nanihta

MARIPOSA ENAMORADA por Isabella Hernández:

(Hacetanta soledad que las palabras se suicidan)

No te he escrito desde hace tanto,seguramente es por mí, por la forma tan infame en la que me he comportado, lo sé, es patético, sigo aquí escribiéndote, aunque no me contestes, aunque no te importe, lo sé, estoy esperado, y esperar nunca es bueno.

Lamento haberte dado la carta que con tanto enojo escribí, nunca debiste leer eso, me disculpo, pero si soy honesta, tus eres el que debe disculparse. Creo que te ha pasado, le escribes a alguien que no te lee, ahora es momento de guardar mis secretos, de hacer lo que no debo.

Realmente te extraño, y me siento patética porque te amo, de nuevo escribo con la sencillez que me permite simplemente decirlo, decir aquello que me duele, me dueles tú. Lo he dicho tantas veces, te amo. Esa palabra, es la conexión más hermosa entre sonidos que he escuchado, pero se siente mejor y en cierta medida liberador el poder pronunciarlo. Quiero seguir disculpándome, y no sé por qué. Quisiera que al menos me hubieras dicho algo, alguna palabra que me indicara en qué términos quedaríamos cuando te fueras, así sabría si esperarte o irme, ahora siento que no estamos en ningún termino. Sigo preguntándome por qué te vas, una parte de mí se mentaliza para el instante en el que vuelas, como si mi cerebro a pesar del dolor que ha sentido mi alma, decidiera rebobinar la cinta y repetir el instante que anteriormente vivimos, ese instante frente al salón de filosofía, tu traías el libro, yo te mire y ese instante… Quería que te fueras, que no me hicieras lo que sabía me ibas a hacer, me abrazaste, y me dijiste que me extrañabas, me rendí, me dolía tanto, por qué te amo, eso pensaba.

Quería simplemente encerrarme, callarme, evadirte, pero me dolía, y luego no recordaba el por qué te odiaba, y nuevamente te abrazaba, y me reía, te miraba y me sentía entera, solo estaba durmiendo pensaba, luego al caer la noche, recordé y la nostalgia me invadía, de pronto era el reloj en la pared de aquella tienda el que me hizo darme cuenta que si, efectivamente, el tiempo existía.

Hablamos, y creo que se me olvido hacerte prometer no irte de esa manera de nuevo, y hoy estamos aquí, así, de nuevo escribo yo con todo el sentimiento que me invade y me tortura y de nuevo tú estas ausente, ya no siento tus palabras, y de nuevo todo muere, y si muere esto entre nosotros, sí, muere… Muero yo con ese sentimiento, supongo que en este momento experimento la agonía a unos minutos de matarme por completo, o al menos gran parte de lo que yo soy. No me empujaste a nada, lo sé, fue mi decisión, pero supongo que en estos últimos suspiros en los que dejo volar parte de mi alma te entregare las últimas palabras que con sentimiento y dolor puedo escribir, el desespero producido por la incertidumbre es todo eso que no supimos pronunciar o escribir.

Quise quedarme, escribir en tus parpados y esconderme en ti, quise escuchar tu silencio cuando solo querías llorar, quise simplemente prolongar el silencio con mis ojos, mirándote simplemente hasta saber que podía verte al día siguiente, quise simplemente sentarme a tu lado en el momento en que me odiabas, mirarte y saber que aunque me dijeras eso te seguía queriendo, solamente quería sujetar tu mano para que tuviera un ancla ese barco en tu cabeza que viaja entre mundos, quise simplemente permitirte gritar, o llorar, o morir, o amar.

Me quede esperando tu llamada, no sé qué pase por tu cabeza ahora, solo quiero saber que no te torturas con cosas, prefiero saber que estas afuera con alguien, quien sea que te saque una sonrisa. Para nosotros las felicidad es incompleta, lo sabes, pero eso intervalos fueron unos momentos realmente preciosos. Fueron, pasado, en el momento de escribir todo esto, siento estar escribiendo un testamento, para algo que nunca en mi corta vida he sentido, no creo que lo entiendas, nunca he amado a nadie, ahora lo sé, y sí entierro el sentimiento y lo mato, tengo miedo de eso, no sé qué puedo llegar a ser yo, en qué clase de ser me convertiría, quisiera no tener que hacerlo, y realmente no tengo que, pero supongo que amar no siempre es cuestión de amar, a veces es simplemente el tener que cuidar la soledad del otro, no quiero sonar con desespero, pero estoy muriendo, estoy matándome, poco a poco, duele demasiado, y no creo poder dar explicación a esta carta, mucho menos entregarla, porque no se trata de coraje, se trata de que el día en que leas esto, la persona que conoces que la escribe no existirá más y tendrá la sencilla frialdad de releer estas palabras y sentir que no significan nada, que simplemente tienen que ser entregadas al destinatario para poder borrarlas de los archivos. Si tú lees esto es porque ya estoy muerta, y de verdad ruego al cielo por qué no la recibas. Quiero verte y olvidarme del reloj, no me importa, soy miserable, y lo seguiré siendo, y es así que no lo merezco, y no merezco aquellos intervalos, pero prefiero eso, y creo que pongo en explícito y por completo el desespero, la ansiedad, las ganas, lo sé, yo dejaría de ser yo sin usted.

De nuevo siento esas pulsaciones, qué clase de dolor es este, aquel que te acoge en mis venas y no te suelta, solo hasta que me hieres y sangro.

Isabella Hernández

(Bogotá, 1998). Cursa actualmente el grado once y se interesa por la lectura de poesía y narrativa, así como por las escrituras creativas. Dentro de sus lecturas más preciadas están la novela Ibis del colombiano José María Vargas Vila, los cuentos de E. A. Poe, Crimen y castigo de Dostoievsky y Cartas al Vidente del Rimbaud. Ha asistido a espacios de formación no formal como el seminario “Rilke y Trakl, dos poetas de lo irreparable”, ofrecido por la Casa de la Cultura de Engativá (2014). En lo referente a la escritura ella ha tenido la oportunidad de escribir para el periódico escolar de su instutucion, artículos relacionados con religión como “¿Qué objetivo tiene el transigir el catolicismo como parte obligatoria de la educación?” y breves relatos como Fragmento de “Tarde de Papillon”

Foto: Nanihta (Sol Vázquez)