a la tristeza y abrazala, abrazala fuerte y que se vaya un tiempo para volver fresquita como una lechuga y así… la volves a abrazar.

Antes de tener hijos… sé un niño, sé un niño todo el tiempo que más puedas. Dormí, salí, reíte, comé chocolates y gomitas y reíte. Fulminá tu juventud… antes de envejecer. Y cuando te pongas viejo, contale a la generación entrante… qué significa cada una de tus arrugas. No les dejes tu cuerpo gris, dejales tus ganas de vivir. Dale viejo, dejalos que jueguen a la pelota en la siesta ¿Te acordás cuando jugabas a la pelota en la siesta? Dale, no llames a la policía. Comprate un paquete de bombitas y cuando te toquen el timbre mojalos también. Dale viejo, viejo las pelotas. Sí, viejas las pelotas pero sangre en el pecho. No fue hace tanto viejo, acordate y reíte con ellos… antes de decir que no.

Autora: Maru Leone.

Morite de amor, cagón

Antes de decir que no, pensá que algún día te vas a morir. Sí, te vas a morir.

Metete al mar, despeinate… que la sal te endurezca el pelo y la piel, que te despinte. Metete de día, de noche… que una ola gigante te lleve a pasear y la arena se te meta en los calzones. Que el “toples” sea por la fuerza del agua, menos sexy y más divertido. Cagate mucho de risa, enterrate en la arena, hacé un castillito… sí, estás peludo, pero las ganas de hacer un castillito no se van jamás.

Tirate en paracaídas que tenés más probabilidades de morirte entrando el auto a la cochera de tu casa, cruzando la avenida apurado para ir a laburar, o de un ataque al corazón post- estrés, post- chatarra, post- depresión. Acostate con tu perro y llenate la ropa de pelos, escuchá su corazón… ese sí que late por vos.

Juntate con tus amigos aunque no tengas un puto peso. Siempre hay un paquete de arroz por ahí, o unas criollitas. Juntate con ellos y meate de risa y si los ves con el celular, tiraselos por la cabeza. Putealos, que están ahí con vos… el resto puede esperar. Coman el asado, vayan a la montaña, ponganse en terlipes en el medio de la calle. Sólo para reír. La amistad sana y no hay antidepresivo que le toque los talones.

Viajá. Ahorrá y viajá. Quizás cuando termines de pagar la ropa que te estás comprando ya la hayas dejado de usar. Quizás cuando termines de pagarte tu casa se haya llevado la deuda… toda tu energía. Quizás cuando termines de pagarte el auto te hayas acostumbrado a caminar. Quizás cuando termines de pagar el microondas te des cuenta de que como calentar en el horno no hay. El somnier extra súper archi blah blah “King” puede esperar, mejor una garrafita para la montaña. Escuchame pendejx, viajá.

Viajá, viajá para enriquecer el alma. Conocé gente, culturas, idiomas. Viajá para ver y escuchar que el amor en todos lados tiene la misma lengua. Viajá, tirate al pasto. Vaciá cuarenta y cinco termos de “meta mate y charla” y que te quede la lengua verde de chupar la bombilla mientras guardás las fotos de ese paisaje en tu cabeza. Y si no hay guita, andate igual. Andate abajo de una planta. Tres frazadas, fideos blancos y nada más.

Escuchá, escuchá a tus viejos. Preguntales todo lo que no sabés, todo lo que pasó. Cuántas veces amaron y cuántas perdieron un amor. Preguntales que querían ser de grandes cuando eran chicos. Preguntales porqué carajos no lo hacen si están vivos. Hablá, hablá con ellos que te escuchan hasta en silencio. Deciles que los querés y metete el orgullo post-moderno liberal de “todo me chupa un huevo” en el culo. Porque ellos también se van a morir. Abrazalos como si fuera la última vez… que ni las velas de cumpleaños, ni las estrellas fugaces, ni las vaquitas de San Antonio tienen el poder de conceder la inmortalidad.

Decilo todo. Decilo, escribilo, transmití. Sacate la vergüenza de las venas. Decile que la querés, decile que lo amás. Metele un beso para que no se olvide más. Decile que te dormís y te levantás pensándolo/la. Decile, decile todo lo que se te cruce por el bocho. Sé asquerosamente romántico/a. Empachate. Dejá de hacerte el/la durx que todos bien sabemos lo que siente el otro. Así que… decilo. ¿Qué podés perder? Decile lo que te gusta, lo que te enloquece, lo que te excita.

