mujeres de barro

Mujeres de Barro

Mujeres de barro.

Cuando Dios creó todas las cosas, dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Tomó un poco de barro e hizo una hermosa estatua. Lo llamó Adán, hecho de la tierra. Entonces le mandó a Adán un profundo sueño y, mientras él dormía, le sacó una costilla, y con ella hizo a la mujer. Adán la llamó Eva, madre de todos los hombres.

Con lo que no contó Dios es que Eva sería también la madre de todas las mujeres.

Algunas de estas mujeres, demasiadas, siguen enganchadas como un jirón de carne a la costilla violácea.

Pero, por suerte, hay otro tipo de mujeres que partieron la costilla de un golpe y se masturbaron con ella hasta quedarse sin iris en los ojos.

Que saben de su poder.

Mujeres heterosexuales que hubieran sido más felices siendo lesbianas.

Mujeres que, por ser fuertes, están tremendamente solas.

Atrapadas en la magnificencia de sí mismas.

Es terrible que todas estas mujeres independientes, inteligentes, divertidas, empáticas, cariñosas, generosas, resolutivas, no encuentren al amor de su vida, al hombre adecuado, o simplemente a un hombre que no se cague en los pantalones cada vez que ella toma una decisión.

Te has acostumbrado a estar sola, a apretar la mandíbula cuando te duele, a sonreír cuando quieres gritar, a gritar cuando quieres abrazar y a abrazar cuando quieres follar.

Te has acostumbrado a ver a todas esas mujeres costilla, o cosilla, que parecen felices con sus parejas y que te hacen parecer una intransigente porque parece que tú ya no aguantas nada, que eres una maniática, una frígida, mental y calculadora mujer de armas tomar.

Pero tú lo intentaste, vaya si lo intentaste. Pero era demasiado guapo, o demasiado joven, o con mucha incapacidad para ver tus sentimientos, o estaba casado, o estaba quemado, o estaba de vuelva, o venía solo a lo que venía, o tenía un problemita, o se fue, o nunca vino, o apareció otra, o nunca supo nada de ti.

De aquellos polvos vienen estos lodos.

Te has acostumbrado a esa maldición que supone haber tomado las riendas de tu propia vida.

Dirás que no necesitas a nadie.

Que el hombre de tu vida, es tu hijo.

Que tienes a tus amigas de siempre. Noche de chicas.

Es mentira.

Todos necesitamos a alguien.

Porque tú, más que nadie, mereces ser amada.

Amada de una manera íntegra.

Que alguien se preocupe un poquitito más por ti.

Y depender aunque sea por un segundo de alguien.

Descansar todo ese peso.

Porque tú fuiste una niña, no lo olvides.

Una niña con terremotos en el estómago.

Que ensayaba caras bonitas en el espejo para cuando bailaba delante de él.

Que se ponía roja.

Luego vino todo lo demás.

Todo lo demás para que no creyeras en nada nunca más.

Vuelve a creer, por favor.

El amor es lo único que queda en la tierra.

Y hay mujeres hechas de tierra.

Hechas de amor.

Que se hicieron a sí mismas con sus propias manos.

Observando a otras mujeres.

Imperfectas y frágiles mujeres de barro.

Que lo merecieron todo.

Para no acabar siendo fango.