luz milagros

Angeles

Jamas me voy a olvidar de la manera en la que me miraban con sus ojos tan llenos de esperanza y luz.
Eran tan hermosas y tan buenas personas, a pesar de lo injusta que les fue la vida, condenándolas a esa enfermedad terminal.
Solo tenían diez años cuando las conocí. Pero parecía que con ellas los números no importaban porque eran tan maduras con su manera de pensar y con esas ganas de vivir, sabiendo que se estaban muriendo.

Nunca nadie me había enseñado tanto en tan poco tiempo. Ellas no necesitaban cubrirse con cosas superficiales porque con lo espiritual les bastaba. No necesitaban tener muchas joyas, porque lo mas valioso que tenían era su corazón. No les interesaba tener todo y mas porque con el amor, la lealtad y honestidad que obtenían podían dormir con una sonrisa y en paz.

Cuando recibí la triste noticia, llore y llore de bronca porque ellas merecían vivir. Estaba tan enojada porque valían tanto y tenían tanto para dar.
Pero luego comprendí que aveces dios manda ángeles a la tierra para traer paz con su sabiduría. Las pone en tu vida para guiarte e iluminarte el camino hacia respuestas de preguntas que te hacías hace tiempo. Te los manda para que sean esa mano que tanto necesitas para volver a levantarte y andar. A si con ellos puedes volver a ver la esperanza y la luz que creías haber perdido.
Finalmente cuando logran con su cometido él los reclama y se los lleva de nuevo a donde pertenecen.

Quizás por eso no pudieron obtener su milagro y salvarse, pero si duda, ellas fueron el mio y me lograron salvar llenándome de su magia.

Cap. 2015 pag. 98 de 365

Somos imposibles. De esos que uno se acostumbra a mirar de lejos, a mantener entre las manos para que no duela tanto la ausencia. El amor, eso que nos une parece no ser suficiente. Somos imposibles. Dos coincidencias que se atrevieron a desafiar las reglas de tiempo. Un par de caminos que van en paralelo pero no pueden ser uno. Sí, imposibles. De esos que miran el futuro con nostalgia, de esos que saben su destino pero se niegan a aceptarlo, de esos que viven con las manos llenas de ganas, de sueños lejanos. Imposibles, que añoran sucederse, que lloran a diario su imposibilidad, que se aferran a que tarde o temprano ocurra algo, una luz, una posibilidad, un milagro.