Dejá de sobarle la espalda a la tristeza y abrazala, abrazala fuerte y que se vaya un tiempo para volver fresquita como una lechuga y así… la volves a abrazar.

Antes de tener hijos… sé un niño, sé un niño todo el tiempo que más puedas. Dormí, salí, reíte, comé chocolates y gomitas y reíte. Fulminá tu juventud… antes de envejecer. Y cuando te pongas viejo, contale a la generación entrante… qué significa cada una de tus arrugas. No les dejes tu cuerpo gris, dejales tus ganas de vivir. Dale viejo, dejalos que jueguen a la pelota en la siesta ¿Te acordás cuando jugabas a la pelota en la siesta? Dale, no llames a la policía. Comprate un paquete de bombitas y cuando te toquen el timbre mojalos también. Dale viejo, viejo las pelotas. Sí, viejas las pelotas pero sangre en el pecho. No fue hace tanto viejo, acordate y reíte con ellos… antes de decir que no".

Maru Leone.

Especial 200 seguidores · Lemmon hard · Wigetta

¡Hi! Aquí os dejo el especial 200 seguidores. Es un lemmon que me pidieron con Willy seme. Empecé a escribirlo un poco más “light” pero acabó saliendo algo hard, así que creo que viene muy bien para el especial. Os aviso de que vuelve a ser largo, pero está bastante detallado y creo que lo podréis ver todo muy claramente, que es la idea ;)

Espero que a la persona que me lo pidió le guste y a todos los demás también :) Comentadme porfa qué os ha parecido.

Mil gracias por los 200 seguidores y espero seguiros entreteniendo mucho tiempo con mis historias ^^ 

……………………………………………………………………………….

“ACCIÓN-REACCIÓN”

Todo comienza en Los Ángeles, una calurosa ciudad del sur California. Samuel, o Vegetta como le llamaban sus amigos, acababa de ser trasladado allí por su trabajo. Le habían asignado un apartamento justo al lado de Venice Beach, cosa que le alegraba sobremanera, ya que le encantaba nadar. Lo primero que hizo al entrar fue dejar todo en su nueva habitación e ir a inspeccionar el resto del inmueble. Samuel era una persona que adoraba las viviendas con vistas, así que se puso a mirar dónde daban todas las ventanas. El gran ventanal del salón tenía unas vistas a la playa impresionantes, mientras que la ventana de al lado de la mesa, que era un poco más pequeña, daba al edificio contiguo que era idéntico al suyo, cosa que no le agradaba mucho. La ventana de su cuarto, sin embargo, también daba a la playa, así que Samuel estaba doblemente feliz. Ordenó todas sus cosas personales, ya que el inmueble lo habían decorado a su estilo los propios representantes de su empresa; le conocían bien.

Después de colocar todo un poco, miró por la ventana y le apeteció mucho ir a nadar, así que se puso el bañador olímpico, un pantalón corto de deporte, una camiseta y las deportivas. Fue corriendo hasta la playa, se quitó las zapatillas, el pantalón y la camiseta y se metió en el agua; ya lo echaba de menos.

—————————-

El otro protagonista de esta historia se encontraba justo en esa playa. Guille, al que todo el mundo llamaba Willy por allí por razones obvias, se encontraba en ese momento cogiendo una ola gigante de la que intentaba salir sobre la tabla y no debajo de ella. Era un surfista de los buenos, pero solo surfeaba por hobby. El mar estaba picado ese día, había bandera naranja y sólo se recomendaba meterse en el agua a surfistas y a gente experimentada en natación.

Willy salió de la ola victorioso y saltó de la tabla dando una voltereta para celebrarlo. Cuando sacó la cabeza del agua de nuevo, vio una silueta nadando grácilmente en su dirección. Pasó delante de él y no se detuvo. Era un chico castaño y de complexión fuerte. A su parecer nadaba bastante bien, no tendría problema con el mar ese día. Cuando le perdió un poco de vista, volvió a subirse a la tabla y remó mar a dentro en busca de su siguiente ola.

—————————-

Vegetta salió del agua exhausto. El baño le había sentado genial. Se puso el pantalón, cogió las zapatillas y la camiseta y empezó a caminar descalzo y con el torso desnudo tranquilamente hasta casa. Le encantaba esa ciudad, su nuevo apartamento y el poder hacer ese tipo de cosas.

