moradita

La boda ~Wigetta Lemon

Soy retrasada mental y olvidé ayer subir esto D:

[Semana 9]

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Era tonto, a veces pensaba que le gusta discutir conmigo sobre cualquier cosa. Como por ejemplo, seria la boda de Luzu y Lana, y nosotros éramos los padrinos del novio, para lo cual el nos había pedido que usáramos el mismo color de corbata. Como sería obvio, Willy elegiría el color verde o azul, pero Luzu pidió Morado, ya que el vestido de Lanita tenía detalles en ese color, así que compre las corbatas moraditas. Pero Willy se molesto, por que según era mi culpa que usáramos tal color, pero no era verdad, no había nada que discutir, pero no, el quería hacerlo, siempre. Así que fácil, me dejo de hablar.

Hoy era la boda, nos estábamos vistiendo todos los hombres en una habitación del hotel donde sería la recepción, después de la ceremonia religiosa. Luzu se encontraba en un lío frente al espejo, tratado de acomoda su rizado cabello castaño, el quería usar un gorro, pero era obvio que Lana no lo dejaría. ¿Qué novia querría que su novio usara un gorro en el día más importante de su vida? Ninguna.

Frank se encontraba terminado de vestirse, Mangel le acomodaba el cabello a rubius mientras este le acomodaba la corbata, trabajo en equipo. Siempre había envidiado su relación, ¿Por qué nosotros no podíamos ser así de cariñosos en público? ¿Por qué nos importaba tanto el que dirán y a ellos no?

Yo me encontraba listo ya, estaba en un pequeño sofá blanco, mirando a todos los demás metidos en sus cosas, pero mi vista no se despegaba de una persona en especial, que luchaba por acomodar correctamente su corbata,!‘r levanté y camine hasta quedar frente a el.

-Yo lo hago, déjame ayudarte.

Quitó sus manos frustrado, lleve las mías, pasándolas por la nuca, acomodandola bien, para terminar al frente, haciendo el nudo perfecto.

-Listo, a quedado bien.

-Es horrible, odio el color. -alce la mirada desde su corbata a su cara, y lo vi haciendo un adorable puchero, inflando un poco sus mofles.

-Claro que no chaval, te hace ver más lindos los mofles.

-No.

Se separo y se fue a sentar junto a los demás.

Suspire frustrado, cansado, cansado de su juego, el ama discutir y yo simplemente no.

Unas después nos encontrábamos en la bonita iglesia decorada con flores blancas, rosas y moradas, estábamos sentados en las primeras butacas, escuchando las lindas palabras que Lana le dedicaba a Luzu como votos matrimoniales, esto era tan lindo, tan romántico, ya me imaginaba yo mi boda con la persona que más amo, la cual esta sentada junto a mi, con la mirada fija en la pareja, los labios semi abiertos, concentrado en su mundo de pensamientos, era imposible estar molesto con el. Algo temeroso, acerque mi mano hacia la suya, esperando que no rechazará mi acto, lo cual no hizo, la tomo entrelazando nuestros dedos, pero son mirarme, siguió mirando al frente, hice lo mismo que el. ¿Qué significa esto? ¿Me había “perdonado”? ¿Ya no estaba molesto?

-Yo los declaro marido y mujer, puedes besar a la novia.

Todos aplaudieron mientras los novios se besaban, yo igual aplaudí, soltando su mano, el se levanto y sin decir nada se fue al auto. Suspire y le seguí, al parecer aún seguía molesto.

[…]

La fiesta iba bien, para todos menos para mi, que permanecí en la mesa toda la noche, mirando como mi novio bailaba pegándole el culo a todo aquel que se le pusiera enfrente, alias Frank, que no protestaba para nada.

¿Que pretendía, castigarme? ¿Todo por una tonta corbata morada? Su actitud ya me había cansado ya, le podría fin. Dejaría aún lado mi orgullo, me daría valor y sumado al alcohol que corre por mis venas, hablaría con el, claro a mi manera.
Le mire desde lejos, dejo de bailar, le susurro algo a Frank y se fue en dirección a los baños. Hora de actúa.

[Narración en tercera persona]

Samuel noto que entro a los baños, segundos después entro el, sabía lo penoso que era, que no usaría los mingitorios, así que espero a que entrara en un cubiculo y entro el al baño, lo observo un poco, tenía 3 cubiculos y 3 mingitorios, en uno estaba el y los demás vacíos, río para el y cerró la puerta principal con pestillo. Espero a que saliera del cubiculo, mientras se quitaba la corbata y jugaba con ella en sus manos. Cuando escucho que tiraba de la cadena y quitaba el pestillo, abrió la puerta e hizo que ambos se metieran, quedando los dos en el reducido espacio que el lugar les brindaba. Guillermo estaba sorprendido, su cara lo revelaba, pero al ver que se trataba de Samuel, cambió totalmente a una de enfado.

