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Vampires Part 4

Uuuuugh. Another chapter yay. This chapter will probably focus more on Cupcake and Palette and not Goth and Fell! Pallette. If you aren’t familiar with the nicknames then um.. Cupcake is Fell!Goth (Though he wanted to be called pepper) Palette and Goth is Original them and Fell!Palette will be Fell.

!WARNING! THERE WILL BE NSFW IN HERE!!

Anyways Palette and Fell!Palette belongs to @angexci and Goth and Fell!Goth belongs to @nekophy

Undertale belongs to Toby Fox and uh Vampire au/verse belongs to @blogthegreatrouge? dunno. Sorry! Anyways enjoy the story!

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Precioso Regalo (Resubido: Versión Explícita)- Mpreg

Advertencia: lo que se vea así es lo que edité de la versión anterior; o en otras palabras, material gráfico de lo que sería el parto de un hombre.

One shot desde mi punto de vista muy extenso.

———————

-Guillermo…

Susurré, mirando a la persona de espaldas en la cama junto a mí.

-… ¿Guillermo…?

No recibí ninguna respuesta; de seguro debía seguir durmiendo.

Suspiré comenzando lentamente a incorporarme; algo que como muchas otras cosas, se me dificultaba bastante estos últimos meses.

Como pude me senté en el borde de la cama, apoyando mi mano sobre mi muy hinchado abdomen, estremeciéndome ante el frío del ambiente.

-… Mhn… ¿Samuel…?

Me volteé un poco, viendo como Guillermo me miraba somnoliento.

Sonreí al ver como cerraba los ojos, y lentamente volví a tumbarme a su lado, abrazándole con cariño y apegándome a su cuerpo, con mi abdomen junto al suyo.

Me quedé mirándolo, aparentemente estaba a punto de dormirse de nuevo; la verdad es que todavía era muy temprano y conociéndole, no me sorprendería que en cualquier momento cayera dormido.

De pronto le vi sonreír aún sin abrir los ojos y a pesar de saber el motivo, quise preguntarlo.

-¿Qué ocurre?

-Se mueve…- susurró sin dejar su sonrisa.

Efectivamente, nuestra pequeña se movía, y mucho; le daba los buenos días a Willy.

-Te está saludando- murmuré.

Bajó su mano hasta mi vientre, acariciándolo con delicadeza.

-Hola, mi amor- le susurró a nuestra hija.

Empezó a moverse aún más; parecía emocionada, estaba muy inquieta.

-Willy; vamos a dormir- le sugerí.

-Mhnm…- respondió suavemente.

Ya así; cerré mis ojos e intenté dormir junto a él. Por lo menos hasta que una punzada de dolor en mi vientre me sobresaltó.

Hice un esfuerzo por aguantarlo y dormir un poco; pero me fue imposible, puesto que en unos minutos éste se detuvo, para luego intensificarse.

-¿Gui-guillermo?…- llamé, poniendo mi mano sobre la suya, apoyada en mi vientre.

-¿Uhm?…- murmuró.

Mi respiración se agitó un poco y sentí como mi cuello y frente se humedecían levemente por el dolor.

-Ah… ¡Guillermo!- gimoteé, apretando su mano con fuerza- ¡la… la bebé!

-… ¿La bebé…?

Y entonces entendió lo que sucedía, y su reacción fue tan graciosa que de no estar sintiendo tanto dolor, seguramente me hubiera reído.

-¡La bebé!- despertó de golpe, arrojando las sábanas y levantándose de un salto.

Comencé a sentarme, pero una fuerte punzada me lo impidió y me vi obligado a recostarme de nuevo.

-¡Guillermo!- solté un sollozo, poniendo un brazo sobre mi abdomen y cerrando con fuerza los ojos.

-¡Ya voy!, ¡ya voy!- respondió exaltado; mientras buscaba algo desesperadamente por todo el cuarto.

Finalmente encontró lo que tanto buscaba; su móvil.

-Samuel- oí como me llamaba y le miré, él sonreía un poco- ¿estás bien?

Asentí levemente, cerrando de nuevo los ojos y soltando un suave jadeo.

-Bien- dijo tomando el móvil- llamaré al doctor.

Escuché el sonido de las teclas del aparato y luego la voz alterada de Willy, explicando al hombre lo que ocurría.

Un escalofrío me hizo estremecerme completamente, ante la desagradable sensación de agua corriendo entre mis piernas…

-¡Guillermo!- susurré entre dientes; sujetando con fuerza mi abdomen.

Se dirigió hacia mí; levantando las sábanas y mirando entre mis piernas como la cama se encontraba completamente húmeda.

Él afirmó en la conversación que tenía por teléfono; contándole al hombre lo que había sucedido hasta ahora.

-Muy bien, muchas gracias- exclamó.

En ese momento oí que colgó la llamada, al tiempo que se sentaba a mi lado en la cama.

