mortalidad

Acostúmbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación. Por tanto, la recta convicción de que la muerte no es nada para nosotros nos hace agradable la mortalidad de la vida; no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque nos priva de un afán desmesurado de inmortalidad.

Nada hay que cause temor en la vida para quien está convencido de que el no vivir no guarda tampoco nada temible. Es estúpido quien confiese temer la muerte no por el dolor que pueda causarle en el momento que se presente, sino porque, pensando en ella, siente dolor: porque aquello cuya presencia no nos perturba, no es sensato que nos angustie durante su espera.

El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos.

Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya. A pesar de ello, la mayoría de la gente unas veces rehúye la muerte viéndola como el mayor de los males, y otras la invoca para remedio de las desgracias de esta vida.

El sabio, por su parte, ni desea la vida ni rehuye el dejarla, porque para él el vivir no es un mal, ni considera que lo sea la muerte. Y así como de entre los alimentos no escoge los más abundantes, sino los más agradables, del mismo modo disfruta no del tiempo más largo, sino del más intenso placer.

Carta a Meneceo / Epicuro

La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los lnmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegiaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales.
—  J.L. Borges, “El Inmortal”
El quinto sabor o lo que tienen en común las dietas japonesa y mediterránea

Dulce, ácido, amargo, salado y…

El jamón ibérico tiene sabor umami; y el sabor umami óptimo depende también de la cantidad de sal.  (Foto: Getty Images)

Conocido como el quinto sabor, el sabor umami es un sabor agradable que da una sensación de revestimiento en la lengua y que perdura durante un largo tiempo.

De acuerdo con el chef Matsuhisa, el umami es un sabor muy “sutil" pero de regusto prolongado y difícil de describir. Induce la salivación y una sensación aterciopelada en la lengua que estimula la garganta, el paladar y la parte posterior de la boca.

“La mejor manera de identificar el umami es comer muy lentamente un tomate cherry. Masticarlo unas 30 veces sin tragar. Sentirás tu boca llena de sabor”, señala el experto.

Propietario del restaurante Koy Shunka (Barcelona) con una estrella Michelin, Hideki Matsuhisa es un experto en preparar recetas japonesas con ingredientes mediterráneos como un suculento plato de arroz japonés en una salsa de mejillones con un toque de bambú y atún Tataki con salsa de tomate. 

Su objetivo es ayudarnos a entender el secreto que ambas dietas comparten: el sabor umami.

El tomate y los champiñones son algunos de los principales alimentos umami.(Foto: iStock)

Durante el 17 Congreso Internacional de Dietética celebrado en Granada, varios expertos han hablado sobre el equilibrio de la dieta japonesa y los beneficios para la salud de la dieta mediterránea en pacientes con síndrome metabólico. 

La dieta mediterránea ha sido conocida como una de las más saludables del mundo. El Dr. Martínez ha destacado que el patrón de dieta mediterránea mejora y previene los síntomas asociados con una de las enfermedades no transmisibles más comunes de este siglo: el síndrome metabólico, que provoca cambios en el metabolismo del cuerpo, resistencia a la insulina, presión arterial alta o la inflamación, entre otros y la acumulación de grasa corporal.

El consumo regular de elementos específicos como los pescados grasos, aceite de oliva y vino de forma moderada son hábitos saludables. Pero la cantidad de cada alimento debe ser prescrito de acuerdo a las necesidades nutricionales de cada persona.

Es lo que se conoce como una ‘alimentación de precisión’, y según el Dr. Alfredo Martínez, presidente electo de la Unión Internacional de Ciencias de la Nutrición, es el futuro de la dietética.

"Toda persona, enfermo o sano, debe recibir un asesoramiento dietético o una directriz nutricional en función de sus características: la actividad física, antecedentes familiares, la religión, la situación médica, alergias, si es fumador o no, intolerancias, la nutrición perinatal y, por supuesto, la genética”, añade.

En este sentido, el umami formaría sería una parte esencial en esa dieta sana porque como cuenta Kumiko Ninomiya, director del Centro de Información Umami: "La gente debe aprender a disfrutar del sabor umami en los alimentos, sino no tendrán la sensación de saciedad que es muy importante para controlar el apetito”.

Es un sabor suave y ambiguo, diferente a los sabores dulce, agrio, salado o amargo. Según explica Ninomiya, “el umami es a la comida lo que el bajo a la música, sin ello no hay armonía. Está en la esencia de todos los sabores”.

Según publica The Guardian  la importancia del umami va más allá del paladar ya que “ hace que prácticamente cualquier alimento resulte mucho más sabroso y atractivo (pero sin ser tan dañino como la sal) y podríamos incluso utilizarlo para luchar contra la malnutrición”.

El umami es también el sabor de los aminoácidos y nucleótidos, y nos dice cuando un alimento contiene proteínas. Un elemento presente en ambas dietas, mediterránea y japonesa.

El caldo de un alga marina (kombu)) preparado de forma tradicional en la cocina japonesa es rico en este específico sabor. (Foto: Getty Images)

El patrón de la dieta japonesa ofrece una dieta muy equilibrada. Eso explica, probablemente, por qué Japón es el país con la esperanza de vida más alta del mundo. La dieta japonesa (Washoku) también se ha asociado con una menor mortalidad y, especialmente, menor riesgo de enfermedades cardiovasculares. 

Washoku incluye tres elementos, arroz cocido, que es el alimento básico de Japón, sopa y guarniciones, un plato principal por lo general de pescado y dos más pequeños con varios vegetales (ichiju-Sansai).

Según cuenta el profesor Yasuhiro Kido, representante de la Asociación Dietética Japonesa, esta dieta muy baja en grasas es la combinación ideal para asegurarse de que todos los aminoácidos esenciales son ingeridos. "Los cálculos del valor nutricional de Washoku muestran que una persona de media en Japón toma en cada comida entre 400 y 600 kilocalorías. Una comida bien equilibrada, con todos los requisitos necesarios”.

El sabor umami no fue identificado propiamente hasta que en 1908 el científico Kikunae Ikeda profesor de la Universidad Imperial de Tokio, descubrió que el glutamato era el responsable de la palatabilidad del caldo del alga kombu. Él observó que el sabor del dashi (caldo) de kombu era distinto de los sabores dulce, ácido, amargo y salado; y lo denominó umami. 

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Te contaré un secreto, algo que no se enseña en tu templo: los dioses nos envidian. Nos envidian porque somos mortales, porque cada instante nuestro podría ser el último, todo es más hermoso porque hay un final. Nunca serás más hermosa de lo que eres ahora, nunca volveremos a estar aquí.
—  Troya 
Hablemos de Amor (Charles Bukowski)

Amor, la más mortal de las cosas mortales. Te mata tanto cuando la tienes como cuando no la tienes. Pero no es así exactamente. Si amas, eres el que condena y el condenado. El verdugo, la cuchilla, el indulto de última hora, la respiración jadeante y el cielo tormentoso y el «gracias, gracias, gracias, Dios».

Amor: te mata y te salva a la vez.