los ojos de muerte

Los poetas fuman, los poetas escriben, los poetas aman, sus poemas odian, los poetas beben, los poetas viven encerrados en su poesía… Los poetas huelen a muerte, beben café con ella cuando la inspiración los abandona.

Los poetas no temen a la muerte porque para ellos es el punto final del poema más hermoso jamás creado.
Los poetas no temen a la muerte porque ya han conocido algo más amargo que ésta, sus musas.

Los poetas no temen a la muerte porque saben que de haber algo después de ésta, no es nada que no conozcan, pues después de todo ¿qué poeta no ha pisado el infierno en cada una de sus letras? O peor aún ¿qué poeta no ha sido capaz de ver un paraíso cada vez que admira los ojos de su musa?

Los poetas no temen a la muerte porque han leído que de la vida recibes lo que das, entonces de la muerte es lo contrario, imaginan su premio tras una vida de poesía.

Los poetas no temen a la muerte… Ella teme a los poetas porque no los comprende.

—  Yair González
De repente regreso de la muerte, al abrir los ojos me encuentro en una sala de hospital y miles de enfermeras se alegran por saberme vivo. ¿Dónde están mis amigos? ¿Y mis padres? ¿Y mis enemigos? ¿Por qué nadie está aquí? Ahora lo entiendo, lo veo más claramente, que ciego estuve todo el tiempo. Un amigo no es aquél que siempre te escucha o entiende tus malas pasadas sino también quien se queda por más mal que vaya la jugada. Un amigo es aquél que se desvela por saberte con bien, que hace hasta lo imposible por devolverte el ánimo y no dejarte derrumbar por más oscuros que se vean los días, hacerte ver que aún hay luz. Un amigo siente tu dolor como si fuera suyo, bajaría al mismísimo infierno por recuperarte, sin ti siente un dolor que lo retuerce y un vacío que nadie podrá reemplazar. ¿Has sentido alguna vez que te disparan con una escopeta en el pecho? Ahora aumenta eso cien veces en tu mente porque nada duele tanto como perder una verdadera amistad que es más fuerte que cualquier lazo que conozcas. -Llevas tres años en coma, me responde una enfermera. Vinieron durante tres meses pero después desistieron de alguna esperanza de saberte vivo. ¡Ah, ahora me siento traicionado en quienes más confíe! ¿Tan poca es la paciencia? ¡Maldito ese amor que profanaron y ahora caduca mucho antes que yo! ¿Acaso no pudieron simplemente quedarse? ¿Gastar sus horas conmigo? Ahora deben estar allá afuera siguiendo en sus mundos. Y se espantarán como cuando ven un milagro y correrán a abrazarme, hipócritas que su amor se despierta cuando se saben equivocados. -¿Puede decirles que no quiero verlos? Le digo a la enfermera. Ahora todo lo que quiero es tener a alguien que se espere mil años y sienta que ha pasado un segundo, que no me trate como un extraño cuando regreso de mi sueño y sólo se alegra como quien descubre que ha recuperado lo perdido, no estoy enojado con quienes me rodean sólo un poco defraudado…
—  La paciencia es un lenguaje demasiado oxidado, Joseph Kapone (Fragmento)

Del libro: “Cómo caer al mundo”. (Antología, Libro #3)

ALGUIEN QUE DESPIERTA


Abre tus ojos de barro
tus ojos de cielo y de noche interrumpida
tus ojos de alfombra, tus ojos pisoteados
ábrete a la luz y ala sombra y a los vientos
a la sombra negra que arrojan los cuerpos.
Árbol de la ceguera, de las muertes,
camino de las desapariciones,
marchas hacia los ojos abiertos del tiempo
hacia el agua pura del instante que corre
cuando te detienes te tornas invisible
cuando andas te destruyes
sólo eres la sombra de la idea de ser
pero con el hueco de tu mano ves todo
por el hueco de tu mano te derramas,
cuerpo ávido de caricias de atmósferas,
mil veces impasible, mil veces tierno
pero finalmente absorbido por la nada
que corroe lentamente el agua del tiempo.

