manosd

siempre seré la chica dispuesta a arriesgarlo todo
por la oportunidad de lograr algo extraordinario
golpearme hasta los huesos
desvelarme en el jardín
untarme de desgracias
de tus “no puedo”
del azul de los días
de las nubes
de tus manos
de los cielos llenos de hilos 
de “el mundo es tan maravilloso que me dan ganas de llorar”
para conseguir
la luz que necesita ser esparcida
por los rincones del mundo

No es frecuente verlos
porque donde hay multitud
ellos
no están.

Esos tipos raros no son
muchos,
pero de ellos
provienen
los pocos
cuadros buenos
las pocas
buenas sinfonías
los pocos
buenos libros
y otras
obras.

Y de los
mejores de los
extraños
quizás
nada.

Ellos son
sus propias
pinturas
sus propios
libros
su propia
música
su propia
obra.

A veces me parece
verlos
por ejemplo
cierto viejo
sentado en cierto
banco
de una cierta
manera
o
un rostro fugaz
en un automóvil
que pasa
en dirección
contraria
o
hay un cierto movimiento
en las manos
de un chico o una chica
que empaqueta
las cosas
en el supermercado.

A veces
incluso es alguien
con quien estuviste
viviendo
algún tiempo,
te vas a dar cuenta
de una mirada rápida
y luminosa
que nunca
le habías visto
antes.

A veces
sólo notarás
su
existencia
repentinamente
en un
vívido
recuerdo.

Algunos meses
algunos años
después de que se hayan
ido.

Recuerdo
a uno:
Tenía unos
20 años
iba borracho a
las 10 de la mañana
se miraba en un
espejo
resquebrajado
de Nueva Orleans,
un rostro soñador
contra los
muros
del mundo

¿Qué
ha sido
de mí?

Charles Bukowski

Musa

Musa

A veces quisiera forzarte,
a ti, sirena sin nombre
y hacerte pasar por tinta,
respirarte como un canto
o alguna idea grandiosa.

Quisiera atarte
a las llagas de mi melancolía,
y juntarte toda adolescente, fantasiosa,
entre mis manos
de carbón molido.

Pero tu risa escapa,
se esconde entre la yerba congelada
de los eternos días de Febrero.
Te vuelves nube, ideal,
beso quebrantado.

 El amado fantasma de mi fantasma.

Javier Vazquez Zepeda

Cap. 2015 pág. 335 de 365

Ven, enrédate de lo que veas,
sujeta tus manos
de mis certezas
o de los lugares
y horas que me quedan para ti.
No tardes,
que el tiempo amenaza con separarnos
que el café se enfría
y las poesías se vuelve efímeras.
Se acaba lo infinito
si no me abrazas ahora,
me crecen las nostalgias si tu
mirada no se posa en mis labios.
Ven, que el futuro no es tan incierto,
ni el amor tan complicado.
Ven, ahora, no esperas a mañana,
que el abismo no es tan profundo
si lo saltas conmigo.


M. Sierra Villanueva

Cap. 2015 pag. 51 de 365

¿Cómo se desmemoria las manos?
Las mías no dejan de arder al pensarte,
de hablar de ti cada segundo que puede,
de recordarte,
de aferrarse como si fueses mi última oportunidad.
¿Cómo hago para que dejen de detenerte?
Para que al fin puedan dejar de hacerte eterno.
Para que la mano extendida se canse finalmente.

Las ausencias me pesan,
el vacío me acorrala.
Mis dedos entumecidos no dejan de hablar
de lo que fue,
de lo que hiciste,
de lo mucho que extrañan tu toque.
¿Cómo hago para que mis manos pierdan esa manía
de echarte de menos,
de aterrarse al escribir punto final?

Ya mis las lágrimas son suficiente,
mis manos no dejan de tocar tu fantasma,
de acariciar los te quieros que me sembraste por dentro.
Mis poesías todas tratan de ti,
de los mil colores que creamos juntos,
de las historias que entretejimos mientras nos queríamos,
mientras me querías.
Pero, cariño, dime,
¿cómo se desmemoria las manos
de aquello que durante tanto tiempo
las hizo tocar el cielo?,
¿cómo se reemplaza los caminos,
el mapa?
Dime, ¿cómo lo hiciste tú?


M. Sierra Villanueva