mal aplicadas

“Me gustaría medirte todo el cuerpo, usar mis manos como regla, aprenderme todos tus números de memoria. Lo alto, lo largo, lo ancho, calcularte el perímetro y el área. Conocer los ángulos entre tus dedos al acariciarme, la distancia entre tu amor y tu pasión, tu pasión y tu razón. ¿Cuál será la circunferencia de esas pupilas que dilatan las mías? Quiero descubrirte a kilómetros pero amarte a milímetros. Descifrar cada kilo de besos y el volumen de la felicidad que te causo. Quiero grabarme la cantidad de veces que me lates por minuto”
-Matemáticas mal aplicadas, Denise Márquez.

¿Qué somos? Siempre odié esa pregunta y nunca creí que la formularía ni en mi mente. Sin embargo, anoche pensaba en qué seremos tú y yo cuando ya no seamos nada, porque somos algo, ¿no? No necesito una etiqueta. Tampoco exijo exclusividad ni es un reclamo. No quiero que una palabra nos defina pero, ¿somos? Quisiera saber eso. Lo siento, soy una pesimista y para mí todo tiene fin. En el fondo sé que no estarás en mi futuro y me duele. Pienso que, cuando ya no sea mi tiempo y yo ya no sea parte de tu vida, quiero tener la completa seguridad de que fuimos reales. Quiero tu nombre en la historia de mi vida.

Amo los números, ordenar y contar pero, ¿cómo mido la importancia que tuviste en mi vida? Siento mis ojos llorosos cuando pienso que no vales lo mismo que un novio. Cuando ya no seamos, ¿en qué te convertirás? ¿en un recuerdo? ¿en un número? Me falta eso. Me falta la seguridad de que somos ciertos y que valemos el uno para el otro. Necesito saber que contamos porque fuimos reales, y si fuimos reales no importa el nombre ni si contamos o no, porque nadie puede quitarme eso.

Así que, cuando lo único que quede de nosotros sean historias, ¿puedo contarte? Porque siempre creí que el acuerdo era sentir lo menos posible. Perdóname, pero en unos años cuando alguien me pregunte cuántas veces he amado, sé que voy a pensar en ti y no quiero descartarte porque no tuve permiso. Dime, ¿puedo amarte? Cuando alguien me pregunte cuántas veces me han amado, ¿vale si yo me sentí amada? Cuando alguien me pregunte cuántas parejas tuve, ¿fuiste tú una?

Te quiero demasiado como para dejar que te borres en la nada. No soporto la idea de que cuando ya no haya un “nosotros”, te borres de mi vida y seas inexistente. Yo quiero que cuentes en mi pasado y en mis amores. Cuando no quede nada más de ti, quiero que al menos seas un número. Aunque en una unidad no quepa el valor que tienes para mí, ni todos los recuerdos y suspiros, quiero que aparezcas en mi línea del tiempo. Sentirme con el derecho de mencionarte como importante.

Odio preguntarme todo el tiempo si nuestro vínculo es trascendente o no. Si quedarán cenizas cuando se apague el fuego, no saber siquiera si esto es fuego, para empezar. No quiero que termines como una página de mi vida escrita con lápiz en lugar de tinta indeleble. Siento que somos mucho para no ser nada, pero me asusta que no seamos suficiente para ser algo. No quiero extraviarte en mi memoria y en el fondo, tampoco quiero que me pierdas tú.

Yo quiero que seamos, amarte y que contemos para prohibirme olvidar.
—  Matemáticas mal aplicadas, Denise Márquez

No, prefiero no saberlo.

No, la verdad es que no lo sé ni tengo la intención de saberlo o explicarlo. No muchas veces me ha pasado que sientes ese chispazo en el corazón, esa alegría y felicidad repentina solo por el simple hecho de conocer a alguien. Y que ese alguien sea la persona más linda que alguna vez hayas conocido. Y no, otra vez, no es solo algo físico, aunque no voy a negar que tiene los ojos más lindos que haya visto. Si escucharan su voz cuando está feliz sabrían que enamorarse a primera voz tampoco es tan loco. Ella es una linda debilidad que tengo. Que aunque quiera irme, las ganas de quedarme son un poco más.
“”
Como cuando decimos: Te quiero
Yo te quiero más
Yo te quiero lo que tú digas, más uno.
“”
Entonces se aplicaría así: Mis ganas de quedarme, son mis ganas de irme siempre más 1. Muy parecido a “Matemáticas mal aplicadas” de Denise Márquez.

