love gay

“Você é a unica coisa que eu tenho e que aparentemente me faz bem. É isso que me dá medo porque todas as coisas boas que eu tinha e que me faziam bem se foram, amigos, amores, objetos, resumindo, tudo. E por isso eu tenho medo de perder você. E eu não sei se ja te disse isso alguma vez, acredito que não por eu ser muito insensível, mas eu não quero te perder. … E então, te perdi!” - Eu

“Y ahí estaba él, pidiéndome algo tan sencillo como un beso y yo incapaz de dárselo. -Sólo será uno pequeño, ¿si? Sus ojos llenos de alegría buscaban en mi rostro alguna señal que que pareciera una «aprobación». ¿Cómo se podía decirle que no a una carita tan tierna como la que él tenía? Vencí mi miedo y acepté. Cerré los ojos y esperé esa sensación hermosa que producían sus labios al entrar en contacto con los míos. Sus largos y ligeros dedos rozaron suavemente mi barbilla y de inmediato supe que sus labios se acercaban. Al principio la piel de sus labios acarició lentamente mi nariz y finalmente llego hasta mi boca para culminar con lo que había pedido. Sentí su sonrisa mientras me besaba y en ese instante entendí que no debía temer o avergonzarme por amar a uno de los mejores chicos del mundo”.

3

DESPUÉS DE TANTO… AQUÍ LES DEJO UNA HISTORIA.

-Alejandro Jasso.

Daniel era mi mejor amigo. Si. Era. Ahora ya no lo es.

 

Recuerdo bien que era sábado por la tarde, ambos corríamos por el enorme parque que estaba a las orillas de la ciudad. Había pasado toda la mañana con él (como todos los fines de semana) y ahora corríamos como locos por el enorme camino de piedra con su enorme perro detrás de nosotros.

 

-¡Corre más rápido… está cada vez más cerca! –grité jadeante.

 

-¡Ya no puedo Isaac, estoy exhausto!

 

Aminoré el paso para que pudiera alcanzarme y cuando estaba a un lado de mi lo tomé de la mano. Me aferre con fuerza a su muñeca y volví a acelerar. Una punzada de vergüenza me azotó cuando agito bruscamente la mano para que lo soltara, inmediatamente solté su muñeca y mi corazón dio un vuelco cuando sus dedos buscaron los míos y se entrelazaron…

 

-¡Me estabas lastimando! –se excusó en cuanto lo volteé a ver.

 

Sonreí para mis adentros. En esos momentos me avergonzaba admitir que me encantaba sentir el contacto de su piel, que hacía que mi cuerpo convulsionara internamente con solo sonreírme.

 

Sacudí la cabeza levemente y me concentré en el contacto de su mano… ah si, sin dejar de lado que debíamos correr. A lo lejos pude ver aquel enorme árbol donde se supone que estaríamos a salvo.

 

-¡Ya estamos cerca, sólo un poco más! –le grite y aceleré un poco más el ritmo.

 

No recibí respuesta alguna. Alcanzaba a escuchar sus agitadas respiraciones y cada vez me costaba más correr cargando su peso. En cuanto estuvimos a los pies del árbol lo deje pasar para que trepara por la desgastada escalera de madera hasta la vieja casa del árbol. Estaba construida en una de las ramas más altas y resistentes… fácilmente resistirá nuestro peso. Trepo lo más rápido que pudo hasta el final.

 

-¡Date prisa, está muy cerca! –me gritó desde la cima.

 

Escuche las rápidas zancadas del animal detrás de mi… lo único que alcance a hacer fue dar media vuelta para recibir la potente embestida del perro.

 

-¡Me rindo, me rindo Terry! –rogué al animal cuando puso sus cuatro patas sobre mi cuerpo. Pasó repetidas veces su larga lengua por mi cara y cuando intenté protegerme mordió suavemente mis dedos.

 

-¡Ven conmigo Terry! –lo llamo Daniel, que ya estaba a mi lado. El enorme perro se quito de encima y se lanzó sobre él-. Creo que no fuiste lo suficientemente rápido –se burló.

 

-¡Fue tu culpa! –espeté aun en el suelo intentando llenar mis pulmones de oxigeno-. De no ser por ti, ya tendría un buen rato arriba de ese árbol.

