marianie

A mí no me gusta la gente que se va sin despedirse, tampoco el silencio que atropella las palabras, ni el regreso que dura un segundo. No me gusta la gente que es intermitente, que se cree ola, que va y que viene. Esos que abren una oportunidad, que hablan desde la ventana y cuando uno abre la puerta, ya se tienen que ir. No me gustan los que de repente te abrazan y cuando miras al lado dejan vacíos, ni siquiera dicen hasta luego. A mí que me quieran constante, no digo que sea en línea recta, pero que estén, que se sienta de corazón a corazón el mismo te quiero. Que si se van tengan la cortesía de al menos cerrar la puerta, que si tienen que ausentarse que al menos lo dejen saber para no estar a las mismas horas esperando su regreso. Mira que el café se enfría y las ganas también. Mira que uno se cansa de mirar, de hacerse preguntas, de tratar de encontrar respuestas. A mí no me gusta la gente que usa muchos puntos suspensivos, que se van corriendo y uno no sabe si vendrán a las seis como de costumbre, o si terminarán la historia ahora o más tarde. No, a mí que me digan espérame o adiós, conmigo que sean claros de una vez, porque eso de andar en la incertidumbre de dar pasar la página o cerrar el libro no me gusta.

M. Sierra

No se trata de quien llegó primero,

ni quien te deshojó al amanecer

sino de quien te vio 

cuando el sol no salía,

quien te tomó la mano 

cuando te creías perdida

y quien pese a todo sigue ahí.


Es más importante quien se queda

y no te obliga a huir,

es más amor 

el que te acaricia las heridas

y no el que te deja 

un te quiero a medias.


No se trata de quien te hizo escribir

una historia por primera vez,

sino de quien sigue creando

pequeños mundo a tu lado,

de aquel que te invita

unas vidas por estrenar,

de quien sabe 

lo que dicen tus latidos,

no de ese que prefirió otro camino.


Es más valioso quien encontró

belleza en el desastre,

y oyó la canción de tus ruidos,

que aquel que entró a tu paraíso

por vez primera

y ahora solo te deja

un montonal de ausencias.


No es quien llegó primero

a abrirte el corazón,

sino quien, con el alma encerrada,

te hizo liberar te quieros,

te enseñó a creer en el amor,

en el verdadero amor.

Mariani Sierra Villanueva.  

Entonces encontramos a alguien con quien desprendemos, con quién soltamos, con quien nos hacemos pedazos y eso no nos asusta.

Encontramos a alguien a quien queremos de mil maneras, aprendemos de sus heridas y acariciamos su pasado como si fuese nuestro. Al fin nos perdemos en unas manos y los pies no se cansan de echar raíces. Vivimos el hoy sin ese miedo al mañana. Y sabemos que vendrán tormentas, sabemos que nos visitará la incertidumbre, pero aprendemos a que el amor así es, como la vida misma; con altos y bajos para que no se nos olvide de dónde venimos y a dónde vamos.

Entonces te das cuenta que de eso se trata el amor, de lecciones, de libertad, de aprender y enseñar. De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver lo que tú no ves, que te enseñe a mirar con otros ojos.

—  De eso se trata -Pág 11. Radiografía de un corazón de Origami | Mariani Sierra

Te dejé ir.

Y no es que te tenía preso,

ni que te quiera menos.

Es que comprendí que hay personas

que es mejor quererlas de lejos,

que es mejor abrazarlas a distancia.

Dejar ir es amarte desde donde estoy

porque juntos no podemos estar,

porque si te detengo, me perdería;

y si te quedas, entonces te perderías tú.

Te dejé ir.

No por cobardía, sino porque entendí

que este amor necesita un espacio

para que se expanda,

para que luego,

si la suerte está a nuestro favor,

nos volvamos a encontrar

y esta vez sí nos podamos amar,

sin temor a perder,

en el mismo lugar.

Mariani Sierra Villanueva.

Me pregunto de qué sirve crear un abismo adrede, de qué sirve el silencio (aparte de cortar), de qué sirve seguir con la cobardía de no soltar a alguien pero irse…
— 

20 días sin ti…y otras lecciones. Mariani Sierra Villanueva.


Eso me pregunté a mi misma, pues quería silencio para oír más allá de mis limites conocidos, necesitaba escuchar mi interior para saber qué hacer. No era cobardía, por lo menos no era mi caso.