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Ser madre en Guatemala

Resulto siendo madre a los 14 años en un pueblo lejano sin acceso a educación, derechos sexuales y alimentación, buscando un mejor futuro y ya con 3 hijos migra a la ciudad.

Se hecha a tuto a su hijo más pequeño y como puede jala a los otros dos, ajusta para sus pasajes y se va a vender dulces con ellos todos los días al parque de la ciudad. De lo poco que le queda cuando regresa a la ladera donde vive le cobran la extorsión.
Ajustando a duras penas compra tortillas frías y calienta frijoles bajo un humo poético que huele a Hogar, ella se repite constantemente que a sus hijos no les va a faltar la comida, no como a ella.

Pasan los años y tiene que buscar otra manera de ganarse la vida, ya no le alcanza, entonces empieza a trabajar en la calle parqueando carros. Los niños crecen jugando en el asfalto y estudiando con lo que la gente les regala. Aún así el Estado le quita a uno de sus hijos, la niña mayor, para llevarla a un mejor lugar, un lugar Seguro, a un lugar que no sea la calle y lejos de su raíz.
La niña muere, los 2 más pequeños no entienden y la sociedad dice que la única que tiene la culpa es ella «por no haberse cuidado y llenarse de hijos»……
La madre hasta el día de hoy sigue llorando sin parar por su niña.

Guatemala es un país en su mayoria pobre, sin acceso a educación, alimentación, oportunidades, un país dónde los privilegios son un regalo, un país donde tener hijos es un reto.

Un país donde “ser madre” en su mayoria no es una opción pero la raíz de la vida misma puede ser el mayor motor de amor que yo he conocido.

La lengua de los invisibles

Un paso, dos pasos, labio a labio
la muerte brinda en cada compás
la vida migra de boca en boca
piel a piel: muros de fuego
gotas de saliva en el portal
gargajos en la mirada rota.

Déjame entrar
te lo suplico, déjame entrar
a la suave gruta sin promesas
a la dulce vocal del olvido
al silencio de los tiempos
al fin de los invisibles
déjame entrar.