mandos consolas

Noche de juegos- Rubirex Lemmon

 Habían pasado una semana desde que mi amigo volvió a Madrid. Quizá solo había pasado cosa de un mes desde la última vez que nos vimos, pero ya le echaba de menos. Quería abrazarlo para no soltarlo, porque con lo impredecible que es, nunca sabía cuando lo volvería a ver. Tendemos a aislarnos el uno del otro sin motivo alguno. Así es siempre con mi querido Willy, pero al ser sus tiempos diferentes a los míos no siento que deba de quejarme.

  La verdad es que no me esperaba que después de tantos días pidiendo verle acceder al fin, reunirse con él es peor que pedir invitación con el mismo rey, pero no se podía negar por mucho, me debía este encuentro. Después de todo, sabiendo que a pesar de que este en España, se mudaría lejos dentro de unas semanas y el vernos seguiría siendo complicado. Se que prácticamente lo había obligado a venir, por alguna razón él me estaba esquivando más de lo normal pero eso ya ni me importaba, aunque muchos puedan ver como algo forzada nuestra amistad la realidad es que Guillermo, mi Willy, era más importante para mi de lo que muchos creen.

 Y aquí me tienes, esperando a que llegues

  Tocaron a la puerta. Dejo el mando de la consola a un lado, con toda la pereza encima logré reunir las fuerzas para levantarme y abrirle la puerta al dichoso hombre. ¡Qué sorpresa! Ahí estaba, con su gran sonrisa de siempre.

  —Willy, tío. Se te extrañaba.. — Lo abrace fuertemente, no vaya a ser que el desgraciado se escape.

  —Pero que exagerado eres Rubius. Nos vimos hace apenas un mes, ni que nos dejamos de hablar.— Suelto un poco el agarre del abrazo, él me mira risueño haciendo que sus ojos desaparezcan entre sus mofletes, no puedo evitar tomarlo de sus mejillas para pellizcarlas, como jugando con estas.

  —Pero si es que son tan apretares.— Me echa una mirada seria, fingiendo estar enfadado, con las mejillas sonrojadas, pero sin ni siquiera poder retener su risa, aquella tan contagiosa que hacía que me ría al unisono.

  Puse música que acompañe nuestra platica mientras esperábamos las pizzas que pedimos, cuando esta llego solo nos pusimos a comer entre alguna que otra cerveza, por lo general él no es de tomar alcohol, pero en ocasiones como aquella no mostraba resistencia. Así pasamos el rato sentados en mi sillón entre risas, charla, comida y bebidas.

  —¡Chaval! Estaba buena la pizza.— Dijo mientras se estiraba en su lugar. A pesar que me había contado sobre su ardua semana no se le veía muy cansado, aunque con sus pequeños ojos era difícil diferenciar si lo estaba o no. No pude evitar soltar una risa ante mi pensamiento.. —¿De qué te ríes?

  —De nada.— Trate de decir mientras retenía la risa, terminando de comer el bocado de pizza que tenía en mi boca.— Si, ese lugar las hace muy buenas. Tendríamos haber pedido otra, todavía no estoy lleno y no tengo nada más en casa..—

  —¿Y qué pretendes comer entonces?— Dice con su voz gruesa mientras arqueaba sus cejas con una sonrisa de lado haciendo que me sobresalte por su sorpresiva actitud.

  —Lo que sea que haya.— Dije tratando de no mal pensar su frase mientras reía de forma exagerada. — Quizá te como los mofletes si no hay otra cosa.—

  —Quizá me puedes comer otra cosa…— Siento como me estremezco con esas palabras y el calor subiendo a mi rostro. Trate de disimular mi reacción riéndome a lo que él me acompaña. Willy bromea bien cuando quiere, me autoconvencí en ese momento.— Tranquilo, yo tampoco estoy lleno.

  —Bueno, Bueno. Mira Willy que todavía me acuerdo que me debes unas partidas del Mario Kart 8 desde hace más de un año y al menos que quieras apostar quien se devora a quien, será mejor que cuides tus palabras.

  —Y que tal si lo hacemos, apostado justo eso.— Me propuso mientras me miraba fijamente con un brillos en sus ojos. Estas palabras hicieron que una fuerte corriente de calor llegue a ciertas partes de mi cuerpo, tal vez era el alcohol que habíamos tomado pero sentía que la temperatura había aumentado en el ambiente. Puede notar que lo decía en serio, sabía a que se refiere y cual es la intención de su propuesta, algo en esas palabras tan descaradas me atraparon, provocando que quiera arriesgarme a jugar bajo su apuesta, no sin antes proponer unas reglas.

  —Acepto, solo si lo hacemos tal cual como lo dije aquella vez en twitter… Sin camiseta.— No entendía que era lo que me estaba pasando, mucho menos entendía la lógica de mi propuesta. Él solo me siguió mirando con la respiración un poco agitada mientras asentía con la cabeza, esto se había puesto un tanto intenso.

Tu mirada me deja indefenso, sintiéndome desnudo frente a ti.

  Decido empezar. Primero me saque la chaqueta que llevaba puesta para luego quitarme la camiseta de forma tranquila y sin prisa, todo frente a su mirada curiosa. Se que mi cuerpo es delgado y no tiene mucha musculatura, pero no esta para nada mal, hasta diría que me gusta tal que así. El me veía atentamente mientras resoplaba ligeramente, pude notar su mirada curiosa sobre mi cuerpo y por alguna razón no me incomodó, sino que me motivo a seguir con todo esto, ya no importaba el pensar si esto era una locura.

  Era su turno, yo no quería perderme ningún movimiento que hiciese. Me dedico una sonrisa antes de comenzar quitándose su suéter dejando ver una de sus clásicas camisetas lisas que le quedaban algo ajustadas al cuerpo, sin dar demasiada vuelta se quita esta prenda enseñando un leve torso marcado, a diferencia del mio se veía con más musculatura, estaba algo trabajado y se podía apreciar como la suave piel se tensaba en sus brazos y abdomen. Sentí como el calor ya presente en aquella habitación aumento más de la cuenta dejándome agitado frente a su presencia. Por como lo veía a él, pude notar su elevada temperatura corporal, estábamos en iguales condiciones. A simple vista podría decirse que todo era cuestión del clima del lugar que nos afectaba a ambos, obviamente esto ultimo se hace  absurdo con solo observar la escena detenidamente, se podía presentir la tensión que había entre nosotros.

  Sin que se diga más nos pusimos a jugar al dichoso juego, al cual se me hizo difícil de concentrar ante aquella circunstancia. La primera partida me costo mucho, se me hizo muy difícil centrarme, no podía dejar de verlo entre jugadas queriendo analizarlo de a poco, esto era imposible dado que unas cuantas veces nuestras miradas se encontraban dejándonos alterados. La partida iba muy mal, mi mayor consuelo era ver que no era el único afectado ante la situación. Así es como terminamos tercero y cuarto, perdiendo frente a unos bots del juego. Willy logro vencerme por muy poco, cosa que hizo que sonriera victoriosamente. Podría jurar que nunca antes una sonrisa logro estremecerme de esa forma, aquel sencillo gesto estaba cargado de emociones.

  En seguida comenzamos la otra partida. Nuestra ansiedad era más que evidente, era obvio lo que ambos pretendíamos con esto, pero aun así decidimos seguir con el juego. Aparentemente en esta partido logramos ponernos más serios, me posicioné el primer puesto mientras que él en el segundo. Por el momento la clasificación nos ponía con iguales puntos faltando una partida para ver el resultado final.

Seguro de que querer ganar, ansioso por reclamarte como mi premio.

   Estábamos por comenzar la ultima partida. A pesar de estar sin camisetas, a pocas semanas del invierno, el ambiente estaba muy denso y caluroso para nosotros. Lo observaba fijamente mientras que él no tardo en conectar su mirada con la mía, nos quedamos paralizados sin hacer nada más que vernos fijamente. Debo admitir que siempre me habían fascinado esos pequeños ojos rasgados que tiene, pero nunca me di el permiso de observarlos tan descaradamente como lo estaba haciendo en ese momento.

 Por unos segundos nuestro acercamiento era despacio, sin apuros, sin prisa. Hasta llegamos al punto en que ese lento acercamiento se hizo insoportable para ambos. Toda la tensión que teníamos acumulada se fue en el instante que nos besamos, de manera brusca y desesperada, sin siquiera pensar en ser delicados, devorándonos el uno al otro. Yo sujetado de sus hombros y él me sosteniéndome de la cintura. Poco a poco iba cayendo de espalda contra el apoya-brazo del sofá, poniéndome indefenso bajo su cuerpo. Por un instante dejamos de besarnos para mirarnos. Pude apreciar como el tierno chico al que yo adoraba se había tornado en alguien seductor. Estaba ansioso, ya ni me importaba ganar el estúpido juego, perfectamente podríamos devorarnos el uno al otro.

  No pasamos mucho más sin besarnos bruscamente, ambos necesitando del contacto del otro. Recorría su torso con mis manos, acariciándolo, mientras él descendía hasta mi cuello para besarlo, morderlo y dejar su marca allí. El calor era delirante, la ropa nos molestaba. Descaradamente, mis caricias bajaron hasta la cremallera de su pantalón,  sentí como su miembro ya bastante erecto, empalmaba más ante los roces de mis manos. Nunca antes me había excitado por un hombre, jamás el cuerpo de uno se me hizo tan atractivo como el de una mujer, pero en ese momento no me puse a plantear aquello. Solo veía su cuerpo frente a mí. Su torso, su pecho, sus brazos y su miembro oculto en esos molestos pantalones. Sin darle mucha vuelta nos desnudamos a la vez, sin sacarnos las vistas de encima, sin perdernos detalles de los movimientos del otro. En un momento ya no había ropa que molestara, hasta esa escasa tela que cubría nuestras partes, desaparecieron en solo un instante.