Cuando se disponía a cruzar la calle, se topó con un chaval con una tabla de surf debajo del brazo. Era moreno y bastante alto, más o menos de su altura. Con el neopreno se podía intuir su complexión musculada pero delgada a la vez. El chico lo miró y le sonrió un poco de medio lado. Vegetta le devolvió la sonrisa y ambos cruzaron la calle, yéndose el chico moreno hacia la izquierda y él hacia la derecha. Entró en su apartamento y fue directo a la ducha.

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Willy abrió la puerta de su apartamento, dejó la tabla en su sitio y se desabrochó la espalda del neopreno tirando de la larga cuerda. Solo odiaba del surf el tener que quitarse el maldito neopreno mojado. Lo sacó por sus hombros y tiró de él hacia abajo hasta dejarlo a la altura de sus caderas. Se volvió hacia el ventanal de su salón para ver el mar, pero antes, algo en la ventana de al lado de la mesa le llamó la atención. Una de las ventanas del edificio de al lado estaba con las cortinas abiertas, por lo que se podía ver el interior de la vivienda. Willy se acercó al alfeizar y vio al chico con el que se había topado al cruzar la calle secándose el pelo con una toalla y con otra enrollada en la cintura.

“Qué cojones…”, pensó quedándose embobado. “Ese es el chico de la calle… Joder, está bueno que se rompe, ¿no?”.

————————

Vegetta se estaba secando el pelo con la toalla, alborotándoselo un poco. Se dio la vuelta y vio al chaval que le miraba por la ventana .

“Tú, ¿ese no es el chico de la calle? Me está mirando… Dios, cómo le queda el puto neopreno, chaval…”.

Hacía demasiado tiempo que Vegetta no pillaba, y cuando digo demasiado  es demasiado. Estuvo con un chico hace unos meses y la cosa no funcionó, y el chico tampoco es que funcionase mucho. Vegetta era un tío que desde que probó el sexo nunca le había faltado cuando había querido, nunca tuvo problema con las chicas y después, cuando organizó su cabeza, con los chicos tampoco. Quizá por este motivo le tiraba a todo lo que se movía, y ese chico de la ventana de enfrente con ese neopreno demasiado bajo dejando ver su six-pack marcadísimo, era lo que le faltaba ya para estar todo el santo día cachondo perdido.

————————–

El tema de Willy y el sexo tampoco es que fuese muy bien esos último meses. Tenía un cuadro similar; nunca se le había resistido ninguna mujer y desde hacía pocos años, ningún hombre tampoco. Llevaba meses sin echar un polvo y la autosatisfacción ya empezaba a quedársele pobre. Y ahora el destino le ponía un nuevo vecino buenorro que se paseaba en toalla por su ventana con ese cuerpo musculado y esa espalda marcada la cual no le importaría ver mientras le daba por d…

“¡Para, Willy!”, se gritó a sí mismo. “Estás enfermo de abstinencia, colega”.

Se retiró de la ventana al darse cuenta de que su vecino le estaba mirando también, se quitó del todo el neopreno y se metió en la ducha, poniendo el agua un poco más fría de lo normal.

—————————-

Pasaron las semanas y Willy y Vegetta se encontraban cada mañana en la playa, uno con su neopreno y su tabla y el otro con su bañador y sus gráciles movimientos al nadar. Se habían presentado un día en el que se habían quedado demasiado cerca en el agua debido a una ola. Algún que otro día habían desayunado juntos en uno de los chiringuitos de la playa y estas últimas semanas estaban quedando en casa de uno o de otro para ver partidos de rugby en la televisión, pasión que ambos compartían.

Entre todas esas cosas que habían empezado a hacer juntos entablando una bonita amistad, ambos se seguían mirando por las ventanas, con la diferencia de que ahora también ambos se “exhibían” de alguna manera sabiendo que el otro estaba mirándole desde la lejanía.

Vivían provocándose y con deseos de empotrarse el uno al otro contra las paredes cada vez que quedaban, pero ninguno sabía si el otro era hetero o no, o si sentía la misma jodida atracción sexual que no les dejaba vivir en paz.

