marco negro

“Star Butterfly” Sketchbook & Digital, 2017.

A little lesser known, but I’m a huge fan of Star Vs. The Forces of Evil, and with season three kicking off tomorrow I felt it was an apt time to give into the hype and sketch up this bountiful ball of energy. I opted for the full star on the wand in this one because I hope it all comes back together, but I’ll also settle for another episode with the Butterfly version of Star in season three. Also to note, it’s just not Star without some allusion to Narwhal Blast, I mean, c'mon ;)

Rojo y Negro.

Al abrirse una puerta vieja de madera llena de recuerdos, se movía hacia delante y atrás como si flotara, el viento hacia ondear un cartel de sus sueños no cumplidos, perdí la cuenta de cuantas veces cruce aquel marco de madera, perdiendo noción del tiempo y la luz. Ya no sé cuántas veces se malograron mis intentos de atravesar aquella puerta con una sonrisa. Tenía el sueño de que aquellas cuatro paredes se agrietaran y se pudiera introducir aunque sea un rayo de luz, solamente quería que el suelo se quedara frió sin tener que calentarlo y mojarlo con lluvia tormentosa, al caminar por las calles aquellos vientos tenían el poder destructivo de quebrantar mi valor y soñaba con subirme sobre el sin ser dañado, como si navegara en la dirección correcta. Un día de lluvia y de colores sobre el cielo; solo provocaron que fuera a mi alcoba, al entrar me percate que una luz desde mi ventana apuntaba hacia un papel en el suelo y aun lado un bolígrafo. Comencé a lapizar dibujos, trazos, símbolos sin sentido así llene una página. Miraba hacia todos lados para echarle la culpa alguien, pero solo había cuatro paredes blancas, una de ellas estaba roja la ira se había apoderado de mi, aun con mis manos destrozadas todos los objetos a mi alrededor tenían la culpa de mi furia; me apoye sobre el suelo una vez más, cerré mis ojos  pero solo se podían escuchar sentimientos que ahorcaban mi corazón hasta dejarme sin respiración. Repentinamente una fuerte brisa volteo el papel sobre el cual había puesto mis trazos de valores tronchados, fue tan fuerte que el tubo de tinta llego hasta mis manos; como si un lápiz y un papel preguntaran a mis descarrilados sentimientos como se encuentran, desembocando una guerra entre mi mente y corazón, mientras que mi corazón guardaba archivos valiosos, mi mente analizaba: “¿Qué?, ¿Cuándo?, ¿Y cómo?”, concluyendo con un porciento no favorable, a pesar de que mis manos estaban muertas y el goteado no paraba, no podía detener mi mano algo la impulsaba a seguir, estaba en un trance del que no podía escapar, nada a mi alrededor existía, solo estaba yo dentro de ese papel inspirado en esa tinta y convertido en palabras. Escribí, hasta que no encontré palabra más que decir, hasta que no encontré nada más que decir a un papel y un lápiz, una vez termine, me quede mirando hacia el vacío como si no supiera que estuve haciendo por horas.  Me levante, y esa fue la primera vez que pase por el marco de madera y aquella puerta a otra dimensión con una sonrisa en mi cara, me sentía tan relajado que salí a fuera a descansar sobre la hamaca. Y allí estaba yo detrás de aquel árbol de flamboyán, bajo la sombra de una cicatriz roja y manchas de tinta negra de vida; se  encontraba el corazón que una vez amaste recogiendo sus trozos en aquel sueño.

