marvadas

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Todo comenzó con una pequeña mirada, atravez del vídeo “MI CARA” de ahí hubo algo que me cambio para siempre, no sabia de lo enamorada que iba  a quedar con esa cara tan angelical, fuiste, eres y seras mi ángel, gracias por cadas sonrisas que nos brindas con cada vídeo, cada día creces, es como si hubiera sido ayer cuando estabas haciendo el Unboxing de la cuchara, cuando tenias la cara de un niño pequeño, ahora ya con 24 años, aun no me lo creo, tantos momentos compartidos, simplemente los mejores años de mi vida, todo lo que esta pasando te lo mereces, eres la persona mas maravillosa del mundo. GRACIAS POR TODO RUBEN DOBLAS GUNDERSEN.

(he tomado varios screnshots de todos los directos y vlogs, aun no he terminado, en un rato subiré la otra parte, son demasiados D:)

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“Me gusta la manera en que solo nosotros dos nos entendemos, la forma en que nos sonreímos, esos momentos en los que jugamos a ser algo mas, eso me confunde, pero aun así siempre sabre que tu nunca me amaras como yo te amo, porque no me puedes sonreír como a ella? porque solo me miras como un amigo?, espero algún día tener el valor para confesarte mi amor, no se que pasara ahora, no se que seremos en un futuro, lo único que se es que si supieras cuanto te amo te darías cuenta del porque ya no sigo a tu lado, no quiero dejar de pelear por ti, pero algo me dice que ya no puedo mas, te amo, y es por eso que me alejo de ti, Que seas feliz con ella suerte.

Te amo Ruben.

Att: Miguel Ángel

TT^TT joder…. que profundo :‘c

One-Shot: Rubelangel / Raspberry ♥

Solo una recomendación, lean esto mientras escuchan esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=2m3drKU8Xmw
- Formato Especial.
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Aquel día, él estaba decaído. Pese a que en su vida, siempre la suerte le había sonreído, esta vez no fue así. Su mejor amigo y novio, llegó con prisa al lugar, y allí vio algo que le partió el alma.
Rubén, quién siempre traía una sonrisa enorme en su rostro, estaba hecho un mar de lágrimas sobre su mullida cama.

—Hey Rubiuh, ¡vamoh, anímate!

Pero aunque intentó sonar alegre para contagiarlo de su inútil entusiasmo, Rubén no se movió de la cama. Él solo seguía hecho un ovillo en su colchón con la vista nublada y perdida en algún rincón de su alcoba.
Miguel, que sabía perfectamente la razón de su comportamiento, suspiró entristecido. Hace tan solo una hora, él le había llamado en medio de un profundo llanto para que viniera a acompañarlo, pues no deseaba estar solo. Así que se apuró lo máximo que pudo y llegó hasta su casa, pero tarde fue, ya que Rubén estaba sumido en una depresión que parecía no tener fin.

—¡Vamoh Rubiuh, que'toy aquí contigo!

—Mangel —susurró despacio intentado enfocar su vista en él.

Este al oír su nombre, se acercó hasta estar a su lado y le acarició suavemente la cabeza. Le dolía verlo así, le dolía no poder arreglar aquello que lo hacía sufrir, era algo que no tenía solución, no había reparo para recomponer la tristeza adentrada en su corazón.

—No lloreh, no me gusta verte así.

—Ella ya no esta… ya no… —Y sin poder evitarlo, volvió a soltar un amargo e insufrible llanto desgarrador.

Él solo se quedó quieto en su lugar intentando no desmoronarse también, pero las fuerzas le fallaron y empezó a sollozar en silencio a su costado. Entonces Rubén al oír que no era el único que sufría aquella perdida, se sentó y extendió sus brazos para que él le abrazara.
Por suerte, entre ellos dos había una química muy intensa, capaz de comprenderse sin emitir alguna palabra, por lo que Miguel lo aprisionó en un abrazo cálido y acogedor, sabía que tenía que darle un consuelo, una esperanza, un rayo de luz que se había perdido.