Quiero sentirte, quiero tocarte.

 Mis ansias no podrían ser más en ese momento, ya no importaba como fuese, quería tenerlo. Él encima mío, yo debajo suyo. Besos y caricias, todo siendo perfecto.

 Eso era desesperante, él entre mis piernas, nuestros miembros rozándose, todo era demasiado excitante. No aguanté mucho más, hice lo que jamás pensé que haría. Tomé su pene para posicionarlo en mi entrada, jugando con esta y acariciando su falo, queriendo tentarlo, ver como los ojos de mi querido amigo se llenaban de lujuria. Y fui tan acertado con mi cometido que un instante metió su falo dentro de mí, a lo que no pude evitar gritar fuertemente de dolor. Si hubiese sabido que iba a ser tan doloroso no hubiese precipitado tanto, la desesperación  hizo que no pensara hacer una dilatación previa. Ya no había vuelta atrás, pero agradecía que ese bello chico tuviese tanta paciencia en ese instante, que retuviese todo instinto de embestirme y solo se dedicara a besar cada parte de mi cuello. También agradecí que ese dolor cesara tanto que fuera remplazado esa extraña sensación que se me hacía tan exquisita. Lentamente empecé a moverme, dándole a entender que necesitaba que ese miembro llegue hasta lo más profundo de mí.

  Guillermo, Guille.. Willy. Dije con la necesidad de aferrarme a algún nombre, sintiendo que me desmayaría en cualquier momento. Era tan el estado de embriaguez en que me dejaba que se me torno difícil el solo tratar de incorporarme para besar ese hermoso cuello, que pertenecía a aquél chico extasiado, penetrándome constantemente, con esos labios entre abiertos que no me tarde en devorar. No podía estar más en la gloria, cada estocada que hacía me dejaban en éxtasis total, nunca creí que sería tan placentero, definitivamente era una sensación perfecta. Sentía como estaba a punto de llegar al clímax, me dejé llevar, podía morir en ese instante, pero hubiese sido la muerte más deliciosa. Él se dejo llevar también, acabando en un ronco gemido, totalmente rendido, dejándose caer sobre mi.

……….

  Todo el momento era idóneo, si tuviese una cámara cerca de seguro sacaría una foto de esta estampa. Nuestras respiraciones agitadas tratando de tranquilizarse, él recostado sobre mi, con sus cabellos despeinados, sus rostros sonrojado junto a sus labios hinchados hacían que todo se viera perfecto.

  Pero había algo que impedía sentirme aliviado con todo esto.

 —Te iras después de todo esto.— simplemente me quedo mirando un punto fijo en el techo, reteniendo mis ganas de mirarlo a los ojos, besarle, abrazarlo y no soltarlo jamás.

  —Sabes que es lo que tengo que hacer.— Dice sin más, recostado en mi pecho, acurrucado como un niño a punto de dormir. Y lo sé bien, se ira en unos días, Willy ya tiene planeado todo un año y yo no era participe de aquello.

De alguna forma nos correspondemos sin miedo, sin angustias, sin penas.

Quizá en algún momento mi compañero de juegos me incluya en sus planes, quizá ya lo hizo y solo tengo que esperar. Todo era más complicado de lo que parece, pero por ahora solo quiero disfrutar del momento. Quiero guardan esta situación en mi mente, soñar con tenerlo así por siempre, deseando que esto no sea solo un sueño. 


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¡Espero que les haya gustado! Esta historia la llevo queriendo escribir hace mucho meses, desde que escribí lo primero sobre este hermoso shipp y le prometí a la señora  @culpable003 que haría un Lemmon Rubirex. Tss! De nada 7u7

Bueno, con este escrito despido el año. Estoy escribiendo algo más, pero eso se publicara el próximo año junto a varias historias que tengo pensadas e.e

Besitos y felices fiestas!! n.n

Recuerden.. RUBIREX IS LOVE, RUBIREX IS LIFE  💚💛

EL AMOR QUE MAS AMÉ (RUBELANGEL)

Nota: Esta es mi ultima historia Rubelangel. Espero que les guste♥

–Necesitas comer algo – La mamá de Rubén se encontraba de pie bajo el marco de la puerta de su habitación, sin atreverse a entrar, no quería invadir el espacio personal de su hijo, aquel lugar en el que Rubén hace tanto tiempo no estaba. Ya ni siquiera lo sentía suyo, se veía tan diferente.

–No tengo hambre – fue lo único que pudo decir, con la voz baja y completamente sombría, ni siquiera volteo a mirar a su madre, no quería que notara su rostro enrojecido, sus ojos llorosos, y su total expresión de vacío.

La mueca en el rostro de su madre hizo evidente su preocupación. Rubén tenia toda la tarde sentado en la misma posición, en el mismo lugar con la mirada perdida, abrazado a aquel objeto que probablemente se encontraría empapado de lágrimas. Nunca lo había visto de esa manera y lo peor es que no tenía idea de como ayudarlo. Ni siquiera sabía si había forma de hacerlo.

Algún tiempo atrás…

Él lo había intentado, de muchísimas maneras, había estado ahí siempre, pendiente, paciente… esperando. Pero muchas veces las cosas no son como nosotros queremos, no podemos tenerlo todo. Hay ocasiones que ni siquiera sabemos que es lo que queremos. Tampoco es que él se hubiese podido lamentar diciendo que su vida era terrible, porque claramente no lo era. Habían permanecido juntos siempre, muy juntos desde que se habían conocido hacía ya varios años, pero eso era lo mas decepcionante, que a pesar de esa cercanía, nunca pudo lograr estar con él, al menos no de la forma en que él quería.

Mangel se había enamorado y aquello no había sido algo sorpresivo o repentino, había sido lento, con el pasar del tiempo, con la convivencia. Se había dado cuenta, con el día a día, que aquel subnormal al que podía llamar mejor amigo, despertaba en él sentimientos que no había despertado nadie más. Un día se descubrió a si mismo sintiendo celos sin razón aparente, al día siguiente se descubrió pensando en él mas tiempo del que debería. Mas veces de las que le gustaría admitir se había encontrado a si mismo con esa sonrisa de idiota en la cara, mientras miraba a Rubén hacer cualquier cosa. Aquello ya no era algo que estuviera en capacidad de negar, al menos no a si mismo.

Se sentía ridículo a veces, de hecho la mayoría del tiempo, pensando en aquellas cosas tan cursis, tan ajenas a él… ¿enamorado? No lo hubiese imaginado nunca, mucho menos hubiese imaginado que se enamoraría de su mejor amigo, un chico al igual que él. A fin de cuentas que él fuera un hombre enamorado de otro hombre, nunca fue algo que lo preocupara demasiado, al menos no por si mismo. Mangel nunca fue de los que se preocupan mucho por el que dirán, pero saber que sus sentimientos y sus acciones podían hacer daño a alguien mas, a su mejor amigo por ejemplo, lo hacían echarse atrás cada que se sentía con la suficiente valentía para hablar.

Aun así lo hizo, Mangel dejó ver lo que sentía o al menos trató de darlo a entender de muchísimas formas, con indirectas bastante directas que al parecer todos notaban menos ese chico, menos “su Rubiuh”. A final de cuentas, aquello le acarreo más dolores de cabeza que buenos momentos. Rubén no sentía lo mismo, o al menos no lo exteriorizaba de la misma forma que Mangel. Para Rubén todo significaba una broma de amigos.

Por mucho tiempo Mangel estuvo al lado de su amigo como una sombra, como un fantasma, alguien que siempre está pero que se siente invisible. Así se sentía Mangel a veces, invisible, porque ser “el amigo de Rubius” o “el chico con acento gracioso” no significaba ser alguien. Permaneció mucho tiempo así, recibiendo agresiones e insultos por ser, según algunos, quien se quería colgar de la “fama” del youtuber mas conocido de España. Y él aguantó, cada palabra, cada crítica, cada insulto, porque hacerlo significaba permanecer junto a él, junto a ese chico que tanto quería, que tanto admiraba, del que se sentía tan orgulloso, junto a su mejor amigo, la persona de la que se había enamorado.

A diferencia de lo que se pudiera pensar, no era tan fácil estar cerca de Rubius, tampoco es que fuera una agonía, obviamente no lo era, pero dolía a veces, sobre todo durante el tiempo que trabajaron para ese canal de videos en el cual casi a diario tenían que hacer el tonto frente a la cámara, prácticamente fingiendo que eran una extraña pareja de amigos-amantes que nadie entendía. Eso terminó, B-games se convirtió en pasado para ellos, sus vidas siguieron y con el pasar del tiempo, el sentimiento se volvió mas fuerte para Mangel, no desaparecía.

–¿Y a ti que te pasa? – Rubius se tumbo en el sofá a un lado de su amigo, quien sostenía el mando de la consola con total desinterés, tenía el juego en pausa desde hace unos 10 minutos y la mirada perdida en algún punto en la pared.

–No me pasa nada Rubiuh, ehtoy jugando ¿Que no vez? – agitó el mando en su mano y una mueca de molestia se pintó en su rostro.

–Pero que dices gilipollas, hace como un siglo que tienes el juego en pausa – le arrebató el mando de la mano provocando que volteara a mirarlo por primera vez desde que se había sentado junto a él – Dime que es lo que te pasa

–¡Que no me pasa nada jodéh! ¡Déjame ya!

Si pasaba, todo pasaba. Hacía exactamente dos semanas, tres días y unas 9 horas quizá que Rubius le había dicho a Mangel que se iría a vivir con esa chica que ni siquiera se sentía con ánimos de mencionar. Y le caía bien, ella era una buena persona, pero la noticia le había caído como un cubo de agua fría, después de que juntos hubiesen hecho un sinfín de planes acerca de mudarse a una nueva casa ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué le hacía eso? ¿Por qué lo dejaba botado una vez más, como siempre? Aquello quizá no le hubiese dolido tanto si no hubiesen tantos sentimientos de por medio.