La vida era tan linda y escuchábamos a Adamo, a los ángeles negros, al Marco Antonio Solís en la radio a cassettes mientras íbamos a Cartagena con los cabros, que estaban chicos, aburridos atrás preguntando cuánto falta, que si ya llegamos con esa impaciencia de niño. Yo no quería que llegáramos, quería que estuviéramos ahí siempre. O al menos ahora quiero que nos hubiéramos quedado ahí para siempre, nos hubiéramos ahorrado tantas cosas. Ese momento era tan perfecto mientras me acordaba de cuando nosotros éramos chicos y te vi pasar en ese triciclo rojo ofreciendo fruta, cuando me di cuenta que éramos vecinos, cuando supe tu nombre y me dije a mi misma que contigo me iba a casar. También me acuerdo que cuando me conociste éramos re pobres y tú te robabas comida para traer pa’ la casa porque me amabai, o eso era lo que me decías. Y yo te amaba tanto, que todavía te amo a pesar de todas las cagás que te mandaste, y del tiempo, y la distancia.
Estábamos los dos solos y estábamos escuchando la radio cuando empezó a sonar una canción que “esa me la dedicó tu abuelo”, me dijo “¿puedo ponerla más fuerte?”
And I need a friend
oh, I need a friend
to make me happy 
not so alone…
De verdad ser viejo vale callampa, yo no les creía cuando me lo decían, pero te sientes más solo que la cresta. Yo tomaba once y la escuchaba escuchando, mientras miraba por el balcón, mirando a esa calle con la ilusión de siempre, de que un día te vería de nuevo, que iban a decir por televisión que todo había sido mentira. Yo te creí, te creí los para siempre, los envejecer juntos, los hasta que seamos viejos, teníamos una vida perfecta y te moriste hijo de puta, ahora qué hago yo con todo lo que siento, con todas las cartitas, las promesas, las canciones que me dejaste que me llevan todos los días a mirar por el balcón creyendo que tal vez un día vas a volver. 
No need to laugh and cry
it’s a wonderful 
wonderful life.
Nunca te enamores, me dijo, y se encerró en su pieza.

Nuestros colores –Wigetta- One Shot

Leyendo acostado en mi cama, justo enfrente estaba mi ventana abierta dejando entrar luz, polvo y alguna mosca; del otro lado de la calle, una bonita casa más o menos como la mía. Hace unos días sacaron el cartel de “SE VENDE”, algunas personas comenzaron a preparar la entrada con bonitas flores, adornos ridículos y varias tonterías más, pero lo que más me interesó de aquella casa aparentemente recién comprada, era como la estaban pintando.

Tengo una manía con clasificar a las personas con colores. La mayoría de las personas lo hacen con palabras, tanto buenas como malas; yo lo hacía con colores.

Y no es que fuera infantil; tengo veintiún años, vivo solo, voy a la universidad y trabajo, pero era una forma que yo tenía para saber qué tipo de persona conocía.

Aquella casa había sido pintada el día anterior de morado, morado chillón.

El color morado representa realeza, poder, lujo, ambición…

Es un color bastante muy usado por mujeres para la decoración, ya que también representa arte, nostalgia, sentimiento…

Por lo visto ahora iba a tener una nueva vecina.

—————-

No sé cuánto tiempo pasó hasta que pude ver por primera vez a aquella nueva persona que vivía ahora en nuestro barrio. Y resultó ser un hombre.

El camión de la mudanza llegó hace unas cuantas horas. Cinco hombres descargaron las cosas en la casa y se marcharon, no sin antes estrechar manos con el nuevo dueño de casa: Un hombre alto, bastante corpulento, castaño y poco más alcancé a ver desde mi cama que tenía en frente mi ventana y del otro lado la calle.

Iba vestido con una camisa arremangada hasta el antebrazo, de color azul y celeste en fusión, –pureza, seriedad, honestidad, además de frío- jeans y no sé cómo eran sus zapatillas, pero estaban chulas.

Bueno, no es que me hubiera fijado demasiado en él desde el primer momento en que lo vi salir al trote de su casa para despedir a los trabajadores. Simplemente me seguía dando curiosidad el por qué su casa era ahora morada.

 

Creí que sería un buen gesto ir a saludarlo y darle la bienvenida al barrio, mostrarle dónde estaban ubicados los negocios por si las moscas y hacerle saber que este vecino tenía azúcar para darle.

Vale, admito que me llamó la atención más de lo que debió, por eso mismo también sentía la necesidad de saludarlo.

Tiré mi libro –el cual llevaba dos semanas intentando leer, pero es aburridísimo- sobre la cama y fui hasta el baño a peinarme un poco, echarme un poco de perfume –sutilmente, no es que me fascinara olorizarme- y repasar la vista del actual Guillermo frente al espejo.

A pesar de ser domingo se podía decir que iba bien vestido: Camiseta limpia, jeans azules, mis zapatillas cafés y poco más.

Mientras bajaba la escalera pensando en algún pretexto más para ir a su casa –frente a la mía- caí en la cuenta de que podía darle al guapo desconocido un pequeño presente de bienvenida: La tarta de chocolate de mamá.

No es que no me gustara, simplemente que no me gustaba. ¿Sabes?… En fin, era de mi madre, no podía negársela porque se había tomado la molestia de conducir hasta aquí y dármela. Actualmente yo me negaba a comer postres, pero ella se empeñaba en tentarme. Típico de madres; arruinarte la dieta.