 

Avanzó hasta mí unos cuantos pasos y me tendió la mano para ayudarme levantarme. Sus suaves dedos rodearon mi muñeca y de un solo tirón ya estaba de nuevo en pie.

 

-Lo sé. Gracias –sonrió. Esa hermosa sonrisa era el mejor agradecimiento que me pudiera dar.

 

Emprendimos el camino de regreso. No me había dado cuenta de todo lo que habíamos corrido… hasta que después de varios minutos de caminata caímos en cuenta de que falta mucho más de la mitad de camino.

 

-Necesito descansar –le pedí mientras buscaba una sombra en la cual pudiéramos refugiarnos de los agobiantes rayos del sol.

 

-Sólo estaba esperando que lo pidieras.

 

Nos acostamos bajo un enorme árbol de frondoso follaje. Ni un solo rayo del sol lograba atravesarlo. Cerré los ojos y no pude evitar quedarme dormido. ¿Y como iba a poder evitarlo con todo ese aire fresco rodeándonos y arrullándonos en todo momento?

 

Desperté y pasaron unos segundos antes de que mis ojos se acostumbraran a la luz del ocaso. Daniel dormía a mi lado y  Terry nos observaba con detenimiento desde nuestros pies. No se cuanto tiempo paso mientras dormíamos, pero fueron mínimo dos horas ya que empezaba a oscurecer.

 

-Dani, despierta. Creo que ya deberíamos irnos –pareció como si le hubiera hablado a la nada. Daniel ni siquiera se inmutó un poco.

 

Me puse de pie y pase unos segundos intentando orientarme. Esas horas de sueño me hicieron perder la noción de donde nos encontrábamos. Al recordar todo el camino que  nos faltaba recorrer, me puse en cuclillas a un costado de mi amigo y lo sacudí con fuerza mínima. Ni siquiera se movió.

 

-Dani, ya vámonos –volví a decirle alzando la voz.

 

-¿Ah? ¿Por qué? –preguntó adormilado sin siquiera abrir los ojos.

 

-Porque ya está oscureciendo. Vámonos.

 

-Hummm –se volvió a quedar dormido.

 

Se veía muy guapo cuando todas las facciones de su rostro estaban completamente relajadas. No logre reprimir esas ganas de tocar su hermosa cara y pase suavemente los dedos por su mejilla derecha… su boca formo una hermosa sonrisa.

 

-Me haces cosquillas –abrió los ojos y me dedicó una cálida mirada.

 

Me aleje bruscamente de él. Creí que estaba durmiendo… creí que se molestaría porque lo estaba tocando de esa manera. Pero no lo hizo.

 

-¿Nos vamos? –pregunté intentando guardar la compostura.

 

Sólo asintió. Se puso de pie torpemente y empezamos a caminar. Caminamos en silencio un gran tramo, el único ruido que se percibía era el de las hojas secas bajo nuestros pies y los cantos de algunas aves que regresaban a sus nidos.

 

-¿Quieres una carrera? –su fina voz logro sacarme del ensueño que me provocaba el paisaje.

 

-¿Ahora? Está oscureciendo, ni siquiera logro ver lo que está frente a mi a dos pasos de distancia.

 

-Anda, no seas cobarde. Vamos.

 

-Es peligroso, alguno de los dos puede quedar lastimado.

 

-¡No seas cobarde, no quieres que te gane!

 

-Si no puedes ganarme cuando podemos ver, ¿qué te hace creer que lo harás ahora? –pregunté ante su irónica provocación.

 

-Sígueme y lo verás –terminada la frase empezó a correr con la mayor velocidad que sus pies le permitían. Hice lo mismo, corrí lo más rápido que pude teniendo cuidado de no terminar en el suelo. Solo bastaron unos cuantos metros antes de alcanzarlo y dejarlo atrás.

 

-¿No que podrías ganarme? –ahora fui yo quien lo provocó.

 

Abrí un poco más las zancadas para ir más rápido sabiendo que en cualquier momento terminaría tendido en el camino.

 

-¡Esta me la pagarás Isaac! –me amenazaba entre risas. Cada tanto volteaba un poco para asegurarme que no lo dejaba muy atrás. ¿Cómo se le ocurría retarme a una carrera sabiendo que yo era más rápido que él? La emoción y adrenalina recorrían mi cuerpo, los músculos de las piernas me hormigueaban y el oxigeno quemaba mis pulmones al entrar en ellos.