Y se alejaron, cada uno en una casa diferente, nuevamente comunicándose por medio del móvil, del ordenador, sin tener la oportunidad de verse a la cara. Aun así la amistad seguía igual, o al menos eso parecía. Fueron muchos los intentos que hicieron por lograr que aquella distancia no afectara, pero si lo hacía, les dolía, a ambos. Se habían acostumbrado tanto en ese año de estar juntos día y noche, que saber que estaban viviendo a kilómetros de distancia, aunque no muchos, vaya que pesaba. Se extrañaban, quizá de distintas maneras, pero lo hacían.

……………………….

–Esto no puede repetirse y lo sabes ¡Joder! ¿Qué mierda estamos haciendo Mangel? ¡Somos amigos! – la respiración de ambos estaba agitada, ese beso probablemente había durado mas de lo que sus pulmones podían aguantar.

Estaban completamente solos en aquella casa y aun así Rubius se sentía observado, sentía que en cualquier momento podía ser descubierto haciendo aquello tan inaceptable.

–No eh la puta primera vez que nos besamos ¿quiere dejar de hacer tanto escandalo? – Mangel trataba de llevar la situación de forma más ¿casual? Quizá aquella no era la mejor palabra para definirlo, simplemente intentaba restarle importancia. Quizá no era lo mejor para aquella situación, pero llevaba repitiéndose desde hace un par de semanas en las cuales Rubius siempre terminaba quejándose por lo alto acerca de lo mal que estaba aquello que hacían, e igual se repetía casi cada que se veían, borrachos siempre, por supuesto.

¿Como había sucedido por primera vez? Quizá ninguno de los dos lo recordaba con claridad, solo sabían que en algún momento aquella que había sido la discusión mas larga que hubiesen tenido en mucho tiempo, por quien sabe que tontería, se había convertido en otra cosa. Ellos dos besándose como si la vida les fuera en ello.

Y así había comenzado, como un impulso de dos chicos un poco borrachos que habían convertido una discusión sin importancia en algo que ahora no podían detener, pero que tampoco tenían intenciones de llevar más allá, al menos uno de ellos.

Mangel seguía viviendo con Cheeto, mientras Rubius estaba saliendo de aquella relación que en un principio lo había alejado de Mangel al grado de haber cambiado sus planes de irse a vivir a otra casa con él, por los de irse a vivir con esa chica a la que ya no hacía falta mencionar. La relación  de Rubius con ella se había ido a la mierda ¿Por qué? Porque se había precipitado, porque haberse ido a vivir con ella había sido a fin de cuentas un error, porque había hecho las cosas por impulso, un poco por presión y sin pensárselo demasiado, sin medir cuales iban a ser las consecuencias.

Ahora Rubius se encontraba solo, preguntándose como es que había llegado a aquella situación, todo estaba tan bien antes. Lo peor de todo es que ahora era él quien se encontraba a si mismo sintiendo celos tontos, celos tan verdaderamente ridículos que lo avergonzaban ¿Sentía celos de Cheeto? Aquella si era una verdadera estupidez, pero no podía evitarlo tampoco.

Sentía que le estaba quitando la atención de su mejor amigo y eso era quizá lo que mas le dolía a Mangel, el no saber si Rubius estaba simplemente siendo egoísta, o verdaderamente de alguna manera se interesaba en él, como para sentir celos de que ahora pasara mas tiempo con otra persona. Quizá nunca iba a saberlo ¿Por qué? Porque Rubius era la persona mas malditamente hermética que existía. Por mas intentos que Mangel hubiese hecho, jamás había logrado que Rubius dijera lo que sentía por él, y no es que se hubiesen sentado un día a hablar casualmente de sus sentimientos por el otro, pero Mangel le había dejado ver muchas veces lo que sentía y nunca había recibido una respuesta, ni siquiera a medias.

………………….

–¿A que le tienes tanto miedo? – era la primera vez que intentaban hablar de aquello sin estar borrachos y es que Mangel ya estaba cansado, aquello no era un juego para él.

–¿Y quien dice que tengo miedo Mangel?

–¿Qué quien lo dice? Joder Rubiuh, ni siquiera eres capaz de ser sincero conmigo ¡¡¿Qué mierda eh lo que se supone que somoh tu y yo?!!

–Pues yo tenía entendido que éramos amigos – una visible mueca de cabreo se dibujó en el rostro de Mangel al escuchar aquello.

–¿Éramos? – Rubius lo miró sin entender en un principio a lo que se refería, reaccionando de inmediato al ver la expresión decepcionada en el rostro de su amigo.

–Vale ¡Joder! Lo somos… somos amigos ¿no? – al parecer nada de lo que Rubius pudiese decir, hacía que Mangel cambiara de expresión, la palabra “amigos” no era exactamente lo que esperaba escuchar.

Mangel se levantó del sillón para dirigirse inmediatamente a la puerta. Estaban en la casa de Rubén, quien desde hacía unas dos o tres semanas se había quedado viviendo solo en aquel piso. Estaba por abrir aquella puerta, para posiblemente salir de forma definitiva de la vida de su mejor amigo, cuando las manos de él lo sujetaron fuertemente por los hombros.

Quizá todo hubiese sido diferente, completamente diferente para ambos si esa vez Rubén solo lo hubiese dejado pasar. Si lo hubiese dejado salir de su vida ¿Pero acaso era eso lo que quería? Todo estaba perfectamente bien, ellos siendo amigos y nada más ¿Por qué las cosas se tenían que complicar tanto?

No quería que Mangel se fuera, no quería que saliera ni de su casa ni de su vida. Se habían vuelto tan unidos, lo eran aun antes de conocerse en persona y es que quizá podía sonar ridículo, pero no podía imaginarse sin él. Lo detuvo, si, porque lo necesitaba, porque le hacía falta en muchas maneras, porque prácticamente y aunque no lo reconociera se sentía dependiente, egoístamente dependiente. Quería a su amigo ahí para él siempre, aunque quizá él no pudiera darle a Mangel todo de si. Lo quería, muchísimo, mas de lo que sería capaz de admitir en voz alta, pero ¿amor? Esas ya eran palabras mayores y tratándose de su mejor amigo, de un chico al igual que él, no sabía como definir lo que sentía. Lo que Rubén si sabía es que lo quería cerca, lo necesitaba cerca y no iba a dejarlo ir.

Iniciaron desde ese momento una especie de rara de relación abierta en la que ambos tenían un poco de lo que querían. Y no es que se hubiesen puesto de acuerdo sobre lo que significaría aquello, simplemente las cosas empezaron a suceder y ninguno de los dos intentó frenar nada. Mangel podía conservar cerca a la persona de la que estaba enamorado y aunque era él quien estaba arriesgando mas, no le importaba, al menos al principio no le importó. Se estaba engañando a si mismo, él lo sabía bien, en esa extraña relación solo uno de ellos estaba enamorado, pero es que aquellos besos y cariños se sentían siempre tan reales que a veces Mangel no entendía lo que sucedía, Rubius no podía estar fingiendo siempre ¿o si?

Para todo mundo ellos seguían bromeando. Para quien lo viese, esas miradas, esas palabras, esa cercanía, todos esos cariños a través de los videos, solo eran parte de ese juego en el que ellos dos siempre estaban envueltos.

Muchas personas especulaban acerca de la extraña relación que ellos dos llevaban, sobre todo porque quizá se puede engañar con palabras, pero la mirada pocas veces va a mentir. Era solo cuestión de poner un poco de atención a la forma en la que se comportaban, a la forma en que se miraban, a la cercanía tan natural que siempre había entre ellos, para darse cuenta que muchas veces las bromas esconden mucho de verdad. Tampoco es que les fuera sencillo esconderse, siendo ambos conocidos por tanta gente. Estaban siempre siendo observados de forma ansiosa.

Sucede que muchas veces es fácil fingir, muchas veces es fácil hacer creer a las personas que te miran a través de una pantalla de ordenador, de un móvil, lo que sea, que las cosas están perfectas. No sabemos los secretos que pueden esconderse detrás de una sonrisa.

Las cosas no iban tan bien, porque a pesar de que aquella extraña relación no era cosa seria, Mangel sin siquiera darse cuenta, cada vez tenía mas exigencias para su mejor amigo, quien veía todo lo que sucedía entre ellos como un juego, un juego quizá no muy inocente, un juego doloroso que los estaba dañando.

–¿Quién era? – Mangel ni siquiera hizo el intento de disimular su mala cara, Rubén tenía quizá media hora hablando con a saber Dios quien por el móvil, con esa sonrisa de idiota y tonito coqueto y peor aun cuando se suponía que había ido a visitarlo a Mangel.

–¿Y desde cuando tengo que decirte con quien hablo gilipollas? – Rubén intentó acercarse a él con una enorme sonrisa burlona en el rostro, haciendo de aquello una broma que al menos a Mangel no le hacía ni la más mínima gracia. Poco le había faltado para soltarle un manotazo cuando intentó poner una mano en su hombro. Se levantó rápidamente de donde se encontraba para dirigirse a su habitación con el mayor cabreo que había sentido en mucho tiempo – No jodas Mangel ¿En serio que te enojaste? – no obtuvo ni siquiera una mirada por parte de su amigo, Mangel ya había entrado a su habitación cerrándola de un portazo.

–¡Si vas a comportarte como una puta novia celosa por mi vete a la mierda!

