los recuerdos se queman en el tiempo

Cartas rotas

Hola a todos de nuevo, creo que me falto ponerles nombres a las chicas de las que hable, bueno esta vez les platicare de la chica del escrito ¨Mi ultimo amor¨, a ella le diré Liz para que la identifiquen así, recuerdan que les mencione que hubo un periodo de tiempo donde le deje de mandar mensajes y de hablar, con el fin de ya no sentir lo mismo por ella?, pues en ese tiempo para poder soportar sin hablarle, decidí hacerle una carta cada vez que no soportara mas sin hablarle, le hice varias cartas en todo ese tiempo, yo soy fanático del cine, y en una ocasión mire la película Tengo ganas de ti, quien la ha mirado sabrá que hay una escena donde en un papel ponen todo lo que quieren decir, y a el final lo queman para poder liberarse, para ese entonces yo ya tenia mis cartas, la mayoría de las que hice en ese tiempo, las guardaba bajo mi colchón, recuerdo que en una ocasión mi mamá se las encontró, pero nunca supe si las leyó, en ella le decía mis sentimientos por ella, e inclusive antes de mirar la película tenia la intención de dárselas, también en ellas escribía cualquier cosa que me pareciera importante contarle, escribí muchas cartas, bueno una vez que mire la película pensé que si ellos hacían eso para soltar cosas de sus pasados, en mi caso seria diferente, el día que yo tuviera el valor y las fuerzas para poder deshacerme de las cartas, ese día yo podría volver hablar con ella por que ya no la miraría de la misma forma, le hice varias cartas más, hasta que a el cabo de los meses, le hice una ultima carta, para decirle que ya no le haría más cartas, valla ironía, esas cartas no las queme, las rompí en mi cuarto y las metí en una bandeja con agua, las hice volitas y me dedique a tirarlas hacia arriba de mi casa, para que con el sol y el agua de la lluvia se terminaran de desintegrar, para ser sincero con cada carta que rompía me sentía bien conmigo mismo, sentía que cerraba un ciclo en mi vida, sin saber que eso apenas comenzaba, con el tiempo ella se entero de las cartas y me las pedía, pero ya no había forma de que se las diera, bueno esta es mi historia con las cartas rotas, espero que les pueda servir de algo hacer esto, a mi en lo personal si me ayudo, bueno buenas noches, que descansen, gracias por leerme!

Me hubiera gustado detener el tiempo cuando podía,
y cuando todavía tenía la oportunidad
de cerrar algunas grietas
por las que terminó desbordándose una vida
que tenía las promesas vencidas.

Me hubiera gustado tomarte de la mano
antes de que el atardecer terminase
y antes de que todo lo que conocíamos
se pintara del color de unos ojos sin brillo,
sin vida,
sin nada que ofrecerle a nadie.

He tenido que aferrarme a un hilo invisible,
intentando no volverme adicto
a ciertos insomnios,
ni a algunas mujeres
por las que ni tú ni nadie hubiera apostado nada.

He intentado recuperar la cordura
que perdí en tus ojos,
que fueron los únicos 
que me hubiera gustado ver todos los días
antes de desayunar
y antes de acostarme,
como teniendo el mejor pretexto
para dejar escapar lejos
a esta tristeza y a esta soledad que sólo vienen
a robarme las ganas que tengo de ser quien soy
si no puedo ser lo que tú quieres.

Qué jodido, corazón. Qué jodido.
Cuando la última vez que te dije “te quiero”
sonó más a despedida que a un nuevo comienzo.

Es que a mí nunca me salió bien armar historias bonitas,
ni escribir finales tan desastrosos;
la felicidad y yo no combinamos,
no tenemos nada en común ni qué compartir.

Ella y yo nos hemos despedido hace tiempo,
y fue un error, quizá, el creer que vendría contigo,
como quien vuelve después de ausentarse
de un lugar del que jamás debió irse.