Aldo Pellegrini

Por: Giu U

Crisis existencial

        “La locura tiene sus ventajas”  escuché alguna vez. No recuerdo si la frase salió de algún vagabundo, o de mi  propia conciencia que siempre está  dándome batalla.
         La locura me ha dado momentos fuera de lo ordinario, una mente mágica, la visión de alguien que no compra ídolos en la pantalla y un par de manías reprochables. Me ha dado libertad. Pero en esa misma libertad se esconde mi desdicha, la soledad de una desquiciada que únicamente sigue sus propios pasos es como un montón de pinchazos en los ojos, pinchazos que no cesarán hasta la muerte, o hasta que me rinda ante la normalidad de un mundo que no sabe sentir. Es el precio que hay que pagar por ser uno mismo.
         Pareciera que disfruto mi perpetua soledad, la falta de compromiso con el otro, mis aires de independencia  –lo que no es del todo  mentira– pero  la verdad tiene un énfasis más melancólico, mi verdad se basa en que nadie me comprende, en que le huyo a los cuerpos sin alma, en que no voy a mendigar por el amor de nadie, y punto; así lo he decidido, porque el camino de los que mendigan el amor y la fidelidad –hasta de sus propios amigos– es vacío y sin sentido y yo veo mucho más allá de eso. Y ahí volvemos al tema de mis arranques maniáticos y mis delirios místicos que no son más que el resultado de una existencia milenaria, la cual me ha dejado enferma de ésta dimensión vana sin más sorpresas que la muerte, y que me hace buscar  las cuestiones metafísicas con una desesperación que me ha acercado peligrosamente a lo que en la sociedad llaman “locura”, pero a lo que a mí me gusta nombrar como “Despertar Espiritual”.
         En fin, mis cosas raras me han orillado a esto, a mirar para los costados y no ver a nadie, ni a un amigo en quién confiar, ni a un amante que me dure más de cuatro o cinco noches. La soledad absoluta crece conforme se agrava ésta enfermedad mía de quererme encontrar conmigo misma. No es culpa de los demás, hay que tenerme paciencia, quizás yo no he sabido explicarme bien y quienes me interesan interpretan mis crisis existenciales –con ciertos períodos de depresión – en un desinterés por ellos, lo cual no es tan cierto.
         No sé qué será de mi destino de ahora en más, lo he dejado en manos del Universo porque yo no voy a dirigirlo con mano dura, no es mi estilo, me he lanzado a la suerte y que sea lo que tenga que ser. Lo único seguro es que yo escogí el camino que pocos elijen, y si solo me trae ausencias qué así sea, porque tengo algo dentro de mí que pocos seres humanos de ésta era se animan siquiera a buscar, mi propia alma.

nueva jerusalem

lo escribo para decírtelo
detrás de un muro de vapor tóxico
que emana el sol
que brilla al otro lado

detrás de la cerradura
de tu puerta
hay gato encerrado

yo toco esa
me sale lagarija

esa puerta no tira nada

y los sueños y la oscuridad
de los sueños de los que estábamos
involucrados
en aquella época
la reivindicación de la muerte

la llama de los ojos
que velan por tu sueño
o el vigilante que espera

secarse hasta acabar siendo
de piedra

del otro lado

este sol que tengo
nos ilumina y mata

y mejor prendele vela
a ese santo
que escuché por el barrio
que decían la noche de ser
se puede poner negra

ya sé que para vos soy piedra
cuando me pongo duro

vení salí
sentate acá a esperar el fin del mundo.

