noche de siluetas

Una Noche Tormentosa

Era una noche oscura y tormentosa. Mis pies empezaron a resistirse al paso rápido. Mas que mal, ya llevaba toda una vida corriendo sin parar-aunque muchas veces parecía estar detenido-. Él no debería estar muy lejos. Tenía que seguir. En el horizonte de la noche, adivino la silueta de una casa que sobresale por encima de la linea de los pinos radiata. Estaba abandonada. Entre en ella sin vacilar. Era un lugar obvio para buscar a aquel que arranca pero no lo pensé en el momento. Me sentí acogido por ella. Adentro todo era distinto. Los objetos tenían un ángulo imperante. Como si todo estuviera muy por sobre mi. Y todo me llama la atención. Lo quiero todo para mi. Y ya nada me es igual. Ya no camino, gateo. Ya no hablo, balbuceo. Y las ideas que alguna vez me parecieron tan claras como el cristal de sus ojos aparecen ante mi como sombras difusas, inconexas. No hay recuerdos. Y entonces, en el medio de la casa, estaba él. Sentado en un sillón antiguo. Es lo único que logro recordar bien. Fue el primer sillón de mis padres. Alguna vez fue blanco. Ahora, sólo queda un roñoso color café, fiel representación del paso del tiempo. Pero él no estaba vivo. Él era una cara sin nombre. Un futuro muerto. Y cuando advierte mi presencia, todo se vuelve oscuro. Un golpe. Desperté. Estaba en mi casa. Eran las 6 y media de la mañana. Tenía una cerveza a mi lado y medio cigarrillo en el cenicero. Los primeros rayos de sol me desorientan aún más. Estaba sentado en el primer sillón de mis padres. No se porque aun lo tienen. Ciertas personas se niegan a olvidar el pasado. Yo pase toda la noche intentando hacerlo. Lo único que logré fue un mal sueño, una premonición pasada y una resaca. Y él…él seguía ahí.