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"Salvando a México", así titula su portada la revista TIME en su edición dedicada al presidente mexicano Enrique Peña Nieto, donde afirma que las reformas capitalistas emprendidas por quienes lo impusieron en el Gobierno del país están, literalmente, haciendo que Mexico se salve su economía y su sistema político.

Sin embargo, al mismo tiempo el país registra una elevación del 300 por ciento en índice de secuestros, más de 7 mil muertes violentas, 15 periodistas asesinados, y una reforma económica-petrolera que ha liquidado el 60% del gasto social.

En redes, la portada del TIME fue tomada a burla e indignación por los internautas mexicanos (https://twitter.com/search?q=%22Saving%20Mexico%22&src=tren), y desde Estados Unidos surge la imperativa: #AnOffenseToMexican.

Una prueba más de terrorismo mediático, sí, al intentar colocar una mentira gloriosa sobre una verdad macabra. Y más aún, una burla a un pueblo que mira como en el Estado de Michoacán, por ejemplo, se sufre una guerra narcoparamilitar desde hace cuatro meses.

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DIVULGATE E INIZIAMO A RIBELLARCI! BASTA IMMIGRATI SULLE NOSTRE COSTE!

González Iñarritu, ¿y cuál es el México que merecemos?

@albertobuitre - El “Leviatán” de THOMAS HOBBES, publicado en 1651, afirma que quienes conformamos la sociedad burguesa occidental hemos acordado ceder nuestros derechos a la tutela de un gobernante quien, empoderado, tiene decisión sobre nuestra voluntad política con base a ese acuerdo. La causa de ello es que no somos lo suficientemente capaces de organizarnos, si no es mediante el temor entre nosotros, con el destino inevitable de la guerra. “El hombre es el lobo del hombre”, dijo

No puedo pensar en mejor ejemplo que México, para ver materializados los augurios del filósofo inglés. Hay que ver lo que ocurre en estos días.

Recién el Tribunal Electoral Federal (TRIFE) exculpó al PRI y al Partido Verde de su responsabilidad por el uso de más de 66 millones de pesos para financiar la campaña de Enrique Peña Nieto de forma paralela e ilegal a los recursos destinados oficialmente mediante tarjetas del banco Monex, en las elecciones del 2012. Al mismo tiempo, la prensa institucionalizada hace eco de la alineación entre el poder político y empresarial para salir en defensa del Ejército mexicano ante las exigencias de familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa de revisar los cuárteles militares, pues existen para ellos evidencias sostenibles de la participación de las fuerzas armadas en el crimen de Iguala del 26 de septiembre del 2014, y sobre el cual, luego de casi 5 meses, el Gobierno de México no atina a concluir qué fue lo que pasó con los normalistas.

Yo no sé si quienes fundaron este país en los antiguos constituyentes, acordaron sentar las bases de un sistema político lo suficientemente débil como para abrir paso a que, gobernante, fuera quien fuere, traicionara ilimitadamente el contrato social y se defendiera de sus fechorías amparándose cínicamente en el supuesto de que fue elegido por el mismo pueblo a quien, o representa y apuñala . La historia y la sangre derramada en la búsqueda de independencia, democracia y justicia social, responden que no, según mi juicio. Y sin embargo sucede.

Las conquistas de la Independencia, la Reforma y la Revolución no dieron paso a la democracia. El tratado de las leyes, fue sólo una ilusión. México se gobierna de la misma forma en que se maneja una mafia.

La red de intereses que componen el Gobierno se anudan en fajos de billetes sobre la cual caminan cientos de políticos, empresarios y criminales, cada quien su interés, con el único objetivo de no romper la telaraña que los mantiene. El poder no algo que alguien posea o administre fijamente. Es la red en sí misma, y su ejercicio transcurre mediante acuerdos de negocios. Negocios sobre negocios. Desde los minerales a los órganos humanos; de la droga hasta las tienditas de conveniencia. De las playas y las escuelas. Todo tiene una ganancia privada. Lo ilegal que se legalice. Y lo que no, que se organice.

Quienes somos pueblo, sin importar cuánto dinero poseamos ni a qué nos dediquemos, trabajamos inconscientemente en el sostenimiento de esa red, a cambio de obtener el mayor beneficio posible mientras se nos permita vivir. Ese es el contrato. La telaraña cae sobre nosotros sin que aparentemente podamos escapar de ella. Se siente muy pesada. Apesta. Duele. Claro que ha habido intentos por desbaratarla, pero el precio por desafiarla es entregar la vida. Además la televisión hace muy bien su trabajo. La pantalla ha convencido a la mayoría de que algún día podrían ser arañas, si no rompen la red y asesinan a quien la amenace.

“Yo autorizo y renuncio a mi derecho a gobernarme a mí mismo a favor de este hombre (Presidente) o asamblea de hombres (Congreso), con esta condición: que tú renuncies a tu derecho a favor de él y autorices todas sus acciones de la misma manera”. (Leviatán. Hobbes, Thomas. p. 73)

La signatura de ese contrato (¿Quién si quiere me preguntó si estaba de acuerdo? ¡No lo estoy!) “trae a la vida a ese gran LEVIATÁN, o para hablar con más reverencia… ese Dios mortal, al que debemos bajo el Dios inmortal, nuestra paz y defensa”

Entonces la idea es simple: Hay que liquidar al Leviatán; hay que deshacer ese contrato impuesto.

Hay que pensar como ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑARITU dijo este domingo 22 al ganar el Oscar como Mejor Película por “Birdman”. Hay que “construir el país que merecemos”.

Construir implica ocupar las manos, trabajar. Construir implica planificar y elevar desde un punto cero una edificación, según nuestras necesidades. Significa al mismo tiempo, demoler lo que no sirve; liquidar lo que debe ser liquidado y no volver a cometer el mismo error. Construir el país que merecemos, es al mismo tiempo, una reflexión autocrítica sobre lo que hemos hecho mal, sobre lo que no funciona. Y lo que no funciona, desecharlo. Desecharlo y edificar lo que a nuestro merecimiento corresponde. He ahí también una necesaria base de autoestima. Debemos ser la sociedad que queremos ser, para entonces tener el tipo de Gobierno que creemos merecer. Personalmente, estoy seguro, que pese a nuestros muchos errores y terribles circunstancias, en México no merecemos un Leviatan (un monstruo, un demonio que viola derechos y asesina, un demonio que roba y enajena) como Gobierno. A partir de eso, el debate está abierto. ¿Creer que el cambio está en las elecciones es una opción, por ejemplo?