-Me asustaste pringao, ¿Que haces aquí? -susurro, o no quería que Samuel lo oyera, o por que pensaba que alguien más estaba ahí con ellos.
-Vine a hablar contigo

-¿Vienes a disculparte? -sonrió de lado, mirándole, burlándose de el.

-¿Disculparme yo? No- se río- tu eres el que te deberías disculpar por tus caprichos y por restregarle el culo a todos.

-¿Celoso?

-Claro que no… ¿Sabes por qué? -negó mientras se mordía el labio- Porque esto.. -se acerco sugerente hasta estar lo más pegado su cuerpo al de Guillermo, y tras pasar sus manos por dicha zona, dándole un apretón sacándole un quejido. -Es mío, y sólo lo puedo tener yo cuando yo quiera.
Dicho esto unió sus labios en un fogoso beso, mientras acariciaba a su antojo.

Guillermo no tardo en responder su beso, llevando sus manos a su cabello, despeinandolo entre sus largos dedos, el beso se volvió aún más fogoso, es que tenían dos semanas molestos, ya necesitaban esto.

En un rápido movimiento Samuel giró sus cuerpos, acorralándolo entre su cuerpo y la puerta de metal, dio una leve mordida a su labio inferior y se separo, tomó la corbata de su bolsillo y se la mostró.

-¿Vez esto? -asintió sin comprender que haría Samuel - Te haré que te guste. Pon las manos al frente.

Sin dudarlo lo hizo, el paso la corbata por sus muñecas, atando un fuerte nudo en ellas. Claro, sin lastimarlo. Cuando termino, volvió a besarlo, esta ves más lento, quitando con una mano los botones de su camisa blanca, cuando todos estuvieron fuera y su pecho y abdomen se veían, comenzó a besar su cuello, bajando por su pecho dando lengüetazos y mordiscos, dejándole algunas marcas que se harían más notorias mañana, claro que nadie más que el las vería. Samuel noto como trataba de reprimir sus jadeos, mordiendo sus labios, mientras sus dedos se aferraban a su cabello conforme iba bajando.

Un ronco “No” hizo que se separara de Guillermo, mirándole.

-No, por favor.

-No ¿Qué? ¿No quieres hacerlo?

-Si, claro que quiero, pero aquí no, alguien puede entrar.

-¿Crees que soy tonto, he puesto el pestillo, nadie entrara, además es una boda, están ocupados bailando o bebiendo… -sonrió mientras volvía a pegar su cuerpo contra el suyo, haciendo que sintiera su erección. -Además no pienso salir con esto.

El se sonrojo al sentirla, se removió un poco y Samuel se separo de el para mirarle.

-Vale.

No necesito decir más para que volviera atacar sus labios.

Samuel bajo sus manos rápidamente a su pantalón, quitando el botón de este, metiendo una de sus manos directamente por su bóxer tocando su miembro, mientras seguía besando sus labios, pronto sus gemidos se hicieron presentes. Dejo de besarle los labios para poder escucharlo, mientras repartía suaves besos por su blanquecino cuello, mientras su mano se movía de arriba a abajo por su duro miembro.

Samuel tras asegurarse que el piso no estuviera mojado con alguna extraña sustancia, le bajó los pantalones y los bóxers a Guillermo, se incoo frente a el y rápidamente se llevo su miembro a su boca.

Guillermo sólo pudo morder su labio y tratar de hechar la cabeza hacia atrás sin golpearse con la puerta, sintiendo como los carnosos labios de su novio y su experta lengua recorría todo da su extensión, dejando un rastro de saliva a su paso. Guillermo trato de llevar sus manos al cabello de Samuel, pero apenas y sus dedos rozaban el cabello del mayor, ya que las tenía atadas, soltó un gemido de frustración al ver que no podía marcarle el ritmo, por consecuente Samuel iba a estar torturando a Guillermo con su lento juego de lengua, labios y dientes.

Guillermo sentía que iba a explotar en desesperación si Samuel no aumentaba el ritmo, y esta muy perdido en gimiendo que no podría pedírselo. Trato de estirar un poco más los dedos, logrando tomar un poco del cabello de Samuel y le dio un leve tirón, haciendo que Samuel sacará por completo su miembro de su boca, molesto.

-Au.

-Lo siento… Quiero.. Quiero más.. Más rápido.

Tanto era la excitación mezclada con la desesperación de Guillermo que no podía formular una sola frase sin jadear.

-No, que si aumentó la velocidad, te corres rápido, y no quiero.