Un pikachu con los ojos sangrando

Soy las cuatro de la mañana con hambre de muerte y explosiones destazando las aspiraciones que te metiste en la cabeza entiende bb no me molesta que estés siempre dispuesta a bajarte los calzones frente a una cámara para sentir dos madrazos menos de soledad  no me molestas ven para acá traigo los demonios hambrientos soy esa edad que creíste la mejor aunque fuera una mierda soy un camión hambriento de cabezas soy un holograma endemoniado moviendo cosas de su lugar en tu cuarto un pikachu con los ojos sangrando un perro lamiendo la mano con la que acabo de tocarte soy las cuatro oscuridades dentro de mí antes de que la sexta me ilumine junto al barrio destripado negociado barajeado en la tabla arriba de una cubeta con tres choferes de pesera apostando la comida de sus hijos soy sus hijos destrozando caras en la secundaria soy un grito en la avenida que despierta vecinos que prefieren regresar a la cama y no hacer nada soy una ciudad hambrienta de corazones para comprimirlos junto a otros corazones en el metro hoy se reportó un estallido de corazones en la estación Balderas cientos de usuarios afectados con cara de pedrada cara de requerimiento de hacienda cara de que cada que contestas el teléfono crees que te van a avisar que revivió tu abuela soy una ausencia en mi familia una ausencia en mis amistades una ausencia de felicitación de cumpleaños un post menos en tu muro asfixiado de buenos deseos un like menos en tu colección de hombres soy una ausencia en los halagos que me disparan a quemarropa soy un destructor de personas que me aman soy un egocéntrico y escucho la voz de mi psicóloga guiándome a través de mi cabeza pero mi psicóloga no está desde hace tiempo así que también soy ella soy mi psicóloga sensual que dejé de ver porque me gustaba aunque la verdad fue porque quería resolver mi cabeza con la vida no con una plática soy un error más de la sep soy las cuatro de la mañana con hambre soy un final pequeño en el gran final de la humanidad devorando alegrías en este milenio de ansiedad omnisciente soy la cuatro de la mañana con una hambre fuerte terrorista mártir de los traumas después del aleteo de la mariposa que fue el like que me diste el like de la muerte el like del adiós el like de me vales verga pero quería recordarte que existo y que nunca más podrás lamerme soy una notificación que te araña el cuerpo mientras duermes una era de izquierda progresista confiada que será sustituida por la ultraderecha del miedo el miedo al futuro explotando dentro de tus sábanas soy el sudor de todos los que se deshacen el cuerpo con con mis palabras en esta vida entregada a la ansiedad invisible la ansiedad cálida soy un espejo de las sombras de otros soy un barco de papel en lago de venidas sobre tu cama soy tres dedos controlando tu cuerpo un hilo de saliva decorando tus senos soy un traste en mil pedazos sobre el suelo llévate uno ponlo debajo de tu almohada y siente cómo me desconfiguro en tu piel hasta que la atravieso y dejo de ser todo lo que fui antes para volverme sólo un cachito de ti.

