mercado de arte

❀ status engraçados

Se eu soubesse que o ano seria assim, ao invés de pular 7 ondas, eu teria me afogado.

Visualizou e não respondeu? Tranquilo, só desejo que seu celular dê um mortal da sua mão, caia no chão e um caminhão passe por cima dele, só isso.

 Gosto tanto de comida que o meu super herói preferido é o super mercado.

A arte de sempre enviar uma mensagem no WhatsApp e enviar um emoticon em seguida. Assim a pessoa tem que entrar na mensagem para ler e consigo saber se ela já visualizou.

Sou humilde por ser pobre, não por opção.

Visualizou e não respondeu? Tomara que seu chinelo arrebente no meio da rua.

Uma dica pra sair bonito nas fotos: Seja bonito.

Prefiro mostrar meu WhatsApp do que a foto da identidade.

Referente às redes sociais, a primeira coisa que eu vou ensinar para o meu filho é: Nunca curta a sua própria foto.

Todo mundo diz que o álcool mata, mas não dizem que por sua causa também nasce muita gente.

Em terra de print, mensagem em WhatsApp é suicídio.

Eu respondo as mensagens do WhatsApp assim que as visualizo. Por que os outros não fazem isso comigo também?

Se a ignorância é uma bênção, a humanidade está salva.

Se pular 7 ondas dá sorte pro próximo ano, eu preciso pular o oceano inteiro.

Ultimamente estou tão cansado, que sempre sonho que estou dormindo.

Se uma pessoa tem fé, várias juntas tem fezes?

Se for dirigir não beba, se for beber me chame!

Se beber, não abra o WhatsApp.

Se um dia você sentir um vazio em você, coma que é fome.

Aprenda uma coisa: o mundo não gira em torno de você. Só quando você bebe demais.

Cada vez sobra mais mês no fim do dinheiro!

Entrou no WhatsApp e minha mensagem não ficou azul, beleza! Quando você estiver pegando fogo e eu estiver com uma jara d'água, eu vou beber!

Antes do WhatsApp ninguém falava comigo, agora com o WhatsApp continua a mesma coisa.

Atualmente, o maior desafio de um relacionamento é ser mais interessante que o WhatsApp.

Oi, me passe o seu wpp, pra gente conversar por 2 dias inteiros e depois ir parando de se falar até não conversar nunca mais.

Muy feliz de haber sido invitado al stand de Malevo Estampa dentro de la feria Mercado de Arte Córdoba, desde el 17 al 20 de Agosto / de 14 a 21hs / Stand B1 - Zona Bonino / Cabildo Histórico de la Ciudad de Córdoba, Argentina; junto a Mariano Giraud, Kenny Lemes, Irana Douer y Lola Goldstein.

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Infinitos seres construyendo un presente en simultáneo / Collage en papel, diversas materialidades / 50x70 cm.

La Secretaria de Hacienda criminalizó la compra-venta de arte y con este juicio abusivo está acabando con el mercado. Las obras de arte son para el señor Luis Videgaray “actividad vulnerable de lavado de dinero”. La ley Videgaray es más restrictiva que la aplicada en los coffee shops europeos que venden mariguana y similar a la de las tiendas de armas en Estados Unidos: En cada transacción los galeristas deberán pedir identificaciones y RFC al cliente que adquiera obras de arte, reportar a Hacienda un registro de clientes, quiénes son, qué ocupación tienen y qué les vendieron, y además no aceptar dinero en efectivo en las transacciones.

La ley Videgaray lejos de resolver un problema está creando otro más grave: está dejando a miles de artistas y galeristas sin mercado y obliga a los galeristas a que se conviertan en delatores de Hacienda. A un año de su imposición las ventas del arte en México han bajado más del 30 por ciento, al contrario del resto del mundo que siguen subiendo. La ley Videgaray convierte a la creación artística en una actividad incitadora del delito, porque el que hace y vende una obra ahora es sospechoso de complicidad para lavar dinero. La ley Videgaray está acabando con las ventas porque persigue a los compradores al exigirles documentación sensible pretendiendo que comprar arte es tentativa de crimen. La ley Videgaray con su resolución proscribe la creación artística, el mecenazgo, la donación de obras, la venta y promoción del arte. En términos reales el arte es una actividad minoritaria, en comparación existen menos galerías que casinos virtuales y físicos, que manejan cantidades de dinero superiores a las galerías. En el arte es mayor la oferta que la demanda, hay más artistas que compradores, los canales de venta son pocos y con esto lo serán aun más. La ley Videgaray no toma en cuenta que el mercado del arte en México es muy pequeño, que ni lejanamente alcanza los precios que hay en Estados Unidos y Europa, si los narcos compraran arte nuestro mercado figuraría a nivel mundial, los artistas mexicanos estarían sobre cotizados pero no es así. Perseguir el mercado del arte es absurdo en un país en el que el comercio informal, los dueños de las aceras de todos los estados de la república, manejan solo dinero en efectivo y en cantidades incalculables, evidentemente son intocables porque son votantes y masa de manifestación.

