microverso

Recuerdos del microverso X

Voy a darte la señal del rojo,
la vuelta al olvido
que el atardecer regala…
Como arte sagrado tus labios
tiñen de belleza los despojos.
Como reliquias del ayer,
como dioses olvidados,
como amores desterrados…
Aún en mis penumbras más oscuras
tu luz sigue siendo sol,
luz de un pasado que iluminó
las sendas del que soy.
Hoy voy a regalarte un beso al aire
con sello postal en el viento…

-Ruvb.

El Microverso

En un lugar pequeño y singular, rodeado por planicies del tamaño de un jardín, cruzan ríos del ancho de un pulgar que caen en cascadas hacia un lago igual al bache más inofensivo de un camino transitado. El sol calienta como bombillo incandescente y las estrellas por la noche parecen más pecas luminosas que luciérnagas danzantes y en celo. Así también el cielo, semejante a un mantel, manchado por betún de pastel. Tan abajo esta que siente cosquillas cuando pinos del tamaño de bonsáis se mueven con el viento y en invierno las montañas semejan hormigueros blanquecidos por nevadas. Las heladas congeladas difieren del  calor dejado por tormentas de rocío en el verano cada año, y las ranas se oyen como grillos silenciados por el tiempo y la falta de palabras.

Aquí termina el verso, pues el microverso no es de caramelo, y esto es azaroso.

Las personitas que están por debajo del centímetro trabajan en las minas, donde utilizan hormigas como esclavas para extraer granos de sal, que las castas superiores ostentan como joyas en fiestas  donde el noble rey subasta los presentes de su cumpleaños que no caben en su castillo de arena. Los ricos compran enormes espejos refractores, para verse 100 veces más grandes y así sentirse comparables a su ego, mientras que los campesinos cosechan granos de mostaza que venden en el mercado de pulgas para alimentar a sus familias, fruto de la promesa cumplida en la primavera su juventud, de viajar 50 metros en busca de rosas de montaña y una mariquita que regalarían a sus prometidas el día de su boda.
Así es el  microverso, es diminuto, pero hay cosas que simplemente no caben en esta hoja de papel.

La Casta De Los Asesinos #03

Me siento de nuevo en esta esquina, en este foco de sombras en el que se convirtió el barrio, en este microverso tan deprimido como esta ciudad y la distancia que la separa del fin del universo y pienso. Me pierdo, me exploro:

A mi me pone un poquito mal que cualquier mina que me cruce en la calle a medianoche me mire con miedo a que la mate/viole. Porque no sabes, o al menos, yo no se como piensan los tipos. Nunca salí “De levante” o me metí en un boliche para ver con quien culeaba antes de que salga el sol, así que no estoy muy seguro de estar en la cabeza de mis compañeros de genero. Quien sabe, a la gran mayoría de ellos les puede gustar la idea de que las minas en lugar de pensar “Uh, como me gustaría acostarme con este tipo” piensen “Ojalá que no me asesine” Yo voy mas por que acostémonos un rato y después quizás no nos veamos mas, pero por un ratito nos olvidamos de el universo es infinito pero nosotros no vivimos mas de 100 años. Pero capaz que son cosas mías, no estoy muy seguro.

No me mires con miedo. No bajes la cabeza y le des manija a las palpitaciones porque te juro que no te voy a hacer nada. Ni siquiera te voy a mirar el culo, porque es lo que menos me gusta de la mina. Me gustan los cuellos, las narices largas y las caras huesudas, si, bueno, no son los gustos mas comunes, pero no tengo intenciones de matarte, violarte, incinerarte, desmembrarte, desaparecerte o meterte en una trata de blancas. Yo voy a pasar por al lado tuyo en una calle oscura y no te va a pasar nada, porque no todos los hombres somos monstruos.

Pero tal vez la gran mayoría si lo sea. Así que en ese caso, no voy a quejarme de que lo hagas. Mirame con desconfianza, anda con cuidado, comprate un gas pimienta. Comprate un arma si queres. Te pido que no me tires hasta que no me convierta en esa clase de hombre, pero no renuncies a tu derecho de defender tu vida por mi sensibilidad herida de hombre que nunca le hizo nada a una mujer. Quizás, algún día, con mucha esperanza (Te juro que soy una persona que alberga esperanza infinita en casi todo) no vas a sentir miedo de mi. O los dos vamos a sentir el mismo miedo, en este mundo retorcido, es probable que compartir el terror sea algo bueno.

Igual estoy divagando, otra vez, en la misma esquina, en este barrio sin luz, sin arboles, lleno de cemento, con este río muerto que se convirtió en un charco deprimido, tan deprimido como esta ciudad y la distancia que la separa del fin del universo.

Recuerdos del microverso V

Atado a las flores
que en tu voz nacen,
siendo el reflejo más buscado
en las cataratas de mis sueños.
Te busco en el vacío
porque de la nada la luz nace
y el eco sombrío no nos enflaquece.
Te encuentro en la abadía
de lo más oculto que siento
porque del fénix que clama tu fuego
serán las cenizas nuestro encuentro.

-Ruvb.