Aún estaba completa y suculenta envuelta en su papel celofán transparente, por lo que de verdad parece que la preparé yo o algo por el estilo. Al menos esperaba que eso pareciera.

Toque el timbre y esperé pasiente-impasientemente tambaleándome adelante y atrás a causa de los nervios del momento.  Lo que vi a continuación casi hace que las piernas se me doblen, dejándome caer al piso junto con mi querida Marta la Tarta.

Mi nuevo vecino estaba sin camiseta, descalzo y con el cabello castaño húmedo. Tenía la barba de dos o tres días medio afeitada medio no. Parece que lo pillé en el baño después de ducharse, afeitándose y antes de poder vestirse.

Se me quedó mirando con una sonrisa entre amigable y dulce, mientras yo seguía ahí parado con Marta la Tarta en una mano como si fuera un mozo y con la boca en forma de O. Por poco más y mis babas le daban una ducha a Marta la Tarta.

-¿Puedo ayudarte en algo?  -preguntó lo más tranquilo del universo, como si  no estuviera mojado, medio afeitado y semidesnudo en la entrada de su casa con vista al público frente a una persona a quien no conocía que le traía una tarta de bienvenida. Muy tranquilo aun así.

-Claro que puedes ayudarme. Empieza por ponerte ya mismo una camiseta-

-Esto… Yo… Quería traerte… Te traje, emm, una tarta para darte la bienvenida al barrio. Y decirte que es un morado muy bonito el que elegiste… eligió para su casa…  -los nervios me estaban paralizando tanto que en un momento a otro empecé a hablarle de usted. El chico sonrió ampliamente, y me di cuenta que era más dulce que la mismísima tarta de chocolate que traía en mi mano. Más nervios gratis para tito Willy.

-Vaya, eso es muy amable de tu parte. Me alegra que te guste mi morado –Mientras tomaba la tarta que le tendí, otra sonrisa de galán se dibujó en sus labios rosados, una sonrisa con un sutil pero notable toque de picardía. Rosa picante…

-Me llamo Guillermo y ahora soy tu vecino de en frente. –Intenté devolverle la sonrisa lo mejor que pude, pero no sé si fue eso o una extraña mueca en plan “Estas tan bueno…”

-Encantado Guillermo. Soy Samuel, tu nuevo vecino de en frente. –me tendió la mano y nos dimos un amigable apretón de manos. Ya está, este era todo el contacto físico que creía podría tener con él.

-Bueno, como parece que te interrumpí y estás demasiado en forma como para querer comer porquerías de chocolate, yo… emm…, me marcho. –mientras intentaba controlar la mano cual había tocado la de Samuel, que ahora desenfrenadamente quería volver a tocarlo, retrocedí unos cuantos pasos más nervioso que el día de mi boda. No sé cómo no me tragué las flores que estaban en la otra punta del jardín.

-Espera… No me interrumpiste, solo terminaba de vestirme y afeitarme. Si gustas y no tienes nada que hacer ahora mismo, en este preciso instante… -se detuvo y por alguna razón, noté fuego en su mirada. Sonrió de nuevo- puedes esperarme en el sofá jugando o viendo televisión si gustas y cuando termino comemos un poco de tu tarta juntos. También podemos jugar un ratillo o me puedes dar un paseo por el barrio para aprendérmelo un poco… -Mis cinco sentidos se alteraron cual átomos cuando dijo “También podemos jugar un ratillo…”. Obviamente sé que no se refería a lo que mi sucia mente y todas las vuestras se refieren. Pero simplemente, noté como cambió por una milésima de segundos el tono de voz pronunciando esas cinco palabras. Tampoco iba a negarme, obviamente de nuevo.

-Claro… -sonreír como idiota desorientado fue todo lo que pude hacer antes de que se apartara y me hiciera una pequeña reverencia con su mano para indicarme que podía entrar.

El salón de aquella casa me hizo volar por mi nube de universos.

A pesar de ser igual de grande que el mío, tenía muchos más muebles y estanterías y aun así sobraba espacio a los cuatro vientos. Había una enorme alfombra morada en el suelo, un sofá de cuero negro amplio con una bonita mesita ratona delante en la cual descansaban mandos de PlayStation, supuse, un control remoto y una caramelera de cristal, la cual por cierto solo contenía caramelos de uva.  A unos metros de distancia, un mueble de madera negro con un plasma de la leche y muchas divisiones para guardar juegos y películas –llenas de juegos y películas, desde luego- y algunos cuadros con fotos de Samuel con familia y amigos, supuse de nuevo.