Willy se levantó aquella mañana un poco “revuelto”, por decirlo finamente, y si no lo queréis finamente, se podría decir que su amiguito estaba a punto de reventar. ¿El causante? Vegetta. Había estado rondando por su cabeza en sueños. Él, sus brazos fuertes, su espalda marcada, ese culo duro y jodidamente deseable… Lo que había disfrutado aquella noche entrando y saliendo de ese culo, colega. Una lástima que solo soñase y que como consecuencia ahora le tocase darle un poquito de atención a su amigo para poder enfundarse en el neopreno y no reventarlo.

Por otra parte, Vegetta se había metido en la ducha y solo era capad de imaginarse a Willy mojado saliendo del mar con su tabla debajo del brazo y bajándose el neopreno hasta la cintura después, dejando ver esos abdominales del demonio, esos abdominales que pedían a gritos que alguien los llenase de arañazos… Joder, ¿por qué ese tío le ponía tan cachondo?

Ambos volvieron a salir y se volvieron a encontrar en la playa como cada mañana. Habían pasado dos meses desde que se conocieron y ese mismo tiempo era el que llevaban pensando en cómo sería tirarse al otro. Willy se estaba hartando de no resolver esa tensión sexual, así que pensaba hacer algo más obvio para empezar a resolverla de alguna manera. Acción-reacción.

Salió del agua despacio, viendo como Vegetta le miraba desde la arena donde se había sentado. Se alborotó el pelo un poco, dejando que el agua saliese de él. Clavó la tabla en la arena mojada, cogió la cuerda del neopreno y empezó a bajar la cremallera dándole la espalda a Vegetta, despacio, sin prisa. Cuando la bajó completamente, se dio la vuelta y sin dejar de mirarle se sacó la prenda de los hombros, dejando al descubierto sus brazos y su pecho marcado, bajándolo lentamente por su torso, haciendo que las gotas de agua cayesen por su cuerpo.

Vegetta se había despertado con el baño en el mar y ahora su amiguito se estaba despertando también con el numerito que le estaba montando Willy desde la lejanía. No podía evitar quedarse fijamente mirándole. Quería a ese tío en su cama sí o sí. Cuando Willy acabó el show, Vegetta se levantó mordiéndose el labio, haciendo que Willy se encendiera un poco más si cabía y se dirigió a casa, sabiendo que el moreno iba detrás de él. Cruzaron la calle y se metieron en sus apartamentos. Siguieron la misma rutina de siempre, Vegetta se metió en la ducha y salió de ella con su toalla blanca en la cintura, mientras que Willy paseaba por el salón arreglando su tabla para empezar a quitarse el neopreno nada más ver a Vegetta por la ventana. Éste le miraba, mordiéndose el labio de nuevo y alborotándose el pelo. De repente, metió uno de sus pulgares en el borde de su toalla y sin dejar de mirar a Willy a los ojos, la bajó un poco, dejando ver su hueso de la cadera. Para su vecino eso era demasiado ya; ese chaval no sabía con quien jugaba, iba a acabar gritando su nombre. Siguió mirándole y se dejó el neopreno demasiado bajo de cadera, pero no se lo quitó, desapareciendo de la ventana.

Vegetta se extrañó con el movimiento de su vecino.¿ Estaba cachondo perdido y él se iba de la ventana? Quería seguir con el show; aún le quedaba mucho que mostrarle. De repente sonó el timbre, así que se ajustó la toalla y abrió la puerta. Cuál fue su sorpresa al ver a Willy tal y como estaba en la ventana pero apoyado en el quicio de su puerta.

- Hola, vecino - le dijo con una sonrisa pícara -. ¿Qué te trae por aquí?

- ¿Sabes lo que pasa? - le respondió Willy, mirándole de arriba a abajo -.  Que he visto por la ventana que tu toalla tenía problemas de sujeción y he venido a darte un consejo.

- ¿Ah, sí? - le sorprendió sarcásticamente Vegetta -. Y, ¿se puede saber cuál es?

- Pues que si una cosa se quiere caer, deberías dejar que lo hiciera - le dijo Willy levantando una ceja dirigiendo la mirada hacia su cadera.

- Bueno, siempre puedes pasar y darme una lección práctica de ese consejo, ¿no?

No hubo más palabras por el momento. Willy entró en el apartamento ajustándose el neopreno sobre sus caderas, Vegetta cerró la puerta y cuando se dio la vuelta le tenía pegado a su nariz, empujándole suavemente contra la puerta. Al apoyarse y notar la fría superficie de madera, Vegetta aspiró entre dientes, acción que puso aún más cachondo a Willy. Quería que ese sonido lo hiciese por su culpa, no por la de la puerta. Apoyo una mano en la pared y miró de arriba a abajo a su vecino, perdiendo un poco el norte cuando se dio cuenta de cómo se le marcaba cierta parte bajo la toalla. No pudo evitar morderse el labio pensando en lo que le haría a dicha parte.