 

Deje de correr cuando ya no escuchaba las amenazas ni la risa de Daniel. Dirigí la vista donde se suponía que el estaba, pero ya no me seguía.

 

-¿Daniel? –lo llamé entre las agitadas respiraciones. Comencé a caminar en dirección contraria para encontrarlo… y una parte de mi se tranquilizó al escuchar los ladridos de Terry. Corri a toda prisa de donde provenían y me encontré a Daniel sentado… se sujetaba con mucha fuerza el tobillo y su cara estaba transformada por el dolor.

 

-Creo que estoy descalificado –intentó bromear.

 

Revisé su tobillo y al parecer no estaba fracturado. Quizá solo era una torcedura.

 

-¿Te duele cuando hago esto? –le pregunte al momento que giraba cuidadosamente su pie.

 

-Un poco –admitió frunciendo los labios.

 

-Te dije que no era buena idea correr –lo regañé más preocupado que molesto.

 

-Pero fue divertido, ¿no?

 

-Solo un poco.

 

Lo ayude a levantarse y me di cuenta de que no podría caminar cuando se le escapo un quejido al momento de apoyarse en el pie. Si bien recordaba, solo faltaba un pequeño tramo para llegar a la camioneta.

 

-Anda, sube –me incline delante de él para que pudiera subir a mi espalda.

 

-¿Qué? ¡No! Puedo caminar solo.

 

-¿Ah si? Pruébalo.

 

Me miro avergonzado por unos instantes. No logró dar mas de cinco pasos cuando nuevamente iba directo al suelo. Lo tome por los hombros y le dije:

 

-¿Aún crees que puedes hacerlo? –negó con la cabeza-. Vamos.

 

Volví a inclinarme frente a él y esta vez subió a mi espalda.

 

-¡Wow! Si que pesas –mentí.

 

Emitió algo parecido a una carcajada y emprendí una vez más el camino. Esta vez no me detendría hasta llegar. Mi cuerpo no logro reprimir el temblor cuando recargó su barbilla en mi hombro dejando su rostro muy cerca del mío. El delicado roce de su piel emitía fuertes descargas a todo mi cuerpo.

 

-¿Ya te cansaste?

 

-¿Tu que crees? Seguro pesas cien kilos –me burle a carcajadas. Obviamente  era imposible, Daniel era muy delgado.

 

-Si no quisieras cargarme me hubieras bajado desde hace mucho –respondió tranquilamente.

 

Me detuve. Me tomo por sorpresa su respuesta.

 

-¿Quién dice que no te quiero cargar?

 

Sentí su sonrisa contra mi mejilla. De igual manera sonreí y seguí caminando. Ya solo faltaban unos cuantos metros para llegar… aminoré el paso, no quería que se alejara de mí.

 

-¿Aún te duele mucho?

 

-Creo que sólo me duele al momento de apoyarlo en el suelo.

 

-Podemos ir a un hospital, quizá necesites que te revisen el tobillo.

 

-No creo que sea necesario –su aliento acariciaba mi mejilla dando una de las mejores sensaciones que hubiera sentido nunca.

 

-Está bien, entonces te llevare a casa.

 

Al llegar a la camioneta abrí con dificultad la puerta del copiloto y lo ayude a subir. Me senté un momento a sus pies mientras fingía que recuperaba el aliento, lo único que deseaba era estar cerca de él.

 

-¿Y bien? –una sonrisa surcaba su rostro.

 

-Necesitaba recuperarme –dije al tiempo que me levantaba.

 

 

-¿Crees que te meterás en problemas por lo de tu pie?

 

Solo faltaban unas cuantas cuadras para llegar a su casa… lo que para mi era pena, odiaba esa parte del día donde tenia que separarme de él.

 

-No lo sé, quizá si. Siempre me dijeron que era torpe para correr y esto se los probará.

 

-¿Y si llegamos primero a mi casa? Podrías tomar algo que te ayude a disminuir el dolor.

 

-Creo que es buena idea… solo espera.

 

Saco el celular de su mochila que estaba en los asientos traseros de la camioneta. Llamo a su casa y al parecer fue su madre quien contesto.

