mi obra de arte

El aroma a lluvia mezclado con tu perfume, tu rostro enpapado con frías gotas, tus carnosos labios rosados, tus curvas mas acentuadas por la ropa mojada, tu cabello negro desordenado, tus ojos color miel y de largas pestañas, tu piel húmeda por el diluvio. ¿Sabes? Tu eres mi obra de arte preferida.
Conversaciones conmigo mismo

- ¿QUÉ ES “ARTE”?

Existen diversos tipos de lenguaje: está el leng…

- ¡Espera, espera, espera!

- ¿Qué pasa, por qué me interrumpes?

- Estamos hablando sobre “arte”, no sobre lenguaje, no te confundas.

- Ya lo sé, pero quiero hacer una introducción si tú me dejas.

- Vale, pero no te vayas por las ramas, que nos conocemos.

- Fíjate, ahora mismo por tu culpa ya me estoy yendo por las ramas.

- Tienes razón. Continúa.

- No puedo continuar, ni siquiera he empezado algo para poder continuarlo.

- Pues empieza.

- Vale.

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No me gusta maquillarme para ir a la universidad, por muchos motivos, uno de ellos y el más importante es porque me da pereza y me quitaría valiosos minutos de sueño. Otro de los motivos es porque soy muy lenta y torpe, no tengo esa habilidad que tienen muchas personas de maquillarse en cinco minutos o de hacerlo mientras conducen o están en el transporte público y quedar perfectamente maquilladas. No, yo necesito por lo menos diez minutos para que el delineador de un solo ojo me quede medianamente aceptable, mi proceso de maquillaje es un constante ensayo error, entonces hacerlo mientras estoy de afán no es una opción, y si me maquillaba de seguro iba a restregar mis ojos con mis manos cosa que hago mucho cuando estoy cansada y eso arruinaría mi maquillaje y terminaría pareciendo un mapache triste. Otro motivo es que de verdad no encontraba ningún motivo para maquillarme. Hubo un semestre en el cual tenía dos días bastante pesados, tenía clase de  6 de la mañana hasta las 8 de la noche. Eso quiere decir que me tenía que levantar a las 4:30 de la mañana y pasar todo el día en la universidad. Yo estaba completamente segura de que en esos dos días no me veía bien, la mezcla de levantarme a las 4:30 cuando normalmente me acuesto mucho después de las 12, el tener clase tras clase sin descanso, el estrés, el que tenía mil cosas pendientes, y el que normalmente nadie se ve bien cuando está en la universidad porque siempre están o trasnochados por un trabajo, o por un examen, o por lo que sea. Yo sabía que me veía terrible, y la verdad es que no me importaba mucho porque no es como que fuera un reinado de belleza ni nada parecido. Para mi última clase, la clase de 6 a 8 de la noche yo ya parecía un zombi, eso lo sabía. Pero un día cuando ya estaba terminando mi última clase del día y estaba muy muy muy contenta de irme por fin para mi casa, el profesor me dijo que si podía hablar conmigo después de clase. Yo le dije que sí, estaba muy asustada porque pensé que era sobre mis notas, o tenía algún trabajo pendiente. Un profesor nunca te llama aparte para decirte algo bueno. Me dijo que me veía terrible. Eso me dolió, mucho. No fue que ese día estuviera como “Yeah me veo hermosa, soy la bomba y la chica más sexy de este lugar” no, y no fue como que el me estuviera bajando de una nube, yo sabía muy bien que ese día me veía mal, pero  cuando un profesor tiene la necesidad de advertirte sobre tu apariencia física, eso te golpea. Pero la charla no fue para ofenderme. Me pregunto sobre el por qué no ponía más esfuerzo es mejorar mi aspecto físico. Yo le explique toda mi situación “estoy levantada desde las 4:30, todo el día tuve clase” ese tipo de cosas. Él me dijo que entendía todo eso, pero que (nombro algunas de mis compañeras) ellas si se las arreglaban para poder verse bien. Yo le explique cómo algunas personas tienen más talento para eso que otras, y yo soy torpe y lenta para esas cosas. Me dijo que él no me iba a dar consejos de maquillaje, pero que tal vez con un poco de rubor que me hiciera ver menos pálida,  algo que ocultara mis ojeras y con algo en los labios me iba a ver y a sentir mucho mejor. Y esa fue la siguiente parte del discurso. Me hablo sobre mi autoestima, y como me tenía que amar a mí misma, cuidarme y prestarme atención. Le dije que me amaba y me cuidaba, y lo hacía aprovechando cada segundo de sueño que pudiera tener, y usando ropa cómoda con la cual me pudiera tirar en cualquier rincón para descansar en mis ratos libres. Pero él seguía asegurándome que si me maquillaba un poco me iba a sentir mucho mejor, pero yo no me sentía mal, bueno estaba muy cansada, y tenía mucha hambre pero no podía entender como un poco de maquillaje hubiera arreglado eso. Me dijo que si cuidaba un poquito más de mi iba a ser mucho más feliz, y que me si me veía bien me iba sentir orgullosa de quien era y eso me iba hacer sentir mejor. Mi profesor tenia magnificas intenciones con esa charla y nunca pretendió ofenderme, el problema era que yo antes de esa charla nunca me había sentido mal por mi aspecto físico, ese día antes de esa charla estaba consiente que no era mi mejor día, ni me hubiera tomado una selfie para presumirla, pero tampoco era algo en lo que afectara de algún modo mi autoestima o que me afectara en algo, es más, en las lista de las 50 cosas las cuales me preocupaban ese día u ocupaban algún lugar en mi mente no estaba mi aspecto físico. Pero entonces él dijo todas esas cosas y me preocupe “¿de verdad me veo tan mal?”  Si él decía que me debía sentir mal por mi aspecto físico debía ser algo horrible y entonces me sentí mal. Sonreí, le di las gracias por la sugerencia y le dije que lo iba a intentar. No lo intente, no porque quisiera demostrarle algo, o porque me sintiera muy confiada y satisfecha con mi aspecto físico o porque sus palabras no me hubieran afectado, sino porque de verdad no tenía tiempo.    

