Vivo en una ciudad adolorida por las balas
las discotecas cerraron, al igual
que los labios que pronunciaban la esperanza
y la política tampoco nos ayudaba
vi a mi cuñado con su rostro asustado,
lágrimas atrapadas de coraje,
un convoy que lo tuvo secuestrado,
al igual supe de conocidos
que tentados por el camino fácil
desaparecieron a las orillas de un río.
Vivo en una ciudad adolorida por las balas,
llena de smog, donde el trabajador
que gana un salario injusto
a las horas de su cuerpo,
tiene que gastarse la mitad de su sueldo
para transportarse a su labor,
vi a los hípsters creerse intelectuales
y con los que aman la carne asada
y el futbol; eran lo que sigue
de intolerantes
¿De qué sirve tener ideas brillantes
si el fin te lleva a lo miserable?
Los diccionarios no te hacen más humano,
pero sí, las historias, que atento escuchas
de tus hermanos.
Son pocos los que estando arriba,
te miran hacia abajo para darte la mano
Pero el aire, a pesar de estar tan contaminado,
es la consciencia de un sabio,
y sé que existe la voluntad de un cambio,
cambios que no provocarán los mandatarios,
un cambio es un BUENOS DÍAS,
UNA CARTA DE AMOR,
un cambio es TE ENSEÑO LO QUE SÉ
SI HARÁS ALGO DE PROVECHO,
un cambio es COMPARTIR TUS IDEAS
SIN SEMBRAR FANTATISMO,
un cambio es UNA PALABRA DE ALIENTO,
RECONCILIARTE CON TU PADRE,
un cambio es DARLE DE COMER AL DESAUCIADO,
UNA MONEDA AL MÚSICO DE LA CALLE,
REGALAR TU OBRA AL QUE TE CRITICA,
JUGAR CON LOS NIÑOS
y me he dado cuenta
que es muy egoísta pensar
que no puedo restar un poco del dolor
de esta ciudad
adolorida por las balas
—  El color de los tallos, Quetzal Noah
Eran casi las tres y ya pensaba en cogerme a Adriana. Pero nunca he tenido suerte para coger en la primera cita, mucho menos en la segunda, la tercera o la número veinte, por lo general para la segunda ya se dieron cuenta que soy más romántico que macho, más cursi que coherente y me dan bandera de conquista en el infierno de aquella región desolada llamada la friendzone.
—  Guadalajara mi amor, Quetzal Noah