La danza de la muerte

Abro los ojos, y al hacerlo un gran salón de baile aparece ante mí. Agacho la mirada, y me sorprendo al ver un vestido blanco cubriendo mi cuerpo. Es grande, llega hasta el suelo, y tiene una falda exuberante. De cintura para arriba se ciñe a mi cuerpo, resaltando los atributos de mi joven cuerpo. Acaricio la suave tela, y me fijo en las salpicaduras moradas que brotan entre el color blanco cegador que reinaba en la prenda. Éstas manchas solo aparecían en lugares específicos, advirtiéndome del posible motivo por el que me encontraba ahí.
-Ven, acércate. El baile está a punto de comenzar.
Siento un cosquilleo en mi oído al oír susurradas esas palabras, pero antes de poder girarme a mirar, el posible dueño de la voz me coge de la mano y tira de mí hacia el centro de la pista. Mi vestido contrasta con su traje. El mío es blanco, cegador, y te envuelve dándote fuerzas para luchar contra tu propia oscuridad. Pero el suyo son como las tinieblas más oscuras que se esconden en uno mismo, como un abismo que te atrae hasta caer.
-Tranquila, esa luz que emanas se extinguirá con el último compás.
Una sacudida alerta a mis sentidos. ¿Por qué no corro en sentido contrario? Una de sus manos atrapa mi cintura, y con la otra entrelaza nuestros dedos. Intento levantar la cabeza para poder mirar al dueño de la oscuridad que me abrazaba. Pero nada, no podía. Me percato de una música que va cogiendo intensidad con cada nota que suena. Acompaña nuestros pasos, y describe perfectamente el momento de incertidumbre y miedo que vivía.
-Disfruta…será lo último que harás.
La risa macabra del propietario que me tenía atrapada con su oscuridad, inunda mi cabeza. Intento girar la cabeza, para intentar acallar el sentimiento de inquietud que se alojaba en mi estómago, debajo de una de las salpicaduras moradas que parecía expandirse por el vestido. Me asombro al ver a más mujeres bailando, todas con vestidos blancos. Algunas con manchas rojas tiñendo la prenda. Algunas pocas con armas plasmadas en la tela. Y otras como yo, con salpicaduras moradas que hacían metástasis.
-Parece mentira que mujeres tan hermosas hayan tenido tan trágico final… Por eso estás aquí pelirroja, una compensación por tu desdicha.
Sus labios se posan en mi cuello, y sus brazos, que emanaban una oscuridad atractiva, estrechan mi cuerpo para pegarlo al suyo. Oigo su risa ronca en mi cabeza de nuevo. Pero noto, por la proximidad de nuestros labios, que no está sonriendo, ni tiene ligeramente abierta la boca. Con fuerza aprisiona mi cintura, y me levanta por encima de él mientras da una vuelta sobre si mismo. Durante un segundo veo dos luceros negros, pero enseguida la cortina de su pelo los tapa de nuevo.
-¿Preparada? Llegan los últimos compases.
Me baja de nuevo, colocándonos en la posición inicial. Mi mirada se desvía a mi vestido, y abro los ojos como platos al ver que las salpicaduras moradas y el blanco cegador, habían desaparecido para dar lugar a mi propia oscuridad. Se parecía a la suya, pero en mi vestido aún quedaba algo de blanco, algo de esperanza.
-Ni te lo plantees…ya no queda esperanza para ti.
Posa sus labios sobre los míos, y ahogo un grito en su boca al ver una calavera con dos grandes pozos negros. El blanco que quedaba se precipita por sus pozos, junto a mi alma, que cae haciendo que cierre los ojos por la dolorosa inundación de oscuridad que asfixiaba mi corazón.

Cuando Iris tenía once años quedó atrapada en un incendio y el fuego fue lo último que pudo ver. Pasó una década para que yo la conociera y nos volviéramos amigas. Un día le pregunté qué era lo que más extrañaba de la vista:

—Los colores—dijo tras un suspiro—Supongo que esperabas una respuesta más típica como ‘los rostros de las personas que amo’, pero los colores son tan maravillosos e importantes—mientras decía esto trazaba en el aire silenciosas pinceladas con sus manos, dibujando cómo recordaba los colores en su mente y cómo tomaría una fotografía de un paisaje desde donde estaba—. Cuando podemos, jamás nos damos cuenta del cielo azul, de las flores amarillas, de los verdes árboles y de todas esas pequeñas cosas que parecen insignificantes pero dan vida al mundo. La oscuridad siempre se usa como metáfora de las cosas tristes de la vida y, no es por error, porque la eterna oscuridad se parece a la muerte. Mis ojos están de luto todos los días.

Derramó una lágrima sobre su mejilla. Tuve por un segundo curiosidad de saber cuántas cristalinas gotas había soltado hasta hoy por cada cosa que no pudo ver pero me guardé mis dudas.

—Me extraño a mí—agregó.
—¿Perdón?—le pregunté sin entender.
—Te diré algo que no suelo confesar porque parece egoísta, pero es dolorosamente cierto. En un mundo tan gigante del cual podría extrañar millones de cosas, no puedo evitar extrañarme a mí misma. El tiempo se detuvo en el recuerdo de la niña que ya no soy y ahora soy una mujer que es para mí una completa desconocida. ¿Quién podría imaginar que verse al espejo es tan importante? ¡Ni siquiera yo, pero lo es! La mujer que superficialmente soy, es más de otros que propia.