 

-¿Mamá? … Hola, ¿crees que pueda dormir hoy en casa de Isaac? … Si, su mamá está de acuerdo… Si, no te preocupes, llegaré mañana temprano –colgó y me volteo a ver con los ojos entrecerrados-. ¿Qué hiciste para que mi mamá te tuviera tanta confianza? ¿Se besaron, verdad?

 

-Oh si, nos besamos –respondí sonriendo-. No te imaginas lo bien que besa…

 

-¡Eres un cerdo! –me golpeo con mucha fuerza el hombro.

 

-Fuiste tu el que empezó –espeté riendo  a carcajadas.

 

Reímos por varios minutos, hasta que de repente preguntó:

 

-Tu madre si está de acuerdo que duerma en tu casa, ¿verdad?

 

-Ya lo creo. También confía en ti, pero más te vale que no la hayas besado –sonreí maliciosamente.

 

 

Llegamos a mi casa y lo ayude a entrar. Con su brazo detrás de mi cuello le ayudaba con la mayoría de su peso. En la pequeña mesita de la  sala encontré una nota de mamá en la cual me explicaba que le habían cambiado el turno en el consultorio, le tocaría cubrir el horario nocturno.

 

-Si hubiéramos ido al hospital mi mamá te hubiera atendido.

 

-Pero no es necesario. Estoy seguro de eso.

 

Me encogí de hombros y camine hasta la cocina. Estaba muerto de hambre.

 

-¿¡Quieres algo de comer!? –le grite desde la cocina.

 

-¡No, gracias!

 

-¿Algo de tomar?

 

-No gracias, así estoy bien.

 

Tome un pan de la pequeña canastita que había en la mesa y fui hasta la sala donde se encontraba Daniel. Ya se había quitado el zapato y examinaba con detenimiento la zona adolorida. Ahora un pequeño hematoma teñía su piel y la hinchazón empezaba a notarse.

 

-Que feo –me senté en el sillón a su lado.

 

-¿Crees?

 

-Sí, pero me refiero a ti –di otro mordisco a mi pan.

Entrecerró los ojos y esbozó una pequeña sonrisa. Con un rápido movimiento de mano me arrebató el pan y se alejó un poco de mí.

 

-¡Dijiste que no querías nada! –me quejé.

 

-Pues cambie de opinión.

 

-Regrésame mi pan.

 

-No –sonrió una vez más.

 

Me abalancé sobre él con la intención de quitarle mi pan, pero apenas mi cuerpo hizo contacto con el suyo todo fue diferente. Sentía la necesidad de tocarlo, pasar mis manos por su cuerpo. Entre risas y jadeos seguimos peleando por ese pequeño trozo de harina, al menos hasta que…

 

-Si tanto quieres tu pan, quítamelo –de un solo bocado se comió el resto. Una hermosa sonrisa se formo en su rostro mientras masticaba. Sin detenerme a pensar en las posibles consecuencias me lacé sobre el y mis labios se estrellaron con los suyos. El mero contacto me volvió loco, una explosión de sensaciones y emociones me hicieron perder el control…

 

-Isaac, espera…

 

Me aleje unos centímetros de él, y lo observe unos segundos… hasta que me di cuenta del enorme error que había cometido.

 

-Lo siento… yo…

 

-Me estabas lastimando el pie –sonrió con las mejillas encendidas.

 

Me levante y busque alguna excusa para salir de ese incomodo ambiente…

 

-Creo que necesito una ducha, regreso en un momento.

 

Salí de la sala a toda prisa y entre en el baño. Ni siquiera pase a mi habitación por un cambio de ropa limpia… pase los dedos por mis labios recordando esa agradable sensación, lo suave que eran sus labios, su sabor dulce (que seguramente era por el azúcar del pan)… Entré en el chorro de  agua fría después de quitarme la ropa y me quede ahí por más de media hora. Cuando salí camine a mi habitación con una toalla en la cintura… y me quede inmóvil al ver a Daniel ahí.

 

-¿Crees que pueda bañarme yo también?

 

-Si, claro. El baño es todo tuyo –sonreí… o al menos intenté hacerlo.