El corazón de Vegetta iba a petar en cero coma, así que, antes de que le fallaran las piernas, se acercó más si cabía a su vecino y le rozó los labios con los suyos, pero no le besó. Volvió a repetir el gesto pero esta vez en su cuello, y poco después en su oreja, haciendo a Willy soltar algún que otro gruñido desde el fondo de su garganta. Vegetta esperaba que ese ruido no fuera lo único que tocase el fondo de su garganta aquella mañana. Se le quedó mirando desafiante y fue Willy el que acabó dando un paso hacia delante, volviendo a empotrar a Vegetta contra la pared y comiéndole la boca salvajemente. Ahora el que gruñía era el castaño.

Llevaban dos meses queriendo que eso pasase, hasta el punto de ser necesidad, necesidad que pensaban saciar con creces. Willy mordió el labio de Vegetta de manera suave en comparación con lo que estaba siendo el beso; no pensaba hacer aquello rápido ni mucho menos, quería hacer sufrir a su compañero, quería que le pidiese más a gritos. Vegetta se pegó a él todo lo que pudo, enredando los dedos en su pelo, metiendo la lengua en su boca para empezar una nueva guerra. Willy empezó a camina hacia atrás, llevando a Vegetta con él; sabía muy bien donde estaba el dormitorio. Cuando llegaron, vio que la cama del castaño tenía cuatro postes en las esquinas, cosa que pensaba aprovechar. Este chico se iba a acordar de él toda la vida. Empujó suavemente de nuevo a Vegetta, esta vez contra uno de los postes e hizo que subiera sus brazos y se sujetase a él por encima de su cabeza.

- Mantén las manos ahí - le dijo con la voz más sensual que Vegetta había oído en su vida.

Empezó a dar pequeños besos por su cuello, seguidos de mordiscos y algún que otro chupetón que harían que Vegetta se acordase de él unos días. Siguió besando sus clavículas hasta llegar a uno de sus pezones, el cual lamió y mordió delicadamente, haciendo que Vegetta apretase fuerte el poste con las dos manos. Continuó su camino descendente por esos abdominales que tantas veces había visto a lo lejos; eran aún más deseables de cerca. Besó y mordió hasta llegar a sus caderas, al borde de esa toalla que soñaba con arrancarle cada día. Cogió el extremo de dicha prenda y lo desenganchó, haciendo que esta se escurriese, dejando al descubierto aquello que ya se intuía antes. Willy volvió a morderse el labio y a humedecérselo, movimiento que hizo que Vegetta, que miraba desde arriba, emitiese un leve gemido.

- ¿Ni siquiera te he rozado y ya estás gimiendo? - preguntó Willy pícaro desde abajo.

- Veamos si consigues que no solo gima, chaval - desafió Vegetta.

- Creía que no me lo pedirías nunca - concluyó Willy con esa media sonrisa suya tan jodidamente sexy.

Puso ambas manos en las caderas de Vegetta y acercó la boca a su miembro, haciendo que este notase su aliento en la punta. El castaño volvió a gemir. Sabía que iba a perder la apuesta en cuanto se acercase un poco más; ese tío le encendía demasiado. Willy no tardó en hacer realidad los pensamientos de Vegetta, poniendo su lengua en la base y lamiendo demasiado despacio hasta la punta, para luego metérselo de golpe en la boca, provocando el primer gemido sonoro de Vegetta, el primero de muchos. Empezó con un ritmo lento y tortuoso, subiendo y bajando con su mano justo detrás de sus labios. Vegetta creía que iba a morir de placer. Con cada gemido que este emitía, Willy aumentaba un poco la velocidad.

- Joder Willy, para o voy a correrme - le avisó, doblando un poco las rodillas.

- ¿Quién te lo impide? - preguntó Willy antes de volver a lamer el miembro de Vegetta de la base a la punta, provocando un escalofrío en toda la espalda de este.

