neurosis

Cada vez hay más gente que no está dispuesta a adaptarse a la sociedad, piensan que esta sociedad es una porquería y no vale la pena o tienen otras objeciones. Yo considero que la personalidad básica de nuestro tiempo es la personalidad neurótica. Esta es una idea preconcebida mía, porque creo que vivimos en una sociedad enajenada, enferma, y que tenemos solamente dos alternativas: participar en esta psicosis colectiva o sanarnos y tal vez también crucificarnos.
—  Fritz Perls
Casos clínicos de Freud: Katharina


Freud decide tomarse unas vacaciones para olvidarse por un tiempo de la medicina y, en particular, las neurosis. Casi lo había logrado, cuando cierto día se desvió de la ruta principal para ascender a un retirado monte, famoso por el paisaje que ofrecía y por su bien atendido refugio. Una joven que trabajaba en el hotel, de unos 18 años, le preguntó si era médico. La misma, que la posadera llamó por el nombre de Katharina, le consulta debido a que hace tiempo presenta lo que ella llama “ataque de nervios”. Le comenta que ya había acudido a un médico con anterioridad pero el tratamiento del mismo no le resultó ningún efecto.

Freud le pide que describa sus síntomas, a lo que ella responde que le falta el aire, muchas veces llegando hasta una sensación de ahogo. Explica que primero siente como una opresión sobre los ojos, la cabeza se le pone pesada y le zumba (“martilla hasta estallar”), y describe que se marea tanto que cree que se va a caer; menciona que siente que se le oprime el pecho y no puede respirar, se le aprieta la garganta como si se fuera a ahogar. Todo esto le hace sentir tal como si estuviera a punto de morir. También señala que siempre tiene la sensación de que alguien está detrás y la agarrará de repente, por lo que no se siente segura en ningún sitio.  

Freud considera que se trata de un ataque de angustia con aura histérica, o, mejor dicho, un ataque histérico que tiene por contenido la angustia.  

Al seguir indagando sobre el malestar de la joven, Katharina cuenta que en esos momentos cuando le suceden estos ataques siempre ve un rostro horripilante, que la mira espantosamente. Freud le pregunta si reconoce la cara a lo cual ella contesta negativamente. La joven continúa con su relato, mencionando que su primer ataque le sucedió hace dos años cuando vivía con su tía en el otro monte.

Freud descarta la hipnosis en este tratamiento, por lo cual recurre a una simple plática. Él ya había discernido la angustia en muchachas jóvenes como una consecuencia del horror que invade a un ánimo virginal cuando el mundo de la sexualidad se le abre por primera vez. Por esta razón, Freud le dice a la joven que, en algún momento, dos años atrás, tenía que haber visto o escuchado algo que la avergonzó mucho y que preferiría no haber visto. Katharina le cuenta que ese primer ataque sucede luego de haber sorprendido, a través de la ventana de un cuarto, a su tío con su prima Franziska, en una actitud sexual (aunque del carácter de esa escena se entera luego, ya que según ella en ese momento no entendió nada). Desde ese momento empezó a sufrir los ataques. La joven cuenta que no podía dejar de pensar en la situación, y que en uno de esos días sufrió de mareos y vómito, por lo cual permaneció en cama, indicando que los síntomas se presentaron durante tres días. Katharina informa entonces que por fin comunicó a su tía lo que había descubierto, por lo que sus tíos se separaron y no en muy buenas condiciones. Además menciona que entretanto Franziska había quedado embarazada.

El asco que le produjo ver esa escena había producido en ella los vómitos durante los días siguientes, aunque ella no sabía que era lo que le había provocado tanto asco.

Luego, para asombro de Freud, ella abandona este hilo y empieza a contar dos series de historias más antiguas, que se remontaban de dos a tres años atrás del momento traumático. La primera serie contiene ocasiones en que ese mismo tío la asediaba sexualmente a ella, cuando sólo tenía catorce años de edad. Estando ella dormida, su tío subió a la habitación y se acostó en su misma cama, por lo cual ella despertó molesta porque sintió que no la dejaban dormir y no advirtiendo las verdaderas intenciones de su tío. Por la modalidad de defensa que ella informa, parece desprenderse que no discernió claramente el ataque como sexual; sólo mucho después se le volvió claro. Refiere que se resistió porque le resultaba desagradable que la molestaran cuando dormía y “porque eso no se hace”.

