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La manada: ella se lo ha buscado, de fiesta, descontrolada y borracha.

¿Cómo no te van a tocar? Y, si te tocan, a veces tampoco protestas mucho. Estás borracha. Luego no te quejes. Si te tocan el culo. O las tetas. O te magrean el cuerpo entero. No te quejes. Estamos de fiesta. ¿Qué es lo que quieres?

Hoy empieza el juicio a la “Manada”.

Se sientan en el banquillo cinco jóvenes. Que dirán que estaban de fiesta. Borrachos. Pasándoselo bien. Y que su víctima también estaba de fiesta. Borracha. Pasándoselo bien. Cinco hombres que creyeron que tenían derecho –porque se estaban divirtiendo- a violar a una mujer de forma repetida y grabarlo con sus móviles para luego revivirlo y difundirlo entre sus amigos.

Los cinco miembros de “La Manada” se sientan desde hoy en el banquillo.

Dirán que ella estaba borracha. Que no se acuerda pero que quería. Que quería que la penetraran a la vez varios de ellos. Que quería arrodillarse en el suelo para ir haciéndoles a la vez una felación.

Que se lo había buscado.

Como esas otras mujeres que, también en la fiesta de San Fermín, parecen felices por la calle.  Bailando, cantando, gritando, retorciendo sus cuerpos. Están felices y siguen bailando. De repente, un hombre acerca a una de ellas, le quita la camiseta y le soba los pechos. Evidentemente, sin el permiso ni el consentimiento ni la invitación de la mujer. Sólo porque ella está allí. Sólo porque ella se lo está pasando bien. Sólo porque ella “se lo ha buscado”: de fiesta, descontrolada y borracha. Su cuerpo se ha convertido en una barra libre para las manos masculinas.

Da igual que algunas de ellas, en su borrachera de alcohol y calor y fiesta, intenten apartar a los hombres o que muestren gestos de asco. Da igual que algunas apenas se quejen, abrumadas por la situación o por la cultura patriarcal: esto es lo que hay que hacer, así nos divertimos, y no eres una tía enrollada si no lo haces y nos dejas hacer.

Venga, tía, que estamos de fiesta.

Fiesta. Noche. Alcohol. Déjate. Déjate llevar. Que sé que te gusta. Abre la mente. ¿Para qué estás aquí, si no? Para divertirte. Sé más permisiva. Tú también has bebido mucho. Mira cómo bailas. Mira cómo te mueves. Mira cómo miras. Esos ojitos que pones. Esa falda. Esos tirantes. Tú provocas. Calientabraguetas. ¿Cómo no te van a tocar? Y, si te tocan, a veces tampoco protestas mucho. Estás borracha. Luego no te quejes. Si te tocan el culo. O las tetas. O te magrean el cuerpo entero. No te quejes. Estamos de fiesta. ¿Qué es lo que quieres?

Pues lo que quiere una mujer es poder moverse y actuar y caminar y beber y emborracharse y reírse y disfrutar y consumir lo que le dé la gana con la libertad con la que lo hacen los hombres, a la hora que sea en el sitio que sea, sin temor a que la agredan verbal o físicamente.

Este verano Suecia anunció que suspendía la próxima edición de su mayor festival musical –unos 50.000 asistentes- porque dijo no poder garantizar la seguridad de las mujeres que asistían a la cita, después de que la edición de este año registrara cuatro violaciones y veintitrés abusos sexuales. Unas cifras parecidas tenemos aquí, en España, en algunas de nuestras fiestas y eventos más populares. El año pasado, en Pamplona, durante los Sanfermines –y a pesar de los esfuerzos de numerosos colectivos-, se presentaron doce denuncias contra la libertad sexual -cuatro de ellas por violación y otra más por un intento de violación-.

El caso más sonado sigue siendo la -presunta- violación múltiple de los cinco integrantes de “la manada” a una joven de 18 años, en un portal. Ese caso que hoy empieza a juzgarse.

Les aseguro que son muchas las mujeres que no se sienten libres cuando salen a divertirse, porque temen que sus gestos o sus palabras sean malinterpretados, que se entiendan como una invitación a algo que ellas no quieren.

Venga, tía, que estamos de fiesta, no seas estrecha. Además, estás borracha. Tú te lo has buscado. Zorra.

Por: Destiny

Excusión a la muerte: Parte II. 

Pasaron 365 días después de la desaparición de su compañero, 365 días buscándolo y visitando a la luz del sol dicho cementerio.
Decidieron asistir en el aniversario de tan trágico suceso al lugar de los hechos, con la esperanza de descubrir qué fue lo que ocurrió con su amigo. Algunos dudaban y se rehusaban a repetir dicha aventura, pero la curiosidad pudo más.
Allí se encontraban un 31 de octubre a las puertas del cementerio los cinco amigos restantes. Acordaron entrar juntos y tomados de las manos. Cuanto más se adentraban, las ansias por salir incrementaban, pero siguieron.
Estaban por terminar el recorrido cuando una niebla espesa comenzó a propagarse por el lugar, un viento fuerte arremetió contra los presentes y un frío que les heló el alma, se hizo presente. Miraban a todos lados temerosos e impacientes, querían huir pero sus extremidades no respondían, era como si algo los obligara a presenciar tan terrorífico acto.
De pronto los inundó el silencio  por unos segundos, hasta que en la tierra de los muertos sólo pudieron escucharse los gritos de terror y de lamento de los cinco amigos restantes…

Los tatuajes de los sobrevivientes del Bataclan para “nunca olvidar”. David Fritz Goeppinger, de 25 años, sobreviviente de Bataclan el 13 de noviembre de 2015, muestra su tatuaje con la fecha del ataque en números romanos y la “V”, que representa a los cinco amigos que estaban en la sala de conciertos parisina.(AFP)