monstruos debajo de la cama

Historias de terror de dos frases

1. Estaba llevando a mi hermana pequeña a dormir cuando me dijo “Tata, hay un monstruo en el armario.” Pensando que era una tontería, abrí el armario para ver a otra niña igual que ella, temblando y susurrando “Tata, hay alguien en mi cama.”

2. Los doctores le dijeron que al amputársela podría sentir un miembro fantasma. Nadie le preparó para sentir unos dedos tan fríos recorrer lo que era la palma de su mano.

3. No temas a los monstruos, sólo míralos. Mira a la derecha, a la izquierda, debajo de la cama, detrás del armario, pero nunca mires arriba; ella odia ser vista.

4. Me desperté escuchando golpes en el cristal. Primero pensé que era la ventana, hasta que me di cuenta de que venía del espejo.

5. Me pregunto por qué tengo dos sombras cuando sólo hay una bombilla en toda la habitación.

6. Me senté en mi estantería, con los ojos cristalinos y el vestido más bonito de muñeca que pude encontrar. ¿Por qué permito que siga viva, con lo fácil que sería matarla?

7. Al mirar por la ventana vi una cara sonriente mirándome. Vivo en la planta 14.

8. Hay una foto en mi móvil donde salgo durmiendo. Vivo solo.

9. Mi reflejo acaba de parpadear.

10. Trabajo como vigilante por las noches, y siempre veo a la misma hora a la misma persona en el rellano observando la cámara de seguridad. Lo peor es que cuando va a aparecer por otra cámara, no aparece.

11. Me enviaron hace unos días unos maniquíes envueltos en papel de burbuja, para que no se rompieran. Llevo dos horas escuchando como explotan las burbujas.

12. Llegas a casa, cansado después de un día de trabajo, preparado para una noche relajante. Cuando estás en la cama alcanzas en interruptor con los dedos, pero ya hay otra mano allí.

13. Mi hija no para de gritar y llorar por las noches. He visitado su tumba, pidiéndole que pare, pero no es efectivo.

14. Estás apunto de dormirte, cómodamente, en tu cama, solo; cuando escuchas como alguien susurra tu nombre.

15. Estás tumbado en la cama, con tus pies colgando, cuando de repente sientes como algo agarra uno de ellos.


16. Mi marido me despertó la otra noche para decirme que había un intruso en casa. Fue asesinado por un ladrón en un intento de protegerme hace dos años.

17. El último hombre sobre la faz de la tierra se sentó sólo en una habitación. Alguien llamó a la puerta.

18. Al volver a casa vi a mi novia acunando a nuestro bebé. Lo que no sé es qué fue más perturbador, ver su cadáver sosteniendo a nuestro hijo, o pensar que alguien la había puesto allí.

19. Escuché a mi madre gritar desde la cocina en mitad de la noche. Salí corriendo al pasillo para ver que pasaba, cuando alguien me tiró de la manga; era ella llevándome a su cuarto y diciendo “Yo también he escuchado eso.”

20. Nota de la enfermera: 4kg 300g, 50 centímetros de largo, 32 dientes perfectamente formados. Permanece en silencio, tan siquiera llora, pero siempre está sonriendo.

21. Cuanto más lo llevaba, mejor me quedaba. Ella tenía una piel hermosa.

22. “No puedo dormir.” Susurró metiéndose a la cama conmigo. Me desperté fría, abrazando al traje con el que fue enterrado.

23. Ser el primero en responder a un accidente de coche es siempre lo más traumático que ves siendo agente de policía. Pero hoy, cuando el cuerpo sin vida de un niño pequeño, todavía atado a su sillita, ha abierto los ojos y me ha sonreído mientras intentaba sacarlo del coche, he sabido que hoy sería mi último día de trabajo.

24. Siempre había pensado que mi gato me observaba, puesto que siempre parecía mirarme la cara. Hasta que hoy me he dado cuenta de que mira detrás de mi.