Luego cuenta otras vivencias de un tiempo algo posterior, cómo otra vez tuvo que defenderse de él en una posada, cuando estaba totalmente bebido, etc. A la pregunta sobre si en esas ocasiones sintió algo semejante a la posterior falta de aire, responde con precisión que todas las veces tuvo la presión sobre los ojos y sobre el pecho, pero no tan intensa como en la escena del descubrimiento.

Inmediatamente después de concluida esta serie de recuerdos empieza a referir una segunda, en la que se trata de oportunidades en que algo le llamó la atención entre su tío y Franziska. Freud le pregunta si en esa época malició algo a lo que ella responde que no y que nada se le pasó por la cabeza. Le preguntó también si en esas oportunidades le vino la angustia, a lo que ella contesta que cree que sí, pero esta vez no está segura de ello.

Después que ha terminado estas dos series de relatos toma respiro. Está como transfigurada; el rostro con expresión de fastidio y pesadumbre se había animado; tiene los ojos brillantes, está aliviada y renovada. A Freud, entretanto, se le abrió el entendimiento de su caso. Llevaba dentro de sí dos series de vivencias que ella recordaba, pero no entendía ni valorizaba en conclusión ninguna; a la vista de la pareja copulando se estableció al instante la conexión de la impresión nueva con esas dos series de reminiscencias; empezó a comprender y, al mismo tiempo, a defenderse. Luego siguió un breve período de acabado, de “incubación”, y se instalaron los síntomas de la conversión, el vómito como sustituto del asco moral y psíquico. Con ello quedaba solucionado el enigma; no le dio asco la visión de aquellos dos, sino un recuerdo que esa visión le evocó, y, bien ponderadas todas las cosas, sólo podía ser el recuerdo del asalto nocturno, cuando ella “sintió el cuerpo del tío”. Con esto estaría aclarado el caso pero solo quedaba un enigma por resolver: ¿de dónde provenía la alucinación de la cabeza que le provoca pavor y era recurrente en el ataque? Logran descifrar que el rostro que Katharina ve cuando le dan los ataques es el de su tío enojado persiguiéndola para agredirla. Después de que se desataron todas las querellas, su tío concibió una absurda furia contra Katharina, considerándola la culpable de todo; si no hubiera revelado el descubrimiento, nunca se hubiera llegado a la separación. Según cuenta la joven, siempre la había amenazado con hacerle algo; cuando la vio a lo lejos, su rostro se desfiguró por la furia y se abalanzó sobre ella con la mano levantada. Indica que siempre se ha escapado de él, y siempre con la mayor angustia de que la atrapara de improviso en algún lado. El rostro que ve siempre en su rostro cuando estaba furioso (símbolo mnémico del rostro alucinado).

En el epicrisis del caso, Freud considera que se trata de una histeria provocada por dos series de vivencias eróticas con unos momentos traumáticos, y la escena del descubrimiento de la pareja, como un momento auxiliar, que las reactiva. En este aspecto, el caso de Katharina es típico; en el análisis de cualquier histeria que tenga por fundamento traumas sexuales, uno halla impresiones de la época presexual que, no habiendo producido efectos sobre la niña, más tarde cobran, como recuerdos, una violencia traumática  al abrirse para la joven el entendimiento de la vida sexual.

Otra divergencia en el mecanismo psíquico de este caso reside en que la escena del descubrimiento, que hemos calificado de “auxiliar”, merece al mismo tiempo el nombre de “traumática”. Produce efectos por su propio contenido, no meramente por despertar vivencias traumáticas preexistentes; reúne los caracteres de un momento “auxiliar” y de uno traumático. Otra peculiaridad  del caso Katharina, se muestra en que la conversión, la producción de fenómenos histéricos, no se cumple enseguida después del trauma, sino luego de un intervalo de incubación. Charcot llamaba de preferencia a ese intervalo la “época de la elaboración psíquica”. La angustia que Katharina padecía en sus ataques es histérica, es decir, una reproducción de aquella angustia que emergió en cada uno de los traumas sexuales.