 

Busque algo de mi ropa que creí que le quedaría, éramos casi de la misma estatura… pero era un poco más delgado que yo. Cojeó hasta el baño solo escuche el sonido de la puerta al cerrarse.

 

Me puse un pantalón de algodón azul marino y una camiseta negra. Me recosté en la cama pensando en si debería pedirle disculpas por haberlo besado en la sala… Pero, ¿por qué hacerlo? No se había molestado, quizá hasta le había gustado. Había sonreído, ¿no?

 

Me senté y me quede rígido cuando ya no escuche el sonido del agua… llegaría en cualquier momento… ¿Qué se supone que iba a hacer ahora? Tardo más de lo esperado, pero no pude suprimir la sonrisa que se formo en mis labios al verlo entrar por la puerta. Traía un pequeño pedazo de pan en la mano.

 

-¿Quieres un poco? –me preguntó con una tímida sonrisa.

 

Avanzó con pequeños pasos hasta la cama y se dejo caer a mi lado. No dejaba de sonreír, pero logre notar el temblor en sus manos. Subió su mano y puso el pan sobre mis labios,  estaba más nervioso que nunca y aun así logre abrir la boca para dar una pequeña mordida.

 

 

Ambos nos acostamos en la cama. Cabíamos a la perfección ya que era una cama tipo matrimonial.

 

-Isaac.

 

-¿Qué?

 

-¿Todo bien?

 

Al principio no entendí a que se refería… hasta que recordé el beso.

 

-Eso creo –me giré y segundos después el hizo lo mismo. Su cara estaba a unos centímetros de la mía, esos carnosos y suaves labios estaban a tan poca distancia y no podía besarlos… era doloroso. Mi aliento se mezclaba con el suyo y se convertían en  uno solo, eso era justamente lo que yo quería hacer… unirme a él y formar solo uno.

 

-Perdón, yo… -empecé a disculparme.

 

-No, no arruines el momento –me pidió con un hilo de voz.

 

-¿Entonces?

 

-Sí.

 

Eso era lo único que necesitaba saber. Lo único que necesitaba para deshacerme de mi autocontrol y poder besarlo. Con desesperación tome su rostro con ambas manos y completé el camino que había entre nuestros labios. Mi cuerpo pulsaba de alegría al sentir que mi querido Daniel me respondía el beso… el transcurso de los minutos inundo de intensidad el momento. El ambiente se torno más intenso, apasionado… todo se salió de control. Mi corazón quería salir de mi pecho, o al menos eso me hacían creer sus bruscos latidos.  Con manos temblorosas le quité la camiseta a Daniel, observe unos instantes su pecho y abdomen desnudos antes de que nuestros labios se fundieran nuevamente. Entre tantas caricias y besos, no supe en que momento había perdido mi ropa, ahora solo estaba bóxer… deseoso de continuar con esto.

 

-Isaac… Creo que estamos perdiendo el control de las cosas –alcancé a decir de manera entrecortada.

 

-Yo no lo creo… se perfectamente lo que quiero que pase –hasta ese momento me di cuenta de que el también solo estaba en ropa interior.

 

-¿Estás seguro?

 

-Seguro no, pero aun así quiero hacerlo.

 

Suspiré… era la primera vez… ¡Era mi primera vez! No estaba muy seguro de lo que tenia que hacer, pero aun así me arriesgue a continuar, porque era algo que deseaba, y más porque era con Daniel, un chico maravilloso.

 

-Yo también –susurré-.

 

-Entonces no hay nada que pensar.

 

Con sus manos me tomo por el cuello y me jalo con fuerza (más de la necesaria). Sentía todo su cuerpo, podía apreciar cada musculo de  –tenso, por supuesto- bajo mi cuerpo, las caricias subieron de tono al igual los besos… esa noche nos entregamos al otro sin temor alguno.

 

A partir de ese día y esa noche todo cambió. Y NO, YA NO SOMOS AMIGOS, AHORA SOMOS MÁS QUE ESO. Ahora estamos casados y a unos cuantos días de poder adoptar a nuestro primer hijo. No siempre las cosas fueron fáciles, pero, ¿quién dijo que lo serian? … Cada día luchamos por defender nuestro amor, no dejamos que las criticas lo destruyeran, y me enorgullece decir que todas aquellas personas de mente cerrada lo único que lograron fue fortalecernos.

