matutina's



Bon jour to the last station of my Ilocos trip! Sorry for waiting. (Not much photos around, though.) As much as possible, I made my last day worth-remembering. Now let’s begin the storytelling.

Due to postponed visits on our first day, we moved our schedule on 3rd day and unfortunately… Bahay ni Marcos  (I dunno the name, sarreh.) was still closed. Damn ettt. We just resorted on buying food beside it.

NEXT STOP: Baluarte Zoo.

The zoo was amazing, but the heat ruined it. I can be acceptable for an edible human, I sweated so much.

Trying to be a detailed blogger, but this is all I can say, it has so many animals. Hahahahaha. (malaman, zoo e.) 

From…

birds to..

deers…

to another deer..

to an authentic blue bird…

to my face with the tiger that almost scared the shnits of me when it moved its tail…

to couple key chains…

to weaved bags for P50…

to P25 mini bags… (I super love this photo, btw.)

to souvenir bracelets…

to tie-dyed scarfs…

to wooden kalesas…

and food… yay!

We ate at Matutina’s in Pangasinan. P1.2k for all these scrumptious food? Worth it!!!

No words. I was sad for our last day. (because I did not have the chance to even visit Calle Crisologo, SAD FACE) Guess what, I’m too lazy to put in details.

Keep reading

Fico completamente confusa quando estou perto dele, sinto um bombardeio de coisas dentro de mim acontecendo, e ao mesmo tempo me sinto leve, tranquila, como se todas as desgraças do mundo tivesse uma solução. E essa solução é o amor.
—  Stella Matutina

Ainda deitada na cama, meu corpo curvado, se embola no edredon, numa procura diária do teu corpo. O tempo nublado, assusta o meu peito nessa solidão matutina. O relógio não é mais meu amigo. Sou um ponto (in)quieto nesse imenso desgasto.

Onze e dezesseis da manhã.

E para eu esquecer de você decidi me afogar nos livros, mas cada personagem que eu acabava conhecendo, percebia um pedacinho de você alí, e eu acabava ficando mais apaixonada ainda por você.
—  Stella Matutina
¿Debes ducharte por la mañana o por la noche?

Molly Shea
Editor asistente

A primera vista, parece una cuestión muy sencilla: ¿es mejor ducharse antes de ir a la cama o apenas te levantas? Pero si les preguntas a tus amigos, verás que se dividen en dos bandos y se muestran inflexibles. Para quienes toman una ducha nocturna, la idea de irse a la cama sucios, con los gérmenes de todo un día, es simplemente repulsiva. Para el otro bando, comenzar el día cubiertos con el sudor de la noche anterior y sin la revitalizante ducha matutina, es simplemente inimaginable. ¿Quién tiene la razón?

Solo elige un momento, a cualquier hora. (Foto: Getty Images)

Ambos, pero según la situación. Todo, desde tu tipo de piel hasta el nivel de contaminación al que te expones, así como el tipo de actividad que realizas, determina el momento del día en que debes ducharte. Te damos las claves para que descubras cuál es la mejor opción para ti.

Debes tomar la ducha en la mañana si…

Tienes una piel grasa. “Una ducha matutina te revitaliza y es muy recomendable si tienes la piel grasa. Durante la noche, nuestro cuerpo produce grasa, por lo que ducharse en la mañana ayuda a limpiar los poros”, le indicó a Yahoo Health M.D. Holly Phillips, un internista de Nueva York.

Quieres empezar el día bien afeitado. “En el caso de los hombres, la ducha suaviza el vello de la cara, por lo que podrán afeitarse con mayor facilidad”, explicó Phillips.

No te molesta levantarte más temprano. Uno de los posibles inconvenientes de ducharse en la mañana es que se acorten tus horas de sueño. “Es probable que para tomar una ducha matutina tengas que levantarte más temprano, una perspectiva que no es muy incitante para los que les gusta apagar el despertador y dormir unos minutos más”, dijo Phillips.

Sudas mucho por la noche. “Obviamente, si alguien suda mucho durante la noche, querrá ducharse por la mañana”, dijo M.D. Tanya Kormeili, una dermatóloga de Los Ángeles.

