los que vivimos

Increíble que te hayas ido. Pequeñas grandes cosas me recuerdan que pasaste por mi vida, que te escuché reír un montón de veces, que todo era más bonito cuando estabas tú. Todos los días te tengo en las canciones que te gustan, en las frases que inventamos y, nunca te lo dije, pero cuando veo o pruebo un arándano tu recuerdo llega a mí. Ya no estás para abrazarme mas existes en los sueños compartidos, en los chistes que reímos, en lo que vivimos y en lo que nunca sucedió. Existes en estas ganas que tengo de decirte una vez más «Gracias».
—  Coos
Respira lento, regresa el tiempo, que yo de amarte no me arrepiento. Lo que vivimos fue tan sincero, cuánto te quise, cuánto te quiero…
—  Carlos Rivera
No, yo no podría odiarte. Me quedo con lo bonito que vivimos, con nuestras risas, los planes que nunca se concretaron, las ilusiones; no podría odiar a quien me enseñó una forma bonita de amar…
—  Daniela Trejo, Memorias de mi corazón roto.
Perdí la cuenta ...

Jamás hay que llevar la cuenta de nada de lo que hacemos o sentimos, de lo que pensamos o vivimos. Jamás hay que contar las sonrisas, los abrazos, los besos, las lágrimas, las caídas. Jamás lleves la cuenta… Es mejor perderla, así lo disfrutas y lo vives mejor, así como yo, que perdí la cuenta de las veces que te amé y no sé si aún sigo contándolas…
1. Te amé desde la primera vez que te vi… Aunque mi mente no lo sabía, nuestro amor estaba predestinado… Mi amor hacia ti estaba ahí, para ti, sólo para ti.
2. Amé tus primeros abrazos, sonrisas, palabras, entregas, lágrimas. Amé esos primeros momentos contigo, conmigo, con los dos.
3. Amé los tropiezos, las peleas, las decepciones e incluso las traiciones. El mal sabor de boca que me dejaba tu ausencia y la emoción que me provocaba tu presencia.
4. Amé los corazones rotos, las palabras hirientes. Las reconciliaciones.
5. Amé el sexo fugaz, el sexo entre besos y caricias, el sexo de locura. Amé tu sexo.
6. Amé tu compañía, esa que me llenaba hasta el alma y no me faltaba nada. Amé tu abandono, tu descuido y tu indiferencia.
7. Amé tus palabras de amor, de odio. Amé ambos tonos. Dulce y amargo.
8. Amé tus miradas, tus gestos, tus movimientos, tus muletillas, tus manías. Amé tu locura.
9. Amé el dolor y la traición, amé las lágrimas, el sufrimiento. Amé extrañarte y necesitarte.
10. Amé todo, Todo lo que eres, todo lo que fuiste e incluso todo lo que serás. Te amé entero y sin pausas. Te amé tanto que perdí la cuenta…

No, yo no podría odiarte. Me quedo con lo bonito que vivimos, con nuestras risas, los planes que nunca se concretaron, las ilusiones; no podría odiar a quien me enseñó una forma bonita de amar…
—  Daniela Trejo, Memorias de mi corazón roto
—¿Por qué me llamaste? ¿Cuál es tu intención?
—Sólo te extrañaba. Echo de menos volver a verte como antes.
—¿No te dije que tenías que olvidarme? que echaras a la basura todos esos recuerdos y que ya no significan nada para mí.
—Aún no lo he logrado y no logro comprender como lo hiciste con tanta facilidad. Cada día sale algo bueno a relucir de lo que vivimos juntos. ¿Por qué me dejaste?
—¿Ya lo olvidaste? Fuiste tú el que faltaste al respeto a nuestro amor al no ser sincero desde un principio. Ahora te estás quemando en tu propia hoguera y por eso me llamaste. Pero no pienso caer nuevamente en tu trampa. No, hasta que sufras lo suficiente y aprendas a apreciar la presencia de quien vela por ti. Estoy cansada de chocar con patanes que sólo juegan conmigo. Pensé, creí, tontamente que tu serías la excepción pero tuviste que estropearlo.
—Y te pedí disculpas.
—¿Y de qué me sirven tus palabras frente a tus acciones? ¿Qué se hace con una disculpa? No seas idiota. Un perdón no me va recuperar de todo este dolor y mis lágrimas derramadas. Parece que el que menos entiende al amor eres tú y crees hacerlo.
—¿Entonces ya no piensas en mí?
—A veces. Nunca podré borrarte del todo pero debo seguir con mi vida y tú también. Debes encontrar tu felicidad. Si no lo fui yo, será otra persona. Pero si no sabes desgarrarte por una chica ni dar todo por ella, nunca tendrás algo sincero. No olvides esto último. Gracias por haber pasado por mi vida; me hiciste más fuerte, más valiente, más sabia, para no caer en ese abismo. Buena suerte…
—  Diálogo para una despedida acordada, Joseph Kapone
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Razones por las que los hombres vivimos menos que las mujeres.