manuel granero

“Lo que siguió se produjo sin transición e incluso sin vínculo aparente, no tanto porque las cosas no estuvieran relacionadas, sino porque las presencié como un ausente. En pocos instantes, para mi horror, vi a Simone morder uno de los globos, a Granero adelantarse y presentar al toro la muleta roja; luego a Simone, la sangre a la cabeza, en un instante de densa obscenidad, desnudar su vulva donde entró el otro cojón; Granero fue derribado y acorralado contra la balaustrada; los cuernos golpearon tres veces al vuelo la balaustrada: uno de los cuernos atravesó el ojo derecho y la cabeza. El clamor aterrado de la plaza coincidió con el espasmo de Simone. Catapultada del banco de piedra, vaciló y cayó; el sol la cegaba, sangraba por la nariz. Algunos hombres se precipitaron, cogieron a Granero.

Toda la muchedumbre de la plaza estaba en pie. El ojo derecho del cadáver colgaba.”