Ese mismo fin de semana salí con unos amigos. No me maquillo para ir a la universidad pero si me maquillo los fines de semana, lo hago porque tengo tiempo, y quiero hacerlo. Tengo todo un día para maquillarme y me puedo equivocar cuantas veces sea, me lavo la cara y vuelvo a empezar y no tengo que sacrificar horas de sueño para hacerlo. Además me gusta hacerlo, me gusta maquillarme, me gusta jugar con los colores y como me puedo ver completamente diferente dependiendo de los colores que elija y de la manera en la que me maquille, me gusta ver cómo cambia mi rostro, como puedo ser sexy, inocente, o un poco de ambas. Me gusta mirarme al espejo y verme como una vampiresa o como una actriz de Hollywood de los años treinta, o como Audrey Hepburn, o como  Marilyn Monroe,  como una mezcla de todas las anteriores. Ese día luego de pasar mucho tiempo maquillándome me puse un bonito vestido y me mire al espejo, estaba muy orgullosa por mi trabajo, me había convertido a mí misma en una obra de arte, mi maquillaje combinaba con mi vestido, y yo no podía sentirme mas satisfecha. Salí de mi casa sintiéndome toda una artista, me hubiera gustado poner una foto en mi pecho de mi misma hacia un par de horas, para que las personas pudieran apreciar el magnífico trabajo que había hecho y poder decirle a las personas “yo misma me convertí en esto, lo hice con mis propias manos, soy una artista” ese día me sentía de lo mejor. Comencé hablar con un chico,  amigo de unos amigos, era bastante agradable. Me dijo que yo era muy bonita, yo le agradecí el cumplido, luego me dijo “pero no deberías usar tanto maquillaje, eso lo único que hace es ocultar tu belleza natural, tal vez las mujeres feas deban usar maquillaje, pero tú no”  y con eso todo mi orgullo se derrumbó, ya no me sentía satisfecha por mi trabajo, me cuestionaba que tan mal había quedado que alguien a quien apenas conocía tenía la necesidad de decirme que hubiera sido mejor no haber hecho nada. Y el chico lo dijo como un cumplido, él quería hacerme sentir bien, pero yo me sentía terrible. Ya no era  una artista, una actriz de los años treinta, ya no era una mezcla entre Audrey Hepburn y  Marilyn Monroe, era alguien que se había pintado la cara. Le sonreí y le agradecí el cumplido.