De pronto la habitación se llenó de un ambienta triste y nostálgico, aquellas dos figuras abrazadas que compartían un mismo sentimiento de amor, ahora también sentían una melancolía divida.
Y como si el cielo supiera lo que esas dos almas profesaban, una lluvia apacible empezó a caer sobre la ciudad de Madrid. La ventana cerrada pero con las cortinas abiertas, se humedecía debido a las miles de gotas que caían sin pena sobre ella.
Hasta que sucedió, un grito de dolor y aflicción, se oyó con fuerza en aquella alcoba, era un grito de una alma compungida ante una gran perdida.

—¡Raspberry!

Todo este mar de emociones, eran las consecuencias de algo que sucedió unos días atrás.
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Rubén como cada día, se levantó para ir hacer su ya tan conocida rutina. Aunque algo en esta, se rompió, pues cuando fue a alimentar a sus dos gatas, una de ellas estaba en el suelo al lado del sofá de su sala. En un principio creyó que estaría durmiendo fuera de su cama, pero su expresión despreocupada, cambió a una de angustia cuando al hacer sonar su bolsa de croquetas, solo una gata atendió al llamado del dueño. Fue entonces que decidió tomar cartas en el asunto, llegó a la sala e intento hacer entrar en razón a su minina adorada, pero esta no respondía como siempre lo hacía. Él, más asustado que nunca, agachó su cuerpo para sentir su respiración y se dio cuenta de que poco a poco, sus latidos se volvían frenéticos acompañados de una respiración lenta y pausada.

No necesito más motivos para coger sus llaves y salir en pijama con su gata sobre sus brazos, tenía que ir al veterinario más cercano, tenía que ayudar a su amiga. Con una velocidad que muchos envidiarían, corrió sin descanso hasta una clínica de animales, allí entró desesperado pidiendo auxilio. Desde luego, los médicos le ayudaron, le arrebataron a su niña de los brazos y se la llevaron a una camilla para revisarla. Rubén que estaba con los nervios de punta, no pudo quedarse quieto en la sala de espera, hasta que por fin, uno de los especialistas salió para informarle del estado de su gata.

Él oyó paciente cada palabra dicha por el doctor y solo entonces notó, como la vida de un ser vivo, puede romperse en tan solo un segundo. Su gata, como ya era bastante obvio, tenía que quedarse en la veterinaria para hacerle unos análisis y así poder saber exactamente, que era lo que la atosigaba.
Sin dudarlo, Rubén se ofreció a quedarse con ella todo lo que fuese necesario, así que el doctor al ver una expresión bastante firme, pero con un amor paternal, aceptó a que el joven pasará el día entero ahí, al lado de su pequeña.

Durante dos días, nadie supo de Rubén, pues él mando a la mierda todo. No aviso a nada ni a nadie donde se encontraba y qué estaba haciendo. En su cabeza, solo un pensamiento ocupaba su mente, que su hija estuviese bien. Durante esos días, solo salió a alguna tienda cercana para comprar algún souvenir que engañara el hambre que sentía en su estómago, pues por nada del mundo quería alejarse de ella. En ese tiempo, él también pudo conocer lo que era la verdadera angustia y temor de perder a un ser querido, y aunque tratara de mantener una vaga esperanza, a veces sus emociones le traicionaban.

Su ansiedad acabó, cuando al tercer día le llegaron los análisis del centro de laboratorio. Una sonrisa leve surcó su rostro, estaba seguro que eso le iba a traer buenas noticias, pero lamentablemente no fue así. El médico con dolor en su rostro, le dio aquella información en sus manos de la mejor manera posible.

—Tu gata sufre una enfermedad crónica hepática, y en su estado, ya no hay muchas posibilidades de supervivencia. El tratamiento constaría de suero vía intravenosa, todos los días de su vida. El cuadro clínico informa que en su estado, es lo único que se puede hacer, pues esta muy deplorable. Y aún con el tratamiento, no hay grandes porcentajes de que se reanime.

El corazón del dueño se oprimió, si bien hace unos meses su gata había estado en una etapa de obesidad y de pronto, había adelgazado, no sintió la necesidad de preocuparse, había creído ciegamente que eso podía ser normal ya que durante ese tiempo, la gata había empezado a moverse más y beber agua en grandes cantidades. Nunca creyó, que todo eso era consecuencia de una enfermedad crónica felina.