-No te preocupes, ya viene- confirmó suavemente, pasando delicadamente su mano por mi frente.

-Él dijo que no debes quedarte con esa ropa mojada; te puedes enfermar- continuó jalando mis pantalones del pijama.

Fue entonces cuando la primera contracción se hizo presente; haciendo que me doblara un poco y emitiera un largo quejido.

Pasaron aproximadamente treinta minutos eternos; donde Guillermo no dejó de mimarme con caricias amorosas y palabras reconfortantes.

Y es que a cada minuto que pasaba; el dolor no hacía más que intensificarse y hacerse más constante.

Comenzaron a dolerme las caderas y la espalda baja; además de que casi no me podía mover.

-Willy…- llamé fastidiado; esto cada vez se ponía peor.

-¿Qué ocurre, amor?- se apresuró a contestar.

Le dediqué una mirada fiera, y murmuré:

-… Te odio…. y apenas pueda… te juro que te mataré.

Él sonrió antes de tomar mi mano y responder.

-Vamos, yo sé que tú puedes hacerlo.

Quise responder a sus estúpidas frases de apoyo; pero otra contracción me tomó desprevenido, ahogando mis palabras en un grito de dolor; el cual opacó la queja de Guillermo al estar casi cortándole el pulso.

-¡S-samuel!, ¡¿estás bien?!- interrogó preocupado, apenas me pasó el dolor y solté un poco su mano.

Asentí levemente, con los ojos fuertemente cerrados y la respiración descontrolada y errática.

-Gui-llermo- jadeé- tengo miedo…

De pronto se oyó la puerta, cosa que nos sobresaltó a ambos; o mejor dicho a los tres, puesto que ella se agitó conmigo.

Me removí incomodo, al sentir como hacía lo mismo la criatura en mis entrañas; acción que vino acompañada con una increíblemente fuerte contracción. Pude percibir como ella bajaba; su pequeño cuerpo descendía en el mío, en busca de la vida.

-Iré a abrir- mencionó Guillermo; levantándose rápidamente y corriendo hasta la puerta.

Oí como ésta era abierta y cerrada, y los dos pares de pasos de dirigían hacia la habitación.

Escuché que conversaban, pero no logré entender lo que decían. Aunque supongo que eran cosas relacionadas conmigo, puesto que no lo veía sentido a que estuvieran hablando del clima, mientras yo paría en la habitación al final del pasillo.

-Samuel; el doctor está aquí- me dijo el capitán obvio desde el marco de la puerta.

El hombre se aproximó a la cama, y mientras ponía una mano sobre mi brazo, se presentó.

-Buenos días, Samuel- exclamó- soy el doctor Alberto Albino y yo seré quien te ayude a tener a tu bebé, así que rélajate y verás que todo saldrá bien.

Por Dios que deseaba que en verdad fuera así.

-Muy bien, lo primero que debes hacer… ¿supongo que sabrás que es?- preguntó, a lo que negué sin abrir los ojos- primero voy a revisar si estás listo para empujarle. Te pediré que por favor abras las piernas.

Esa petición me avergonzó bastante; pero obviamente hice lo que me dijo, y mucho más cuando sentí otro dolor agudo en mi bajo vientre. Por mi niña haría lo que fuese necesario.

Tras confirmar que estaba listo; se puso sus guantes y procedió a dar la primera orden:

-¡Puja!

Tardé un poco en obedecer, y cuando lo hice sentí aun más agua y probablemente sangre correr entre mis piernas. También pude percibir como la pequeña descendía un poco más.

-¡AH!- me quejé en voz alta; girándome un poco en la cama- ¡GUILLERMO!

Él se apresuró a tomar mi mano; sentándose al lado de la cama.

-Lo haces muy bien, ¡sigue!

Joer… con tantas ordenes “¡puja!”, “¡sigue!”, “¡haz esto!”, “¡haz aquello!”; a ver si un día de estos se ponían a parir ellos y seguían dando tantas órdenes.

-¡Vamos, Samuel!, ¡PUJA!

No tenía idea ya de quien me había dicho eso, pero de igual forma obedecí.

En eso me invadió un dolor diferente en la entrepierna, una presión en mi abdomen bajo junto con una sensación como si me quemara.

-¡ME DUELE!- lloré; apretando con fuerza la mano de Guillermo y oyéndole quejarse.

-¡Bien, Samuel!, ¡le veo!; ¡sigue, puja!- me animó el mayor.

Hice caso a su orden y pude sentirla aún más abajo que antes, hasta que por fin apareció su cabecita pelinegra.

-Aquí estás…- murmuró más para él que para nosotros- ¡Guillermo, ven a ver esto!

Entreabrí por primera vez los ojos; viendo como Guillermo se levantaba, asomándose un poco sobre mí y dirigiendo su vista hacia la parte baja de mi cuerpo.

Maldecía no haber tenido la oportunidad de grabar su expresión, la cual fue invaluable: adoptó una mueca de impresión demasiado graciosa, poniéndose tan pálido que creí haberle visto ya desmayado en el suelo.

