mi violeta

Las Cosas de Él y de Ella

La verdad es que estoy haciendo un fanfic de dos perspectivas de Castiel y Sucrette, desde que se conocieron hasta que empezaron a salir, y como es su relación claro. Tiene muchas similitudes con corazón de melón ya que me guio por los capítulos, también me invento escenas de lo que pasaría si la Sucrette tuviese el carácter de la mía.

Aquí os dejo un capítulo mucho después del episodio 35, mucho, mucho, mucho después. Con uno de mis personajes favoritos.

Si os gusta voy a subir más. Dejad notes, comentarios, reblogs, lo que queréis.


LAS COSAS DE ÉL Y DE ELLA.

Thomas

Castiel

Vale, no me esperaba que mi rival, esta vez, fuese un mocoso.

Puede que, al principio, el creciente interés que había tomado el pelirrojo, le hubiese causado bastante risa, sobre todo porque no tenía ninguna oportunidad con su chica pero a medida que la tarde había avanzado esto había tomado un rumbo desagradable para él.

-       Veo que Thomas ha tomado mucha confianza con Sucrette, ¿no crees?

Me negué a contestar al comentario de Iris, quien, sin duda, a pesar de estar al tanto de nuestros sentimientos y relación, parecía ni siquiera inmutarse de cuanto me molestaba que el crío estuviese teniendo una cita, en mi lugar, con mi novia. Y aunque soy consciente de que es estúpido, me molesta.

A lo lejos pude ver como Thomas le decía algo, que no logre entender desde tal distancia, y como ella acababa riendo e inclinándose para frotar su cabello y guiñarle un ojo. Gesto que me enfureció cuando vi que él le ponía ojitos y se acercaba más a ella. Esa idiota ni siquiera era consciente de que despertaba sentimientos hasta en los críos.

Era un estúpido mocoso, un mocoso muy estúpido y avispado que no tenía ni una oportunidad pero hacia demasiado que no tenía un tiempo a solas con ella y quería comérmela y tenerla solo para mí, cosa que no había sido posible. Ese mocoso increíblemente inteligente la había aislado. A mi novia. De mí. Desde que nos los encontramos en la tienda de música.

-       ¿Castiel?

-       ¿Qué?- gruñí mirando a los ojos azules verdosos de Iris.

-       Sucrette y Thomas nos están llamando.

Mis ojos fueron a los violetas de mi novia, que sonrió dulcemente hacia mí.

Eso hizo que la tensión se fuese un poco, quizás estaba siendo ridículo, probablemente solo hubiese sido una tontería puntual y una enorme estupidez, ella se acercó sonriendo y Thomas la siguió de cerca. Se veía tan bonita en aquellos vaqueros que no pude dejar de observarla atentamente. Desde luego que el mocoso no tenía probabilidades con ella y esto era ridículo.

-       Hemos pensado que estaría bien sentarnos en un café, ¿qué os parece?- su voz resuena en mis oídos.

-       ¡Sería genial!- saltó Iris en mi lugar.

-       Genial, entonces vamos- Thomas comando el grupo y tiro del brazo de Sucrette lejos de mí.

Ella ni siquiera se giró a verme tras ser tomada del brazo por el crío.

Decidí tratar de no darle importancia y continuamos nuestro camino a la cafetería más cercana. Nos instalamos en una mesa alejada y en la terraza interior, donde podíamos disfrutar del día.

El camarero nos atendió y cuando estaba pidiendo… sentí su rodilla chocar contra la mía, termine de pedir y desvíe mi vista hacia ella, su mirada estaba llena de complicidad y enseguida rodee su pierna con las mías. Sonrió y Thomas nos observó fijamente.

-       ¿Sucrette?-

-       Dime, Thomas- ella dejó de mirarme. -¿Qué sucede?

-       Me estaba preguntando si vendrías el próximo día conmigo, entonces, a mis clases de guitarra-

Ella sonrió enternecida y no tarde en fruncir el ceño.