Ella es diferente y oscura, ¿esta loca?

Ella lleva anteojos puestos en vez de maquillaje. Ella lee libros en vez de revistas.
Ella es la chica que tu no notas, la que ignoras, la que no te importa. Quizás porque crees que debe ser poco interesante y aburrida. Pero, lo que no sabes, es todo lo que se esconde en su cabeza. No tienes idea de los pensamientos que se ocultan en su mente, la cantidad de distintas voces que habitan en ella y de las cosa cínica que le dicen. Nunca conoceras su mundo real, ese que se encuentra entre las cuatro paredes de su habitación, donde se quita la máscara para dejar de actuar de niña inocente y se convierte en quien realmente es, una niña suicida y oscura. Y no es suicida porque se quiera morir, sino, que es oscura porque le gusta pensar en formas de matarse.
Puedes llamarla rara puedes llamarla loca pero ni la soledad ni las pastillas la aran cambiar, porque no hay nada que cambiar, nada que esté mal. Lo único que hay es una mente diferente que pocos comprenden.
Ella mira la vida como si fuese una carretera que nos lleva directo hacia el infierno. Ella ve cada día más como un día menos. Ella prefiere ver correr su sangre en vez de hacerse adicta a pastillas de colores. Ella prefiere encerrarse en su música y libros en vez de hablar con gente que no tiene nada que decir ni nada que contar. Ella convierte sus promesas rotas y falsas ilusiones en humo. Ella convierte sus lágrimas en palabras y sus insomnio en escritos. No aspira a la superficialidad ya que a ella le gustan los sentimientos más profundos, como esos de los que está hecha nuestra alma. No aspira a la perfección ya que a ella le gusta como cada parte de su mente es única.

Quizás la veas sola pero eso no significa que ella se sienta sola. Tiene sus monstruos escondidos en su armario y demonios debajo de su cama, ellos jamás la abandonarán. También tiene un diario que la espera todas las noches y un estante que le cuenta miles de historias que, con sus palabra, encuentra todas las respuestas que necesita. Ella se siente segura porque todo eso funciona como escudo para cualquiera que quiera hacerle algún daño de esos que marcan tu alma o de lo que rompen tu corazón.

A ella le gusta estar sola, le gusta ser diferente y le encanta ese fuego en sus ojos que le permite ver todo con mayor locura porque, sólo así, se ve la razón por lo que vale la pena aguantar toda la mierda cotidiana para vivir.
Ella dice “Sin locura, sin magia, sin lastimarse, sin misterio, sin originalidad ¿para que vivir?”

“Esto no es una carta de amor, hijo de puta; por mucho que te quiera…
Tampoco es para pedirte perdón, -ni para recriminarte nada-. Y no te alegres, trampoco es una despedida.


Joder, ni siquiera es una carta…”


He metido en un sobre todos mis gritos y les he dicho que se van a ir a vivir una temporada con tus miedos. Hazle sitio a mis palabras debajo de la cama para cuando pasen a llamarse monstruos.

Terminarnos
es tan peligroso
-y difícil- 
como despertar a un sonámbulo 
que cree que puede volar
y sale a la calle a buscar un puente
que le recuerde a todas las cosas 
que nunca pudieron ser
para que sean.
O le despiertas y muere,
o se tira y vuela
solo dentro de su sueño
-al fin y al cabo, 
los sonámbulos
son los únicos dispuestos
a morir por sus sueños-.

Cómo explicártelo:
solo supimos volar 
porque una sostenía a la otra.

Pero ahora nos hemos soltado la mano
porque nos quedamos sin dedos
para contar las heridas que nos estábamos causando, 
y aún no sé qué pesa más:
el cansancio de una mano vacía
o el apoyo de una palma que no puede tocarte 
-en ese hueco que separaba nuestras bocas
y que era lo único que nos unía,
lo único que nos huía, 
dejé escritos cien poemas, 
es decir, 
cien formas de morir-.