                                                                       2

“Si no puedes volar, corre.

Si no puedes correr, camina.

Si no puedes caminar, arrástrate

Pero continúa avanzando”.

 

Fue a principios de diciembre cuando mi vida cambio. El director, o mejor dicho, Leonardo, ordenó a todos los maestros que llevaran a los alumnos a la plaza central. Todos salieron formados y se acomodaron integrando pequeños rectángulos alrededor de Leonardo.

-¿Él es el director? –me preguntó Anita, mi compañera de clases.

-Sí, y se llama Leonardo –me regodeé al decir su nombre-. Es mi amigo.

-No te creo, eres un mentiroso.

-Que no lo creas, no quiere decir que no sea verdad –respondí molesto.  Me sacó la lengua y me dieron ganas de jalarle su malhecha trenza. No lo hice, sabía que no estaba bien golpear a una niña. En realidad creía que no estaba bien golpear a cualquier persona sin importar que fuera hombre o mujer.

-¡Buen día a todos chicos! –Saludó Leonardo con su característico entusiasmo-. Esto que estoy por hacer es algo inusual, pero sé que debo hacerlo. En las adopciones anteriores no lo hice, y no lo hubiera hecho en esta de no ser por peticiones de esta pareja.

Al ver que no era nada interesante mi mente comenzó a divagar en recuerdos y en la escena que tenía frente a mí. Todos los niños miraban con atención a Leonardo, desde los más pequeños de preescolar hasta los más grandes (como yo) que ya iban en secundaria. Mi atención regresó a Leonardo cuando mencionó que esta pareja estaba formada por dos hombres. Pensé que había escuchado mal así que me concentré por escuchar el resto del anuncio.

-… ellos insistieron que hiciera esto pues querían que ustedes estuvieran de acuerdo con la adopción y fueran ustedes quienes los eligieran a ellos y no ellos a ustedes.

Veía como los maestros de preescolar intentaban explicar lo que había dicho Leonardo y por más que se esforzaron no tuvieron éxito. Los niños no entendían como era posible tener dos papás.

Leonardo ordenó a todos los profesores regresar a sus alumnos a sus respectivos salones y que todo aquel niño que estuviera interesado lo llevaran a su oficina. Salí de la formación y me escabullí hasta el edificio donde se encontraba Leonardo con aquellos dos hombres que pretendían adoptar un niño. Rodeé el edificio y escalé a través de unos arbustos para poder ver por la enorme ventana. Dos hombres estaban sentados, uno en el lugar de Leonardo y otro donde yo me había sentado todas aquellas veces que estuve ahí. El que estaba sentado detrás del escrito era más bajito que el otro, parecía muy nervioso y no dejaba de morder un bolígrafo.

-Tranquilo, Chris, me estás poniendo nervioso a mí –le dijo su novio… esposo… o lo que fuera.

-¿Por qué tarda tanto? ¿Y si las cosas salen mal? ¿Y si nadie quiere venir? ¿Y si…?

-¿Y si dejas ser tan pesimista? Tú fuiste el que pidió que las cosas se hicieran así y además…

Los arbustos que estaban debajo de mí, cedieron ante mi peso y caí al suelo. La altura no era peligrosa pero eso no impidió que me diera un buen golpe. Intenté levantarme y correr, estaba seguro que aquellos hombres habían escuchado todo el ruido que hice.

-¿Estás bien? –me preguntó el más bajo cuando apenas me había puesto de rodillas y me preparaba para correr. Saltó por la ventana y aterrizo junto a mí-. ¿Te hiciste daño?

-No, no. Estoy bien, no me pasó nada. Eh, debo irme, lo siento señor –me di media vuelta y empecé a caminar.

-Espera, yo creo que sí te lastimaste –me alcanzó y se puso de cuclillas frente a mí. Tomó mis manos y las levantó para que pudiera verlas. De mis dedos corrían pequeños riachuelos de sangre, la piel de las yemas se había levantado un poco cuando intenté aferrarme la pared para no caer-. ¿No te duele?

-No, solo es una pequeña cortadita. No me duele, mire –cerré la mano con fuerza e hice una mueca de dolor al aplastar la herida-. Bueno, quizá sólo un poco.