Estaba decidido, aquello tenía que detenerse. Era más que claro que esa extraña relación no iba a llevarlos a nada y lo único que sus acciones estaban causando, era un daño quizá irreparable en su amistad y eso ninguno de los dos podía permitirlo. Fue difícil, muchísimo, porque continuar como si nada después de semejantes antecedentes no debía ser fácil para nadie, pero había cariño entre ellos, había una firme intención de recuperar aquello tan bonito que habían construido a través de los años, esa amistad fuerte y comprometida… esa amistad que a los ojos de muchos, seguía sin tener ni pies ni cabeza.

El ser humano es mentiroso por naturaleza y fingir puede llegar a ser un completo juego de niños. Para Mangel estaba resultando más difícil de lo que creía, pues querer no es algo que se vaya a los días como una enfermedad.

Cada uno de los videos que grababan se convirtió en una prueba, una oportunidad mas de demostrarse a si mismo que tan bueno era para hacerle creer al mundo que su vida era feliz y sencilla al lado de su amigo, escondiendo detrás de aquella sonrisa todo lo amargo de querer a alguien que jamás va a poder corresponderte. Probablemente lo que ayudaba más era que ya no vivían juntos, que no tenía que verlo a diario deseando cosas que no iban a suceder jamás.

Mangel empezó a subir cada vez menos videos y Rubén por el contrario parecía que cada vez grababa más. Cada uno por su lado intentaba hacer las cosas más llevaderas de distinta manera. Uno distrayéndose trabajando más y el otro hundiéndose cada vez más en su miseria.

La situación no hacía nada por mejorar, o quizá es que Rubén no estaba poniendo mucho de su parte. La constante e innecesaria cercanía en cada uno de los videos que grababan juntos era dolorosa, mas aun cuando todos aquellos comentarios y especulaciones acerca de su actuar, bombardeaban a ambos con preguntas acerca de la extraña relación que llevaban y Rubén por supuesto tratando de hacer parecer todo como un simple juego “No somos gays” “Nos gustan las vaginas” “No homo” tantas justificaciones innecesarias, tantos comentarios que muchas personas no sabían si creer, tanto insistir por negar aquello que era evidente ¿Cómo reaccionarían las personas si supieran la verdad?

Alejarse, eso fue lo único que Mangel pudo hacer para remediar todo aquello, alejarse físicamente, alejar su mente, alejar sus sentimientos, tener la absoluta certeza, de que hay cosas que simplemente no están destinadas a suceder. Y de pronto, cuando pensó que olvidarse de los sentimientos que tenía por su amigo era imposible, cuando pensó que el amor cuando es así de fuerte, no se acaba… una chica apareció.

Una mirada intensa y llena de cariño, llegó a Mangel y lo arrastró como un torbellino. No solamente era una chica bonita, era una chica inteligente, interesante, intensa… justamente lo que Mangel estaba necesitando para poder olvidar, para poder avanzar, para poder seguir con su vida sin esperar mas por aquello que no era para él.

No imaginó que fuera posible, al menos no tan rápido, pero de pronto se encontró nuevamente sonriendo sin tener que fingir, se encontró con unas ganas renovadas de hacer las cosas. Tampoco es que pudiera mentir diciendo que lo que sentía por su mejor amigo ya era pasado, porque la verdad es que aun dolía, dolía mucho, pero esa chica, con el pasar de los días, dejaba de ser simplemente una salida a sus problemas, para convertirse en una prioridad.

Pero a veces, cuando mas deseos tenemos de avanzar, hay algo que nos frena. Quizá lo que sentía por ella no era suficiente.

……………………………….

Aquel día que lo cambiaría todo, Mangel despertó agitado, adolorido y desorientado, en una cama que no era la suya con un cuerpo a su lado que no era el de su novia. Si aquello hubiese sucedido un par de meses atrás, posiblemente hubiera sido la persona más feliz que alguien pudiera ver. En ese momento, no podía mas que sentirse horrorizado ¿Qué mierda había hecho?

Estaba desnudo, tumbado a un lado de ese chico que tenía semanas intentando olvidar. La cabeza le daba vueltas y lo único que podía recordar era haber salido a celebrar el año nuevo con Rubius por primera vez en mucho tiempo sintiéndose tranquilo. Había disfrutado esa noche de fiesta de una manera diferente, sin el agobio de un sentimiento no correspondido, sintiendo que por fin estaba superando aquello que tanto dolor le había causado ¿Qué se suponía que era esto ahora? ¿Por qué?

Lanzó las mantas a un lado para salir de la cama buscando su ropa con desesperación. No solamente había hecho algo que ni siquiera recordaba con claridad, había engañado a una chica buena que lo quería, a una chica que lo había ayudado a salir de esa miseria en la que ahora estaba mas hundido.

Narra Rubius

Desperté de golpe al sentir como las mantas habían sido arrancadas de mi cuerpo de forma violenta. Me incorporé lo mas rápido que me permitieron mis movimientos aun adormilados, miré alrededor parpadeando un par de veces intentando situarme en el tiempo y espacio, la cabeza me dolía muchísimo y sentía un mareo que me estaba jodiendo la moral, aquello no me permitiría ponerme de pie al menos en un rato. Gire la vista encontrándome con Mangel a un lado de la cama a medio vestir, parecía tener mucha prisa por desaparecer del lugar donde se encontraba, pues estaba poniéndose la camiseta a jalones ¿Por qué estaba sin camiseta en todo caso?

Sentí un golpe de realidad dándome justo en la cara, al mirar hacia mi cuerpo y encontrarme completamente desnudo – ¡Me cago en la puta! – casi grité, jalando las mantas para cubrir un poco mi desnudez, mi voz logró que Mangel dejara de lado su lucha con la camiseta y volteara a verme con esa expresión que no podría definir – ¿Qué fue lo que hicimos? – murmuré  mas para mi mismo que en espera de una respuesta de su parte, sintiéndome completamente estúpido al instante ¿no era claro lo que habíamos hecho? ¡Subnormal! La mirada de reproche de Mangel confirmaba mi tontería.

–No hagah de esto un chiste mas, ¡Porque no tiene ni puta gracia! – Soltó aquellas palabras con tan mala leche, que no pude evitar un completo sobresalto – ¡Esta es tu puta culpa! – aquello ultimo prácticamente me lo había gritado.

–¿Pero que mierda dices Mangel? – tampoco es que estuviese esperando que al despertar después de haber follado con mi mejor amigo en medio de la borrachera, hubiese un desayuno humeante y flores en la cama, pero Mangel estaba actuando de una forma completamente incomprensible para mi y sin afán de hacerme la victima, también estaba siendo injusto – ¿Por qué estas culpándome de esto a mi? ¡Para follar se necesitan dos por si no lo sabias, gilipollas! – Mangel alzó las cejas y abrió la boca en una expresión que evidenciaba lo ofendido y escandalizado que se sentía con mis palabras. Hubo un breve momento en el que poco menos y sentí que se lanzaría encima de mí y me molería a hostias.

–¡Fuiste tu quien me invitó a esa puta fiesta Rubiuh! ¡Tú me incitaste a seguir bebiendo más de la cuenta! ¡Y fue contigo con quien terminé follando anoche! ¡GRANDISIMO HIJO DE PUTA!

Ahora era mi turno de abrir la boca por el asombro, tanto, que terminaría tragándome la mitad del mundo ¿De verdad me culpaba a mi por algo ambos habíamos hecho? ¿Pensaba que lo había obligado o alguna mierda parecida?

Estaba probablemente a punto de gritarle en la cara el asco que me daba que fuera tan cobarde como para echar en mis hombros la responsabilidad total de lo que había sucedido, cuando sentí que de nuevo la cama se hundía a un lado de mi cuerpo. Se había dejado caer de sentón en la cama, apoyando sus brazos en las rodillas y cubriéndose la cara con sus manos en un innegable gesto de agobio y arrepentimiento.

–Beatriz… – lo escuche susurrar y hubiese deseado oír en ese momento cualquier otra cosa incluso más insultos, menos ese nombre. Se me borraron por completo todos los reclamos que tenía para él, cuando sentí como un golpe invisible en mi estomago me dejaba sin aire y una fuerte punzada dolorosa se instalaba en mi pecho. Fue quizá la forma lastimosa en la que pronunció ese nombre y el sentimiento de culpa que denotaba su expresión, lo que hizo que aquel dolor en mi pecho se agudizara. Le dolía, a Mangel le dolía haberla engañado, tanto como a mi me estaba doliendo darme cuenta que en su corazón yo ya no era tan importante.

La había cagado como nunca en mi vida. Me había tomado demasiado tiempo darme cuenta lo que sentía realmente por mi amigo, tanto que mi oportunidad se había escapado. No había hecho lo posible por ser para Mangel lo que él esperaba, había puesto un millón de pretextos y excusas baratas acerca de no estar listo. Cuando el decidió que lo mejor sería dejar de lado esa extraña relación que había entre nosotros, yo me conformé, acepté porque era mas fácil no hacer nada, a enfrentar todo lo que se nos podía venir encima si alguien se daba cuenta. Fui cobarde y me escondí porque pensé que igual siempre lo tendría cerca. El día que ella apareció, me di cuenta que había sido yo quien se había empeñado en perderlo.

–Yo no me arrepiento – murmuré, por una parte deseando que no me escuchara. Las palabras habían salido solas, con todo el temor que provocaba decir una verdad demasiado tarde.

–¿Qué dijiste? – sabía perfectamente que había escuchado mis palabras, parecía únicamente necesitar una confirmación a lo que acababa de decir. Su expresión incrédula y sus profundos ojos oscuros escudriñaban cada unos de mis movimientos. Me incorporé sintiéndome indefenso por mi aun desnudez y estiré mi brazo a un lado alcanzando mi bóxer y mi pantalón del piso para empezar a ponérmelo al instante. Pude notar un leve sonrojo en sus mejillas al no poder retirar su mirada de mí mientras me vestía.