Te confesaré algo:
todas las veces que nos gritamos
al oído y sin cuidado
que tú y yo nunca tendríamos final
no existen. 

Existes tú
en la medida que existe mi dolor
y mi poesía
y estas ganas de ser lo que no soy. 

Existo yo
en la medida que existe tu tristeza
y tus monstruos
y esas ganas de beberte tus heridas.

Pero, 
mi amor, 
tú y yo juntas
solo somos ganas, 
intentos en vano,
pusilanimidad disfrazada de una noche valiente, 
un vicio insano a rechazar la felicidad,
dos cobardes muertas de miedo
que en una paradoja vomitiva
se esconden debajo de la cama 
para alimentar a sus monstruos,
el retrato de una rutina atragantada
en un conformismo infiel y barato, 
una verdad que pierde la vez
cuando abrimos la boca
para mentirnos y poder seguir esperándonos
como se esperan los que se engañan: 
con palabras.

Sí, 
mi amor,
lo sé, 
sé que nos miramos a los ojos una vez, 
y fue ahí cuando nos vimos, 
cuando fuimos, 
cuando nos volvimos verdad por un instante
que, aunque pequeño, 
arrasó con todas las mentiras por ser el único.

Pero dime de qué vale una vez
si lo que tú y yo queríamos eran cientos
y no fuimos capaces
ni de sumar tus dedos a los míos, 
ni de mirarnos rozándonos la nariz,
ni de cruzar la ciudad de noche por un beso
-sigo pensando
que menos mal que no nos conocimos, 
hubiéramos roto al mundo de amor, 
estoy segura, 
y este planeta no está hecho para morir así-.

Hemos tenido que borrarnos
para descubrir que, 
al final, 
como las grandes historias, 
solo fuimos palabras.

Será esta necesidad
tan tuya y tan mía
de llenar cada espacio de literatura
para vivir atrapadas 
en amores que no pueden ser escritos.

Tendrá que ser así, 
mi amor:
tú desapareciendo de los poemas
y yo desapareciendo de las canciones.
—  Elvira Sastre
Neurosis del domingo.

Para algunos, el domingo sabe a paz, a libertad, a descanso, a no cumplir horarios, a estar consigo mismo, a llenarse de ellos mismos.

Pero para otras personas, el domingo es más caos que tranquilidad. Es más guerra interna que paz. Más esclavitud que liberación. Más agotamiento que descanso. Más soledad que encuentro consigo mismo. Más que llenarse de ellos, se sienten vacíos. El temido vacío existencial.

Prefieren estar muy ocupados, en la rutina del día a día, con el estrés que impide pensar.

A esto se le llama Neurosis del domingo.

Si la sientes, vívela. Te quiere mostrar algo, enseñarte algo de ti que desconoces. No salgas corriendo a buscar compañía, no tomes pastillas para dormir, no te pongas los audífonos con el volumen más alto para evitar escucharte.

Si lo haces, nunca terminarás de conocerte. Sé que es terrorífico cuando aparecen tus propios fantasmas, cuando salen de debajo de la cama tus propios monstruos, cuando se sientan en tu hombro tus demonios. Pero son tuyos. Dales la mano. Te quieren presentar tus miedos, tus carencias, tus preguntas sin responder, tus conflictos sin resolver, tus insatisfacciones.

¿Cómo piensas crecer si sigues actuando como un niño que se esconde debajo de las sábanas, le grita a su mamá que lo acompañe a dormir y le teme a la oscuridad?

Somos luz y oscuridad. No prendas los focos cuando camines por tus propios pasillos. Solo te estás engañando a ti mismo.

- Psicotinta.

Estaba acostando a mi hijo una noche cualquiera cuando me dice "Papi fíjate si no hay monstruos abajo de la cama". Me fije para complacerlo y veo debajo de la cama a otro como el, mirándome aterrado y me dice "Papi, hay alguien en mi cama".

Ay.