No estás en contacto con muchos gérmenes durante el día. Eliminar la suciedad de la jornada es una de las razones principales para tomar una ducha nocturna. Sin embargo, si pasas de la casa al coche y de ahí a una oficina con aire acondicionado, y haces el mismo recorrido de regreso, no te ensuciarás demasiado. “Si te mantienes a salvo durante el día, será suficiente con cambiarte de ropa y lavarte las manos y la cara”, explicó Phillips.

Debes tomar la ducha en la noche si…

Necesitas relajarte antes de ir a la cama. “Muchos consideran que una ducha nocturna es relajante y sirve para aliviar las tensiones”, explicó Phillips. “Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que ducharse por la noche puede alterar tu temperatura corporal, afectando el ritmo circadiano, de forma que es más difícil conciliar el sueño. Si te ocurre eso, intenta bañarte un par de horas antes de ir a la cama”.

Llevas maquillaje. “Si llevas protección solar o maquillaje, debes eliminarlos antes de ir a la cama”, explicó Kormeili. Puedes simplemente lavarte la cara, pero el vapor de la ducha y el flujo constante del agua sobre el rostro son la mejor opción para eliminar cualquier residuo.

Tienes una piel seca. Si despiertas con un rostro perfectamente hidratado, ¿te darías una ducha matutina para hacer una limpieza profunda? No es una buena idea, dijo Kormeili. “La ducha matutina solo se recomienda para las personas de piel grasa, no para aquellas de piel seca o que sufren de eczema”.

Tu entorno no es, exactamente, estéril. Phillips dijo, “como residente, después de largos turnos en el hospital rodeado de gérmenes y enfermedades, me gustaría quitarme la ropa en la puerta e ir directamente a la ducha, para no llevar virus y bacterias a casa”. Es mejor ducharse por la noche cuando pasas gran parte del día en un entorno muy sucio, ya se trate de una ciudad muy contaminada o un trabajo como el de la construcción.

Trabajas duro o pasas todo el día al aire libre. “Si alguien es muy activo o trabaja al aire libre, necesitará una ducha por la noche”, explicó Kormeili.

Por tanto, elige una ducha matutina o diurna dependiendo de tu tipo de piel y estilo de vida, solo debes evitar bañarte demasiado, advirtió Phillips. “Ducharse varias veces, por ejemplo, en la mañana y en la noche, puede matar las bacterias que protegen de forma natural tu piel, o puede secar demasiado tu piel, provocando pequeñas grietas que pueden dar pie a infecciones”.

etherealuniversum

No tenía humor para nada. Para nadie. Simplemente…no tenía ganas de convivir. Y si por él hubiera sido, no habría salido de la cama ni se habría presentado a la estúpida junta matutina con sus superiores. Podía notar esa mirada de compasión y lástima en sus caras, ellos lo sabían también. Pero actuaban indiferentes, como si no hubiera pasado nada. Como si Mahiru no hubiese muerto.

Era el día. Aniversario de su muerte, del día en el que él mismo tuvo que asesinarla. Era inevitable sentir pesadez en el cuerpo, culpa. Soledad. Guren ni siquiera soportó la junta entera. Simplemente se levantó y se retiró sin decir una palabra, caminando directo a su oficina, donde podría pasar el resto del día consigo mismo y sus penas.

Al sentarse detrás de su escritorio, se limitó a contemplar el papeleo pendiente, perdido en sus recuerdos, culpándose una y otra vez, flagelándose con sus memorias.

Lo único que lo sacó de su pequeño pozo de miseria fueron los ya muy conocidos golpes en la puerta de la oficina.

—Largo.se limitó a decir. Lo último que necesitaba era eso…que lo estuvieran molestando.