La ley Videgaray viola el derecho primordial que tiene cualquier persona de ganarse la vida con su trabajo. La ley Videgaray pone al Estado como el único comprador y mecenas autorizado, deja en la indefensión económica a los artistas, los orilla a depender del sistema gubernamental de becas, que además de paternalista y poco transparente ahora va a ser insuficiente, y se vislumbra como la única opción estable de manutención. Los artistas y galeristas ya pagan impuestos, existe el pago en especie ¿para qué los obligan a vigilar a sus compradores?

Lo más grave de la ley Videgaray es que estigmatiza al arte que es parte medular de nuestra cultura y que en este momento histórico es un factor esencial para restaurar el tejido social. La ley Videgaray no está apoyando con deducciones de impuestos a la creación y la promoción del arte, en lugar de eso juzga a priori e injustamente las equipara con el crimen organizado. La ley Videgaray está obligando a los compradores a abandonar el mercado nacional y viajar al extranjero a adquirir arte, en galerías en las que no los hagan sentir que están cometiendo una violación legal. Los artistas también tendrán que emigrar a un país en el que su actividad no sea perseguida y puedan tener un trato digno con un comprador. La ley Videgaray no ve la realidad: las adquisiciones más dañinas del dinero del narco son las armas y los funcionarios públicos. 
La ley Videgaray no va a detener el lavado porque éste ya tiene canales más funcionales para el flujo de efectivo, y en cambio está acabando con la única fuente de ingresos de los artistas. Para detener las consecuencias artísticas, culturales y económicas de la Ley Videgaray, el camino es que la comunidad artística ponga un recurso ante la Suprema Corte, o que Hacienda rectifique antes dañar definitivamente al mercado nacional de arte.  

Publicado por Avelina Lésper

Inversión VS Decoración ¡Fight!

Después de darle muchas vueltas, creo que he dado con un modelo satisfactorio donde tienen cabida la infinidad de grises existentes entre la pintura funcional —o decorativa— y la entendida como posesión —o «de colección». Todo modelo es ficcional, y no debe tomarse como una regla.

Aun considerando las excepciones, cuando existe una percepción de mayor valor de la obra, más dinero se paga por ella. Consecuentemente, cuanto más valor de inversión tiene la obra, menos función decorativa se requiere de ella. Insisto en que no es una regla fija, pero sí una constante.

Una obra de arte, en su verdadero sentido, nada tiene que ver con el precio porque no tiene valor de compra tangible. El arte no cuesta dinero, VALE dinero, por eso se atesora e invierte en él. De esto se deduce que el arte no tenga un precio, sino valor de compra, y sea deseado por sus cualidades por encima de su función.

El coleccionista entiende que la belleza es riqueza, cultura y expresión de poder y acierta a pensar que no todo cuadro es una «obra». En cambio, la obra cuantificada por su función no es objeto de coleccionismo y pertenece a un segmento de mercado de long tail (“larga cola”). Ojo al trabalenguas: más clientes pagan menos por algo de menor valor pero mayor función. Decididamente, el gráfico se explica mejor:

La imposibilidad de acotar la «artisticidad» de una obra hace que éstas no siempre se valoren según criterios artísticos y estéticos, generando una merecida confusión.

La cotización artística es la monetización de los valores intangibles de una marca personal, el artista. Como toda marca, ésta tiene una vida y una cotización en función de la demanda del valor ofrecido al mercado. Al ser la firma/marca un discurso de valor impalpable, algunos artistas consagrados terminan por aferrarse al criterio más universal que existe: «tanto me das, tanto me merezco».

En mi opinión —y cabe el riesgo de que pueda estar completamente equivocado— existe una constante: cuanto mayor sea el valor percibido, más especulación cabrá esperar sobre el precio de la obra independientemente de su función decorativa.