—Doctor, solo quiero saber algo. —Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas mal contenidas—. ¿Ella sufrirá si… si sigue viva?

El médico solo soltó un breve suspiro, y con pesar, asintió ante aquella pregunta. Entonces Rubén entendió, la única solución para aquella felina que durante tanto tiempo le había acompañado. Y sin aguantar más, se dejo caer pesadamente sobre el suelo y soltó un llanto amargo. Sabía lo que debía hacer, sabía que era lo correcto, pero esa decisión, solo le trajo un dolor intenso en su cuerpo.

Doblas, amaba a su gata. Siempre lo demostraba, pese a tener dos mininas en su casa, Raspberry era su favorita, era quien había llegado primero, a quién había cuidado desde que era una cachorra, y por eso mismo, no deseaba verla sufrir agonizante sobre la camilla de una veterinaria.

—¿Qué hará, joven Doblas?

El muchacho con el corazón destrozado, se levantó tambaleante del suelo y con las pocas fuerzas que le quedaban, susurró algo que jamás en su vida pensó decir; “la eutanasia”.

—Entonces venga a despedirse de ella. —Dicho eso, el doctor lo condujo hasta una habitación especializada, donde se encontraba su felina conectada a un tubo metálico con una bolsa de suero colgando. Allí lo dejo en silencio, mientras iba a buscar el Pentobarbital y la Fenitoína para inyectarle al animal.

Cuando Rubén estuvo solo frente a su hija, la acarició suavemente a la par que unas delicadas lágrimas rodaban por su mejillas pálidas.

—Lo lamento tanto, no supe cuidarte bien, ni siquiera me di cuenta de que desarrollaste esa enfermedad. Soy un gilipollas —su llanto se hizo más fuerte—, pero juro que te ame como a nadie. Yo, estoy tan agradecido de todos los años que viviste a mi lado que ahora… ahora solo me queda decirte adiós.

Y aquella felina, alzó débilmente su pequeño rostro para soltar un maullido en forma de consuelo, pero ese tierno gesto, terminó por incrementar el dolor del joven.

—¡Joder no! —Se arrodilló en el suelo—. ¡No te mueras! ¡No te vayas de mi lado!, por favor… por favor Raspberry no. —Las lágrimas se volvieron gruesas y salieron en cantidad—. ¡Te lo suplico! No me dejes… no me dejes…

—Joven Doblas, ¿está listo?

Él alzó el rostro mirando nuevamente a su amiga, allí agonizando de dolor, y asintió sin mirar al médico. Por más egoísta que quisiera ser, no podía permitirlo, no podía dejar que ella siguiera sufriendo. Juro que la protegería desde el momento en que llego a su lado y aquella promesa, la iba a cumplir incluso hasta el final de sus días.

—No se preocupe, no sentirá dolor. Esta “medicina” solo hará que se duerma y eventualmente, su respiración se irá acortando hasta morir tranquilamente. Lo prometo.

Al ver que el joven no respondió, procedió a quitar el suero pero sin quitar la intravenosa, con lentitud y mirando de reojo al joven, inyecto la anestesia en sus venas. La pequeña gata poco a poco comenzó a cerrar los ojos y su respiración, fue desapareciendo con el pasar de los segundos, hasta que en un momento dado, sus latidos dejaron de sentirse.

Sin más que hacer, le colocó una mano al joven en su hombro y luego de una corta despedida, se retiró para dejar solo al dueño con el cuerpo inerte de su gata.
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Rubén siguió llorando en compañía de Miguel, quién también había compartido buenos momentos con esa pequeña traviesa que lleno de alegría el corazón de ambos, aunque aún más, el corazón de él. 

En su mente, solo pasaban los miles de recuerdos que crearon juntos, las miles de aventuras y emociones que conocieron. Mucha gente siempre le habían preguntado, “¿cómo es que prefieres a un gato que a un perro?”, y él solo se reía en sus caras. Rubén sabía perfectamente, que solo aquellos que han convivido con esos elegantes animales, podían entender el porque de su elección.