De todo lo que he venido perdiendo
tú me dueles más;
te has ido,
o es que yo me he alejado,
o será que al final ninguno de los dos
supo cómo quedarse del todo;
creo que no importa,
si ahora estos escombros
son todo lo que nos queda
de una ciudad en cuyas calles
escondimos mil secretos,
mil historias,
que seguramente nadie entenderá,
y terminará olvidando
antes de comenzar a leerla.

Hoy sólo quedan recuerdos que queman,
huellas de unos besos cuya humedad esfumó el tiempo,
tatuajes de caricias que ahora le pertenecen a alguien más;
y te juro que me hubiera gustado detener las horas,
o regresarlas, si pudiera
—como quien repite la escena de una película—
antes de que esta cuerda se rompa
y caiga de nuevo en los labios
de otra sonrisa
en la que no voy
a encontrarte nunca.
—  Dashten Geriott
Después de ti, las demás que vinieron traían pequeñas cosas que olvidaste llevar el día en que te fuiste. Al despertar al día siguiente y descubrir en ellas a una extraña, me daba cuenta de que todas se parecían entre sí, en algún gesto, alguna sonrisa y en cierta forma de caminar. Es cierto que no te he olvidado, y que todas ellas conforman el evidente fracaso de mi intento por hacerlo. ¿Quién me habrá dicho a mí que las heridas se curan poniéndoles sal encima? Sea quien fuere, seguramente no sabía muy bien de lo que hablaba. Después de ti se despertaron más temprano los recuerdos. Hoy no hacen calor. Hoy queman. Arden. Consumen. Te joden la existencia. Tengo tanto que decirte, una catarsis de sentimientos alojada detrás de mi orgullo, maquillada siempre con esa particularidad que me distingue, la de los “hoy no puedo, mañana quizá”, o quizá cuando vuelvas ya no me acuerde muy bien de cómo sonreías, y tenga ganas de conocerte de nuevo. Pero es cierto también que mi vida está tan hundida que de no ser porque la tengo atada al cuello la hubiera perdido hace tiempo. Me di cuenta aquella noche, cuando te esperaba en el portal de tu casa y nunca llegaste, y me dije que quizá otro tipo estaría contigo quitándote mi recuerdo. Te juro que no me importa cuántos te habrán visto bailar bajo la luna, porque sé que nadie todavía te ha visto bailar bajo mi boca. Nadie, bajo mis manos. Nunca, bajo mi vida. Si vuelvo a casa nadie está para recibirme. Todas se han marchado tras haberlas despedido como se despide a un personal incompetente. Olvidarte no es precisamente lo que necesito. Quizá sólo sea cuestión de conocerte de nuevo. O conocerme a mí mismo y que no me asuste. Es bonito pensar que, después de ti, sigues estando tú.
—  Dashten Geriott

De repente lo sueltas todo:

La distancia que separa nuestros cuerpos, suele ser maldita. Me queman las silencios por dentro. Me arden las heridas de los viejos tiempo. ¿Dónde estás?, me pregunto. Sentir que te bajas del coche, que te marchas, qué ya no queda nada. Mira, estoy llorando de nuevo; cariño. Y en cada lágrima, se me cae un recuerdo tuyo: las sonrisas, no dejo de pensar en tu sonrisas de tragedia. También nos gustaba perdernos al final de una historia diferente. La rutina nunca nos gustó. ¿Recuerdas? Salíamos tomados de algún bar, atrincherando nuestras manos, aferrando nuestras ilusiones, mirando cómo la ciudad se desvanecía, arrancando nuestras pieles para hacer el amor ahí, entre algún rinconcito de la ciudad. Parece que fue ayer cuando tiraste la puerta. Y yo apenas estoy empezando a extrañarte. Los días, las noches, la cama vacía, el hueco en mi habitación, las ganas en las sábanas, los atardeceres, las mañanas de: “desnuda-me el alma.” Supongo que sigues perdida entre las galaxias que dibujan tu cuerpo, las nubes que dibujan tus labios, y lluvia que cubren tus heridas. Hace frío. ¿Dónde carajo estás? Debo ir a buscarte. De repente lo sueltas todo en un intento de volver hacer un incendio, y no un puto invierno.