me dejo la ciudad

50 Sombras de Luque ~ Adaptación

CAPÍTULO 2

El corazón me late muy deprisa. El ascensor llega a la planta baja y salgo en cuanto se abren las puertas. Doy un traspié, pero por suerte no me doy de bruces contra el inmaculado suelo de piedra. Corro hacia las grandes puertas de vidrio y por fin salgo al tonificante, limpio y húmedo aire de Seattle. Levanto la cara y agradezco la lluvia, que me refresca. Cierro los ojos y respiro hondo, dejo que el aire me purifique e intento recuperar la poca serenidad que me queda.

Ningún hombre me había impactado como Samuel de Luque, y no entiendo por qué. ¿Por que es guapo? ¿Educado? ¿Rico? ¿Poderoso? No entiendo mi reacción tan irracional. Suspiro profundamente aliviado. ¿De qué diablos va esta historia? Me apoyo en una columna de acero del edificio y hago un gran esfuerzo por tranquilizarme y ordenar mis pensamientos. Muevo ligeramente la cabeza. ¿Qué ha pasado? Mi corazón recupera su ritmo habitual y puedo volver a respirar normalmente. Me dirijo al coche.

Dejo atrás la ciudad repasando mentalmente la entrevista y empiezo a sentirme idiota y avergonzado. Seguro que estoy reaccionando desproporcionadamente a algo que solo existe en mi cabeza. De acuerdo, es muy atractivo, seguro de sí mismo, dominante y se siente cómodo consigo mismo, pero por otra parte es arrogante y, por impecables que sean sus modales, es autoritario y frío. Bueno, a primera vista. Un escalofrío me recorre la espina dorsal. Puede ser arrogante, pero tiene derecho a serlo, porque ha conseguido grandes cosas y es todavía muy joven. No soporta a los imbéciles, pero ¿por qué iba a hacerlo? Vuelvo a enfadarme al pensar que el tonto de Frank no me proporcionó una breve biografía.

Mientras conduzco por la interestatal 5, mi mente sigue divagando. Me deja de verdad perplejo que haya gente tan empeñada en triunfar. Algunas respuestas suyas han sido muy crípticas, como si tuviera una agenda oculta. Y las preguntas de Frank… ¡Uff! La adopción y que si era gay… Se me ponen los pelos de punta. No puedo creer que le haya preguntado algo así. ¡Tierra, trágame! De ahora en adelante, cada vez que recuerde esta pregunta me moriré de vergüenza. ¡Maldito sea Frank Garnes!

Echo un vistazo al velocímetro. Conduzco con más preocupación de la habitual, y sé que es porque tengo en mente esos penetrantes ojos marrones que me miran y una voz seria que me dice que conduzca con cuidado. Muevo la cabeza y me doy cuenta de que De Luque parece tener el doble de edad de la que tiene.

Olvídalo, Willy, me regaño a mi mismo. Llego a la conclusión de que, en el fondo, ha sido una experiencia muy interesante, pero que no debería de darle más vueltas. Déjalo correr. No tengo que volver a verlo. La idea me reconforta. Enciendo la radio, subo el volumen, me reclino hacia atrás y escucho el ritmo de Olly Murs mientras piso el acelerador. Al surcar la interestatal 5 me doy cuenta de que puedo conducir todo lo deprisa que quiera.

Vivimos en una pequeña comunidad de casas pareadas cerca del campus de la Universidad Estatal de Washington, en Vancouver. Tengo suerte. Los padres de Frank le compraron la casa, así que pago una miseria de alquiler. Llevamos cuatro años viviendo aquí. Aparco el coche sabiendo que Frank va a querer que se lo cuente con pelos y señales, y es obstinado. Bueno, al menos tiene la grabadora. Espero no tener que añadir mucho más a lo dicho en la entrevista.

—¡Willy! Ya estás aquí.

Está sentado en el salón, rodeado de libros. Es evidente que ha estado estudiando para los exámenes finales, aunque todavía llevaba puesto el pijama azul de franela de carritos del mismo color, el que reserva para cuando ha roto con alguna pareja, para todo tipo de enfermedades y para cuando está deprimido en general, se parece a una chica. Se levanta de un salto y corre a abrazarme.

—Empezaba a preocuparme. Pensaba que volverías antes.

—Pues yo creo que es pronto teniendo en cuenta que la entrevista se ha alargado…

Le doy la grabadora.

—Willy…, muchísimas gracias. Te debo una, lo sé. ¿Cómo ha ido?

Oh, no, ya estamos con el interrogatorio del detective Garnes.

Me cuesta contestarle. ¿Qué puedo decir?

—Me alegro de que haya acabado y de no tener que volver a verlo. Ha estado bastante intimidante, la verdad. —Me encojo de hombros—. Es muy centrado, incluso intenso…. Y joven. Muy, muy joven.

Me mira con expresión cándida. Frunzo el ceño.

—No te hagas el inocente. ¿Por qué no me pasaste una biografía? Me ha hecho sentir como un idiota por no tener idea de nada.

Frank se lleva una mano a la boca.

—Vaya, Guille, lo siento… No lo pensé.

Resoplo.

—En general ha sido amable, formal y un poco estirado, como un viejo precoz. No habla como un tipo de veintitantos años. Por cierto, ¿cuántos años tiene? —le pregunté para cambiar de tema.

—Veinticuatro, Willy. Lo siento. Tendría que haberte contado un poco, pero estaba muy nervioso. Bueno, me llevo la grabadora y empezaré a transcribir la entrevista.