…the person who is normal in terms of being well adapted is often less healthy than the neurotic person in terms of human values. Often he is well adapted only at the expense of having given up his self in order to become more or less the person he believes he is expected to be. All genuine individuality and spontaneity may have been lost. On the other hand, the neurotic person can be characterized as somebody who was not ready to surrender completely in the battle for his self. To be sure, his attempt to save his individual self was not successful, and instead of expressing his self productively he sought salvation through neurotic symptoms and by withdrawing into a phantasy life. Nevertheless, from the standpoint of human values, he is less crippled than the kind of normal person who has lost his individuality altogether.

Erich Fromm, Escape from Freedom

Conceptos fundamentales del Psicoanálisis: El concepto de Narcisismo (desde Freud)


Para entender mejor los conceptos, se recomienda la lectura de los conceptos de falo y castración que se encuentran en el siguiente link:

Falo: http://belle-indifference.tumblr.com/post/149723251815/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el

Castración: http://belle-indifference.tumblr.com/post/148714174460/conceptos-fundamentales-del-psicoan%C3%A1lisis-el



La referencia al mito de Narciso, que evoca el amor orientado a la imagen de uno mismo, podría hacer creer que semejante amor sería totalmente independiente de las pulsiones sexuales tal como Freud las puso de manifiesto. Ahora bien, en el campo del psicoanálisis el concepto de narcisismo representa, por el contrario, un modo particular de relación con la sexualidad.


El concepto de narcisismo en Freud

En 1898, Havelock Ellis hace una primera alusión al mito de Narciso a propósito de las mujeres cautivadas por su imagen en el espejo. Pero es Paul Näcke quien, en 1899, introduce por primera vez el término “narcisismo” en el campo de la psiquiatría. Con este término designa un estado de amor por uno mismo que constituiría una nueva categoría de perversión. Ahora bien, en esta época Freud se planteaba la pregunta de la “elección de la neurosis”: ¿por qué se vuelve uno obsesivo y no histérico? En ese momento, explicaba la elección según la edad en la que sobrevino el trauma.

Habrá que esperar hasta 1910 para que Freud, en reacción a las desviaciones de algunos de sus discípulos, se vea llevado a precisar su posición sobre el narcisismo. Critica de modo radical las tesis de Jung: en efecto, el estudio de las psicosis había conducido a este último a ampliar la noción de libido hasta hacerle perder todo carácter propiamente sexual. Al mismo tiempo, se opone a Sadger con respecto a la cuestión del narcisismo en la homosexualidad. En ambos casos, Freud sostiene que un uso incorrecto de la noción de narcisismo podría desviar la investigación psicoanalítica, al subestimar la función de las pulsiones sexuales cuya preponderancia recuerda una vez más. Finalmente, estos debates lo conducen a elaborar una verdadera teoría del narcisismo.

Si reunimos todos los postulados de Freud sobre el narcisismo, descubriremos algunas contradicciones debidas en parte a las sucesivas reformulaciones de la teoría.

Es en 1911 cuando Freud, con ocasión de su estudio sobre la psicosis del presidente Schreber, plantea por primera vez el narcisismo como un estadio normal de la evolución de la libido. Recordemos que con el término “libido” Freud designa la energía sexual que parte del cuerpo e inviste los objetos.


Narcisismo primario y narcisismo secundario

Freud distingue dos narcisismos, primario y secundario. En 1914, Freud, en su artículo dedicado a la “introducción” al narcisismo, define el narcisismo primario como un estado que no se puede observar de modo directo pero cuya hipótesis hay que plantear por un razonamiento deductivo.

En un principio no existe una unidad comparable al yo, éste sólo se desarrolla de modo progresivo. El primer modo de satisfacción de la libido sería el autoerotismo, es decir el placer que un órgano obtiene de sí mismo; las pulsiones parciales buscan, independientemente una de la otra, satisfacerse en el propio cuerpo. Este es, para Freud, el tipo de satisfacción que caracteriza al narcisismo primario, cuando el yo en tanto tal aún no se constituyó. En ese entonces, los objetos investidos por las pulsiones son las propias partes del cuerpo.

En 1914, Freud pone el acento en la posición de los padres en la constitución del narcisismo primario: “El amor parental [hacia su hijo] (…) no es más que una resurrección del narcisismo de los padres”, escribe. Se produce una “reviviscencia”, una “reproducción” del narcisismo de los padres, quienes atribuyen al niño todas las perfecciones, proyectan en él todos los sueños a los cuales ellos mismos hubieron de renunciar. “Su Majestad el Bebé” realizará “los sueños de deseo que los padres no realizaron”, asegurando de este modo la inmortalidad del yo de los padres. De alguna forma, el narcisismo primario representa un espacio de omnipotencia que se crea en la confluencia del narcisismo naciente del niño y el narcisismo renaciente de los padres. En este espacio vendrían a inscribirse las imágenes y las palabras de los padres.