Entonces vi las ondas de sus párpados suavizarse al cerrar sus ojos menguantes, vi cómo pasaba sus manos por su rostro y cómo su cuerpo comenzaba a balancearse. Estiraba su brazo para tocar algo que no estaba ahí, mientras yo la observaba. Me di cuenta que ella estaba mirándose en un espejo y una explosión de colores bañaba la oscuridad de su imaginación.

Una sonrisa se dibujó en su rostro, por un minuto fui yo quien estaba ciega y no pude ver lo que ocurría en su mundo.
—  Iris, Denise Márquez
Me mantuve firme, mirándolo fijamente a los ojos. —No hiciste nada. ¿Desde cuándo el sexo es de vida o muerte para ti?
—¡Desde que es contigo!
Miré a mi alrededor, al ver que estábamos haciendo una escena.
La gente caminaba lentamente, mirando y murmurando entre sí. Sentí que mis orejas ardían, y se extendía por todo mi rostro, haciendo de mis ojos agua. Él cerró los ojos, tratando de recobrar la compostura antes de hablar otra vez. —¿Es eso? ¿No crees que significó algo para mí?
—Tú eres Travis Maddox.
—  Beautiful Desaster
UN POEMA DEMASIADO MARICA

No me digas que me calme

cuando allá afuera hay personas asesinando promesas, soltando lágrimas, mirando al cielo sin temor a que llueva, corriendo por las calles como perros sin importar lo que pueda pasar .

No me digas que me calme

cuando mi corazón se acelera, cuando mi corazón hace ritos satánicos, cuando mi corazón se desvela viendo un programa viejo de televisión.

No me digas que me calme

si dices que hay libros inconclusos, muerte, destrucción, ojos más bellos que los tuyos, anfetaminas de colores que no me gustan, palabras que no te he dicho y poemas de amor que provocan que los gatos arañen mi alma.

No me digas que me calme

sin intentar sacarte el corazón. Dejándome con los ojos abiertos. Apuntándome con un revólver cargado con todas las palabras rotas que nunca te dije. Cargado con las mentiras de la semana. 

No me digas que me calme

si también  me dices que no sabes que decir cuando me arrancas mil infiernos del pecho. Si mi lengua se quedó sin tinta y mi respiración se estruja y deja mi cuerpo para alcoholizarse y solo me deja con mil descargas eléctricas en cada poro, en cada latido al verte.

No me digas que me calme, sin mirarme a los ojos.

No me digas que me calme

cuando estamos los dos juntos.

“No hay razones para permanecer viva” dijo ella pero de repente lo miró a los ojos y decidió que la muerte podía esperar un día más.
—  Alma de Colibrí
¿Qué puedo yo ofrecerte?
Sólo poemas
páginas incompletas
historias viajeras
un montón de estrellas
recién despiertas
nubes para tu jardín
hadas solitarias que no duermen
duendes hechos palabras
una Mona Lisa sobre tu espalda
pintada con acuarelas de mis dedos
¿Qué puedo ofrecerte?
Nada para ti tengo
sólo suspiros que nos abren los ojos
hacia la conciencia de la muerte
fractales de montañas no escaladas
el encanto de vivir en el presente
Soy todo tuyo
pero nada puedo ofrecerte
peregrinos pasos al instante
a los cráteres de plata invitarte
una vuelta con susurros
a las islas de cualquier continente
un caleidoscopio de juventud
Nada tengo que ofrecerte
sólo un mundo verdadero
lleno de milagros y mejor que este
pero no está aquí sino en mi mente
—  De la costa al desierto by Quetzal Noah
Día 26-FanFic Wigetta-Un Mes


