memoriaa

A las mujeres que viven en la muerte

cae tu mano sobre mi pecho
sobre mi cara
tus dedos presionan fuerte
mis brazos
mi cuello
y siento como mi pelo se sale en cada tirón

grito de dolor en mi mente
y me aferro al sol
que busco incesante en mi memoria
a tu sonrisa y tus ojos brillantes
cuando te arrodillabas
para decirme cuanto me amabas
y que siempre sería sólo tuya
porque la vida me había puesto en tu camino
para ser mi dueño siempre
y yo sentía que era
la mujer más afortunada del universo

me aferro a esa imagen
a ese momento mientras

otro golpe frío de tu ebria mano
rebota en la cuenca de mis ojos
y resbalo como un trapo por el suelo

y me sigo aferrando con todas mis ganas

cuando ahora tu zapato se clava en mi costilla
cuando la muerte empieza a oscurecer
y a desvanecer todo recuerdo al que me aferro
hasta volverse negro

y despertar adolorida
al día siguiente
sintiéndote cerca
muy adolorida

y entiendo una vez más que sigo viviendo
que aún puedo seguir aferrándome
al dolor del sol y tu sonrisa tierna.

y conformarme con que sólo tu sabes
cuando estarás suficientemente ebrio
para decidir hasta cuando puedo soñar.