Sofia Boutella photographed by Jean-Baptiste Mondino for Numéro, February 2013.

Uno no quería contar con nadie.
Y uno no entendía por qué era impar si antes del él había alguien.
Uno no quería contar con nadie y uno sentía que después de él estaba el infinito y a uno ese eviterno le daba miedo así que uno muerto de pavor se fijó en cero.
Y cuando uno vió a cero pensó que cero era el número más bonito que había visto y que aún viniendo antes que él era entero.
Uno pensó que en cero había encontrado el amor verdadero, que en cero había encontrado a su par y decidió ser sincero con cero y decirle que, aunque era un cero a la izquierda sería el cero que le daría valor y sentido a su vida.
Eso de ser el primero ya no le iba así que debía hacer una gran bienvenida.
Juntos eran pura alegría y se completaban.
Uno tenía cero tolerancia al alcohol pero con cero se podía tomar una cerveza cero por su aniversario aunque para eso tuvieran que inventarse una fecha cero en el calendario.
Cero era algo cerrado y le costaba representar textos, pero junto a uno hacían el perfecto código binario.
Eran los dígitos del barrio y procesaban el amor a diario,
pero uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde así que uno perdió a cero.
Y para cuando uno se dió cuenta cero ya contaba de la mano con menos uno que a pesar de ser algo negativo la trataba como una reina. A cero le gustaba que menos uno fuera original, tener un hueco y menos uno un guion con el que podían jugar.
A cero le gustaba que menos uno no fuese uno más, que menos uno no fuese ordinal.
Que fuese justamente competitivo y que cuando jugasen al uno menos uno no le dejase ganar.
Cero sentía que, a diferencia de uno, menos uno le trataba como un número de verdad y menos uno no ponía peros, ni pretendía darle valor a cero poniendo comas entre ellos.
Menos uno no tenía complejos y cuando hacían el amor a menos uno le encantaba estar bajo cero.
Y uno una vez más volvió a quedarse solo.
Separado como una unidad.
Sin cero su vida se consumía como una vela.
Sin cero el tiempo en él hacía mella.
Y uno empezó a contar, pero sin cero.
Se olvidó de los besos de cero, del sexo con cero, de los celos de cero y uno empezó a contar, pero sin cero.
Uno se olvidó de cero y le dijo adiós.
Uno se olvidó de cero y tal vez hasta del amor.
Y empezó a contar hacia lo que más miedo le daba.
Hasta el infinito.
O tal vez sólo hasta dos.
— 

Cesar Brandon.

Hermosa historia de amor… Dios, ¡deben leerla!