–He dicho que no me arrepiento – respondí con seguridad, poniéndome de pie frente a él a un par de metros de distancia, separados únicamente por la cama – no puedo decir que recuerdo las cosas con claridad, pero se que cualquier cosa que hayamos hecho, la hice porque así lo deseaba – sus ojos desorbitados y un silencio profundo, fue lo que siguió a mis palabras.

No sabría decir cuanto tiempo pasó hasta que uno de los dos se atrevió de nuevo a abrir la boca y de saber lo que Mangel tenía para decirme, probablemente hubiese preferido quedarme para siempre en medio de aquel silencio.

–¿Y quién te crees tu que eres? – su pregunta me saco por completo de contexto, pues esperaba que dijera cualquier cosa menos eso, cada palabra estaba llena de reproche y de reclamos, parecía estar liberando cada una de las palabras que tenía tiempo deseando decirme – ¿Quiereh que piense que piense que lo que sucedió entre nosotros de verdad lo deseabas? ¿Piensas que soy estúpido? ¡Tú me mandaste a la mierda!

–¡Yo nunca hice algo como eso!

–¡No hacer nada fue peor aun! ¡No fui lo suficientemente importante como pa’ que lo hubieras intentado! Ni siquiera tuviste los suficientes pantalones para decir que no sentiah lo mismo y mandarme a la mierda, dejaste que me ilusionara, dejaste que pensara que quizá había una posibilidad ¡¡¿QUIÉN MIERDA TE CREES QUE ERES RUBÉN?!! – pocas veces había visto a Mangel tan alterado, quizá jamás me había llamado por mi nombre, pocas veces había escuchado su voz quebrarse como en ese momento, pocas veces había presenciado como la impotencia de no poder hacer nada mas, se le escurría de las manos ¿Qué estaba haciendo yo? Todo lo que él decía era verdad, yo no había sido lo suficientemente valiente, no tenía ningún derecho a quererlo de vuelta.

Fui egoísta, siempre lo había sido. Supe lo que él sentía casi desde el momento preciso en que el mismo lo descubrió, Mangel es una persona transparente, no hubiese podido ocultarlo aunque se lo hubiese propuesto… y lo dejé pasar, como si hubiese sido cualquier cosa, como si sus sentimientos fueran algo a lo que se le pudiera restar importancia. Ahora me encontraba cayéndome a pedazos, deseando tener el valor de rogarle, de pedirle que no me dejara, de decirle que ahora era yo quien lo necesitaba, quien quería estar con él pasara lo que pasara, que me importaba una mierda lo que la gente opinara… pero las personas no esperan por siempre.

Le había tomado tanto tiempo volver a sentirse bien, yo lo sabía, aunque fingía que ya nada le dolía, quizá pocas personas lo conocen tan bien como yo y ahora que había encontrado un nuevo motivo, yo nuevamente le jodía las cosas.

–Perdóname… – susurré, porque no podía decir nada más que eso, porque sabía que no había palabras que me hicieran redimirme, porque nada de lo que pudiera decir iba a hacerlo sentir mejor Estaba perdiendo a mi mejor amigo.

–Tengo que irme – ni siquiera esperó por si tenía yo algo mas que decir, después de todo porque iba a tenerme consideración, estaba en todo su derecho de estar enojado conmigo. Si decidía que no iba a volver a hablarme nunca mas, ni siquiera iba a poder culparlo. Camino con pasos largos hacia la puerta, mientras yo me debatía entre dejarlo ir por fin y que hiciera su vida como mejor pudiera, o aferrarme a él como siempre lo había hecho.

–Por favor… – ni siquiera yo sabía por que es que estaba suplicando ¿Qué es lo que quería? ¿Que dejara a esa chica que era buena para él por mi? ¿Qué la desechara aun cuando había sido la única capaz de sacarlo de la mierda a la que lo había arrastrado yo? No tenía ese derecho, no podía ser tan hijo de puta, él era después de todo mi mejor amigo y yo tenía que dejar de ser el egoísta de mierda que siempre había sido y pensar un poco en él.

Vi como abría la puerta para alejarse de mí, dirigiéndome una última mirada con expresión dolida, no me dio tiempo de decir nada más, cuando ya se encontraba bajando las escaleras a toda velocidad. El corazón me golpeaba el pecho en forma dolorosa y no podía creer la forma tan monumental en la que había cagado todo. Pero lamentablemente no iba a servir de nada pedir perdón en ese momento, no por lo que había pasado esa noche, sino por lo cabrón que había sido siempre con él. Había podido percibir en su mirada que lo que sentía por mi no estaba extinto del todo, quizá esa era su prisa por alejarse de mi, no quería ceder y que yo terminara por arrastrarlo de nuevo a lo mismo, a mis indecisiones, pero tenía que demostrarle que si esta vez de verdad confiaba en mi, yo iba a hacer que valiera la pena. Al menos esperaba tener la oportunidad de intentarlo.

…………………………………….

Quizá deberíamos empezar a ver a las personas exactamente como lo que son… seres humanos que más allá de una sonrisa encierran secretos. Personas para las cuales la vida no siempre es fácil. Una sonrisa no siempre refleja felicidad, una sonrisa no siempre va ligada a la alegría de un acontecimiento. Las más amplias sonrisas a veces esconden las más grandes tristezas, y hay ocasiones que la vida de un chico aparentemente feliz, puede en un segundo dar un giro de 360 grados y convertirse en la mayor de las tragedias. Poco probable quizá… imposible no.

Todo había sucedido en cuestión de segundos, pero a la vez pasó tan lento para los ojos de Rubén, que parecía una película en cámara lenta, una broma del destino que se burlaba de él gritándole a la cara que si las oportunidades no se toman, puedes perderlas para siempre en un abrir y cerrar de ojos.

Mangel había salido del edificio sin fijar su mirada en ningún lugar, pues al girar la vista atrás, toda su atención la tenía ese chico de ojos verdes de quien se despedía con la mirada. No habían hecho falta palabras, sus ojos estaban cristalizados por las lágrimas que intentaba a toda costa retener. Aquella hubiese podido ser la mejor noche de sus vidas si todo hubiese sucedido en otro momento, en diferentes circunstancias, aquella hubiese podido ser una hermosa mañana despertando juntos, si no fuera ya demasiado tarde para eso, para darse una ultima oportunidad… lo que estaba a punto de pasar era algo que Rubén no hubiese querido nunca tener que ver.

El coche no hubiese podido frenar aunque hubiera querido, Mangel no hubiese podido alejarse de ese lugar aun si lo hubiese intentado, Rubén probablemente hubiese al menos intentado cerrar los ojos para no mirar como el cuerpo de su mejor amigo era impactado primero por el metal y después por el asfalto.

Silencio. A pesar de los gritos de algunos y las voces de otras personas murmurando con angustia mientras pedían ayuda, Rubén se encontraba sumido en el más absoluto silencio, el mundo en ese momento se había detenido para él. Un sonido agudo y penetrante parecido a un zumbido de oídos, es lo que pudo escuchar en el segundo exacto en que todos los sonidos llegaron a él como un estallido. Tardó quien sabe cuanto en reaccionar hasta que pudo simplemente correr entre la gente que ya se había amontonado alrededor de ese cuerpo ensangrentado que yacía a unos metros mas allá.

Se acercó a él y sin poder evitarlo un fuerte sollozo escapó de sus labios. Sabía desde ese momento que aquella sería una escena que lo perseguiría por el resto de sus días.

–Por Dios… – ni siquiera pudo lamentarse a los gritos, no había voz en Rubén, no había completamente nada que saliera de él más que sollozos ahogados y lágrimas silenciosas.

Se dejó caer de rodillas sintiendo que el alma se le escapaba del cuerpo. Tomó una de sus manos con cuidado y deseo con todas sus fuerzas poder tragarse sus lagrimas cuando se dio cuanta que aun estaba respirando aunque con dificultad y que de hecho tenía los ojos abiertos – vas a estar bien – fueron las únicas palabras que pudo pronunciar, aun si esa era la afirmación mas estúpida que todo mundo hacía siempre sabiendo que de hecho nada estaba bien.

Mangel intentó abrir la boca para decir algo, pero Rubén ya no alcanzó a escuchar con claridad, en un par de minutos se vio rodeado de paramédicos y aquel chico del que deseaba no tener que separarse, era arrebatado de sus brazos. Rubén creyó escuchar que la palabra que salía de los labios de Mangel era “Perdóname”. Tenía que estar por completo equivocado, si alguien debía pedir perdón era él.

………………………….

No sabía cuanto tiempo tenía sentado en esa sala de espera, inmerso en sus pensamientos. Algunos familiares y amigos muy cercanos estaban ahí ya. Los padres de Mangel habían sido avisados también y se encontraban en camino desde Algarinejo. Aun cuando algunas de las personas intentaban hablar con Rubén, el no decía ni una sola palabra. Había hablado con Cheeto cuando este había llegado prácticamente corriendo por aquel largo corredor con la respiración ahogada. Después de haber estallado en lágrimas, sollozos y gritos ahogados que ni siquiera trató de reprimir, no volvió a decir ni una sola palabra a nadie más.

No tenía idea cuanto tiempo había pasado, pues los padres de Mangel habían llegado ya y lo único que Rubén había escuchado cuando ellos hablaron con él medico es que necesitaba una autorización para realizar una operación, ni siquiera se ocupó de preguntar que sucedía, permanecía sentado en el mismo lugar, en la misma posición, escuchando como Cheeto le relataba cada una de las cosas que sucedían sin emitir ni el mas mínimo comentario. Aunque hubiese querido quizá no tenía realmente nada que decir.

–Familiares de Miguel Ángel Rogel – prácticamente toda la sala de espera saltó de su lugar al escuchar la voz del médico. Los padres de Mangel lógicamente fueron los primeros en acercarse. Algunas palabras fueron dichas por el medico y el llanto ahogado de la madre de Mangel se dejó escuchar por toda la sala. Rubén sintió que dejaba de respirar en ese momento.