Había tres enormes estantería en forma de escalera, desde la más pequeña hasta la más grande, repletas de libros apilados en vertical perfectamente derechos, ordenados por categorías, dentro de esas categorías, ordenados por colores y tamaños. Sobre las estanterías había pequeñas plantas de interior descansando y despidiendo aire puro en silencio, porque eran plantas.

Las paredes del interior también eran moradas, pero en un tono un poco más claro, tirando a lila –signo de nostalgia, sentimiento… En fin, lo que pensé que era un color con el que decoraban las mujeres-. Había algunos cuadros con elegantes marcos negros a juego con toda la madera de ese salón colgados simétricamente a tantos centímetros unos de otros. Lo mirase desde donde lo mirase, no podía ver que algún cuadro estuviese torcido o desparejo con los demás.

Era un salón realmente bonito, ordenado y digno de una persona elegante y con lujo, tal como el color de las paredes lo decía.

Hice lo que Samuel –adoro su nombre- me prepuso y como si estuviera en un castillo de alta realeza me senté en su sillón. Me apetecía tomar un caramelo, pero estaban tan perfectamente ordenados que me dio pena, y recordé que ahora tendría que comer a Marta la Tarta, aun estando en una estricta dieta a la cual no hacía mucho caso, ya que comía hamburguesas día por medio.

Mientras esperaba, busqué en el estante del lado derecho del mueble del plasma algo que me interesase jugar. Saqué FIFA, ni modo. Eso podría jugarlo con Samuel.

Lo puse en la Play, ajusté los controles y me senté con el mando rojo en la mano justo cuando Samuel volvía al salón, pero esta vez vestido con una camisa blanca arremangada hasta el antebrazo, zapatillas Pony y un rostro afeitado y hermoso. Es verdad, su rostro era hermoso.

Se sentó a mi lado y tomó el otro mando. Me dio un par te advertencias, en plan “Soy muy bueno jugando” y “No llores cuando te gane, nene” –realmente me dijo nene, casi convulsiono-.

Quería sacar tema de conversación mientras jugábamos; Conocerlo y tal vez, solo si él quería, conocerme a mí.

-Así que… ¿Por qué decidiste pintar tu casa de morado? ¿Sentiste que tenía que ver con tu personalidad o era para que tu casa se distinga de las demás? -Siempre, SIEMPRE sacaba primero el tema de los colores. Debe ser más que un trauma lo que tengo.

-Es mi color favorito. –su respuesta fue amable y curiosa. Se estaba dando cuenta de mi afición por los colores, y tal vez, por el morado.

Que genio que soy. Obviamente era porque el morado es su color favorito. Guillermo, te obligo a pensar antes de preguntar como idiota.

Volteé por una milésima de segundos a verlo. El miraba a la pantalla muy concentrado sujetando el mando con ambas manos. En una de ellas, además de un pequeñísimo tatuaje con forma de candado, tenía dos pulseras; Una verde y una morada exactamente iguales.

La falta de aire casi hace que Samuel anote un punto, pero no soy fácil de ganar en FIFA. Bueno, el realidad sí…

-¿Puedo decirte Guille? –preguntó de repente. Mis pulmones casi salen corriendo por mi boca debido al poco y tan apretado aire que recibían. Seguramente ya no me soportaban y se estaban mudando para siempre.

-Desde luego –me salió un titubeo por los nervios, por lo que Samuel volteó a verme unos segundos; los suficientes para anotar un gol en su portería.

Poco faltó para ponerme a bailar en medio de su salón. Simplemente actuaba como idiota en su presencia.

Su mirada pareció perder la gracia característica, como si acabase de darse cuenta de que el partido iba en serio. El tocar el medio tiempo, puso en pausa la consola y fue a buscar la tarta de chocolate. Al volver se sentó más cerca de mí de lo que estaba antes. Tuve miedo de que pudiera escuchar mi corazón chocando y volviendo violentamente contra mi pecho.

-Te gusta el morado, ¿verdad? -preguntó antes de cortar un trozo de tarta y tendérmela en una perfectamente doblada servilleta.

No es que me disgustara el morado, al igual que todos los otros colores. Supuse que lo preguntó por el interés que demostré en ver toda su casa morada. Simplemente que a él le gustara me gustaba a mí. ¿Raro?

-No me disgusta, pero no me fascina. Me gustan los colores en general.