En menos de una semana dos hombres me dieron sus opiniones (muy opuestas) sobre mi aspecto físico y me hicieron sentir terriblemente mal sobre este y ninguno considero por un segundo cual era mi opinión sobre mi aspecto. Ellos en ningún momento lo hicieron con la intención de hacerme sentir mal, en todo momento pensaron que me estaban haciendo un favor. Pero lo hicieron únicamente considerando lo ellos pensaban, en ningún momento pensaron que tal vez yo prefería tener más tiempo de sueño que maquillarme, que yo prefería sentirme cómoda en un día muy largo a verme bonita, que tal vez ese día mi aspecto no era una de mis prioridades. No pensaron que si yo le había dedicado tanto tiempo en maquillarme tal vez lo hacía porque quería hacerlo, y que si salí de mi casa así era porque estaba satisfecha con mi apariencia. No, ellos no pensaron en eso, pensaron que me estaban haciendo un gran favor en decirme como se suponía que me debía ver, y pobrecita yo que no sabía cómo me iba a sentir mejor.

No necesito que me digan que soy bonita, si alguien me hubiera dicho que me veía bien el día que mi profesor me dijo esas cosas, yo me hubiera ofendido porque eso era evidentemente una mentira. Pero tampoco necesitaba que me dijeran que me veía mal, eso yo lo sabía, y no me importaba hasta que me lo dijeron, nadie nunca necesita escuchar ese tipo de cosas. Yo no me veía mal porque no tuviera autoestima, me veía mal porque estaba cansada, tenía hambre, sueño, estaba estresada y había tenido un día muy largo. Si ese día me hubiera maquillado y hubiera quedado igual a Sofía Vergara, aún así hubiera tenido cansancio, hambre, sueño y estrés. Si mi profesor no hubiera dicho nada sobre mi aspecto hubiera sido perfecto.  Tampoco necesitaba que me dijeran que estaba bonita el día que me maquille, yo ya me sentía de maravilla. Y no necesitaba escuchar cómo me hubiera visto mejor, aun cuando era muy obvio que me gustaba la manera en la que veía, si no hubiera sido así no hubiera puesto tanto esfuerzo en mi maquillaje. Si no me hubiera dicho nada sobre mi aspecto hubiera sido perfecto. Esto no es sobre “Tienen que decirles a las mujeres que son hermosas todo el tiempo”. Esto es sobre “¡No tienen que dar su opinión sobre cómo se debería ver alguien!” Tal vez esa persona se ve de esa manera porque quiere. 

Yo quiero hacer de mi vida una obra de arte y quiero amarte como el primer día del resto de nuestra vida.

Quiero que seas a lo que llamo poesía: versearte, besarte los huesos, comerte a besos y matarte a risas.

Quiero lamerte lo que tanto te cuesta cicatrizar,
eternizar lo fugaz,
olvidar que existe un mañana
y prometerte un ahora lleno de fuegos artificiales.

Quiero lo que tú tanto odias
y quiero odiar lo que nos separe.

Prometo ser fiel enemigo de lo que te quita la sonrisa y juro buscar hasta por debajo del mar los motivos para que vuelvas a florecer, y volver a ver a esa chica que es el eje de una galaxia desconocida, que pasa desapercibida ante la poesía y no sabe volver dos veces al mismo lugar. Así que tú, no te vayas. Quédate, espero que seas feliz. Muy feliz.

No te prometo “para siempre’s” que quizás no pueda cumplir, pero te regalo un infinito en los días que dure. Tampoco “hasta nunca’s”, porque sé que si algún día no caminamos en el mismo camino ni en la misma dirección, algún día nuestras narices chocarán de nuevo.

¡Basta ya de tanto futuro, y comencemos a vivir lo que tenemos de una vez por todas! Un día podría ser el más amargo al ver que te la has pasado esquivando lo que ha llegado y se ha acomodado a tu lado.

Quiero recordarte que si tienes ganas de llorar, llora hasta que ya no tengas lágrimas;
si quieres huir y dejar todo atrás: vete, toma las llaves del coche y no mires el retrovisor;
si quieres gritar, grita hasta que la garganta te duela y tengas la boca seca.
Pero no te quedes con las ganas, porque esas ganas, con el tiempo, se van acumulando, y llega un punto en el que ya no sabes qué hacer con ellas.

Quiero darle la vuelta al mundo para abrazarte por detrás, cogerte de la mano y escapar. Llevarte a conocer mundo, ser turista de tus ruinas, porque a mí ninguna Roma va a decirme de qué alma enamorarme.

Y quiero que tú
me hagas extranjero
de este cuerpo.