Los vio alejarse y escuchó al medico decir que serian los primeros en verlo. Él aun estaba vivo entonces.

Pasaron minutos que para Rubén habían parecido horas, hasta que pudo ver como los padres de Mangel salían de aquella habitación, con miradas sombrías y lagrimas incontrolables.

–Rubén Doblas – Rubius se levantó del piso de un salto – Miguel Ángel quiere verte –  su corazón dolía, su cuerpo temblaba y casi sentía ganas de negarse, de salir corriendo de ese lugar y hacer simplemente como si nada hubiese pasado, vivir en negación por el resto de sus días, hacer de cuenta como si su mejor amigo no estuviera ahí, en esa habitación, probablemente debatiéndose entre la vida y la muerte. Se acercó a la puerta de la habitación abriéndola con cautela.

///// https://www.youtube.com/watch?v=CaEN8gn0TJc ///// Hurt – Cristina Aguilera

Quiso evitarlo, lo intentó de verdad, pero las lágrimas no piden permiso para salir. Ver a su mejor amigo ahí, tumbado en esa cama tan indefenso, tan golpeado, era algo que ni en un millón de años hubiese esperado ver. Mangel estaba con los ojos abiertos, pero sus ojos no mostraban ningún brillo, era como si el marrón intenso de su mirada se hubiese vuelto gris y sombrío. Una mascara de oxigeno cubría la mitad de su rostro, un cuello ortopédico lo mantenía rígido, varias intravenosas en sus brazos y un yeso en su pierna completaban la dolorosa escena. Se quedó congelado, deseaba ser capaz de salir corriendo, deseaba ser capaz de despertar, deseaba poder acercarse a él sin llorar.

Vio como levantaba débilmente la mano y como un susurro se escuchaba debajo de su mascara de oxigeno. Aquello fue lo necesario para que se acercara rápidamente, sentía que incluso el intentar hablar debía dolerle y no quería hacerlo esforzarse, no quería hacerlo sentir más dolor. De verdad deseaba ser él quien se encontrara en su lugar. Arrastró una silla justo a su lado, se sentó en ella mientras tomaba una de sus manos con cuidado.

–¿Cómo te sientes? – se atrevió a preguntar. Le parecía la pregunta más estúpida, ¿pero que más podía decirle? Lo vio intentar toser y atragantarse un poco con palabras que no llegó a entender debajo de aquella mascara que finalmente y con mucha dificultad terminó por apartarse del rostro. Verle la cara tan golpeada y con tantos moretones casi hace a Rubén cerrar los ojos.

–He estado mejor – Poco le faltó a Rubius para soltar una carcajada histérica, aquel momento era tan irreal. Sentía que estaba soñando y que en cualquier momento iba a despertar sobresaltado, con la respiración agitada, pero completamente aliviado de que nada hubiese sucedido. Si aquel era solo un mal sueño ¿Cuándo se suponía que iba a despertar?

–Vas a ponerte bien Mangel, tu solo tienes que… – no pudo seguir hablando, no solamente fue el hecho de que tenía un enorme nudo en la garganta, sino la leve seña que hizo Mangel para que se quedara callado.

–No he pedido que entres aquí pa’ que trates de darme falsas esperanzas Rubiuh… solo necesitaba verte por ultima vez – un par de lagrimas corrieron por las mejillas de Mangel y Rubén sintió que todo el aire en sus pulmones se escapaba y que su pecho dolía y nada le había dolido tanto antes, no de esa manera.

–No digas eso… por favor… tu… – no sabía como suplicar, no a él, no a Mangel. No sabía como suplicarle quizá a Dios, a la vida, que no se lo quitaran, que no lo separaran de su amigo y sentía dentro de él que ya no había nada por lo cual pedir. Conscientemente se negaba a pensar que su amigo pudiese morir. Inconscientemente sabía que quizá no había nada que hacer.

¿Es posible sentir ese momento? ¿Es posible sentir que son los últimos momentos que estás pasando con alguien? ¿Cómo te despides de alguien cuando no quieres hacerlo? ¿Cómo dices adiós cuando deseas aferrarte con todas las fuerzas que te quedan?

–Necesito saber que vas a estar bien… promete que vas a estar bien. Necesito poder irme con esa certeza ¡Prométemelo! – la expresión de Mangel era una constante suplica y Rubius seguía intentando negar que aquello estaba sucediendo.

–¡¡¿Irte a donde?!! ¡Maldita sea Mangel! No sigas diciendo esas mierdas. Tu no vas a ir a ningún lado, tu vas a estar bien, vas a recuperarte, vamos a viajar juntos, vamos a cambiarnos a una nueva casa tu y yo, tu y yo solos ¿si? Porque quiero estar contigo, solo contigo – las lágrimas seguían corriendo por las mejillas de ambos, Rubius apenas podía seguir hablando, apenas podía mirarlo detrás de su vista nublada.

–Solo promételo… Por favor… – aquellas últimas palabras suplicantes salieron como un susurro, como un último aliento, como una necesidad.

–Si, si, lo prometo Mangel, estaré bien ¿vale? Se que te sientes mal, deberías verte la cara ¿eh? Vaya hostia que te han dado, pero vas a estar bien, yo también estoy bien. Ambos vamos a estar bien – A Rubén le pareció escuchar un “te amo” de parte de su mejor amigo, un murmullo tenue y una ultima mirada – Mírame Mangel ¡Mírame joder! No cierres los ojos… por favor ¡No cierres los ojos! ¿No está respirando? ¡Mangel no está respirando! Abre los ojos ¡Mierda! ¡Mangel! ¡Reacciona! No me dejes, tu no, ¡Tu no! ¡POR FAVOR!

……………………..

–Necesitas comer algo – La mamá de Rubén se encontraba de pie bajo el marco de la puerta de su habitación, sin atreverse a entrar, no quería invadir el espacio personal de su hijo, aquel lugar en el que Rubén hace tanto tiempo no estaba. Ya ni siquiera lo sentía suyo, se veía tan diferente.

–No tengo hambre – fue lo único que pudo decir, con la voz baja y completamente sombría, ni siquiera volteo a mirar a su madre, no quería que notara su rostro enrojecido, sus ojos llorosos, y su total expresión de vacío.

Habían sepultado a su mejor amigo hacía 7 días en el lugar que lo había visto nacer y Rubén aun escuchaba en sus oídos el retumbar de la tierra golpeando en el ataúd. Aquel era el peor sonido que alguien pudiera escuchar, sin duda el momento más doloroso para cualquier persona que ha sufrido una pérdida… el adiós definitivo.

–Nos iremos mañana muy temprano, la misa será a medio día – escuchó a su madre hablar nuevamente.

Una misa mas, una oportunidad mas de que las personas vieran su rostro lloroso e intentaran llenarlo de palabras de ánimo que ni siquiera se iba a tomar el tiempo de agradecer. Una ceremonia en la que intentarían darle consuelo a los creyentes con todas esas historias acerca de ese maravilloso lugar en el que ya no había sufrimiento. Deseaba poder decir que no quería ir. Deseaba no tener que ir. Apretaba los ojos deseando abrirlos y encontrarse de nuevo junto a él. Eso no iba a suceder.

La misa sería en la catedral de Madrid y aquello mas que para la familia, era para los seguidores, para todas aquellas personas que también habían llorado aquella terrible perdida, para todos aquellos chicos y chicas que seguían si poder creer que algo así hubiese sucedido, que seguían sin entender lo efímera que era la vida. Para todo aquel fandom que estaba lloroso, lastimado, dolido… que estaba pasando uno de sus peores momentos, un momento que sería muy difícil superar.

…………………………………

Cuando pierdes a una persona tan querida el tiempo se vuelve insoportablemente lento. Todo, absolutamente todo parece caminar mas despacio. Las voces se escuchan como leves susurros y el vacío interior es infinito. Es difícil poder explicar la sensación de pesadez a pesar de ese vacío, como sientes ganas de no moverte mas, de no hablar, de quedarte en el mismo lugar, suspendido en el tiempo, evitando salir a esa realidad tan dolorosa. Te quedas con un millón de cosas que desearías haber podido decir, te llenas de preguntas que ya no van a tener respuesta nunca.

Hay personas que dicen que cualquier cosa por dolorosa que sea, termina por superarse. Hay personas que dicen que el tiempo lo cura todo. Muy seguramente Rubén seguiría con su vida tiempo después, dejaría de llorar y lamentarse por todo aquello que no hizo como debería, por todo aquello que no dijo. Es verdad también que por el tiempo que le quedara de vida jamás olvidaría ese amor… ese amor que tanto amó.

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Esto lo empecé a escribir hace mucho, y no se imaginan como me ha costado terminarlo. No pensaba publicarlo, pero no me gusta escribir cosas y quedármelas solo para mí, odio quedarme con historias inconclusas y que nunca ven la luz xD, así que por eso aquí está. Yo reconozco que no soy buena escribiendo Rubelangel, pero necesitaba escribir esto. Quería escribir algo que fuera como mi última historia Rubelangel. Nunca esperé que fuera así, algo triste, porque a veces vemos a los youtubers tan felices y sonrientes en los videos, que no podemos imaginarnos que lloren o que pasen momentos tristes, al menos eso me sucede a mí. Después vi aquella entrevista de Rubius, donde cuenta los momentos tan difíciles que vivió, donde incluso lo vimos llorar y me di cuenta que a veces no sabemos lo que esconden las sonrisas, no sabemos que nivel de felicidad o sufrimiento hay detrás de una cara feliz, por eso escribí esto. Espero que jamás pase algo como esto. Espero que de corazón que todas esas sonrisas de verdad sean reales. Mangeeel perdóname, que yo te quiero♥

Fabiola, esto no iba a ver nunca la luz, pero cuando te conocí me dije a mi misma “Cecilia, esto tienes que dedicárselo a ella” ¿Por qué? Porque quiero y ya está. Espero que te haya gustado.