Jamás me había enterado de que a ella le interesaba aprender a tocar la guitarra, es más, yo podría enseñarle mejor que el crío y el profesor juntos. Debió decírmelo en vez de hablarlo con el crío. Y eso que ella siempre se interesaba por nuestro grupo, y de vez en cuando, nos veía ensayar con una pequeña sonrisa en los labios. Incluso había tocado para ella en dos ocasiones cuando nos quedamos a solas en el sótano y nunca lo mencionó. ¿Estaba acaso intentando provocarme?

-       No sé, depende de qué día sea, pero… ¿estás seguro de que no voy a molestar a tu profesor? ¿Y entorpecerte a ti? Nunca he tocado otro instrumento que no sea el piano, el violín o la flauta.

Eso tampoco lo sabía.

Mi rostro se volvió un poco sombrío y apreté su pierna entre las mías para que me mirase y viese mi cara de, tú vas a tener que contarme demasiado. Ella hizo lo que predije, me miró con cara de “¿sucede algo?” y al verme asintió girándose hacia Thomas de nuevo para escuchar su respuesta. Era una niña demasiado buena.

-       Nunca molestarías mi práctica, me encantaría ayudarte. Y a mi profesor… dudo que le importe tener una chica tan bonita como tú en mis clases-

Mi ceño se frunció aún más de lo que pensaba que se frunciría. Él era bueno, muy bueno. Sucrette se ruborizo y él sonrió mostrando sus dientes lo más feliz posible por el halago. Quería estrangular a ese crío. Rápido y fuerte.

-       Oh, Thomas, eres muy amable.

-       Sí, amabilísimo- dije con sarcasmo.

La tensión  se sentía en el aire, hasta que el camarero irrumpió, dejando las bebidas que habíamos pedido delante de cada uno de nosotros. Sucrette continuó hablando con la pareja de hermanos y Thomas, el muy inteligente, se dedicó a moverse hacia ella.

Cada vez que abría la boca descubría cosas que Sucrette jamás me había dicho, como por ejemplo, le gustaba un montón la astronomía. Hablaron de varias constelaciones e incluso contaron varias anécdotas sobre las estrellas como la leyenda de no sé qué de Vega y no sé qué más.

-       He oído que Orion se marca más en esta época del año. Me encantaría verla-

-       Yo puedo enseñártela.

-       Es cierto, tienes un telescopio en tu habitación ahora que lo recuerdo.

Thomas sonrió y mi novia, completamente feliz, casi saltó, de la emoción, de su asiento, ambos se miraron como comprendiéndose al instante y mi rabia creció en proporciones enormes.

-       ¿Y sabes lo del festival estelar?

-       ¿¡Hay un festival estelar!?

-       Sí, la semana que viene, el domingo, quería convencer a mi madre para que me dejase ir, si quieres podemos ir juntos.

Sucrette brilló aún más que de costumbre.

Sus facciones mostraban felicidad, añoranza y esos hoyuelos que rara vez aparecían, maldije todavía más, si era posible, al darme cuenta de que un niño estaba despertando algo que solo yo despertaba en mi chica. Estaba irritado.

Me levante de mi asiento, tras un enorme trago a mi café y dejar la taza vacía y todos me observaron.

-       Voy a fuera,  necesito irme a fuera.

•∞•

Sucrette

Camine lentamente hacia fuera, con una pequeña sonrisa en mi rostro. Creo que estaba sintiendo celos de un niño, bueno, no creo, estaba completamente segura, fruncía el ceño cada cinco segundos y fulminaba a Thomas cada minuto.

-       ¿Castiel?-

Dio una calada a su cigarro y me miró molesto.

Su ceño estaba ampliamente fruncido y yo termine colgándome en su hombro con mis manos, besé su mejilla y mordí suavemente el lugar donde lo había besado inclinándome más cerca de él.

-       Castiel…- volví a llamar.

No tardo ni cinco segundos en mirarme y yo aproveche para cerrar mis ojos e inclinar mi cabeza hacia arriba, me besó y no podía notar más que el sabor del tabaco en su boca. Sonreí cuando se separó un poco y acaricie su mejilla.

-       Sabes a tabaco…- murmuré con una sonrisita en los labios.