-le di una probadita a la tarta, y me arrepentí bastante de no haberla comido antes. Estaba realmente deliciosa. Gracias mamá.

-Ah, ya veo. ¿Se puede saber por qué? –parecía realmente interesado en mi patética charla de colores, pero pareció gustarle la tarta, ya que lo vi esbozar una pequeña sonrisa al probarla.

-Verás… Las personas suelen clasificar o describir a las personas con categorías o palabras sin más. Yo lo hago con colores.

Espero que no sonara tan absurdo como en mi cabeza.

-Osea… a un cabrón… ¿Con qué color lo describirías? –su pregunta me hizo gracia. Comí más tarta.

-Depende como sea ese cabrón. Si es insensible, bruto, mal hablado pues, todo tiene un color. Los colores nos describen y definen bastante nuestras formas de ser. Con el color morado ocurre igual.

Su mirada mostraba verdadero interés, cuando pensé que sería solamente “Este chico es tonto. Sal de mi casa y deja mi tarta en la mesa”.

-¿Qué significa el morado? –preguntó como si fuera un niño queriendo saber quién era Santa Claus.

-Pues, muchas cosas… Poder, lujo, realeza, transmite sentimientos, sabiduría… Es un color relajante y se dice que es usado por las personas más predominantes para sentirse tranquilos.

Con cada palabra, Samuel parecía llover de orgullo al saber que ese era su color favorito y que él representaba todas esas cosas y muchas más.

-Me describe bien -sonrió. Creo que lo dijo más como para hacerme saber a mí como era él. Darme la oportunidad de saber cómo era… - ¿Cuál color te describe a ti, Guille?

-Yo… -no supe qué responder. En primer lugar, le interesaba mi charla de colores, o eso parecía. Me tenía en las nubes. En segundo… Nunca me lo pensé. Pasaba la mayor parte de mi tiempo pensando qué color describe a cada persona y me esforzaba por tratar de averiguarlo. Pero nunca me tomé el tiempo o las molestias de pensar como era yo y que color me describe. Principalmente porque no sé cómo me ven los demás. – en verdad no lo sé.

No sé por qué pero esperé desconcierto en su respuesta. En cambio, sentí comprensión.

-¿Por qué te interesan tanto los colores?

-Estudio psicología. Hice muchas pruebas con colores, viendo como estos afectan a las personas, haciéndoles preguntas e intentando asignarles un color, luego les preguntaba que opinaban y casi siempre estaban de acuerdo. Es… mi forma de describir a las personas.

Que linda era esa sonrisa que me dedicaba mientras comía tarta…

-¿Y qué pensaste cuando viste una casa morada de repente?

Buena pregunta. Pero me daba vergüenza contestarla.

-Bueno… Yo creí que en esa casa viviría una mujer. Es un color que transmite sentimientos y pureza, por lo cual muchas mujeres lo usan para decorar…

Excusas. Simplemente excusas para intentar que no se molestara al escuchar que yo creí que el color morado era más para mujeres. Y no es que yo piense eso… ¡Estoy nervioso!

-Bueno, ahora en adelante cuando veas color morado piensa en mí. –aquella sonrisa…

Casi me ahogo con la tarta. De hecho, tosí un rato hasta que pude pasarla con lágrimas en los ojos.

Pensar en él… Si es cierto que cuando pensaba en un color pensaba en algo o en alguien que me recordase a ese mismo. Pensar en él por el morado…

Casi no supe que responder con mi sonrisa de idiota.

-Verde.

Su dulce sonrisa se amplió un poco más, aunque sabía que no entendía a qué me refería con eso. Tal vez pensaba que ahora iba a darle una charla del color verde, su significado y qué efectos crea en las personas.  

-¿Verde qué?

-El verde me describe. El verde es mi color favorito.

Como si leyera su expresión de sorpresa y no entender del todo, hablé:

-Representa sapiencia, felicidad, naturaleza, esperanza, resistencia, posesión…

Tal como él lo había echo antes, acababa de darle una descripción de mí. Jamás lo había echo, pero me sentía bien.

Ahora ambos sabíamos un poco más del otro. Los colores definen muy bien a las personas.

Sonrió de nuevo antes de sacar de su muñeca la pulsera verde que había visto antes, exactamente igual a la morada y me la entregó. No supe que decir, pero sentía millones de cosas.