NOTHING IS BETTER THAN A FOOTBALL FIELD - ONE SHOT

Sumario: 

Louis cree que Harry es bonito.

Harry cree que Louis es bonito.

Miradas furtivas bastan para que ambos lo sepan. 

Nota: Este One Shot es mío. Agradecería que no lo tomes, así que si lo haces, obtendrás una sanción por parte de los derechos de autor. 

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Cuando Harry le conoce por primera vez, se enamora de él. De sus grandes y maravillosos ojos azules, de su encantadora sonrisa y de su adorable humor. Harry tiene 14 y Louis 23.

“Tú debes ser Harry.” Sonríe Louis y Harry se emociona aquella primera vez que le conoce. Su hermano, Mitch, decide invitar a su amigo Louis a comer pizza y algunas patatas fritas.

Harry nunca había sentido algo como aquello. Con chicas. Pero con un chico no. Y Harry puede ser torpe, pero sabe perfectamente que Louis es un hombre. Las semanas pasan, y Louis pasa demasiado tiempo en su casa, precisamente en la sala. En compañía de su hermano Mitch, porque ellos han sido amigos desde que tenían 8, y ahora deben estudiar y planear la fiesta de graduación. Mitch es el jefe de la clase, y debe hacerlo.

Harry trata de no entrometerse en los asuntos de su hermano –incluyendo a Louis como uno de ellos – pero es un poco demasiado inevitable no pensar en los bonito que es el amigo de su hermano, y en lo bonito que es su cabello cuando lo coloca de ese lado de la frente. Harry los observa desde la isla de la cocina, mirando cada uno de los movimientos de Louis. Desde la forma en la que sujeta su teléfono móvil, hasta como las patatas se deslizan entre sus dedos a su boca.

Harry escribe en su libreta de tareas el nombre de Louis, ni siquiera está realizando su ensayo acerca de “El guardián entre el centeno”. Corazones y flores rodean las letras enmarcadas con tinta color azul. Louis. Un nombre sumamente perfecto y lindo, para alguien lindo como Louis.

Mitch riñe con Louis. Grita acerca de cuan estresado se encuentra y que tan mal serán los exámenes finales.

“Todo esto es una mierda. Una mierda complicada, Louis.” Dice Mitch, y Louis asiente. Despega la pantalla de su teléfono móvil.

“Si, vaya que lo es.” Y Louis puede ver al hermano pequeño de Mitch, en la isla de la cocina, mientras escribe. Y Louis cree que su cabello es bonito. Que Harry es bonito.

Harry no mira en dirección a Louis. Demasiado concentrado escribiendo el nombre del chico, así que ojos azules no encuentran ojos verdes.

**

Las semanas siguientes son una tortura para Harry. Louis ha decidido hacer algunos cambios en su rutina. De ahora en adelante, entrenará por la tarde. Y solamente estudiará con Mitch en los tiempos libres en la Universidad. No más tardes en la casa de Mitch. No más ver a Louis por las tardes.

“Uhm. ¿Mitch?” Murmura quedamente Harry. Su hermano se encuentra jugando un videojuego nuevo.

“¿Qué sucede Harry?” Contesta un poco molesto. Mitch odia que le interrumpan mientras juega. Desconecta el mando y mira en dirección a su hermano pequeño, ubicado en el umbral de la puerta de su habitación.

“Y-yo. Uhm, ¿Louis no vendrá esta tarde?” La voz de Harry es casi un murmullo. Repleto de vergüenza.

Mitch le dirige una mirada de asombro. Las piernas de Harry planean huir. Ahora.

“¿Qué hay con eso? ¿Necesitabas algo de él?”

Harry niega pero un suspiro se cuela por su boca.

“N-no. Todo está bien. So-solo es un poco extraño no verle aquí.” Aclara Harry y Mitch vuelve a su videojuego.

Harry se siente mal por no poder saber acerca de Louis.

La madre de Harry y Mitch, habla durante la cena. Y gracias a Dios, Louis es su tema de conversación.

“¿Qué sucedió con Lou, Mitch?” Dice su madre y Harry se interesa de sobremanera. Levanta la vista de la mesa, y mira en dirección a su hermano.

Mitch mastica y sencillamente es muy lento. Harry quiere saber. Necesita saber que sucede con Louis.

“Debe entrenar por la tarde. El partido más importante ya viene.” Contesta Mitch. “Además, casi hemos terminado las evaluaciones. No veo porque Louis debería seguir aquí cada día.”

Eso molesta a Harry. No, no lo hace. Lo hiere. Porque sabe que si Mitch dice eso, es porque es cierto. Ellos han sido mejores amigos y tal vez, Louis ya no necesite pasar las tardes allí. La cena termina con un par de noticias de su padre. Y eso es todo.

Harry se siente triste.

Harry se siente mal por no ver a Louis.

**

Harry vuelve a casa cada tarde con la esperanza de ver a Louis. Sentado en la alfombra de la sala, mientras come patatas y juega videojuegos.

Pero no ocurre. Y Harry cada vez tiene menos esperanza.

El tiempo pasa, y cada vez se acerca más la temporada de football. Y esa será su oportunidad para ver a Louis. Para observarlo correr por el campo. Vistiendo su uniforme, con un número 28 en la espalda.

Harry cuenta los días.

**

Una tarde, mientras Harry vuelve del colegio, camina por el pórtico y escucha risas. Risas agudas. Y él podría jurar que pertenecen a Louis. Pero eso es ridículo, porque Louis no ha vuelto en semanas.

Gira la perilla de la puerta del frente y una vocecilla lo recibe.

“Muere hijo de puta”

Y Harry sabe que un pasatiempo favorito de Louis es maldecir.

Camina dentro de la casa, y Louis está sentado en la alfombra de la sala. Con el mando de la consola y Mitch a su lado. Riendo, mientras come patatas.

Que Cristo ayude a Harry.

Louis viste su uniforme de football. Color rojo. Y entonces, Harry le mira. Y Louis también.

Louis sonríe.

“¡Lou!” Grita Harry. Emoción desbordando en su voz. Louis sonríe y se levanta de la alfombra. Mitch pausa el juego y una sonrisa se planta en su rostro.

“¿Lou?”

Harry se avergüenza. Y esconde sus mejillas de Louis. Pero Louis camina hasta situarse frente a él. Harry no puede respirar. Probablemente sus manos tiemblen. Al igual que su voz.

Louis rodea a Harry en sus brazos. Y Harry levanta la vista.

“Yo también te extrañé, Hazz.” Susurra Louis contra los rizos de Harry.

Ese es el momento por el que Harry ha esperado toda su vida. Su cabeza está contra su pecho. Harry siente latir el corazón de Louis, y él podría jurar que palpita demasiado rápido. Inhala su perfume. Louis debería estar situado en la sala principal de un museo. Harry cree que es muy hermoso. Con esos pantaloncillos cortos y los ojos azules.

**

Mitch les dirige algunas miradas extrañas. Pero minutos después, Harry menciona que necesita estudiar un poco, así que lo hará en la isla de la cocina, como cada tarde. Louis sonríe y Harry muestra sus bonitos hoyuelos.

Hermosos ante los ojos de Louis.

Louis y Mitch continúan con su juego de video, pero Harry le dirige miradas furtivas. Casi secretas, y silenciosas, pero Louis lo sabe. Sabe que le mira con atención.

Louis le responde preguntas secretas con la mirada. Azul y verde se encuentran.

Louis asiente a todo lo que Mitch dice, tratando de pasar desapercibido con las miradas hacia Harry. De un momento a otro, Mitch termina el videojuego, y Louis centra su atención en él.

Preguntas banales y estúpidas salen de la boca de Mitch. El entrenamiento, la universidad, sus padres y las vacaciones, hasta que Mitch dice algo acerca de una chica. Y Harry coloca su atención en esa charla.

“Si, bueno. Sabes lo complicado que es invitar a salir a Georgia, pero estoy seguro que aceptará.” Dice Mitch, y Louis asiente. Sin prestar un poco de atención realmente. “¿Qué hay sobe ti?”

“Y-yo, uhm, no tengo una pareja aún.”

“Estas de broma, ¿no?” Louis mira a Harry fijamente, sentado en la isla de la cocina. Harry se sonroja y Louis muerde sus labios.

“No. Claro que no. No me interesa salir con alguien ahora.” Louis dice, y Harry agacha la mirada. Se siente decepcionado. Absolutamente mal. Louis continúa mirándolo. “Al menos no con alguien de la universidad.”

**

Las tardes vuelven a ser lo que eran antes. Más o menos.

Mitch y Louis sobre la alfombra hablando mientras Harry mira a Louis, con la diferencia de que ahora, Louis también mira a Harry.

Harry se alegra profundamente de eso. Cada noche piensa en lo sucedido por la tarde. En lo maravillosos que son los ojos de Louis, y en cuan lindo es su cabello.

Pero la mejor parte llega cuando Louis viste su uniforme cada tarde.

Louis lo había descubierto. Desde aquella tarde, en la que abrazó a Harry. El chico no podía dejar de mirar su uniforme. Y eso le bastó a Louis para llevarlo cada tarde, sin siquiera cambiarse al salir del entrenamiento.

Louis sabe que eso no es correcto. Harry es el hermano menor de su mejor amigo. Y es un chico de 14 años. No debería seguir con ese juego. Pero Louis nunca podría negarse a Harry.

**

Una tarde, como de costumbre, Mitch y Louis juegan videojuegos, mientras beben soda y comen patatas. Pero Mitch espera a que Harry desaparezca de la cocina para detener el juego y mirar a Louis.

