ok me largo

             “El poder es la voz del conflicto y la anarquía la de la libertad”.

       Había oído rumores, conversaciones mantenidas en madrugadas en aquellos roñosos bares donde no se cuestiona el actuar. Quizás había dado información de más; horarios de algunos guardias, entradas que no eran de conocimiento público, puede que hasta un mapa dibujado en una servilleta les haya otorgado. 

     “Nadie es más opresor que esos seres que suben de la nada”.

   Un intento de pasar desapercibido, ropas oscuras en las cuales intenta disfrazarse; probablemente terminarían atrapándolo igual. Los últimos comentarios que ha tenido en torno a algunos miembros reales solo ayudarían a volverle alguien fácil de culpar y, sin embargo, un gorro negro cubre su cabeza, pañoleta negra cubriendo la mitad de su rostro. Sí, funcionaría.

         “El miedo es el arma invisible, que usa el poder para que no te rebeles”.

     Vale, fue parte de ello. La iconografía, la imagen como comunicadora, recayendo en el tema de que sus manos le inculpaban. Manos manchadas de rojo como un fiel cómplice de los rayados que tenían lugar en la fachada del palacio. Se encontraba en los jardines a punto de correr, ir hacia otro lugar junto a sus compañerxs de lucha, cuando divisa una silueta que no debería estar allí. “Tú.” Su voz suena extraña contra la pañoleta en su rostro. “Entra al palacio antes de que me arrepienta.” 

Cada vez empezaba a hacer más frío, así que, y por una vez en su vida, Zoe agradeció llegar a su trabajo. Entró bastante animada a Slugs & Jiggers Apothecary, aunque su sonrisa pronto desapareció al ver aquel desastre: frascos rotos por todas partes, un líquido verde que la pelirroja no conseguía reconocer parecía cobrar vida propia, y el resto de sus compañeros estaban paralizados.

Todos, (probablemente gracias a ella) estaban más que acostumbrados a los desastres, pero aquello era tan caótico que se pasaba de lo común. Lo primero que hizo fue dar gracias a Merlín, pues ella no había tenido nada que ver en aquello. Su segundo pensamiento cobró rápidamente la forma de su padre, que vino a hacerla una visita unos días atrás por “ciertos rumores sobre su incompetencia”, o así lo había dicho él. Afortunadamente, había conseguido convencer a este último de que los rumores no eran más que tonterías. Desgraciadamente, sabía que lo que tenía delante nunca podría pasar desapercibido, y menos para sus progenitores, que parecían observar con lupa cada uno de sus movimientos últimamente.—¿Qué rayos…?  —No pudo completar la pregunta, pues la campana de la puerta avisó de la llegada de un nuevo cliente. Sin preocuparse en darse la vuelta para recibir al recién llegado, musitó lo primero que se le vino a la cabeza. —Lo siento. Hemos… ¿Cerrado? 

Elle era una chica a la que pocas veces le gustaba recordar lo que había sido, lo que había hecho en el pasado porque, aunque la mayoría de recuerdos de seguro eran buenos, los únicos que se le veían a la mente eran los que más le había afectado. Disney era uno de esos recuerdos felices que raramente se le venía a la cabeza, pero ahora que volvía a pisar aquel lugar, se sentía como la que era antes de llegar al concurso: La Elle inocente y llena de vida. Por eso, la sonrisa radiante que tenía sobre los labios era algo que muy difícilmente iban a borrar. Estarían por pocos días y planeaba volver a disfrutar la experiencia al máximo, por lo que se olvidaría de todo lo que había estado pasando “Hey…” Le dijo en un murmuro a la primera persona que reconoció como compañero en la entrada del hotel, casi haciéndose pasar por la que era aunque su exterior demostrara lo contrario “¿Me acompañarías a la casa de Tarzán? Siempre es más divertido cuando se va en compañía, supongo” Pidió, regalándole una pequeña sonrisa.