La tomé sin poder disimular la sonrisa de encanto y me la coloqué en la mano izquierda, la contraria a la cual el la llevaba puesta. Sin decirlo pero ambos sabiéndolo, acabábamos de sellar un pacto entre ambos. Acabábamos de unir una amistad o algo más que eso…

-Para mí eres un arco iris de colores y sentimientos.

No pude responder. Mis mejillas lo hicieron por mí, ruborizándose como bien sabían hacerlo. Quería oírlo hablar de mis colores…

-Apenas te conozco y acabas de contarme precisamente como eres. Pero yo pienso que estar lleno de emociones. Te veo fuerte y a la vez tranquilo, dulce y muy enérgico, una muy buena persona, creativo, divertido, muy hermoso…

Sus ojos quedaron en suspensión con los míos. Nunca en mi vida me habían dicho cosas tan hermosas y tan reales… Nunca supe cómo me veían las demás personas, sólo pude describirme como yo creía que era. Pero apenas conociéndome, Samuel prometió un sinfín de cosas con tan solo mirarme. Buscó en mí algo bueno y se aferró a ello eternamente.

-¿Para ti soy un arco iris? –la sonrisa me delataba. Mi mano izquierda buscaba con ardor picante la suya. Mi nueva y mí preferida pulsera quería a su compañera.

-Eres un arco iris de emociones –como si yo lo hubiera pedido, su mano derecha buscó mi mano izquierda. La sujetó como si estuvieran echas para estar juntas, al igual que nuestras pulseras.

Una vez en un pedazo de papel amarillo con líneas verdes él escribió un poema

Y lo llamó “Chops” , ya que era el nombre de su perro

Y de eso se trataba todo

Y su maestro le dio una A y una estrella de oro

Y su madre la colgó en la puerta de la cocina y lo leyó a sus tías.

Ese fue el año en el que Padre Tracy llevó a todos los niños al zoológico

Y los dejó cantar en el autobús

Y su hermanita nació con los pies pequeños y sin pelo

Y su madre y su padre se besaron mucho

Y la niña de la esquina le envió para San Valentín una firma con una fila de X’s y tuvo que preguntarle a su padre que significaban

Y su padre siempre lo había metido en la cama por la noche.

Y estaba siempre dispuesto a hacerlo.

Una vez más en un pedazo de papel blanco con líneas azules escribió un poema

Y lo llamó Otoño , porque ese era el nombre de la temporada

Y de eso se trataba todo

Y su maestro le dio una A y le pidió que escribiera mas claramente

Y su madre nunca la colgó en la puerta de la cocina por la nueva pintura

Y los niños le dijeron que el Padre Tracy fumaba puros

Y que dejaba las colillas en los bancos de la iglesia

Y algunas veces quemaba los bancos dejando agujeros

Ese fue el año en que su hermana usó gafas gruesas y marcos de color negro

Y la chica de la esquina se echó a reír cuando él le pidió ir a ver a Santa Claus

Y los niños le dijeron por qué su madre y padre se besaban tanto

Y su padre nunca lo metió en la cama por la noche

Y su padre se enojó cuando él le lloró para que lo hiciera.

Una vez más en un papel arrancado de su cuaderno de notas escribió un poema

Y lo llamó “Inocencia: Una Pregunta” por que esa era la pregunta acerca de su chica

Y de eso se trataba todo

Y su profesor le dio una A y una extraña mirada fija

Y su madre no la colgó en la puerta de la cocina , porque nunca se la mostró

Ese fue el año en que murió el Padre Tracy

Y él se olvidó de cómo era el final del Credo de los Apóstoles

Y atrapó a su hermana haciéndolo en el porche trasero

Y su madre y su padre nunca se besaron o hablaron incluso

Y la chica de la esquina llevaba demasiado maquillaje

Que lo hizo toser cuando la besó , pero él la beso de todos modos porque eso era lo que debía hacer

Y a las tres am se metió en la cama mientras su padre roncaba profundamente

Es por eso que en la parte posterior de una bolsa de papel marrón trató con otro poema

Y lo llamó “Absolutamente nada” porque es lo que era realmente todo

Y él mismo se dio una A y un corte en cada maldita muñeca

Y lo colgó en la puerta del baño porque esta vez no creía poder alcanzar llegar a la cocina.

Soy la unica que ha pensado: Espera. ¿La ventana de la cama de Willy tenía el marco negro? Por que yo creo recordar que no… Y se ve que se acaba de despertar así que… tal vez durmió en otra habitación de la casa… cof - la de Vegetta - cof

No prestéis atención a mis delirios, tanto tiempo en el fanfom me esta haciendo mal…