Y entonces así es. Si ella es. Prefiero no saberlo.

Sobre la arena, dibujé dos círculos, uno junto al otro, apenas tocándose. Pensé: tantas cosas he dejado en el camino, tantas cosas he perdido en el tiempo, que si no estamos destinados a ser, si los círculos de nuestras vidas se tocan solamente en este punto en lugar de sobreponerse y coexistir, haré lo mejor que pueda con nuestra breve tangente.
—  Matemáticas mal aplicadas, Denise Márquez

Está nublado y he comprendido tres cosas encerrada en mi oficina hoy:

1. Necesito a alguien de +1.76 o +28 años que me inspire.
A una compañera la trajo a trabajar su hermano y me lo quiso presentar. Tiene un buen coche. Al verlo pensé que podría escribir algo basado en él, es decir, en el coche; porque su hermano no cumple con el “al menos cuatro centímetros de estatura y dos años de edad más que yo” que necesito.

2. Es imposible abrir una puerta sin cerrar la última.
Suena bonito pero en mi caso es literal. La puerta de la oficina de enfrente choca con la mía. Aunque estoy de acuerdo en que no hay que quedarnos con sentimientos, dudas ni preguntas sobre la relación anterior para poder iniciar una nueva que sea saludable.

3. Que siempre enumero lo que voy a decir y nunca tengo la cantidad de argumentos que creía.

—  Matemáticas mal aplicadas, Denise Márquez
En el inicio, nuestra conexión subía inclinada como una hipotenusa. Él elevaba a la máxima potencia mi orgullo. Acariciaba mi seno y multiplicaba las ganas, pero siempre elegía irse por la tangente. Pasó el tiempo y nuestra relación terminó con más problemas que el Algebra de Baldor convirtiéndonos en variables. Tuvimos desigualdades fuertes, pero supimos restar algunos de los complejos y dividir la distancia sentimental que nos separaba. Al final me di cuenta de que un medio de mi corazón encajaba perfectamente con un medio del suyo.

Nuestra vida era una ecuación, no una lineal, sino de segundo grado. Nos conectábamos a ratos como una proporción, pero generalmente no éramos equivalentes. Podría contar con mis manos las veces que vi el interés (por lo que a mí me pasaba) en sus ojos. Nuestros dedos se entrelazaban entre sí, pero el miedo fue el máximo común divisor.

Todo pudo ser tan sencillo como 1+1, pero descubrí que el amor sólo le gustaba con heridas, era como un número primo, egoísta, que sólo se dividía entre uno y sí mismo. Dos líneas se intersectan y llega otra a formar un triángulo. En matemáticas, siempre alguien reprueba, esta vez fui yo.
¿Quién diablos sabe el logaritmo de los besos que me quedó debiendo? y que me diga ¿qué fórmula utilizó para olvidar?
—  Matemáticas mal aplicadas, Karina Montero y Denise Márquez
He terminado de sumar los días desde que llegaste. Me detengo
hoy en el 513 aunque me disgusten los impares que no son múltiplos de cinco. Entendí que las presencias no son cuestión de días, sino de sonrisas; así como las ausencias se calculan en lágrimas, no en semanas. La permanencia no puede reflejarse en números, ninguno expresa el valor que tiene un momento feliz. No hay tiempo para contar si estoy contigo.
—  Matemáticas mal aplicadas, Denise Márquez
¿Cuándo fue la última vez que dijiste te amo? El mío fue hace 396 días, uno de despedida, profundo y triste. Dolió 64 días y luego no volví a llorar, lo recordé con nostalgia durante 12 semanas extras. Llegó alguien más y lo sustituí por 2856 horas. Decidí tomarme otro descanso y 129 días después, al intentar recordar mi último te amo, me di cuenta que fue falso.
—  Matemáticas mal aplicadas, Denise Márquez