m. oscuridad

Ha vuelto a aparecer. Brian ha vuelto a aparecer. Ha decepcionado a M.

M. ahora está llorando.
M. ahora está sangrando por las mismas heridas de Brian. ¡¿Qué culpa tiene M. del pasado de él para sufrir?! ¡No fue él quien hizo el hueco! ¡No fue él quien lo dejó llorando! ¡No fue quién apretó el gatillo!

Ahora entiendo que, a veces, uno puede llegar a desilusionar a quien quiere sin saberlo. Sin siquiera buscarlo. Sin siquiera mencionarlo.
Veo en retrospectiva y M. me da un beso. Me da un beso para que me calle de una vez por todas. Hablo mucho y M. me dice que hablo de más. Me planta en mi lugar y me hace florecer. Me da amor puro, en cambio, yo le doy un amor tóxico, dañino, enfermizo. Como yo. Como todo lo que toco. Como todo lo que siento tan fuerte y tan profundo, que no sé hacer otra cosa que dañarlo, destruirlo, llevarlo de nuevo a la oscuridad cuando M. fue mi luz, la única luz que parecía que jamás se apagaría, pero incluso hasta la vela más alta llega a consumirse a una hora muy profunda de la noche.

Su perfume envuelve mis pensamientos en una vorágine de sentimientos que me arrebata el aliento. Me abraza hasta que mi mundo vuelve a levantarse, me besa el cuello mientras mis manos tratan de asfixiarlo. ¡Trato de matarlo mientras le digo cosas al oído!

Me hace echarlo de menos incluso cuando sé que aún no lo he perdido, cuando sé que en mis manos está nuestro destino, pero a quién se le ocurrió dejármelo en las mías, todos los que me conocen saben que sé romper, herir, matar. Y M. me enseñó a reparar, a coser, a volver de la muerte con electrochoques de labios.

Siento el tacto de sus manos sobre mi piel, llevándome a la cúspide del mundo, siendo yo, el protagonista de una vida digna de escribir.
Has vuelto a aparecer, ¡maldita sea, Brian! ¡Maldito seas! Y lo has hecho en el momento más inoportuno de mi vida, cuando en mi tierra empezaban a brotar cerezos, cuando en mi cielo se empezaban a despejar las nubes grises, cuando en mi desierto empezaba a llover.

Eres el mundo que hace girar mis días, M. Eres la excepción a todas mis locuras, manías, ansiedades. Perdona M., no puedo controlar el personaje que puedo llegar a ser. Destrozaste la monotonía en la que vivía antes de ti, para construirme días únicos.

M. me reprocha de porqué Brian actúa así. Y yo le digo que es porque lo han destruido. Y sabe destruir. Entonces Brian se aleja, se aleja de golpe, le pone el arma a M. sobre la sien. Lo besa y ése es su tiro de gracia. Y su único olvido.