“¿Qué?” Louis no sabe que sucede, pero Mitch solo niega.

“Deberías terminar con esta mierda, Louis.” Escupe Mitch, y Louis no sabe a qué se refiere. “Con Harry. Sé lo que haces.”

“N-no. Eso no es cierto.” Aclara Louis.

“Louis, no soy un imbécil. Cada tarde juegas aquí, mientras yo hablo y tú te jodes a mi hermano con la mirada. Joder.” Mitch se muestra molesto. Pero Louis no está dispuesto a darle la razón.

Niega repetidamente con la cabeza.

“Esa mierda te funciona con la zorras de la universidad, pero conmigo no. Ni con Harry, así que. No lo hagas con él.” Mitch da por terminada la conversación.

**

Louis se nota distante con Harry, incluso con Mitch. Cada tarde se encuentran en la sala, jugando un videojuego, y teniendo algunas conversaciones casuales, mientras que Harry escribe en su libreta de tareas, observando todo desde la isla de la cocina.

El nombre de Louis siempre se hace presente en sus anotaciones. En una esquina del papel, o en una hoja dedicada completa y solo para Louis y su maravilloso nombre.

Louis mira a Harry por instantes, Harry le mira de vuelta y todo es amor en secreto, pero Mitch descubre a Louis y Louis solo baja la cabeza y se avergüenza, ante una mirada de reproche por parte de Mitch.

“Ya. Déjalo Louis.” Murmura Mitch quedamente cada vez que le descubre. Y Mitch quisiera echarle de casa por hacer eso con su hermano pequeño. Pero no puede, Louis es su amigo y Harry no parece molesto con aquella actitud, así que solo trata de mantener las cosas estables entre ambos.

**

Un par de días antes del partido, Harry vuelve a casa un poco más temprano de lo usual. Y camina por el pórtico cuando descubre a Louis Tomlinson, al jodido Louis Tomlinson amigo de su hermano, su sueño húmedo durante semanas, dando leves toques a la puerta de entrada.

Sagrada Mierda. Que Dios ayude a Harry. 

“Uhm. ¿H-hola?” Tartamudea Harry. Louis le encara con una sonrisa. Porque reconoce aquella voz ronca para un chico de solo 14 años.

“¡Harry!” Voz aguda contesta y Harry nota que Louis lleva su uniforme de football. Y solo eso. Nada más.

“¿M-mitch?”

“Realmente no. Pero, me gustaría esperarle dentro, ¿ya sabes?” Harry está en un estado catatónico. Silencio absoluto. Louis le mira con un ligero movimiento de cabeza.

“Si. Seguro.” Harry reacciona y busca dentro de sus bolsillos el par de llaves. Tintinean en sus manos, y se deslizan fuera, en dirección al suelo. Louis observa detenidamente eso. Harry se coloca rápidamente en cuclillas, pero Louis es más rápido y las coge, llevándolas directo a la mano de Harry. Y Harry podría morir, justo ahí. Un leve roce por parte de Louis basta para Harry.

Louis le dirige una sonrisa pura y limpia.

Harry le invita a entrar y el chico mayor no accede hasta que Harry lo hace primero. Un par de segundos bastan para que Louis tenga contra la pared al chico de rizos, un pequeño gemido sale de los labios de Harry. Louis le mira, acaricia sus mejillas, con hoyuelos bonitos en ellas y Harry cree morir.

“No tienes una puta idea de cuánto necesito hacer esto.” Murmura Louis contra el cuello del chico. Labios húmedos, lengua y dientes rozando la sensible piel de su cuello.

“Dios.” Articula Harry. Se aventura a tomar a Louis por los hombros.

“Vamos Harold. Dime que tan mal quieres esto.” Implora el chico Tomlinson entre jadeos. Jodida mierda, Harry no puede negarse a eso. No cuando Louis le ha llamado Harold.

Suspiros profundos salen desde su diafragma hasta chocar con el aliento del chico. Sujeta entre sus dedos los rizos color café. Maldita sea, eso es la gloria. “Dímelo y te lo daré.”

Harry es un chico de 14 años, con hormonas extrañas recorriendo su cuerpo. Descubriendo el mundo, un ligero toque basta para ponerlo alerta y coger a Louis de la mano. Llevándole escaleras arriba.

Harry es despojado de su camiseta, mientras Louis recorre su pecho con las palmas. Recibiendo la boca de Harry. Pronto, el jersey y los shorts de Louis son lanzados al suelo.

**

Louis hace el amor con Harry. Harry tiene su primera vez con el chico que ama.

**

Louis decide hacer oficial su relación durante el partido. Importándole una mierda todo. Su futuro en el football incluso. Pero el ama a Harry y Harry le ama de vuelta, así que nada importa.

Louis sale al campo con una sonrisa, mirando cada instante a las gradas, justo donde sus padres y la familia de Harry le apoyan. Una sonrisa con hoyuelos basta para animar a Louis a patear algunos traseros en el campo, y el juego comienza, entre gritos y vitoreo de los aficionados.

Harry viste el mismo jersey que Louis. Con el número 28. Y con el apellido Tomlinson.

Louis anota un gol en el primer tiempo, pero los visitantes anotan dos de vuelta y el juego se torna peligroso en el inicio del segundo tiempo, Harry anima a Louis con gritos y besos discretos, pero no funcionan cuando un jugador golpea a Louis en la rodilla, Harry corre un par de gradas abajo, y quiere entrar al campo y coger a Louis entre sus brazos, acariciarle las mejillas y susurrarle que estará bien. Y tal vez, golpear al otro jugador, eso sería grandioso.

Pero sabe que Louis no quiere eso. Además no es como si pudiera entrar al campo. Louis quiere hacerlo público al finalizar el partido.

El árbitro sugiere que Louis abandone el campo, pero Louis no cede y minutos después vuelve al campo, sin una amonestación para el otro jugador. Harry se molesta pero no puede hacer algo al  respecto. Louis corre, roba el balón y cuando lanza contra el portero contrario, anota un segundo gol.

Harry estalla en gritos y aplausos para su novio, la felicidad abruma a Louis y corre hasta situarse frente a las gradas de Harry, sus manos forman un corazón y Harry sonríe. Los aficionados celebran el gol de Louis y Mitch mira a Louis en el campo, mira su sonrisa y encuentra la mirada de Louis, mirando a su hermano Harry. Mitch sonríe y esa sonrisa basta para rodear a Harry en un abrazo.

“Deberías besas a tu chico.” Ríe Mitch y Harry se sonroja.

Pero Harry decide hacerlo. Camina gradas abajo y evita a los aficionados ebrios, corre hasta llegar a la última grada, de un salto atraviesa la valla y Louis le mira con sorpresa. Harry corre por el campo, hasta situarse frente al número 28. Louis sonríe.

“¿Qué haces aquí, Hazz?” Murmura quedamente. Harry se acerca hasta su oído. Y rodea la cadera de Louis con sus brazos.

“Besando a mi novio.” Un beso. Un beso bastó para que Louis le cogiera por el cuello y le besara de vuelta. Louis se aleja un poco y murmura contra los labios de Harry.

“Lo estuve esperando desde el primer gol.”

Esa noche, el equipo de Louis no ganó el partido. Los visitantes anotaron un par de goles en el último minuto, pero a Louis no le importó, porque él había ganado a Hazza.

 

–Guille, déjame tu móvil.
–No. Estate quieta.–Contestó mi hijo mientras guardaba su móvil en uno de los bolsillos trasero.
–¡Mamá!
–¡Ni mamá, ni leches! Es mi móvil.–Dijo Guillermo poniendo énfasis en “mi”.
–Lo que es tuyo, es de tu hermana también. Al menos por el poco tiempo que vamos a estar aquí. Déjaselo.
Mi hija me miraba sonriendo. Mi hijo me miraba sorprendido.
–No te lo pienso dar, enana.
Se dio la vuelta y caminó hacia la arena. Miró la playa con una sonrisa. De verdad le gustaba vivir aquí.
Mi traviesa niña, como un ninja, se acercó por su espalda sin hacer el más mínimo ruido. No cometió ningún fallo y de un rápido y ágil movimiento, le quitó el aparato.
–¡Si hombre! ¡Tiene código!–Dijo mientras corría hasta mí.–Mamá, ¡rápido! ¡Qué viene! ¿Cuál es la contraseña?
–¡Ni idea, cariño! ¡Corre, que no te pille!
Carol salió corriendo, y tras ella Guillermo. Corrían por el césped y yo los observaba con una gran sonrisa. Me recordaba a cuando Carol era más pequeña y entraba a la habitación de Guille para robarle algún mando de la consola, o casco. O simplemente entraba a molestarlo mientras estudiaba.
Venían de vuelta, ambos riéndose. Carol había abierto la cámara desde la pantalla de bloqueo, y se dedicaba a correr marcha atrás fotografiando a su hermano mayor.
–¡Guille! ¡Ni se te ocurra taparte! ¡Párate! Si vas a salir muy guapo.
Mi hijo elevó su mano y trató de agarrar el teléfono móvil que sujetaba su hermana. La cuál no dejaba de sacar fotografías.
Al final se lo consiguió quitar.
–¡Madre mía, niña! ¡Pero mira cuantas fotos tontas!–Exclamó el mayor mientras revisaba su galería.
–¡Y en todas saldrás feísimo!
Y otra carrera más por ese verde césped. Los observé correr y correr, hasta que Guille consiguió tirar a Carol al suelo, iniciando una pelea de cosquillas.
–¡Tú si que eres fea!–Dijo entre risas.
–Te he echado de menos, Guille.
–Yo a ti también, Carol.
Menos mal qué pronto volvería con nosotros y estos momentos se repetirían más.