-¿Te puedo ayudar a limpiar eso? –me preguntó con un tono de voz paternal justo como lo hacía Leonardo cuando quería pedirme algo. Alcé la vista y pude notar que el otro hombre nos observaba desde la ventana.

-Creo que puede hacerlo.

Rodeamos el edificio y entramos por la puerta principal. Preguntó  a la secretaria por el botiquín de primeros auxilios y ella se lo trajo rápidamente. No entendía por Gaby se dirigía a él como a él con un respetuoso “Señor”, si sólo le hablaba de esa manera a Leonardo.

*

-Esto te dolerá un poco, lo haré lo más rápido que pueda, si quieres puedes cerrar los ojos para que no veas…

-Creo que tú estás más nervioso que el chico, Chris. Déjame hacerlo a mí.

El señor al que llamaban Chris, rio nervioso pero dejó al otro limpiarme las manos.

-En realidad no te dolerá, sólo es agua oxigenada, no arde ni siquiera un poco –con una pequeña gasa empapada de “agua oxigenada” empezó a limpiar la sangre que ya comenzaba a secarse-. ¿Cómo te llamas?

-Tomás.

-Qué bonito nombre, Tomás. Me gusta –comentó sin despegar la vista de mis manos. Con cuidado de no lastimarme limpiaba cada recoveco con aquella dedicación que sólo un padre podría tener… pero que iba a saber yo de padres si nunca había tenido alguno. Chris no dejaba de mirarme y sonreírme… y no puedo negar que me estaba poniendo muy nervioso.

-¡Listo! ¡Quedaste como nuevo!

Volví la vista a mis manos, estaban libres de sangre y con banditas de colores en todos los dedos a excepción de los pulgares. Se veían graciosos.

La puerta se abrió con un leve crujido y por ella entró Leonardo; me miró por unos segundos y me dedicó una sorprendida sonrisa.

-Christopher, Alexander, veo que ya conocen al pequeño Tom –avanzó hasta el señor Chris… Christopher y lo abrazó con mucho cariño, después le tendió la mano al que había llamado Alexander y la estrechó con el mismo afecto. Quizá noto mi cara de confusión y decidió explicarme un poco más-. ¿Recuerdas a mis dos grandes amigos que ayudan a mantener en pie esta institución? –asentí intentando recordarlo-. Pues son ellos. Christopher y Alexander me ayudaron con este proyecto de vida.

Cavilé unos minutos mientras ellos platicaban animadamente, reían y dialogaban de negocios que no entendía ni me interesaban. Así que estos dos hombres están juntos y ahora querían tener un hijo… pero, ¿podrían hacerlo? Recordé sus caras de preocupación al ver que me había caído y la manera en la que me curaron las manos.

Seguro que podrían hacerlo.

-¿Entonces quieren tener un hijo? –pregunté en voz alta.

Los tres adultos dejaron de hablar y me voltearon a ver entre sorprendidos y divertidos.

-Así es –respondió Alexander.

-¿Por qué? –pregunté.

-Porque sería bonito completar una familia –respondió Christopher esta vez-, y estamos seguros que podríamos cuidar a la perfección de un niño, ¿no crees?

-Yo creo que sí –respondí-. ¿Y quieren un niño o una niña?

Se vieron entre ellos con complicidad y en seguida a mí. No sabía bien lo que hacía… pero quería irme con esos señores. No sabía lo que era tener una familia, nunca había sentido el amor de unos padres, pero cuando ellos me cuidaron y se preocuparon, fue la mejor sensación que hubiera sentido en toda mi vida.

Tenía que convencerlos que me eligieran a mí.

Historia en Wattpad: http://www.wattpad.com/story/36741098-yo-no-veo-la-diferencia?utm_source=web&utm_medium=tumblr4&utm_content=share_myworks&ref_id=18201582

Para eles tudo se tornou perfeito, tudo ficou completo, as guerras acabaram. O amor que sentem é único, maravilhoso, perfeito, completo, sem complicações.
Os dois se uniram, dois seres de luz, que se amam, se completam e se entendem.
Para eles a vida é assim, não existe ódio e egoísmo, as guerras acabaram.
Nesse mundo existe apenas eles, seus olhares e suas caricias. O amor personificado e dividido em dois, porém, unidos.