Regresó su mirada hacia mí; sentándose a mi lado de nuevo y viéndome fijamente con los ojos muy abiertos.

Conseguí reírme un poco en medio del dolor por su reacción; lo que logró hacer que él lo hiciera también, sin recuperar aún su color.

-Le vi…- musitó algo sorprendido al parecer.

-Muy bien, Samuel; vas perfecto- me felicitó- ahora sólo tienes que ayudarle a sacar los hombros y verás como lo demás lo hará por su cuenta.

Quise confiar en sus palabras, así que comencé de nuevo con mi recién interrumpida faena.

-Tú puedes, amor- oí como me animaba Guillermo, apretando suavemente mi mano.

-Ya casi…- masculló, tomando entre sus manos la cabeza de la criatura y jalándola con cuidado; lo cual se me hizo muy incómodo pero ayudó bastante.

-¡Ah!- exclamé al sentir como un poco de presión se liberaba.

-¡Ya casi está, Samuel!; sólo un poco más y podréis conocer a vuestro milagro- exclamó emocionado.

Obedeciendo a su orden; empujé con fuerza, decidido a traer de una vez por todas a nuestra pequeña. Estreché con desesperación la mano de Guillermo, incluso creí por un momento habérsela torcido.

Me arqueé un poco en el último esfuerzo; sintiéndome desfallecer y caer en la cama al notar como ella abandonaba mi cuerpo.

-¡A-ah!- solté un sollozo al tiempo que cerraba los ojos; perdiendo todas mis fuerzas y dejándome caer totalmente exhausto en el colchón.

Siete horas y media de labor no eran un chiste.

Este era otro punto para añadir a mi lista de “Cosas que ni loco volveré a hacer mientras viva”: embarazarme.

Si alguna vez Guillermo volvía a llegar con la estupidez de “tengamos un hijo”, ya tenía claro quien iba terminar pariendo.

Y empezó a llorar. La oí gritando con fuerza, dándose por primera vez el lujo de respirar.

-¡Muy bien!; ¡lo lograste, sabía que lo harías!- gritó Guillermo eufórico.

-¡Felicidades!

Sí, sí; denme un premio.

-Guillermo- escuché al hombre llamando a mi pareja, el cual volvió su vista rápidamente hacia él- ¿podrías pasarme esa manta blanca?

Miré hacia abajo; alcanzando a ver entre lo borroso de mi visión como Guillermo le entregaba la manta y él la envolvía en esta, cortándole después el cordón para llevarla hasta una báscula al lado de la cama, donde mi pareja le siguió para verla.

-¡Pero que grande eres!,- dijo, mirando impresionado a la cría- supongo que pesarás unos cuatro kilos.

Con razón me había costado tanto traerla…

-Samuel…

Dirigí mi vista hacia arriba, encontrándome con un muy sonriente Guillermo.

Se acercó a mí; tomando mi mano y arrodillándose al lado de la cama.

-¿Cómo estás?

A pesar de estar agotado y adolorido, me limité a sonreír como respuesta.

-Ella… ¿cómo está ella?…- pregunté preocupado.

Miró al otro extremo de la habitación; donde un hombre examinaba exhaustivamente a la criatura que no hacía más que llorar.

-A juzgar por como grita- rió- me parece que bien.

El hombre de mayor edad por fin se aproximó a nosotros con la cría en los brazos.

-Felicidades,- exclamó sonriendo discretamente- es una niña preciosa; y con unos muy buenos pulmones.

Mencionó lo último con una suave risa y me entregó con suma delicadeza a la pequeña.

-Bueno, jóvenes. De nuevo, muchas felicidades, fue un placer- dijo antes de retirarse.

Regresé mi vista hacia ella: estaba arremolinada en la misma sábana en que la habían envuelto para que el frío no le hiciera daño inmediatamente nació.

Era hermosa; y no lo decía porque fuera mía, sino porque de verdad era hermosa.

Además se parecía mucho a mí.

-Hola, amor- susurró Willy, inclinándose sobre mí para verla bien.

Pareció tranquilizarse un poco al oírle, y con los ojos buscó la voz de Guillermo.

-Aquí estoy, mi vida- habló suavemente, situándose para que le viera bien.

Se la entregué a él; y fue cuando se calmó completamente, mirándole fijamente y aferrándose a su camiseta.

-Bienvenida; mi precioso regalo- susurró con dulzura.

———————-

Voy a morir

Lo prometido es deuda; y vaya deuda :vv

Es la primera vez que escribo algo así de gráfico :vvvvvvv

No se imaginan cuanto me costó escribirlo :v, cada vez que iba a poner algo TAN explícito, literalmente cerraba los ojos :V

*Si hay heridos, echenle la culpa a suicide-morphine, ella me tentó :v*

No es verdad; la culpa es toda mía por escribirlo