Aumentó el ritmo de su felación y, en pocos segundos, Vegetta había terminado en su pecho con un ronco grito que salió desde el fondo de su garganta. Se limpió con la toalla que le había quitado al castaño antes y se levantó para besarle con la misma intensidad de hacía unos minutos. Ahora fue Vegetta el que tomó el control y lo tiró de espaldas a la cama, poniéndose encima de él con la respiración aún agitada y mordiéndole el cuello rápidamente, movimiento que Willy no esperaba y que le hizo gemir entre dientes.

Siguió bajando, dejando marcas con sus dientes en la blanca piel de su compañero. Recorrió su pecho y su abdomen fibrado con las yemas de los dedos, subiendo lentamente por sus costados, haciéndole sufrir con pequeñas descargas eléctricas que recorrían su espalda. Después de unos segundo que para Willy fueron eternos, Vegetta empezó a bajar hasta llegar a sus caderas, haciendo un simulacro de mordisco en uno de sus huesos que se marcaban mucho debido a su delgadez. Poco a poco y con manos hábiles, tiró del neopreno hacia abajo. Sabía que sería una tarea difícil sacar esa prenda del cuerpo de su compañero, pero seguro que sería divertido cuando menos. Willy levantó sus caderas para que el castaño pudiera tirar de la parte de atrás y hacer que bajase un poco, dejando ver el bañador olímpico azul que llevaba debajo.

- Bueno, bueno - susurró Vegetta, admirando la nueva vista -.Creo que te quedan mejor los bañadores que a mí, ¿eh?

- Pues mira que eso es complicado - respondió Willy con una sonrisa maliciosa -. ¿Necesitas ayuda para quitar las cosas ajustadas?

- Tranquilo, chaval, que hablas con un experto en cosas ajustadas - levantó una deja y sonrió de una manera jodidamente sexy a la vez que acariciaba de nuevo una de los costados de Willy, pasando por encima del bañador.

Vegetta empezó a tirar hábilmente de las patas del neopreno, consiguiendo, aún con esfuerzo, que se fuesen deslizando por las trabajadas piernas del surfero, quitándoselo finalmente por completo. Lo lanzó Dios sabe dónde y se volvió a abalanzar sobre la boca de Willy, mordiendo su labio inferior. Bajó lentamente y puso sus pulgares en el bañador, tirando de él a un ritmo desesperante, dejando libre por fin toda la plenitud de la parte culpable de que ese neopreno quedase más ajustado de lo que debería. Ahora era él el que se humedecía los labios y Willy el que soltó el gemido ahogado aL ver esa imagen.

- Ahora eres tú el que gime sin que le rocen - se vengó Vegetta.

- Si dejaras de pasar esa lengua del diablo por tus labios, no tendría que hacerlo - respondió Willy revolviéndose en el sitio.

- Tranquilo, que va a pasar por otro sitio - y dicho esto, lamió intensamente el miembro de Willy, recreándose y matando a este de placer.

Vegetta escuchaba los gemidos de Willy a cada movimiento que hacía, lo que le encendía aún más. Metía y sacaba el miembro de este de su boca, incrementando la velocidad cada pocos segundo.

- Dios, Vegetta, no pares - rogaba Willy arañando las sábanas.

El castaño emitió un gruñido como respuesta a esa petición y aumentó aún más la velocidad, provocando que Willy estallara en un intenso orgasmo sin poder siquiera avisarle. Tragó, sintiéndose triunfal por el alarido de placer con el que había terminado su compañero, pero no era suficiente, necesitaba más. Sabía que Willy tenía que recuperarse un poco, así que se tumbó a su lado y se dedicó a besarle de nuevo, acariciando cada centímetro de su espalda. Pasaron unos minutos y Willy recuperaba la respiración y la intensidad.

- Sabes que la cosa no ha terminado, ¿verdad? - le dijo a Vegetta mordiéndole un poco la oreja.

- Eso esperaba - respondió este entre suspiros.

Willy se apoyó sobre uno de sus codos y haciendo un poco de fuerza sobre el hombro de Vegetta hizo que este se diese la vuelta y él pudiese quedarse a su espalda, admirándola.

- Seguro que no te esperas lo que queda por venir - le susurró al oído.

Vegetta giró para quedarse de nuevo frente a Willy y se acercó a su oído.

- Lo que espero es que grites mi nombre y que me hagas gritar a mí, muy fuerte.