Era lunes por la mañana, Samuel sentía las lagrimas secas en su rostro. Guillermo había terminado abrazando a Samuel del torso y Zeus en medio de ellos dos, así como en los viejos tiempos, cuando Zeus era apenas un bebé. Porque ellos había sido sus padres desde el momento que salió del hospital en brazos de la hermana de Guillermo. ¿Enserio se atrevería a abandonarlos? ¿En verdad estaba tan enamorado de Estefanía como decía estarlo? ¿Había luchado tanto para solo dejarlo caer sus manos y hacerlo añicos? ¿Estaba decidió a firma esos papeles?
Los dejo dormir, habían pasado por tantos altibajos que se hacia una idea de el daño emocional que estarían sufriendo estos últimos días.  A veces se sentía culpable por lo que  sentía, sentía que engañaba a Guillermo de todas las formas posibles, porque quería demostrarle que en el fondo, todavía lo amaba pero después ese amor  y cariño se lo regalaba a Estefanía y ella lo convertía en un deseo sexual.  
Amaba a su hijo, tanto que soportaba la inquietud que le causaba tener que besar, abrazar y querer a Guillermo en frente de los ojos de Zeus. No tenia idea si lo hacia por Zeus o por él mismo. Ya no sabia que sentía.  
No tenia ninguna intensión de odiar a nadie, ni siquiera a Estefanía quien había sacrificado la vida de un pequeño inocente, su hijo propio, a la de ella. Sinceramente prefería la del bebé pero ya era muy tarde y él no decidía sobre el cuerpo de Estefanía.  
Sentía como si todo su cuerpo se fuera a desplomar en cualquier momento, sus sentimientos lo estaban afectado mucho. La culpa, eso era lo que lo estaba literalmente matando. Por su culpa Guillermo tal vez estaría a días de su muerte y solo estaba luchando cada segundo de su vida y daba cada calada de aire por Zeus, no por él.  
Acomodo su playera, se vio al espejo de cuerpo completo. Ya no se reconocía, parecía otra persona, distante a todo lo que era antes, al Samuel que existía años atrás que estaba arrasándose de amor por Guillermo. Parecía exagerado pero así estaba tiempo atrás, Guillermo no había sido alguien muy fácil de conquistar.  
Las gotas de su cabello mojado caían por su rostro, las limpio y seco su cabello pasando una toalla sobre el. Era muy temprano, las calles todavía estaban obscuras, tal vez era el cambio de estación, tal vez, él ya no pudo conciliar el sueño y ya muy poco le importaba el tiempo.  
Preparo el desayuno y lo dejo en la mesa con una pequeña nota y después salió hacia su trabajo. Zeus despertaría con un dolor de cabeza horrible, decidió no llevarlo a la escuela, le habían recomendado reposo.
A su teléfono le llegaban miles de mensajes, llamadas perdidas y mensajes de voz, no necesariamente de su madre. Eran todas de Estefanía y la culpa que cargaba. Aun cuando Samuel le había alzado la voz y le hubiese dicho tal cosa, ella seguía con esa obsesión de mantenerlo a su lado, constase lo que costase. Pero era obsesión, no amor. Hizo caso omiso a cualquier cosa que ella dijese pero de una u otra forma, tendrían que hablar y arreglar sus problemas. Samuel podía personarla, de cualquier cosas pero Zeus era intocable, no le permitiría eso a Estefanía, de cierta forma no la perdonaría del todo pero ella ya se estaba convirtiendo, prácticamente en su esposa. No quería el divorcio para librarse de Guillermo. Así, al menos, no lo pensaba.  
La salud de su familia iba de mal en peor, Guillermo luchaba él solo con una enfermedad de la que Samuel, no tenia conocimiento, el simple hecho de pensar en la posibilidad de que Guillermo se fuese, le causaba gran terror. Y ahí estaba la polémica entre si dejarlo o seguir luchando por algo que tal vez se había acabado ya hace tiempo.  
La tarde paso lenta y aburrida, el reloj marcaba al rededor de las cuatro y media de la tarde, Samuel había quedado verse con Estefanía en una cafetería cerca de su casa.  