Él fue brisa matutina en primavera, y terminó siendo rocío durante el invierno; no fue gentil. Me caló los huesos y destrozó el corazón, convirtiendo mis lágrimas en hielo y mis suspiros en neblina. Para él no existía mesura, y mucho menos lo que llamamos compasión. Quiso acabar conmigo, y creyó lograrlo pues se marchó triunfante, murmurando victoria en compañía del viento.
Ese invierno me hizo más fuerte: Ni siquiera la tormenta que me acechó más tarde pudo conmigo.
Meses después lo vi caer, y no me regocijé con ello, o al menos no dejé que la sonrisa que tenía en el rostro fuera sólo producto de aquello.
No se vive del pasado. Este se supera.
WEB: Entre o Agora e o Sempre

Capítulo 41

  • Micael narrando

Isso que eu chamo de frustração sexual matutina. Tudo bem, vou ter que pegar leve, senão ela vai começar a achar que eu estou aqui de bobeira para tentar me dar bem. Se fosse em outra época, com outra garota qualquer, eu já estaria levantando da cama para jogar a camisinha na privada, mas com Sophia é diferente. É duro (com trocadilho), mas vou ter que tentar parar de paquerá-la. Esta é uma viagem importante para nós dois. Só tenho uma chance de fazer isso certo, e não quero fazer merda nem fodendo.

— Então, o que vem a seguir na nossa viagem espontânea? — ela pergunta.

— Primeiro o café da manhã — explico, pegando minhas mochilas do chão —, mas acho que não seria espontânea se eu tivesse um plano.

Ela pega o celular da mesa ao lado da cama, verifica se tem novas mensagens de texto e ligações e depois o joga na bolsa.

Saímos.

Eis que surge a Sophia teimosa e reclamona:

— Por favor, Micael; não consigo comer nesses lugares — ela diz do banco do passageiro. A cidade é pequena, e quase todos os restaurantes são de fast-food ou ainda estão fechados. — Tô falando sério — ela insiste, fazendo um bico tão bonitinho que quero segurar seu rosto com as duas mãos e lambê-lo, só para ela gritar e fingir que é a coisa mais nojenta do mundo. — A menos que você queira uma companheira de viagem irritante, com uma hora de enjoo, dor de estômago e gemidos, não me faça comer esses troços, especialmente de manhã tão cedo. 

Jogo a cabeça para trás e aperto os lábios, olhando para ela.

— Você tá exagerando, vai.

Começo a achar que ela não está.

Sophia balança a cabeça, apoia o cotovelo na porta do carro e o polegar nos dentes da frente.

— Não, é sério; toda vez que como fast-food, eu passo mal. Não tô tentando dificultar tua vida, pode acreditar; é um problema sempre que vou pra qualquer lugar com a minha mãe ou com a Natalie. Elas precisam ficar dando voltas pra achar um lugar pra comer que não vai me deixar na pior.

Bom, então ela está dizendo a verdade.

— Tudo bem, com certeza não quero que você passe mal — rio baixinho —, então vamos rodar um pouco mais e procurar outra coisa no caminho. Vão ter mais lugares abertos daqui a umas horas.

— Obrigada. — Ela sorri com doçura.

Disponha sempre…

Duas horas e meia depois, estamos em Owasso, Oklahoma.

Sophia olha para o grande logotipo amarelo e preto da Waffle House, tão conhecido por todos os americanos, e acho que ela está decidindo se quer comer ali ou não.

— Na verdade, só tem um lugar bom mesmo pra tomar café da manhã — explico, parando numa vaga —, especialmente no Sul. Tem uma Waffle House em cada esquina por aqui, que nem a Starbucks lá no Norte.

Ela faz que sim.

— Acho que eu consigo encarar… Tem salada lá?

— Olha só, eu concordei em não te obrigar a comer uma porcaria gordurosa — inclino a cabeça para o lado e viro o corpo no assento —, mas salada já é demais.

Ela faz um bico, morde a bochecha por dentro e finalmente diz, balançando a cabeça:

— Tá, não vou comer salada, mas saiba que uma salada pode ter frango e um monte de coisas gostosas, que alguém como você provavelmente nem considerou.

— Não. Portanto, desista — afirmo resolutamente, e depois jogo a cabeça para trás, devagar. — Vamos lá, já esperei demais pra comer. Tô morrendo de fome. E fico mal-humorado quando tô com fome.

— Você já é mal-humorado — ela resmunga.

