Non innamorarti
di persone come me.
Ti porterò ai musei,
parchi e monumenti 
e ti bacerò
in ogni posto bellissimo,
in modo che
quando poi bacerai qualcun altro 
il gusto di quei baci
sarà quello di una ferita.
Io ti distruggerò
nel modo più bello possibile.
E quando ti lascerò,
potrai finalmente capire 
perché le tempeste
portano il nome delle persone.
—  Caitlyn Siehl
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El 18 de mayo se celebra el Día Internacional del Museo, declarado por el Consejo Internacional de Museos (Icom), instancia creada en 1946.

En imágenes:

  1. Museos Vaticanos, Ciudad del Vaticano.
  2. Museo de Louvre, París.
  3. Rijksmuseum, Países Bajos.
  4. Museo Natural de Historia de Londres, Reino Unido.
  5. Museo de Bellas Artes de Boston, Estados Unidos.
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그토록 벗어나고 싶던 뉴욕이 그 어느 때보다 사랑스러운 요즘 주말을 이용해 다녀온 뉴욕 근교 비컨에 위치한 Dia:Beacon 뮤지엄. 사람들로 미어터지는 뉴욕의 뮤지엄들과 달리 한적한… 미니멀리즘으로 가득 찬 시공간 속에서 한발 한발 내디딜 때마다 울려 퍼지는 내 발소리가 참 듣기 좋았던 곳이었다. 


뉴욕이 지겨워질 때쯤 (아시는 분은 아시겠지만) 남자친구와도 이별을 했었더랬다. 얼마나 시간이 지났을까… 문뜩 침대에 누워 있는데 그런 생각이 드는 거다. 이 좋은 나이에 내 세상 속에만 빠져 살아가기엔 인생이 너무 아깝다는. 

‘그래 결심했어.’ 따위의 거창한 다짐 따윈 없었지만, 음식으로 허기진 배를 채우듯 조금씩 사람들로 일상을 채우며 2015년을 열심히 살아온 지금. 나는 비로소 '아직도 이별 중'이란 상태에서 벗어난 것 같다는 느낌적인 느낌이 든다. ^^;; 오래 걸릴 거라 생각은 했지만 2개월 못 채운 1년이 거릴 줄이야. 에헤헴… 그래도 필요했던 시간이었기에 스스로에게 칭찬을 해주고 싶다. 잔 견뎌냈다고. 토닥토닥. 


친구의 '봄이 지나간 자리에 어느덧 여름만이 남았다.'라는 표현을 굳이 빌리지 않아도 될 만큼 요즘은 그냥 완전 덥다. 그래도 이번 여름은 백종원 아저씨가 알려준 콩국수 레시피가 있어서 마냥 두렵지만은 않다. 속는 샘 치고 따라 해봤는데 그렇게 맛있을 줄이야~ 꺅!

2me engiyong hongsea: 따뜻한 댓글로 반겨주셔서 감사해요! 오랜만에 와보니 뭔가 좀 어색했는데 다들 그대로 있어 주셔서 다행이에요. 아 그리고 홍시님 2번 댓글. 예리하시던데요? 하하하하. 뭐 전 그냥 마냥 웃지요~ ^^;;; 그럼 좋은 하루들 되세요! 뿅! 

Era un sueño, de eso estaba segura, pero todo parecía muy real, supongo que eso ocurre con todos los sueños, que sólo parecen reales.

En este sueño yo era como Babydoll en la película Sucker Punch, solo que yo podía «transportarme» a otra dimensión cuando escribía. Estaba por escribir una historia acerca de una noche de amor imposible y absurdo, cuando de repente ya estaba viviendo la fantasía, ¡y de qué manera!

Me encontraba en la zona colonial, disfrutando de la noche larga de los museos versión primavera con unos amigos, y de repente lo vi. Allí estaba él, paseando entre la gente, ignorando toda la magia que desprendía a cada paso. Era como si su presencia simplemente resaltara del resto. Lo observé unos segundos, luego me acerqué decidida, no sin antes despedirme de los demás, bajo la excusa de que prefería terminar el recorrido por los museos sola para poder hacer anotaciones y tomar fotos más tranquila.

—Hola —dije con demasiado entusiasmo— aún no puedo creer que estés aquí.

—Hola, ¿por qué no podría estar aquí?

Su tono en la voz me hizo pensar en que no le hizo tanta gracia verme, aunque eso no debió sorprenderme, sabía que era un tipo apático e indiferente.

—No lo sé, simplemente parecía muy poco probable —dije— hmmm…, bueno, debo irme, espero que sigas disfrutando de la noche.

Me di media vuelta y traté de salir rápido de aquel bochornoso «encuentro» mientras me repetía una y otra vez lo patética que era; quería perderme entre la gente y luego irme a casa. Lo que no entendía era por qué estaba tan molesta si él no me había hecho nada, aunque sospechaba que era justamente por eso.

—¡Eh, ya para! —me dijo, tomándome de la mano a medio tramo.

—¿Qué quieres? ¿Podrías soltarme, por favor?

—Lo siento. No te vayas. Vamos a terminar el recorrido juntos, digo, si quieres.

—La verdad es que debo irme, tengo que…

—No te vayas —cortó—, por favor.