Ya está. La cordura de Willy se fue a la mierda en ese mismo instante. Este tío sabía cómo hacer las cosas, y sobretodo sabía cómo hacer que se encendiese como una cerilla. Mordió el cuello del castaño mientras apretaba su culo con su gran mano y lo atraía hacia él, haciéndole gemir suavemente. Vegetta acarició su miembro nuevamente, pero no fue para nada delicado, lo agarró fuertemente y empezó a subir y bajar a un ritmo frenético; no iba a esperar mucho a que se endureciera, necesitaba sentirle con urgencia.

- Vuelve a girarte - le susurró Willy entre gemidos.

Vegetta obedeció y volvió a darle la espalda. Willy metió un dedo en su boca y lo humedeció mucho. Después lo acercó al trasero de Vegetta mientras besaba y lamía su cuello y lo introdujo lentamente, escuchando a su compañero aspirar fuerte entre dientes.

- ¿Estás bien? - preguntó algo preocupado.

- Tranquilo, no es la primera vez. Sólo hazlo despacio - pidió el castaño.

Willy le hizo caso, introduciendo un segundo dedo más lentamente que el primero, moviendo ambos en círculos para estimular la zona. Parecía que había conseguido no dañar a Vegetta, así que siguió con un tercer dedo y no paró de hacer movimientos circulares. Cuando escuchó únicamente gemidos de placer, sacó sus dedos y colocó su miembro dónde antes estaban estos, empujando un poco. No hubo queja en absoluto, así que pensó en entrar de golpe.

- Hazlo - dijo Vegetta de repente con la voz agitada, como si le hubiera leído la mente Dios sabe cómo.

Willy sonrió maliciosamente, puso una mano en la cadera de Vegetta y obedeció encantado dando un fuerte empujón dentro de su compañero. Este gimió como nunca lo había hecho, sintiendo que una descarga le recorría la espalda. Quería volver a sentir eso.

- ¡Joder, Willy! - gritó gimiendo -. Vuelve a hacerlo.

Este obedeció. Salió de él y volvió a entrar incluso más fuerte que antes, pero esta vez no se detuvo, sino que siguió dando fuertes embestidas al interior de Vegetta, mordiendo su cuello y su hombro, gimiendo ambos como locos, sin importarles lo que pasara en el resto del mundo, sino solo ellos y todo ese mar de sensaciones.

La temperatura empezaba a ser insoportable, el sudor recorría sus frentes y su cuello, ambos sentía que iban a explotar pronto, así que Vegetta paró a Willy e hizo que se moviera a la vez que él, colocándose con las manos y las rodillas apoyadas en la cama y con Willy detrás, sin salir de él. Este volvió a moverse intensamente, disfrutando de cada momento en el que su abdomen tocaba el culo de Vegetta y de cada gemido que él emitía, totalmente acompasados con los suyos. Esa posición le estaba poniendo sobremanera; sabía que no iba a poder aguantar mucho más. Se agachó un poco sobre la espalda de Vegetta sin parar ni perder intensidad y rodeó su miembro con su gran mano.

- Hazlo conmigo - fue lo último que susurró en su oído antes de empezar a masturbar a su compañero con la misma velocidad e intensidad de sus embestidas.

Gimieron, gritaron, se arañaron.

- Dios, ¡Vegetta! - gritó Willy.

- Sigue, joder, ¡sigue! - gimió Vegetta entrecortadamente.

Perdieron todo tipo de cordura o de razón y acabaron explotando juntos, posiblemente el mejor orgasmo de su vida. Se tenían demasiadas ganas y las habían saciado más que de sobra, sobrepasando cualquier fantasía que hubiesen tenido. Cayeron exhaustos uno al lado del otro, respirando fuertemente y con los ojos cerrados, disfrutando de la sensación. Se miraron, rieron cómplices y supieron que había empezado una nueva etapa en sus vidas. Quizá ahora se viesen por la ventana y se comiesen con la mirada para después comerse literalmente en alguna de sus camas.

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¡Mil doscientas gracias de nuevo a todos! ¡Si es que sois el amor más grande de Tumblr! :D 

Nos vemos pronto con un nuevo capítulo del fic. Y como siempre: Wigetta z4.

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Es que yo en ti confiaba más,
yo sólo seguía sin más
tu físico espectacular ♪
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Olas Gigantes - Dënver

(Acústica/Unplugged)

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Hay que tener los pantalones bien puestos para estar en este barco en tremenda tormenta 

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Instant fave:

Dënver en Nuez TV cantando Olas Gigantes.

…y yo braceaba y braceaba