Eu a seguro pelo braço e a puxo para perto de mim. Ela tenta esconder o rosto, que está ficando vermelho.

Adoro o cheiro da Waffle House; é o cheiro da liberdade, de estar na estrada e saber que 90% das pessoas comendo ao seu redor também estão. Motoristas de caminhão, mochileiros, bebuns — aqueles que não levam a vida monótona e escravizada da sociedade.

O restaurante está quase cheio. Sophia e eu conseguimos uma mesa perto do grill e o mais longe possível das altas vidraças. Há uma jukebox obrigatória — um símbolo da cultura das Waffle Houses — perto de uma daquelas janelas.

A garçonete nos recebe com um sorriso, um bloco de anotações numa mão e uma caneta pronta para escrever, com a ponta apoiada no papel.

— Posso trazer café pra vocês?

Olho para Sophia, que já está correndo os olhos pelo cardápio sobre a mesa.

— Vou tomar um chá doce — ela diz.

A garçonete anota e olha de novo para mim.

— Café.

Ela balança a cabeça e vai preparar nossas bebidas.

— Parece que tem umas coisas boas aqui — Sophia comenta, olhando o cardápio com uma bochecha apoiada na mão fechada. Seu dedo indicador corre pelo plástico e para na pequena seção das saladas. — Viu? Olha só — ela olha para mim —, tem salada de frango grelhado e salada de frango com maçã e noz-pecã.

Não resisto a esse olhar esperançoso dela.

Eu entrego os pontos. Totalmente.

— Pode pedir o que quiser — autorizo, com uma expressão de ternura. — Sério, não vou reclamar.

Sophia pisca duas vezes, um pouco atordoada por eu ter cedido tão facilmente, e então seus olhos parecem sorrir para mim. Ela fecha o cardápio e o coloca no suporte sobre a mesa enquanto a garçonete volta com nossas bebidas.

— Vão pedir agora? — ela pergunta, depois de deixar as bebidas na nossa frente. A ponta de sua caneta, como se nunca saísse do lugar, ainda está encostada no bloco, pronta para ser usada.

— Vou querer a omelete fiesta — Sophia diz, e vejo um sorrisinho em seu rosto quando ela me olha.

— Com torradas ou pão? — a garçonete pergunta.

— Pão.

— Com creme de milho, batata ou tomate?

— Batata.

A garçonete termina de anotar o pedido de Sophia e se vira para mim. Penso por um segundo e então digo:

— Vou querer a salada de frango com maçã e noz-pecã.

O sorriso de Sophia desaparece imediatamente e seu rosto fica imóvel. Pisco para ela e guardo o cardápio no mesmo suporte.

— Tá vivendo perigosamente, hein? — a garçonete brinca.

Ela arranca a primeira folha do bloquinho.

— Só por hoje — respondo, e ela balança a cabeça e vai embora.

— Que porra…? — Sophia diz, estendendo as mãos com as palmas para cima. Ela não consegue decidir se deve sorrir ou me olhar, sem graça, então acaba fazendo um pouco dos dois.

— Acho que se você tá disposta a comer uma coisa só por minha causa, posso fazer o mesmo por você.

 — Ah, é? Mas acho que essa salada não vai ser suficiente pra você.

— E eu acho que você tá certa — concordo —, mas o que é justo é justo.

Ela faz uma cara levemente incrédula e se recosta no banco.

— Não vai ser tão justo se eu tiver que ficar ouvindo você reclamar que tá com fome quando a gente voltar pra estrada. Você mesmo disse que a fome te deixa de mau humor.

Não consigo realmente ficar de mau humor com Sophia, mas ela tem razão: a salada não vai bastar para mim. E alface me dá gases — com certeza ela vai odiar viajar comigo se eu comer essa porra. Mas eu consigo. Só espero conseguir comer tudo sem me entregar, deixando escapar alguma das mil reclamações que já estão na ponta da minha língua.

Isso vai ser interessante.