—Parece que estás mejor. ¿Te has tomado la sopa? —le pregunto para cambiar de tema.

—Sí, estaba riquísima, como siempre. Me encuentro mucho mejor.

Me sonríe agradecido. Miro el reloj.

—Salgo pitando. Creo que llego a mi turno en Clayton’s.

—Willy, estarás agotado…

—Estoy bien. Nos vemos luego.

Trabajo en Clayton’s desde que empecé en la universidad, hace cuatro años. Como es la ferretería más grande de la zona de Portland, he llegado a saber bastante sobre los artículos que vendemos, aunque, paradójicamente, soy un desastre para el bricolaje. Eso se lo dejo a mi padre.

Me alegra llegar a tiempo, porque así tendré algo en lo que pensar que no sea Samuel de Luque. Tenemos mucho trabajo. Como acaba de empezar la temporada de verano, todo el mundo anda redecorando su casa. La señora Clayton parece aliviada al verme.

—¡Willy! Pensaba que hoy no vendrías.

—La cita ha durado menos de lo que pensaba. Puedo hacer un par de horas.

—Me alegro mucho de verte.

Me manda al almacén a reponer género en las estanterías, y no tardo en centrarme en mi trabajo.

Más tarde, cuando vuelvo a casa, Frank lleva puestos unos auriculares y trabaja en su portátil. Todavía tiene la nariz roja, pero está metido de lleno en su artículo, muy concentrado y tecleando frenéticamente. Yo estoy agotado, rendido por el largo viaje en coche, por la dura entrevista y por no haber parado de aquí para allá en Clayton’s. Me dejo caer en el sofá pensando en el trabajo de la facultad que tengo que terminar y en que no he podido estudiar nada porque estaba con… él.

—Lo que me has traído está genial, Guille. Lo has hecho muy bien. No puedo creer que no aceptaras su oferta de enseñarte el edificio. Está claro que quería pasar más rato contigo.

Me lanza una mirada burlona.

Me ruborizo e inexplicablemente mis pulsaciones se aceleran. Seguro que no era por eso. Solo quería mostrarme el edificio para que viera que era amo y señor de todo aquello. Soy consciente de que estoy mordiéndome el labio y confío en que el atento de Frank no se dé cuenta, pero mi amigo parece estar concentrado en la transcripción.

—Ya entiendo lo que querías decir con eso de formal. ¿Tomaste notas? —me pregunta.

—Mmm… No.

—No pasa nada. Con lo que hay me basta para un buen artículo. Lástima que no tengamos fotos. El hijo de puta está bueno, ¿no?

Me ruborizo.

—Supongo.

Intento dar a entender que me da igual, y creo que lo consigo.

—Vamos, Willy… Ni siquiera tú puedes ser inmune a su atractivo.

Me mira y alza sus pobladas cejas..

¡Mierda! Siento que me arden las mejillas, así que la distraigo haciéndole la pelota, que siempre funciona.

—Seguramente tú le habrías sacado mucho más.

—Lo dudo, Willy. Vamos… casi te ha ofrecido trabajo. Teniendo en cuenta que te lo endosé en el último minuto, lo has hecho muy bien.

Maldita sea, no para de preguntar. ¿Por qué no lo deja de una vez? Piensa algo, rápido.

—Es muy tenaz, controlador y arrogante… Da miedo, pero es muy carismático. Entiendo que pueda fascinar —le digo sinceramente con la esperanza de que se calle de una vez por todas.

—¿Tú, fascinado por un hombre? Qué novedad —me dice riéndose.

Como estoy preparándome un bocadillo, no puede verme la cara.

—¿Por qué querías saber si era gay? Por cierto, ha sido la pregunta más incómoda. Casi me muero de vergüenza, y a él le ha molestado que se lo preguntara.

Frunzo el ceño al recordarlo.

—Cuando aparece en la prensa, siempre va solo. Pero… solo habría que fijarse en como te ha tratado para saberlo.

—Ha sido muy incómodo. Todo ha sido incómodo. Me alegro de no tener que volver a verlo.

—Vamos, Guille, no puede haber ido tan mal. Creo que le has caído muy bien.

¿Qué le he caído bien? Alucinas, pringao’.

—¿Quieres un bocadillo?

—Sí, por favor.

Para mi tranquilidad, esta noche no seguimos hablando de Samuel de Luque. Después de comer puedo sentarme a la mesa del comedor con Frank y, mientras él trabaja en su artículo, yo sigo con mi trabajo sobre ‘Tess, la de los d’Urdeville’. Maldita sea. Esta mujer estuvo en el lugar equivocado y en el momento equivocado del siglo equivocado. Cuando termino son las doce de la noche y ya hace mucho rato que Frank se ha ido a dormir. Me voy a mi habitación agotado, pero contento de haber trabajado tanto para ser un lunes.

Me meto en mi cama de hierro de color blanco, me envuelvo en la colcha de mi madre, cierro los ojos y me quedo dormido al instante. Sueño con lugares oscuros, sillones púrpuras, suelos blancos, inhóspitos y fríos, y ojos oscuros.

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¡¿HABRÁ ALGÚN VEZ QUE PUEDA SUBIR LOS CAPÍTULOS EL DÍA QUE CORRESPONDE?! :‘v No pudimos subir ayer, ninguna de las dos, por cuestiones de trabajo o familiares, hola soy Kiara y estas sólo son tontas excusas pero verdaderas (?? Corazoncito si les gustó y reblog si queréis que mas gente bonita conozca esta historia 7u7. Cualquier cosita a nuestro ASK y diez mil y un abrazos para vosotros :'33 ADIÓH.