Castiel no dijo gran cosa, de hecho nada, solo permaneció quieto mientras seguía fumando de su cigarrillo, en silencio y con su mano, ahora, rodeando mi cintura y continuó fumando. Hice un cariñito reiterado para que al menos dijese algo o que se excusase por largarse del local, aunque no era estúpida y conocía a la perfección a mi novio.

-       ¡Mi celoso pelirrojo no va a hablarme!

-       Nunca me dijiste que te gustaban las estrellas- replicó.

-       Hm, tampoco es para tanto- me encogí de hombros. -Me gustan porque son bonitas.

Suspiró hondo y terminó por acabar su cigarro y pisotearlo. Se separó un poco de mí y estuvo a punto de entrar, tras dar unos cuantos pasos, se giró al ver que yo ya no me movía. Me miró con una ceja alzada y un poco irritada.

-       Vamos adentro, ¿no?-

-       Ya he pagado, vamos a nuestra cita.

-       ¿Y el mocoso pelirrojo?

Yo sonreí suavemente y tome su mano arrastrándolo conmigo, con suavidad. De verdad que era idiota, pero era mi idiota, esta vez, yo gano.

Era un día como otros, salí de la escuela y emprendí camino a mi casa, mi mejor amiga me sugirió irnos en el transporte público pero como siempre le dije que quería disfrutar la naturaleza e irme caminando, la verdad es que siempre me engañaba a mí misma, no quería disfrutar de la naturaleza ni escuchar como los pajaritos cantaban, solo quería verlo a él, ser visible para él aunque fueran unos segundos de su vida, me robaba los suspiros y era dueño de mis sueños, iba tres cursos sobre mi y sabía todo acerca de él, pero claro, él ni siquiera sabía que yo existía, jajaja que tonta al pensar que algún día podría fijarse en una chica como yo… Estaba caminando por la calle cuando escucho unos truenos espantosos, lo busque con la mirada pero para mi mala suerte había desaparecido, las gotas me empaparon en segundos asique me di por vencida y decidí irme a una cafetería muy acogedora que había en la calle, cuando entre robe pequeñas miradas de los presentes, me senté en la mesa más alejada y empecé a juguetear con el celular, le dije a mi madre que llegaría un poco más tarde para que no me esperara a cenar, deje el celular sobre la mesa y llego una chica muy dulce de gigantes ojos azules, llevaba en sus manos un cappuccino de vainilla, ¡Wow, mi favorito! Con unas galletitas de mantequilla, la mire confundida y le dije -Disculpa, yo no pedí esto, creo que te has equivocado – a lo que ella me respondió muy dulcemente -Lo sé querida, creo que robaste un par de miradas al entrar acá, te lo manda ese chico de capucha negra – Me insinuó con sus cejas que le gusté a aquel chico – Mi nombre es Mandy por si necesitas algo aquí estaré. -Pues gracias. Mire el cappuccino con cautela y me di cuenta que venía una pequeña nota, escrita con una hermosa letra y un papel de mi color favorito, violeta, impactada por lo hermoso leí la nota y decía “Pequeña, tu cabello mojado perfectamente caído por tu espalda, tus brillantes ojos verdes y tu enorme sonrisa me cautivaron en el segundo que te vi, ¿Te gustaría saber quién soy?, Sigue las pistas del libro y nos vemos en el mejor de tus sueños” La ternura de ese chico me conmovió hasta en el fondo de mi alma, me levante del asiento dispuesta a ir con él y preguntarle quien era, pero ya era muy tarde, el chico se iba en su moto lejos de mí, que iba a hacer ahora, el supuesto príncipe de mis sueños se había ido -Hey chica! – Escuche la voz de Mandy - ¡Se me ha olvidado entregarte este libro!- La mire con los ojos brillantes y con euforia le di las gracias, abrí el hermoso libro y me encontré con una maravillosa sorpresa… El libro tenía escrito en todas sus páginas distintas pistas para encontrar a aquel chico, el primer lugar al que el libro me guio fue al puente de las luces, era hermoso no podía creer lo que mis ojos veían, camine hasta al final del puente y me encontré con una caja de chocolates, la abrí y decía “Unos buenos chocolates se acompañan de un buen café” fui a la cafetería de la calle del frente y me esperaban grandes globos de heleo que decían “Hermosa” en colores brillantes, me los lleve y cuando volví, vi el puente… Había una mesa para dos personas, estaba siendo bienvenida a sentarme con aquel desconocido, aquel desconocido que podía hacerme olvidar al chico de mis suspiros, estaba tan emocionada que no creía nada, pensaba que era un sueño de aquellos, me senté en la silla y me taparon los ojos, ese maravilloso aroma me invadió y supe que era un sueño, trate de despertar pero no podía, ¿Esta era la realidad? No, no podía serlo, empezó a sonar mi canción favorita y ahí fue cuando me saque la venda de mis ojos, lo que mis ojos veían no podía ser cierto, ¡Claro que era un sueño! El no podía estar compartiendo esa mesa conmigo en mi puente favorito escuchando mi canción favorita, ¡Él! Ladrón de mis suspiros y dueño de mis sueños, el chico tres cursos sobre mí, estaba ahí conmigo, las palabras no salían de mi boca y al darse cuenta el dijo -Tu sonrisa me cautivaba cada vez que te pillaba mirándome, tu pelo mojado después de las clases de educación física, tus hermosos ojos brillantes al verlos cada mañana en la academia que creías que no estaba yo, perdón por la tardanza, quería que la petición de que fueras mi novia fuera la más hermosa y perfecta que jamás haya existido.

