mi borrachera

Qué curioso es el tiempo
ese tormento que nos apresura
a vivir lo que dicen que debemos
de vivir porque en un abrir
y cerrar de ojos así ha sido
y no lo dudo ni un segundo
apenas hace unos minutos
estaba caminando por los pasillos
de la Prepa 15 con un discman
escuchando a The Beatles y Nirvana
al escuchar el timbre
ya era sábado y me ponía
mi primera borrachera y
mi corazón dolía porque una chica
me friendzoneó
y luego estaba presentando
mi examen de ingreso
a la universidad y mis gustos musicales
fueron Fernando Delgadillo,
The Animals, Calamaro, Bob Marley
y Facundo Cabral
con los libros de José Ingenieros,
Nietzche, Benedetti, Kafka, Ruben Darío, Rilke, Castañeda
ya se fueron los años de estudiante
y con ellos las ideas que tenía
porque me reinventé
estuve con los amigos de Sonora
que conocí por Internet
viví en ciudades distintas
conociendo viajeros
y gente llena de ambiciones
y otras reparando sus corazones
qué curioso es el tiempo
la vida, entrañable misterio
me gusta caminar
llegar a lugares sin conocer a nadie
emborracharme al llegar
porque me gusta celebrar
y me celebro a mí
a mi libertad
a la oportunidad que Dios
me da para conocer sus maravillas
puta madre si tan sólo
viéramos con el mismo entusiasmo
las cosas buenas como las malas
nos reiríamos de nuestras quejas
con frecuencia me decían
que estaba loco
y ahora al contar mis memorias
me escuchan atentos
¿Quién soy?
Soy el cantautor desafinado,
el mala copa, el chico de los poemas,
el vato de la guitarra, el mochilero,
al que más de trescientas chicas
lo han mandado a la chingada
sin conocerle y sin embargo
cree en el amor
porque lo ha visto en sus padres
soy el eslabón perdido
la causa del brillo de las estrellas
la siguiente partícula subatómica
el retrato de los cisnes
qué curioso es el tiempo
y tan interesantes las personas
pero nuestro ego nos engaña
creemos que lo sabemos todo
o que el camino correcto
no tendrá piedras o rutas diversas
no me hagan caso
estoy loco
estoy chiflado
estoy distraído
ando delirando
y lloviendo galaxias
porque estoy agradecido
porque estoy vivo
—  Crónicas de viajecito y baresito
Hoy, en lo más hondo de mi borrachera, cuando me acosté al alba, pensé en G. y supe que lo amaba. No a un rostro inventado sino a él con su rostro, el suyo real. Y me asombré de que no se hubiera producido un encuentro maravilloso entre él y yo porque es la primera vez que amo un rostro tan como es. Pero yo sé bien que sólo me salvaría si G. me amara. Si el perseguidor fuera él, el que ama, el que desea. Porque yo, desde hace muy poco tiempo, me resisto a llamar a puertas extrañas y donar mi amor, darlo para que lo arrojen por inservible. Algo oscuro en mí ha adquirido un orgullo sin desenlace y nunca más podré llamar y comenzar a rogar. Que me amen y me persigan, yo no haré nada para concretar mis deseos. No obstante, ayer, mientras bebía, sentí como una mano helada en el cerebro y una voz que decía: «Qué vieja la necesidad de amar. Qué imposibilidad de una mano amiga. Qué deseo rotundo y aniñado de no dormir sola esta noche. Qué deseo absurdo y absoluto de que G. me llame al alba y confiese que me ama». Esto es locura. Pero tendría que suceder, tendría que suceder este milagro. No sólo por mí sino por todos.
—  Alejandra Pizarnik

Qué aburrido, siempre hablando de lo mismo. Siempre hablando de él, y todo lo que provocó.
Qué aburrido qué mis dolores siempre sean los mismos, y qué mis heridas no hayan cicatrizado; qué tortura qué mis pensamientos siempre terminen llevando su nombre, y mis borracheras se apelliden cómo él.
Qué pena qué no supere y qué él no me recuerde. Pero es qué no puedo explicar cómo con él no funcionaba el “había una vez”, porqué el fue todas las putas veces.
Y ojalá pudieras comprender que por él entendí que hay una razón por la cuál, los huracanes llevan nombres de personas.
-Mil maneras de llamarlo amor.

Tus ojos siempre eran tristes
Y alumbraban esa esquina tan oscura.
Aun cuando te iba a visitar con mis chistes malos
Y mi palabrería y mi borrachera,
Siempre tus ojos eran tristes.
Por alguna razón amaba eso,
por alguna razón que no se

Vendías golosinas y otras tonterías
En un quiosco bastante alejado de mi casa,
Pero yo iba igual a verte.
Por tus ojos tristes,
Que podían enamorar cualquier corazón,
Medio partido,
Medio muerto

Jugábamos a improvisar poemas
Y reías,
Mientras consumías golosinas,
Reías, y yo caía enamorado.
En el cielo de los idiotas

“Juega el cielo con tu nombre,
Las ninfas danzan si tú danzas
Y los dioses se preguntan,
El porqué de tus ojos tristes,
Que vagan por los cosmos,
Aunque nadie lo pueda notar”
Recite eso y sonaba “creep” de “Radiohead”

Esa misma noche te bese por única vez.
Un regalo de los dioses a los que nombre,
En tu poema.
Pero tus ojos siguieron tristes,
Y nunca entendí él porque

One-night stand

Me alegra tanto
haberte confundido
entre mi borrachera y la oscuridad.

Me alegra tanto
que me dijeras que sí,
aunque no supiera tu nombre,
ni te estuviera buscando a ti.

En lo más hondo de mi borrachera, cuando me acosté al alba, pensé en G. y supe que lo amaba. No a un rostro inventado sino a él con su rostro, el suyo real. Y me asombró que no se hubiera producido un encuentro maravilloso entre él y yo porque es la primera vez que amo un rostro tal como es. Yo sé bien que sólo me salvaría si G. me amara. Si el perseguidor fuera él, el que ama, el que desea. Porque yo, desde hace muy poco tiempo, me resisto a llamar a puertas extrañas y donar mi amor, darlo para que lo arrojen por inservible. Algo oscuro en mí ha adquirido un orgullo sin desenlace y nunca más podré llamar y comenzar a rogar. No obstante, ayer, mientras bebía y decía y escuchaba las idioteces habituales sentí como una mano helada en el cerebro y una voz que exclamaba: “Qué vieja la necesidad de amar. Qué imposibilidad de una mano amiga. Qué deseo rotundo y aniñado de no dormir sola esta noche. Qué deseo absurdo y absoluto de que G. me llame al alba y confiese que me ama.” Esto es locura. Pero tendría que suceder este milagro. No sólo por mí sino por todos.
—  Alejandra Pizarnik