Situemos ahora el narcisismo secundario, que corresponde al narcisismo del yo; para que se constituya el narcisismo secundario es preciso que se produzca un movimiento por el cual el investimiento de los objetos retorna e inviste al yo. Por lo tanto, el pasaje al narcisismo secundario supone dos movimientos que podemos seguir en el siguiente esquema:


  • a — Según Freud, el sujeto concentra sobre un objeto sus pulsiones sexuales parciales “que hasta entonces actuaban el modo autoerótico”; la libido inviste el objeto, mientras la primacía de las zonas genitales aún no se ha instaurado. 


  • b — Más tarde estos investimientos retornan sobre el yo. La libido, entonces, toma al yo como objeto. 


¿Por qué sale el niño del narcisismo primario? El niño sale de ese estadio cuando su yo se encuentra confrontado a un ideal con el cual debe medirse, ideal que se formó en su exterior y que desde allí le es impuesto.

En efecto, de a poco el niño va siendo sometido a las exigencias del mundo que lo rodea, exigencias que se traducen simbólicamente a través del lenguaje. Su madre le habla, pero también se dirige a otros. El niño comprende entonces que ella también desea fuera de él y que él no es todo para ella; ésta es la herida infligida al narcisismo primario del niño. De allí en más, el objetivo será hacerse amar por el otro, complacerlo para reconquistar su amor, pero esto sólo se puede hacer satisfaciendo ciertas exigencias, las del ideal del yo. En Freud este concepto designa las representaciones culturales, sociales, los imperativos éticos, tal como son transmitidos por los padres.

Para Freud, el desarrollo del yo consiste en alejarse del narcisismo primario. En realidad el yo “aspira intensamente” a reencontrarlo, y por eso, para volver a ganar el amor y la perfección narcisista, pasará por la mediación del ideal del yo. Lo que se perdió es la inmediatez del amor. Mientras que con el narcisismo primario el otro era uno mismo, ahora uno sólo se puede experimentar a través del otro. Pero el elemento más importante que viene a perturbar el narcisismo primario no es otro que el “complejo de castración”. Mediante este complejo se opera el reconocimiento de una incompletud que va a suscitar el deseo de reencontrar la perfección narcisista.


Imagen del yo y objeto sexual

Volvamos a lo que afirma Freud respecto de la elección del objeto de amor en los homosexuales: ellos mismos se vuelven su propio objeto sexual —dice— es decir que “buscan, partiendo de una posición narcisista, hombres jóvenes y semejantes a su propia persona, a los que quieren amar como la madre los amó a ellos.” Amarse a sí mismo a través de un semejante, eso es lo que Freud denomina “elección narcisista de objeto”. Y precisa que todo amor por el objeto comporta una parte de narcisismo. A propósito del presidente Schreber, Freud observaba que “… vemos una supervaloración sexual del propio yo y que podemos situar al lado de la conocida supervaloración del objeto erótico”. Así, podemos despejar de los textos freudianos la idea de que el yo encama un reflejo del objeto; dicho de otra manera, el yo se modela sobre la imagen del objeto. Pero es importante subrayar que esta imagen amada constituye una imagen sexualmente investida. En el caso de la homosexualidad se trata de una imagen que representa lo que la madre desea; al amar esa imagen el homosexual se toma a sí mismo como objeto sexual.

A propósito de la elección narcisista de objeto, Freud también evoca un estado en el cual “la mujer se basta a sí misma”, hablando con precisión, sólo se ama a sí misma, y busca suscitar la envidia mostrándose. Entonces, podemos entender el narcisismo como el investimiento de su propia imagen bajo la forma de un falo.

En cuanto concierne a la relación entre la imagen del yo con la imagen del objeto, las formulaciones freudianas se van a aclarar gracias a la teoría de la identificación.


