lugaresnyc

Desde el año de la Gran Depresión lleva Eisenbergs’, el templo del sándwich alimentando a trabajadores de la zona, porqué Eisenberg’s se nutre, fundamentalmente de ejecutivos que no tienen más de media hora para tomarse un respiro. Podríamos pasar al comedor tan viejo como el año que se fundó el local, pero yo prefiero la barra. La barra del Eisenberg’s es histórica, debería declararse patrimonio de la ciudad, o de la humanidad: una barra larguísima con una línea de taburetes forrados en cuero. Dice usted que lo típico?, Sí, lo típico, en otros bares, es un pastiche del pasado.

youtube

Ayer, para la presentación de “Lugares…” en el Cervantes de Nueva York nuestro Xavi preparó un vídeo con algunos de los personajes que aparecen en el libro. Ellos hablan de sus vidas, leen algún párrafo del libro y nos abren las puertas de su casa. Un vídeo precioso y lleno de sensibilidad.

Lucia Ruiz

Casi todo me enamora de Nueva York, pero incompresiblemente ( o no), Bryan Park es mi lugar. Un parque pequeñito, con mil actividades siempre en marcha (su cine de verano, sus rincones de lectura, su pista de hielo ahora en invierno…), con la Biblioteca Nacional como fachada y protectora y rodeado de enormes edificios de acero y cristal. Fue un oasis para descansar la primera vez que vine de turismo a Nueva York, después de una pateada increíble por la ciudad. Un sitio en el que sentarme a leer mientras cenaba una ensalada muchas noches que pasé por la ciudad años después, porque mi empresa me llevó a un hotel que está cerca. Y finalmente, una vez que me tuve que mudar aquí, se convirtió en el jardín de mi casa, porque a pesar de estar buscando casa por otros barrios, a la chica de Real State se le ocurrió sugerirme un pequeño mini estudio desde el que se veía Bryan Park…. y como negarme! Ahora paso caminando todos los días camino de la oficina, y me sigue sacando una sonrisa…. aunque eso me pasa con tantos otros sitios de la ciudad…

Me gusta zascandilear, entrar en las tiendas de anticuarios, bajar al sótano húmedo que suelen tener y perderme entre mesas y aparadores viejos. Imaginar cómo era lo material hace un siglo o hace dos; cómo era la vida entre estos muebles de madera oscura, ligeramente ondulada y sólida, de carácter bostoniano, de elegancia sobria. Sólo lo material nos induce al pasado de una forma física.

4

Aquí, en mi barrio neoyorkino del Upper West Side, también he dado con un tesoro: se trata de una pequeña panadería, situada en un sotano, es preciosa, parece de otro tiempo, con gente joven vestida como los antiguos panaderos, de blanco reluciente, que parecen amar su pequeño rincón en la calle 74 y la Avenida Columbus. Se llama “Levain” y en ella puedes encontrar las galletas de chocolate más ricas y peligrosas (es imposible no acabar con una si la has empezado) que he probado en mi vida. Cuando hincas la dentadura en una de esas galletas sientes el crujido del chocolate duro y la crema de chocolate invadiendo la lengua. Varias texturas en una sola galleta. También soy fanática de sus brioches, que unto con mantequilla y mermelada, y de su pan rudo, como si fuera uno de aquellos panes de pueblo, densos y ricos en fibra. “Levain Bakery” está a dos kilómetros de casa, pero no me importa, cada dos tardes, me cuelgo el bolso al hombro y me doy mi paseo. Me encanta andar con ese objetivo tan concreto. Cuando regreso a casa, sé que la felicidad, eso que a veces parece tan difícil de alcanzar, está contenida en una bolsa de papel.

Marina Martínez

Acabo de llegar hace menos de una semana de Nueva York. Simples vacaciones. Sin embargo he tenido la suerte de compartir mi tiempo allí con los habitantes de sus calles, bares y rincones. Es lo que siempre busco en una ciudad que quiero conocer, su rutina, su gente… Empecé a leer tu libro como preparatorio mental de mi viaje. Mi madre me lo regaló, ella es muy de hacer esas cosas. Sin embargo, lo estoy terminando ahora y es todavía mejor. A mi también me encanta escribir, sobre todo sobre sitios especiales y, como Nueva York me parece un sitio increíble, ahora estoy escribiendo sobre ello. Escribo desde niña, me lo inculcaron mucho en el colegio con sus concursos literarios, y ahora simplemente son pequeñas literaturas que guardo para mi. Leyendo tu libro comparto muchas emociones, sentimientos o, quizás, percepciones de lo que Nueva York transmite cuando llegas desde tan lejos. Esa extraña calidez de la gente (y digo extraña porque realmente de la misma forma que cada cual, solitario, ajeno a los demás, camina solo por las avenidas de Manhattan, también se aventuran a dedicarte unas palabras en cuanto cruzas más de dos miradas con ellos) Es algo que me encanta. Yo crecí con Manolito y, ahora, vuelves a compartir conmigo experiencias tales como una vida en Nueva York, una ciudad que siempre admiraré. Gracias Elvira.

Jesús Vilches Hernández:

Preparando mi viaje a Nueva York en marzo de 2010 y en mi afán por descubrir lugares que no quiero compartir con nadie y que difieran de las recomendaciones típicas de las guías de viajes, localicé en la web del ayuntamiento el listado con planos de los Historic District. Uno de estos barrios históricos, protegido desde 1966, es el denominado Sniffen Court. Situado en la calle 36, entre la tercera avenida y Lexington, es un pequeño callejón neorrománico que en origen eran los establos de las familias acomodadas de Murray Hill. No es de mis mejores fotos, pero se percibe el encanto de este lugar que quiero compartir con vosotros. ¡Feliz año a todos!.