Tanto años a su lado, tantas memorias juntas. Él amo a su gata con todo su alma, pues por más traviesa e inquieta que era, le había dado felicidad en los momentos más oportunos. Le había sido fiel hasta el último momento.

“Los gatos pueden ser cariñosos con varias personas que le rodean, siempre los verán como sus juguetes o sus mascotas, sus personalidades distantes e independientes, no necesitan mucho del cariño de alguien, a excepción, de aquel al que eligen como su persona especial, aquel al que miran no como uno más, sino como miembro de su manada, solo a él o ella, el gato le será fiel incluso hasta la muerte.”

Aquella frase, él la había leído en un foro de internet, pero en un principio no la entendió. Pero con el pasar del tiempo, notó la verdad de aquellas palabras. Raspberry podía ser una “guarra” como siempre le decía, pero jamás, en ningún momento de su existencia, lo abandono. Aquel amor que recibió de Rubén, se lo devolvió hasta la última gota. Un amor libre y recíproco, con ataduras y sin ellas, pero con una lealtad inigualable.

El viento sopló fuerte, y golpeó con fuerza el ventanal. Pero el zagal seguía en su estado deprimente, hasta que Miguel, ya no soportando verlo así, lo soltó y se fue corriendo a fuera de la habitación. Pese a su acción, él no se inmuto, no tenía ni las fuerzas ni las ganas necesarias para reclamarle algo.

Pasó media hora, y nuevamente apareció su novio pero con una agitación algo inusual.

—Rubén. —Le nombró atrayendo su atención—. Raspberry no ha muerto, ella sigue viva. Y aquí esta…

El muchacho alzó aquella vista ojerosa y rojizaa para ver lo que cargaba Miguel. Entonces, sus ojos caídos se abrieron de par en par.

—¿Recuerdas que hace un mes y medio, durante una semana tu gata desapareció? —Suspiró nervioso—. Nunca te lo dije, porque sabía que ibah a enloqueceh e intentah adoptah a todoh loh gatitoh, aún sabiendo que poh esa razón te pueden botah del departamento. —Se acercó lentamente hasta la cama—. Bien pueh, la verdad es que yo me la llevé cuando me di cuenta de que estaba preñada. Esperé a que diera luh y regalé a todoh los gatitoh, luego la traje devuelta. Pero esta pequeña de mes y medio, fue la única que no obsequié, porque me pareció bastante mona.

Rubén se crispó y de un saltó, le dio un golpe a su novio.

—¡Es que eres gilipollas! ¡¿Quién te dio permiso de llevártela?! —gritó enfurecido—. ¡Tú sabías cuanto me altere al pensar que jamás regresaría, capullo!

—Lo siento. —Se disculpó—. Pero aunque no creah, tu gata me la hizo difícil. Ella quería estah a tu lado, así que cuando sus gatitoh ya estuvieron algo crecidoh, se alejo de elloh empezando a maullah para regresah a tu lado. Y mira…

Y antes de que Rubén lo volviera a golpear de frustración, miro atentamente cuando Miguel descubrió entre aquellas mantas coloridas, a una gata idéntica a su madre. El joven se quedo inmovilizado, no podía caber en la sorpresa, eran iguales, así que con el mismo cuidado que tuvo la primera vez que cargó a Raspberry, cogió a esa pequeña entre sus manos.

Aquella gatita tan pequeña, como si hubiese reconocida a la persona, ronroneo acomodándose en su pecho. Otra vez un llanto se oyó en la habitación, pero esta vez, era un llanto de compasión.

—Eres igualita a tu madre. —Intentó hablar con claridad con su voz entrecortada—. Y ahora, yo cuidaré de ti, pequeña.

La abrazó con fuerza y la gatita se dejo hacer, no se quejo en lo absoluto. De pronto otro maullido sonó en el lugar, “la otra gata” se acercó lentamente hasta su afligido dueño y sobó su cabeza entre sus piernas, como dándole el apoyo que necesitaba.

Entonces comprendió una última cosa, que pese a no tener más a su hija, aún tenía dos pequeñas más a quienes cuidar. Esto no era un adiós, solo un hasta luego.