Voy a hacer lo imposible para que sepas quién eres, y voy a estar ahí, justo cuando te entre pánico. Y que me aprietes fuerte la mano. Y que salgas corriendo conmigo. Porque lo que yo quiero es que corramos juntos, y que nos corramos a la vez. Recordar noches, olvidarnos de todos los agostos en los que nos hemos sentido miserables. Llevar tus meses favoritos en el bolsillo y sacártelos cuando quieras que sea verano otra vez.

Y que la poesía nos eternice,
amén.

—  Benjamín Griss
Solo otro poco de poesía: Equilibrista.

Me mantienes con los pies en a tierra, elevas al cielo mi vista

Y mas si se trata de paz tu pasión será mi templo

Eres capaz de hacerme enojar me haces volar al mismo tiempo

Podría decir que de contrastes en ti soy equilibrista

Es tan hermoso como complicado, pero no se compara a tu mirada

Que tan bella y sosegada se ve opacada por tu voz

Causando todo esto en mi aun estando tan lejos

No imagino los complejos que causaría en tu adiós

Y no hablo distancia aunque un mundo nos separa 

Sentimientos a tu imagen cual sublime obra de arte


París en mi ventana y la torre eiffel en tus ojos

Tus luces en mi espejo y sus trozos en mi alma 

Mas peso será la calma y el no poder escucharte

Y el saber que aunque te dañe no se parará ningún reloj

Euevamente dándome una hermosa contradicción

Eres una preciosa paradoja en ambos polos atracción

Colección de sentimientos, de los que mas me gustan, 

haciéndome sentir amado, mi montaña rusa favorita, con sus picos y cumbres 

llevándome a acostumbrarme a ese caotico ritmo tuyo en el que nada se mueve 

solo porque no quieres… me encanta…

MIRADAS

Una pequeña mirada que reflejaba absolutamente todo. Cada sentimiento. Cada pensamiento. Tu mundo interior que es una maravilla. Una mirada que refleja el alma más pura y el corazón más noble, repleto solamente de amor, que hayan percibido todos mis sentidos. Una mirada que de repente dejaba todo a tu alrededor en suspenso, transportando mi ser a otra dimensión donde me hallo rodeada solamente de luz y armonía. Una mirada profunda, sin fondo, pero transparente como el cristal. Una mirada formando cielos azulados despejados, mi obra de arte preferida. Una mirada real. Una mirada vivaz. Una mirada proyectando un arco iris en mi corazón. Y una que me llena de felicidad absoluta al instante.

Mi psicólogo cree que yo no sé cuál es mi miedo; pero lo conozco muy bien. Converso con él todas las noches y no me quiere soltar.

Mi psicólogo cree que yo no sé cuál es mi miedo; pero lo conozco muy bien. Converso con él todas las noches y no me quiere soltar. ¿Cuál es? Confieso que es saber que soy diferente, pero eso está bien, me gusta, de lo que me asusto es de saber que los demás se enterarán. 

Personas como yo tenemos la habilidad de escucharle el corazón al tiempo, ver el color de los sentimientos y soñar en plena tragedia, dolor y desdicha, así como también, personas como yo, tenemos la habilidad de ser las más crueles, despiadadas e impulsivas porque no medimos razones, no creemos en la gravedad y vamos siempre por más. 

Somos de esas almas libres que esperan la media noche para abrir las ventanas, sentir el aire sobre el rostro, alzar los brazos mientras le gritamos a la luna “¡a volar!”. 

Mi psicólogo cree que yo no sé cuál es mi miedo, ojalá que siga creyendo lo mismo porque mientras él me analiza, yo lo observo y voy creando del momento una obra de arte para mi corazón y quizás, sé muy bien, que es probable que él sepa lo que yo creo que no sabe. Es el juego del artista versus la ciencia que él profesa y ambos somos conscientes de lo mismo y hemos asumido el reto. 

Mi psicólogo cree que yo no sé cuál es mi miedo, él intenta entenderme y yo sonrío de medio lado porque ¿cómo lo hará? si yo mismo no sé en dónde tengo los pies y menos la cabeza; no obstante, ambos sabemos que yo, cura: no tengo. Y él, él no está dispuesto a cambiarme porque sabe que yo… yo soy arte.

Mi psicólogo cree que yo no sé cuál es mi miedo; pero… pero lo conozco muy bien. 

DDC