martynperkynson

Los extraños

Cuando lo vi sentado atrajo instantáneamente mi atención, al parecer no era el único, aunque no era una impresión grata, notaba cierta diferencia atrayente, pero no inspiraba al contacto, parecía agresivo pero curiosamente indiferente, como un fuego, que se consume sin intención de lastimar y que nadie quiso tocar por miedo. Entre camisa y corbata de férreos valores de luz, note que no había un solo rastro de color entre sus vestiduras, Únicamente el curioso café de su mirada taciturna, Perdida entre pensamientos de naturaleza reflexiva, tenía unos ojos curiosamente amoldados a la tristeza, reflejaban todo el pesar que intentaba confundir o transmitir con sus ropas. Su boca: enrojecida por el frio del invierno, lanzaba palabras sordas hacia el alba creciente. Su expresión: una soledad melancólica y zozobrante extrañamente parecía acostumbrada.
 El miraba asombrado aunque, valga mi redundancia, triste la ventana del bus de larga distancia, estaba sentado entornado hacia la ventana, como dando la espalda a quienes compartían el viaje, abierto en la mano izquierda, estaba un libro con una página señalada por el pulgar, aunque este, ya no tenía su atención. En sus orejas mitad cubiertas por una melena de cabello negro que parecía haber sido peinado a las apuradas, había dos audífonos blancos, quienes enviaban música serena, aunque catalogada de ruidosa o cacofónica. Pero nada de esto lo entretenía. Parecía sumido entre reflexiones incompletas, o sueños que la resignación no había consumido. Como sea, el solo miraba el horizonte.  En su costado derecho, un extraño leía indiferente el periódico de la mañana, totalmente contrario a el anterior descrito, llevaba gafas negras sobre la parte alta de la frente, chaqueta azul y una camisa blanca planchada y desabotonados los dos primeros botones blancos del cuello. Sosegado y despreocupado el no noto la expresión de su continuo, prácticamente no dio cuenta de los pasajeros del bus, no tenía por qué hacerlo.
En una vuelta, el bus, entro en una zona alta de montañas habitadas, aunque escasamente, había lo que parecían bosques artificiales que servirían de materia prima a su alrededor, y el panorama cambio considerablemente, La mañana que había estado tan soleada aunque fresca, de pronto desapareció. En un momento, una espesa neblina cubrió todo el paraje. La expresión del chico de obscuras vestiduras cambio, el horizonte ahora interrumpido y nuboso, no permitían que sus ojos vieran más que blanco, gris, y siluetas vagas de cosas que estaban a pasos de él. Sintió un poderoso desconsuelo, y su boca se entorno hacia abajo, como abatida por la gravedad.  En un momento de estremecimiento, froto sus ojos y poso su mano  derecha en su rodilla apretándola, casi en una desesperación controlad y conocida.
Sintió un escalofrío por la baja considerable de temperatura y se estremeció, la neblina parecía inquietarle cada vez más. Volteo su mano para poder continuar con su lectura, pero no lo hizo, seguía mirando por la ventana. Atraído por como la neblina había convertido el sol en una luna diurna, ahora el sol no era más un foco entre el descolorido paisaje, se parecía a aquella luna de la tarde, esa que esta pálida y vagamente brillante en el cielo. Soltó un suspiro de ansiedad y pareció intentar distraerse, quiso retomar su lectura, cuando el extraño poso su mano sobre la suya.
 Claramente sorprendido contemplo la escena, incrédulo, pero solo con una mirada. Nunca miro a su acompañante al rostro, y este tampoco lo hizo, volteo hacia la ventanilla intentando disfrazar su corte. Pero ahora sus dedos entrelazados impidieron que este se volviera del todo su torso, La neblina duro 20 minutos más, pero este ya no la sintió. Sus manos no se despegaron, pero no cruzaron mirada en todo el viaje, no se dijeron nada y casi en calidad procurada, no se tocaron más que con las manos, que permanecían interrumpidamente inertes en su rodilla, A veces estas blandeaban y se volvían a presionar más fuerte en una presión recíproca lo que le producía cierta confianza.
Al bajar del bus, Volvieron a ser desconocidos. No intentaron buscarse y si por si acaso se volvieron a cruzar de nuevo, no se reconocieron   

                                                            -Pablo Martin Arias Perkynson