-Samuel… -Y Samuel lo callo volviendo a meter su miembro en su boca, haciéndolo un poco más rápido, pero no tanto como para lograr que Guillermo terminará.

A Guillermo le bastó, se conformó con eso y comenzó a disfrutar a un más de el acto que se estaba llevando a cabo en tan reducido espacio.

Samuel siguió con su trabajo, hasta que sintió que Guillermo se tensaba, estaba cerca del orgasmo, así que Samuel se separo y se levanto, llendo directamente a besarlo, impidiendo que Guillermo se viniera.

Será cabrón, pensó Guillermo, mientras trataba de quitar el botón del pantalón de Samuel, cosa que no logro, por la ya antes mencionada situación de sus manos.

Samuel sonrió y desabrocho su ropa rápido, bajando los bóxer y el pantalón de una vez, la desesperación se estaba apoderando de el.

Una vez se deshizo de sus prendas inferiores, y apoyado por la puerta, Guillermo abrazo con las piernas la cintura de Samuel, sintiendo como este entraba lento en el.

Guillermo ahogó un chillido de dolor en su cuello, mientras Samuel entraba por completo. Cuando lo hizo, se quedo quieto esperando a que el menor se acostumbrara al dolor.

Cuando sintió el meneo de sus caderas, Samuel pasó las manos atadas de Guillermo por su cabeza hacia su cuello, de tal forma que quedarán detrás de este, y comenzó a moverse lento, un vaivén de caderas.
Entrar y salir, entrar y salir lento, hasta que ambos perdieron la paciencia y el control, en aquel baño sólo se lograba escuchar el ruido de sus gemidos y del cuerpo de Guillermo al chocar con aquella puerta de metal. Afortunadamente hacia afuera no se escuchaba nada por el ruido de la música de la fiesta.

Ellos estaba metidos en su burbuja de placer en ese pequeño espacio, que era testigo de su acto de amor desenfrenado.

Unos movimientos más y ambos sentían que tocaban el cielo con sus manos, llegando al tan esperado orgasmo.
Afortunadamente Samuel se había quitado la camiseta que si no ahora estaría manchada por los fluidos del menor.

Samuel con cuidado de no caer, se sentó en la taza del baño, con Guillermo sobre el, apoyando la cabeza en su hombro, con los ojos cerrados, tratando de regular su respiración agitada, repartiendo suaves besos en su cuello.

Estaban por hablar cuando la puerta principal se escucho abrirse.

-Listo, no se quien fue el idiota que cerró la puerta, por dentro.

Oh no, el hombre de mantenimiento.

-Muchas gracias, será mejor que revisemos quien fue el idiota.

Oh no, ese era Luzu.

-¿Ahora que hacemos. -pregunto Guillermo en un susurro muy bajo, apenas audible en los oídos de su novio.

-Déjamelo a mi, guarda silencio.

Vio la sombra de las dos personas bajo el pequeño espacio de la puerta.

-¿Quien esta aquí? -pregunto Luzu.

-Soy.. Soy yo. -Hablo Samuel- Lo siento por la puerta, me dolía el estómago y no quería que nadie me molestara, tengo.. Tengo diarrea.

Guillermo reprimo la carcajada en el cuello de Samuel mordiendolo un poco.

-Vale… Gracias señor, me lavare la cara, puede retirarse.

-De nada, felicidades.

Se escucharon pasos del tío ese alejarse y la puerta cerrarse.

Samuel y Guillermo se quedaron quietos esperando a que Luzu se fuera.

-Se que ambos estáis ahí metidos. Guarros.-Ambos abrieron los ojos sorprendidos- Frank me dijo que los vio entrar al baño y que no salían, es imposible que sólo estés tu Samuel. -ellos siguieron en silencio, completamente sonrojados.- Espero que ya terminarán de follar, que es hora del brindis y quiero que los padrinos estén presentes. En diez minutos los quiero fuera.

Y Luzu se marchó sin decir nada más, no lucía molesto ni nada, más bien lucía divertido.

Samuel se levanto y salió de Guillermo, ayudándolo a bajar y desato sus manos. Las marcas de las costuras de la corbata se habían marcado en sus muñecas. Rápido se limpiaron y vistieron y salieron de aquel baño como si nada hubiera pasado, pero eso si, ahora felices y tomados de las manos.

-¿Listos para el brindis? -pregunto Frank al verlos.

-Listos.

Frank miro las manos de Guillermo que están rojas y sonrió.

-Creía que eso de “follar en las bodas es normal” era un mito pero parece que no.

Frank río al ver a ambos sonrojados.

-Anden, que los padrinos deben de dar un discurso… Por cierto, linda corbata Guillermo.

-Gracias, me encanta el color.


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Meh, sin comentarios. Nos vemos:D