Narcisismo e identificación

Freud concibió la identificación narcisista en 1917, a partir del estudio del duelo y de la melancolía: el yo se identifica con la imagen de un objeto deseado y perdido. En la melancolía, el investimiento del objeto retoma sobre el yo, “la sombra del objeto cayó así sobre el yo”, dice Freud. La identificación del yo con la imagen total del objeto representa una regresión a un modo arcaico de identificación en el que el yo encuentra en una relación de incorporación al objeto. Este estudio constituye un desarrollo importante para la teoría del narcisismo y, como sucede a menudo en la trayectoria freudiana, el análisis de los fenómenos patológicos permitirá esclarecer los procesos normales.

Después de 1920, Freud enunciará claramente los postulados generales que resultan de este estudio de la melancolía. En especial, precisa que “el narcisismo del yo es de este modo un narcisismo secundario sustraído a los objetos” y afirma que “la libido que fluye hacia el yo por medio de las identificaciones descritas representa su narcisismo secundario”.

Así, la transformación de los investimientos de objeto en identificaciones contribuye en gran parte a la formación del yo. Por lo tanto, el yo resulta de la “sedimentación de los investimientos de objetos abandonados”; contiene, en cierto modo, “la historia de tales elecciones de objeto”. En esta medida se puede considerar que el yo resulta de una serie de “rasgos” del objeto que se inscriben inconscientemente: el yo toma los rasgos del objeto. Podemos así representarnos con el yo como una cebolla formada por distintas capas de identificación al otro.

En suma, el narcisismo secundario se define como el investimiento libidinal (sexual) de la imagen del yo, estando esta imagen constituida por las identificaciones del yo a las imágenes de los objetos.


Neurosis narcisistas y estancamientos de la libido

En su artículo de 1914, Freud intentó responder, a partir de su teoría del narcisismo, a la pregunta de la elección de la enfermedad: ¿por qué se vuelve uno histérico, por ejemplo, y no paranoico?

Llega a la conclusión de que el neurótico mantiene una relación erótica con los objetos por la mediación de los fantasmas, mientras que en los casos de demencia precoz y de esquizofrenia (afecciones que Freud denomina “neurosis narcisistas”), los sujetos retiraron “realmente” su libido de las personas y del mundo exterior. En ambas enfermedades narcisistas se produce una retracción de la libido con la cual estaba investido el objeto. Así, toda la libido es acumulada por el yo donde se estanca, a la vez que el objeto se separa del mismo. El corte con el objeto es correlativo a una detención de la circulación de la libido.

Aclaremos que, según Freud, también el neurótico abandona la relación con la realidad; pero su libido permanece ligada en el fantasma a determinadas partes del objeto: “… han sustituido los objetos reales por otros imaginarios, o los han mezclado con ellos. ” En ese mismo artículo de 1914, Freud describe otras formas de “estancamiento de la libido”, que representan otras tantas vías que posibilitan el abordaje de la cuestión del narcisismo: se trata de la enfermedad orgánica y de la hipocondría. En la enfermedad orgánica el enfermo retira regularmente todo su “interés libidinal” del mundo exterior y de sus objetos de amor, al tiempo que se opera un repliegue de la libido sobre su yo. Para ilustrarlo, Freud cita una frase sumamente elocuente de W. Busch, a propósito del dolor de muelas del poeta: “Concentrándose está su alma en el estrecho hoyo de su molar.” Cuando se realiza semejante sobreinvestimiento narcisista sobre “la representación psíquica del lugar doloroso (del cuerpo)” la libido deja de circular. Y Freud demuestra que en este caso resulta imposible diferenciar la libido del interés del yo.

La modificación de la libido se muestra en un todo semejante en el caso de la hipocondría, en donde efectivamente no es determinante que la enfermedad sea real o imaginaria. El hipocondríaco inviste una zona de su cuerpo que adquiere el valor de órgano sexual en estado de excitación; puesto que la erogeneidad es una propiedad general de todos los órganos, cualquier parte del cuerpo puede ser investida como un órgano genital dolorosamente sensible. Y también en este caso la libido deja de circular. Freud describe así dos configuraciones en las cuales el narcisismo se encuentra de alguna manera cristalizado; sin que el corte con el objeto sea total, ambas instalan un “repliegue narcisista” que detiene el movimiento del deseo.



Bibliografía:

-Nasio, Juan David:  Enseñanza de siete conceptos cruciales del psicoanálisis. Barcelona: Gedisa, 1988