Hubo algo en su mirada y en el tono de su voz que me hizo bajar la guardia y quedarme.

—Está bien —asentí, sonriendo tímidamente.

Caminamos en silencio un rato, siguiendo al grupo de personas e intentando guardar las distancias hasta que tropecé y hubiera caído de no ser porque él lo impidió.

—¡Genial, lo que me faltaba!

—Relájate, no pasó nada —dijo, en tono que me pareció burlón.

Íbamos a entrar al Museo de las Casas Reales, pero había demasiada gente. Le oí resoplar.

—Esto ya me aburrió un poco, la verdad, ¿quieres que tomemos algo?

—Sí, conozco un bar que está cerca y creo que te podría gustar.

—De eso estoy seguro, tienes buen gusto —dijo.

Entonces supe que él ya sabía que me gustaba, como si no fuese obvio.

—Pero iremos a mi casa —continuó—, he tenido mucha vida social por este día, además quiero estar a solas contigo…

Eso me puso como una moto. Di gracias a Dios por la poca luz que había en ese momento y confié en que mis latidos no iban demasiado fuertes o él iba a percatarse de mi sonrojo.

Como suele suceder en los sueños, pasamos de un escenario a otro en cuestión de segundos.

Nunca había visto la casa ni las cosas que habían allí, sin embargo todo me resultaba muy familiar; me sentía un poco mareada y confundida… Él se veía diferente, como si fuera otra persona —parecía que me habían cambiado al protagonista del sueño—, pero eso no me molestó.

—¿Y bien?

—¿Podrías tranquilizarte un poco? ¿Por qué eres tan ansiosa? ¿Por qué siempre hablas de más y quieres respuesta a todo? —replicó, más para sí mismo que para mí.

—Lo siento, la verdad es que estoy un poco nerviosa y todavía no entiendo por qué.

—Ya olvídalo, ¿qué quieres tomar?

—Lo mismo que tú.

—Yo te quiero tomar a ti —murmuró, alejándose a lo que supuse era la cocina mientras el piso se movía bajo mis pies.

Me moví de donde estaba para observar un poco; vivía en un lugar estrecho pero acogedor, me gustaba; la decoración y la sencillez que reflejaba le conferían al ambiente un aura tranquilizante. Había libros en estantes, varios cuadros pertrechados y un par de muebles bastantes cómodos, entre otras cosas. Tomé un libro que estaba dispuesto en una mesita cercana y empecé a pasar páginas al vuelo.

—¿Lo has leído? —sonó su voz.
Me sobresalté, dejando caer el libro al suelo.

—Lo siento, no te escuché venir. No lo he leído.

Se sentó al otro extremo del mueble.

—No pasa nada, si te gusta te lo puedo regalar, y antes de que digas nada deberías aceptarlo, no suelo ofrecerle uno de mis libros a cualquiera —dijo, al tiempo que me entregaba un vaso que olía a una rara mezcla de soda y alcohol.

—Gracias por todo. Ah, y yo no soy cualquiera.

Sonrió.

—¿Quieres que ponga algo de música?

—Lo que prefieras, por mí estará bien.

—Deja de comportarte así, me la estás poniendo muy fácil. Si hay algo que me gusta de ti es tu carácter, así que deja de ser tan dócil.

—¡Vaya! Con que sí te gusta algo de mí.

—Muchas cosas, aunque no lo creas.

En aquel instante se escuchó: «La complicidad es tanta, que nuestras vibraciones se complementan…»

—No sabía que te gustaba Cultura Profética —comenté con la garganta seca, llevándome el vaso a la boca.

—A mí no, pero a ti sí, ¿o me equivoco?

—No —respondí. «Desgraciadamente», pensé.

Después de un rato sentados sin decir nada, tan solo mirándonos de reojo y disfrutando de la música, suelta de repente:

—Quiero besarte.

—¿Y por qué no lo haces? —reté.

—No sé si quieres que te bese.

—Si no me besas nunca lo sabrás…

—Dame tu vaso y el libro, ése te lo devuelvo cuando te vayas. Ya vuelvo —dijo, incorporándose.

Me quedé sin saber muy bien qué hacer o decir, ¿no se suponía que iba a besarme? De pronto la luz se esfumó. Me puse de pie en la penumbra y comenzó a sonar «En la oscuridad».

—¿Dónde estás? —pregunté, extendiendo los brazos.

—Aquí estoy —dijo, tomándome con los suyos.

—¿Sabías que nos íbamos a ver hoy?

—No, pero algún día tenía a pasar.

Nos abandonamos al ritmo delicado de la música.

—O sea, que lo estabas deseando —murmuré.

—Básicamente… ¿No te parece que a veces hablas demasiado?

Dicho esto, tomó mi rostro entre sus manos y me besó con delicadeza… ¡Dios! Sus labios, su sabor, la dulce sensación de sus manos sobre mi piel; sentía una corriente que me azotaba por dentro. La temperatura en el ambiente empezó a aumentar y sentí que me molestaba la ropa, quería más y él también, sabía que los dos lo conseguiríamos…

Pero, como suele pasar en los mejores sueños, tuve que despertar antes de llegar al desenlace y, lo peor de todo es que los sueños no tienen segundas partes ni repeticiones exactas, mucho menos continuación.

—  Basado en sueños reales, Karina Montero.