Guillermo había despertado muy tarde  eso lo alarmo. Era tanto el cansancio que existía en su consiente que no tenia ganas ni de respirar. Zeus tenia un plato de cereales y veía la televisión, seguía en la ropa de ayer.  
-Buenos días pequeño.
-Buenos días papi  
-¿Y tú padre?-se levanto de la cama, tenia todo el cuerpo adolorido, los ojos le pesaban y se sentia de muerte pero tuvo la fuerza para regresarle la sonrisa a su hijo. Zeus alzo los hombros
-Dejo un papel en la cocina  
-¿Como te sientes?  
-Bien pero me duele-toco su cabeza y el vendaje blanco.
Guillermo se sorprendió al ver la casa limpia y el desayuno en la mesa con una nota que anunciaba que Samuel llegaría pronto. ¿Tanto había dormido?
Se dio una ducha muy corta al igual que Zeus, cuidando la herida de su cabeza y colocado otro vendaje.  
-Parece un gorrito-dijo Zeus mientras Guillermo con pocas fuerzas le ponía el pantalón, le saco una gran sonrisa y asintió ante el cometario de Zeus.  
Se fue a preparar la comida, era muy tarde pero estaba consiente que tenia un hijo, que de seguro moría de hambre.  
Pero entonces, cuando había puesto el plato en la mesa donde todavía yacía el desayuno sin siquiera haber sido tocado por Guillermo. Todos se volvió negro, su vista fallo, sus piernas fallaron, un escalofrió recorrió su cuerpo y su cuerpo callo sobre el frio suelo. Zeus salió corriendo de la habitación por el ruido de algo caer. Vio a Guillermo tirado, con los ojos cerrado.  
<<¿Estará durmiendo? ¿Porque en el suelo?>>-pensó
Se acerco a él y lo movió, pero no estaba durmiendo. Se preocupo. ¿Le habrá pasado lo mismo que a su pez?
Tomo el teléfono de Guillermo, suerte que no tenia clave y que Zeus era un niño extremadamente inteligente.
El teléfono de Samuel vibro en sus pantalones y detuvo su caminar hacia la cafetería, en la pantalla estaba el nombre de Guillermo, inconscientemente sonrió pero le preocupo, Guillermo casi no le llamaba a menos que fuese una emergencia.
-Guille ¿Que sucede?
-Soy yo…-una voz de un infante se escucho del otro lado y de repente la sangre se le congelo, no tenia un buen presentimiento de esto-Papi esta acostado en el suelo, no despierta
Zeus estaba a punto de soltar lagrimas y su voz lo comprobaba. Estaba sentado a un lado del cuerpo de Guillermo, inmóvil. No sabia si regresarse o ir con Estefanía. Escogió por correr a su auto y conducir lo mas rápido que pudo hasta su casa, casi sin importar si mataba a alguien por el camino.
De una forma, muy dramática entro a la casa y corrió hasta Guillermo, todavía respiraba, solo se había desmayado. Vio los patos de la mañana con el desayuno todavía ahí. Guillermo no había comido nada desde hace tiempo, y no sabia que se estaba haciendo mas daño del que ya tenia. Pero es que, él en realidad no tenia hambre, tenia nauseas, le causaba un gran dolor en el estomago y de repente, sin su consentimiento, todo se le devolvía.
Samuel lo tomo en brazos, lo llevo al sofá mientras Zeus miraba impotente, no sabia que hacer y solo se dedico a tapar su boca y no hacer ruido mientras lloraba.
Primero Zeus inconsciente y ahora Guillermo ¿Enserio había sido tan mala persona?
Samuel le paso un poco de alcohol por la nariz y le dio unos pequeños golpes, no quería hacerle daño. Un par de minutos después, despertó, sin tener conciencia de lo que había sucedido. Unas ganas inmensas de volver el estomago le llegaron hasta la garganta y Samuel le detuvo un bote, le acaricio la espalda y después le limpio la boca. Nada de residuos de comida había salido, solo agua y saliva. Guillermo se recostó de nuevo y Zeus corrió a abrazarlo mientras lloraba.  
-Papi, no te mueras-Guillermo le limpio las lagrimas y sonrió pero no contesto nada.
-Vamos Zeus, déjalo, tiene que descansar.