Prefacio

Mi mayor cómplice es mi verdugo y también mi redentor, con quien cuento para la muerte matutina bajo el agua y con aliento de café.
Cuerpo que te multiplicas en otras manos, en otros muslos y en otros pies; cuerpo que te sumerges, acuario que te vuelcas imaginario sobre la nada que te engendra. Mar omnipotente, ruido incalculable, muros contra el ruido. Tengo el gesto listo y la lírica. Ya ablandé los huesos, ya falta muy poco, y nos vamos a fundir.

Son las 5:20 am, maldición, mis párpados pesan como dos lunas a punto de chocar. No puedo cerrar los ojos sin que se me venga la imagen de aquella persona que creía conocer haciendo con su mujer de ingle inquieta cosas que solía hacer conmigo. Vaya que disfruto las 2 semanas que me encontré ausente. Joder, ya han pasado 3 meses, ¿por que simplemente no puedo olvidar? ¿Por qué no continuar con mi vida cotidiana así como el lo hizo en (literalmente) 10 días?
Le deseo suerte a esa alma eternamente solitaria, que no sabrá nunca lo que realmente se siente al amar a alguien.
No me amaste. Ni a ella. Ni a nada.
Nunca ha amado a nadie, solo a el mismo. Posiblemente nunca lo haga, pero te deseo suerte, alma solitaria.
—  Melancolía matutina.
F1: Hamilton domina las prácticas del GP de Hungría

BUDAPEST, Hungría (AP) — El campeón mundial de la Fórmula Uno Lewis Hamilton volvió a exhibir su dominio al conseguir las vueltas más rápidas en las dos primeras sesiones de práctica del Gran Premio de Hungría.

En cambio, la prometedora sesión Daniel Ricciardi (Red Bull) terminó con problemas de motor.

Daniil Kvyat tuvo el segundo mejor tiempo por la tarde, un puesto por delante de su compañero de equipo Ricciardi, quien se salió de la pista mientras su motor humeaba cuando restaban unos 20 minutos, lo que obligó a ondear la tercera bandera roja del día.

La bandera salió dos veces en la sesión matutina, primero cuando el mexicano Sergio Pérez escapó ileso de un choque, y luego cuando Kimi Raikkonen chocó y rompió el alerón delantero de su Ferrari.

Sebastian Vettel perdió el control de su Ferrari e hizo trompos dos veces, pero alcanzó a cronometrar la séptima mejor vuelta.

Hamilton superó a Kvyat por .351 segundos, y a Ricciardo por .502.

Algunos pilotos tuvieron dificultades para controlar sus bólidos bajo condiciones calurosas por la tarde. Marcus Ericsson se quejó que su Sauber “se resbalaba por todos lados”, y Romain Grosjean también perdió el control de su Lotus.

Nico Rosberg, quien nunca ha subido al podio en Hungría, quedó cuarto, .719 segundos de su compañero en la escudería Mercedes.

Muchos pilotos exhibieron tributos a Jules Bianchi, con calcomanías como que llevaban mensajes como “Ciao Jules” o “JB 17” en sus cascos. Bianchi murió el viernes a raíz de las lesiones que sufrió en octubre en un choque en el GP de Japón.

Pirelli, la compañía que suministra las llantas a la F1, tuiteó “sarai sempre con noi” (siempre estarás con nosotros) en honor al piloto francés, que falleció a los 25 años y fue enterrado el martes en su ciudad natal de Niza.

Hubo un gran susto cuando Pérez volcó su bólido en la 11ra curva. El vehículo se elevó y se estrelló con la barrera, por lo que Force India catalogó como un problema de suspensión.

Pérez salió ileso del accidente y saludó a los fanáticos mientras caminaba al centro médico del circuito Hungaroring.

“Todo bien, un gran alivio”, tuiteó su equipo.

Force India decidió que Pérez y su otro piloto, Nico Hulkenberg, no participaran en la segunda sesión mientras investigaba el problema de suspensión.

“El vehículo de Sergio sufrió daños considerables a su carrocería, alerones y la parte de abajo, y se realizan las reparaciones”, dijo el equipo en un comunicado.

La temperatura de la pista era de 59 grados Centígrado, la más calurosa en la F1 en dos años, según Pirelli.