mi-nombre

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Quizás nunca te alcances a enterar que sí te quería y más lo que yo misma podía.
Hubiese escapado contigo si aquella tarde en la que nuestras manos estuvieron muy juntas tu mirada hubiese suplicado un quédate.
Quizás me esquives, quizás el rencor… o el silencio te mantienen al margen, ciego de todo, alejándome de alguna coincidencia que nos vuelva a juntar, pero quisiera que por casualidad
algo te dijera mi nombre y entonces te enojaras contigo
por haberme dedicado un suspiro.
Quizás nunca te enteres que no te he podido olvidar,
que si me dices ahora te quiero,
abandono mis pasos y me lanzo a tus brazos.
Si te hubieses enterado de antes que todas las poesías que coleccioné eran para ti,
quizás hoy fueses tan efímero,
ni yo tan eterna.
Quizás nunca alcances a leer estas líneas, y por fortuna o desgracia mía seguirán vigentes,
aunque nuncas las llegues a encontrar.


M. Sierra Villanueva

Carta a mi cuerpo.

”Querido cuerpo,
Hace tiempo que no hablamos y te echo de menos. Qué sensación más extraña me produce volver a entablar conversación contigo, como si fueras un viejo amigo al que hace tiempo que no visito. Como si añorase tu contacto y quisiese verte precipitadamente a través de estas líneas.
La vida pasa tan deprisa que me falta tiempo para estar contigo conscientemente. Sé que estas ahí, que te debo cada movimiento y cada pensamiento y, aun así, a veces te siento distante, como si mi mente funcionara sola, como si no hubiera un cuerpo físico dándole soporte.
No te culpo a ti por ello, pero sí, porque somos uno. Soy yo, y por tanto tú, la responsable de hacer oídos sordos cuando gritas agitadamente mi nombre. Somos nosotras las que hasta que no llegamos al límite no paramos para volver a mirarnos mutuamente.
Pero no creas que no te escucho, que esos gritos no llegan a mis oídos, porque no es verdad.Te oigo y te siento pero a veces te ignoro. No me culpes por ello, sé que muchas veces has hecho lo mismo conmigo. Ambas conocemos la frustración de hablar sin ser atendidas.
Tus mensajes, que van de lo sutil a lo grotesco, captan mi atención cuando yo quiero que sean atendidos. Aunque tú me marques el ritmo seré yo quien tenga la última palabra para decidir el momento y lugar adecuados para que estemos juntas.
Sé que eso te angustia. Sé que quieres más y, aunque trate de engañarme diciendo lo contrario, yo también lo quiero. Ansío el momento de estar a solas contigo pero, en esta relación, una de las dos tiene que marcar los límites.
No desesperes, aunque a veces seamos difíciles de entender no somos nada la una sin la otra y sólo juntas podemos llegar a la cima. No me abandones en el camino pues sin mí, te quedas vacía y, sin ti, me quedo inerte. Es difícil darte cita, la agenda está apretada pero tú, de paciencia infinita, esperas a mi lado a que la manilla del reloj deje, entre su tic y tac, un espacio para que tu voz resuene.
Aunque resulte complicado el momento acaba llegando. Lo buscamos, como quien busca el alfiler en un pajar y tras un arduo trabajo lo acaba encontrado. Disfrutando del momento, sabiendo que ha llegado la hora de que el alfiler vuelva a su lugar, allí a donde pertenece, y no se pierda entre un montón de paja.
Y cuando llega el momento, y por fin estamos a solas, es cuando empezamos a ser nosotras mismas. Te quitas la ropa y quedas al descubierto mientras yo me quito los pensamientos que cubren mi cabeza hora tras hora. Solo estamos tú y yo. Al desnudo y sin pantallas que interrumpan la comunicación. Si me hablas te contesto. Si me miras, te miro. Por fin te siento en todo tu esplendor.
Desde el suave tacto de tu nuca hasta las cosquillas en la pantorrilla que perturban un mar en calma. No hay parte de ti que ahora quiera perderme y hasta el más insignificante rincón me parece digno de ser explorado, como si fuera la primera vez.
Como la erupción es al volcán tu eres a mi vida. Primero en calma, que todo parezca tranquilo. Tenemos tiempo para parar en cada valle que encontremos y disfrutar juntas de lo que nuestros sentidos nos ofrecen.
Los ruidos y el ascenso de temperatura nos indicarán que hay actividad, que el volcán está vivo y que la calma aparente era solo un espejismo. El calor y el movimiento de la tierra cada vez más apremiante nos avisan de la inminente llegada de la explosión que convertirá la roca en lava.
Porque cuando hablamos, nos entendemos y, cuando esto ocurre, el resultado es casi mágico. Como la imagen de un cuerpo y una mente en plenitud, como la escena de un volcán en erupción. Y es que cuando estamos juntas somos grandes y podemos conseguir lo que cada una por separado no era capaz de lograr.
Querido cuerpo, no te puedo prometer que te escribiré más a menudo, ni si quiera que dejaré de ignorarte. Seguiremos perdiéndonos en el quiero y no puedo, en el puedo pero hoy no me apetece.
Pero llegará el momento en el que volvamos a mirarnos y escucharnos. Quizás, después de estas palabras, suceda más pronto que tarde y que, sin darnos cuenta, volvamos a estar unidas de nuevo bajo una misma consciencia.
No hace falta que me agradezcas estas líneas, el placer ha sido mío.”