Zeus no quería despegarse de él, pero obedeció y con respiraciones hondas y cortas por el llanto, se fue hasta su habitación. Realmente tenia miedo a que su padre se muriera.
-¿Como te sientes?
-Cansado, muy  cansado.  
-¿Quieres que llame al medico?
Guillermo negó con la cabeza.
-Gracias.
-¿Porque?
-Por venir, supongo que estabas ocupado.  
Y Samuel se quedo callado, no sabia que responderle, lo llevo hasta la habitación, tal vez pesaba menos que Zeus y vaya que le causaba un miedo enorme. Su vida se estaba volviendo miedos y preocupaciones.  
Guillermo no quería que ningún medico lo revisara, era el miedo de que Samuel quisiera saber que tenia. El estrés también causo que se desmayara, había estado pensando tanto en un futuro, en como arreglárselas para cuidar de un niño él solo. Porque aun cuando ya no tuviese las ganas suficientes para superar casa fase de su enfermedad y seguir luchando, tenia una pequeña esperanza de un futuro sin o con Samuel. Porque sabia que tenia prácticamente los días contados, pero albergaba esa pequeña chispa de esperanza de que todo estaría bien, que él podría seguir luchando contra él mismo y todo lo que se viniese encima pero últimamente, el estrés que le causaba el cuidar de Zeus, no ser una carga para alguien mas y ser autosuficiente aún es su circunstancias, era mucho, sumándole la falta de alimento. Probablemente Guillermo estaría muerto. De no ser por aquellos pequeños ojos que derraman lagrimas he imploraban que su padre siguiera vivo. Y como ya muchas veces se lo había demostrado, solo luchaba por su hijo.
-Debe de haber algún tratamiento ¿No te das cuenta? Guillermo, estas muriendo y yo no puedo soportar verte así.
-Es un simple resfriado y con las circunstancias… ya sabes, esto de la separación… No hay tratamiento, solo alérgicos.
-Guillermo no me mientas, solo esta vez, sé sincero conmigo.
Guillermo dio una gran calada de aire, era lo que le faltaba a sus pulmones, aire y mas aire, sentía como si sus pulmones se hundieran junto con su corazón que era frágil.
-Estoy cansado. Hablemos de eso, después. Zeus no ha comido, te agradecería si pudieras prepararle algo.  
-Y ¿Tú? ¿Has comido algo?
Guillermo negó. Pero tampoco es como si tuviese hambre, no la tenia.  
-Te traeré algo.
Paso el tiempo, Guillermo se había quedado dormido. Samuel se había olvidado de Estefanía y jugaba con Zeus con el nuevo juego que le había comprado. Afuera llovía, los días últimamente eran fríos, húmedos y muy grises.
Estefanía había regresado a casa sola, en medio de la noche con peligro de ser asaltada o cualquier otra cosa. Las lagrimas que resbalan por su rostro y se perdían con la lluvia que caía sobre ella, eran de rabia, no se podía describir aquel sentimiento que hería su corazón, se sentía decepcionada, usada. Estefanía, se estaba enamorando de un hombre casado, con una familia. Creía que tenia bien controlados sus sentimientos pero ahora todo se le iba de las manos de un día a otro.
Samuel se sentó al borde de la cama después de haberle leído un cuento a Zeus.  
<<Ojala todos fuese tan fácil igual que en el libro>>-se dijo así mismo.  
Lo acomodo, le puso las mantas encima y le dio un beso en la frente. Dejo salir un gran suspiro cuando estuvo en el pasillo.  
Vio el plato de fruta, no había ni siquiera tocado ni movido de la mesa. Prendió la luz de su habitación, el reloj marcaba las once y media de la noche. Miro casa centímetro de Guillermo. ¿En que momento se había muerto y seguía respirando? ¿Por qué no le decía lo que le sucedería?
Todos sus huesos resaltaban mas, su piel había perdidos su color y ahora lo cubrían marchas que según Guillermo, no le dolían pero claro que lo hacían.  
Un escalofrió recorrió a Samuel. Se recostó a un lado de Guillermo y se durmió imaginando que nada pasaba y que todos estaba perfecto. 

Día 27 con unagordashipperdewigetta