No podía dejar de compartirlo

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¿Podrían ayudarme?🙏🙏🙏, quiero poner unas imágenes en mi cuarto, por eso quisiera que me manden una colaboración/Submit con la imagen o el link por un ask o manden al chat.
Las paredes de mi cuarto son violetas azuladas y busco cosas muy femeninas o artísticas, mi color favorito es el rosado pastel y tengo varias cosas así pero no importa el color, me gustan mucho las ilustraciones y las frases, quiero frases, no me molesta en ingles pero las prefiero mucho más en español, también me gustan las plantas, paisajes, naturaleza y demasiado el cielo, amo con locura los bulldogs inglés así que si tienen alguna imagen o ilustración súper original de un bulldog, me la envían porfa, soy una loca por Japón y también me gusta el anime y manga y al estilo kawaii también, eso es todo, espero puedan ayudarme. Las imágenes son un ejemplo de lo que mas o menos busco pero si tienen algo que les parece muy lindo y sea distinto a esto pero siga siendo lindo como para decorar envienlo💕 Muchas gracias💕

Para mi tristeza, violeta azul.
Clavelina roja pa’ mi pasión.
Y para saber si me corresponde,
deshojo un blanco manzanillón.
Si me quiere mucho, poquito o nada,
tranquilo queda mi corazón.
—  Violeta Parra / Jardinera
Para mi caballero de la triste figura.

No tropezamos, ni nos conocimos en un café, ni en un bar de por ahí. Simplemente el destino, aquellas amistades y esa cajetilla de cigarros.

Escribías para mi, y viceversa. No podría yo estar mas agradecida que un caballero como usted, tan maravilloso como lo que escribe haya llegado a mi vida de forma tan pasajera, y se quede eternamente.

No  podría describirlo con una sola palabra, ni una sílaba. Solo diré Alejandro, porque así es usted. Un rey de reyes como Magno
Pero no soberbio, no frívolo
Solo un poeta que aun no ha muerto. Que me cubre siempre con un manto de estrellas.
Para que no me sienta sola y en oscuridad.
Porque tu eres luz.

Eres para mi como un atardecer violeta en melancolía.
Mi Alejandro,
Has sido tan dañado
Y aun así cubres mis heridas con la ultima venda que te queda, me abrazas con tus alas rotas..
No podría relatarte con una sola palabra porque eres mi vida y la vida es larga con mil destellos, rayos, cielos e infiernos. Y eso no conlleva una sola palabra.

Amado mío como podéis estar tan lejos de vuestra querida

Siempre suya

La damisela.