—Mangel, gracias.

—De nada Rubiuh. —Lo tomó de los hombros y lo beso suavemente para no romper el encantó de aquel encuentro inesperado.

Este por su parte solo sonrió, y miró hacia la ventana. La lluvia había dejado de caer, el sol oculto tras las nubes, apareció junto con un hermoso arco-iris que se veía a través del cristal.

—¿Alguna vez has oído el poema “El puente del Arco-Iris”? —preguntó aún con su vista en la ventana y con su mano acariciando la cabeza de la pequeña minina.

—No.

“Hay un puente que une el Cielo y la Tierra. Se llama el Puente del Arco Iris debido a sus muchos colores. Precisamente en ese lugar hay una tierra de prados, colinas y valles con un césped verde y frondoso. Cuando una mascota amada muere, va a este lugar. Allí hay siempre comida y agua suficiente y un tiempo cálido y primaveral.

Todos los animales que habían estado enfermos y viejos recuperan su salud y vigor; aquellos que fueron heridos o mutilados se vuelven fuertes e intactos de nuevo, así como nosotros los recordamos en nuestros sueños de aquellos días que pasamos juntos. Ellos juegan todo el día unos con otros. Hay comida y agua suficiente y el sol brilla, y nuestros amigos están calentitos y cómodos. Los animales están contentos y satisfechos, salvo en una pequeña cosa: ellos extrañan a alguien muy especial, a quien tuvieron que dejar atrás.

Todos ellos corren y juegan juntos, pero llega el día en que uno de ellos de repente se detiene y mira en la distancia. Sus ojos luminosos están atentos; el cuerpo entusiasmado se estremece. De pronto eres visto, y cuando tú y tu amigo especial os encontráis, lo tomas entre tus brazos y lo abrazas. Los besos de felicidad llueven en tu cara; tus manos de nuevo acarician esa cabecita tan querida, y te ves una vez más en los ojos confiados de tu mascota, tanto tiempo lejos de tu vida pero nunca ausente de tu corazón. Entonces cruzáis juntos el Puente del Arco Iris, para no separaros nunca mas…”

—Deberías leerlo, gilipollas. —Una última lágrima se deslizó por su mejilla al escuchar en su mente, aquel poema que el doctor le había citado antes de irse de la clínica.

—Lo haré. —Sonrío abrazándolo contra su pecho.

Rubén en medio de aquel gesto amoroso, cerró los ojos y en su mente imagino a aquella dulce gata que llenó de luz su vida solitaria. En su mente, ella maulló y con la cola erguida, caminó hasta su dueño para ronronear antes de desaparecer fugazmente. Esa simple despedida, sabía bien que era solo para decirle: “Te estaré esperando, mi amable y tonto dueño”.

“Siempre estaremos juntos, mi pequeña hija Raspberry”, respondió antes de abrir los ojos. Y cuando al fin lo hizo, observó a su novio con amor, a su segunda hija ronroneando en sus piernas y finalmente, a la pequeña bebé que estaba entre sus brazos.

El tiempo podía pasar, y aunque ahora tendría otros gatitos a quienes cuidar, jamás olvidaría a la primera que lleno de un sentimiento de amor puro y sincero, su corazón. Aquella única e inigualable minina, que siempre estaría en sus mejores recuerdos incluso, hasta el final de sus días, donde estaba seguro que sería la primera en recibirlo en el más allá, con sus tan típicos y cariñosos maullidos.

“Hasta entonces, pequeña”.

Fin.

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La verdad, no quiero comentar a fondo sobre esto, solo salió y ya. Espero que lo hayan disfrutado.
El Poema del Arco-Iris, es de autor anónimo.

- Dedicado para aquellos que sufrieron la perdida de un fiel amigo/a, para quienes conservan un recuerdo de sus tiernos compañeros, para aquellos que en su corazón, albergan un fuerte sentimiento por estos lindos animales que nos llenan de alegría el alma. ¡Disfruten a esos pequeños, para que en un futuro, jamás se arrepientan del amor que les entregaron!
Atte. Alexandra.

♪ Meow.