Para Alejandro Román.

Beatriz R.G.

No soy suave
No soy tierna

No soy fuego
Soy agua
que ahoga

Soy mala
No creo que
logres conocerme

la única persona que lo hizo
se marcho

No soy linda
No soy color rosa
Soy más bien negro
azul marino
violeta


Mi cuerpo no pide caricias
no está hecho de ellas

Mi cuerpo pide mordidas
miles de besos de ir a cada pezón
Mi cuerpo pide saliva
lamer cada rincón

No soy débil
Soy fuerte
Tan fuerte que duelo
No tengo sabor dulce
soy salada, amarga, ácida

No, no soy lo que crees.

Hay días en los que despierto y eres lo primero que pienso. Otros días en los que me levanto de la cama con la ilusión de verte en la cocina preparando el desayuno. Hay días en los que solamente miro al reloj porque quiero llegar a casa, esos días sigo pensando que vivimos juntos, que me estarás esperando y que al llegar me recibirás con un beso en los labios. Hay días en los que practico las canciones que solíamos cantar juntos porque siento que esas noches vendrás a casa y podremos cantar como lo hacíamos. Hay días en los que lloro antes de dormir porque me doy cuenta de que no estarás al amanecer. Esas noches son las peores, me la paso pensando en ti durante horas, eres la razón de mi insomnio, cierro los ojos y te veo y pienso en todo lo que pudimos ser. Hay días en los que mi cuerpo grita tu nombre, que vengas y que me quieras. Hay otros días en los que paso el tiempo dibujando tu rostro basándome en mis recuerdos.

No sabes cuánto quisiera volver a verte. Volver a besarte. Que vinieras y me dijeras que todo fue una simple prueba. Continuar esta historia justo donde la dejamos pendiente. De verdad espero que éste no sea nuestro final.

Antes de que sigas corriendo por favor piensa en todo lo que fuimos, somos y podemos ser. Recuerda los buenos momentos. Piensa en mí. Solamente haz eso. Espero que de esa manera encuentres razones suficientes como para dejar de correr y regresar. Yo te voy a esperar. De hecho te estoy esperando con un ramo de flores. Margaritas, rosas y violetas. Conoces mis flores favoritas, conoces todo de mí. Frente a ti no oculto nada, soy transparente. Soy tan honesto como puedo ser. Te muestro quien en verdad soy porque contigo no tengo miedo de nada.

Espero que algún día volvamos a vernos.

Estoy tratando de imaginar tus ojos volviendo a casa.

Estoy tratando de imaginar a tus ojos volviendo a casa. Aquí en Zamora España todo es luz y sin ti el estudio está vacío, sombrio. Sólo me queda darle mi compañía y escribir sobre la soledad y melancolía que me causa tu partida. Estoy tratando de imaginar a tus ojos volviendo a casa. Quiero que llenes de luz los manuscritos que no has acabado. Quiero tu compañía a las 4 a.m. Que me abrazos y me beses, que me digas que me quieres.

Aquellas noches en que acariciaste mi espalda y forme parte de tus clavículas, cuando se unieron nuestras caras, cuando nosotros nos volvimos una pintura abstracta. Huimos de ese lugar pero nunca de casa, tu eras aquel hogar de grandes ventanas. Eras símbolo de libertad y opresión al mismo tiempo, lo que representan aquellas donde se reflejan las luminarias. La tristeza nos atrapaba ¡pero éramos libres de imaginar que un día acabará!
Y esta noche amor mío, emprenderé la huida desde el balcón. Iré hacia ti, el papel de tus cartas se ha hecho polvo, me has dejado de escribir. Iré hacia ti para reír y llorar al mismo tiempo. Tomar té en la tina y robarte las caricias que pintaste en acuarelas para mi. Estos escritorios y este balcón son testigos de nuestra historia de amor, de los lienzos y las hojas donde nosotros nos sumergimos como pintura, como tinta negra, la vida es de mil colores, y tu eres mi cielo solferino, mi cielo color violeta.

Beatriz A. R.G
La-chica-sin-sombra
M.R.