los & lex

Olá amores, estamos aqui hoje, para avisar aos nossos seguidores e parceiros que a Girls Classic está desativando, pelo motivo de que as integrantes estão sem tempo para se dedicar melhor a família e para que a família não fique largada, achamos melhor desativar por um tempo, até que as coisas melhorem para todas.

Queremos agradecer a todos vocês que sempre estiveram nos apoiando, aos seguidores que sempre participaram das nossas atividades e aos nossos parceiros que sempre reblogaram nossas atividades e fizeram atividades conosco. 

  • Isso não é um adeus, é apenas um até breve! Desejamos muito sucesso a todos e obrigada por estar com nós até aqui 

Com amor, Dinha (@charmingoals); Lo (@sexgoldie); Gi (@webmodel); Lex (@sxdolls); Gabi (@pontodlua); Cah (@dramami) e Bea (@sexmodel).

En serio no intentes hacer que tus recetas luzcan como las de pinterest porque son una enorme mentira — exclamó la chica observando su plato con brownies de galletas que lucían cualquier cosa menos eso — pero de sabor han quedado bien ¿quieres probar? — 

En alta mar-Historia Wigetta

Parte 1

Samuel de Luque era una leyenda.

El hijo del Gran Eduardo de Luque se había convertido en alguien aún más temido que su progenitor.

Era conocido como el mejor pirata de todos los tiempos.

El terror de los puertos.        

El conquistador de islas.

Desde su niñez su vida había pertenecido al océano, el barco había sido su hogar y los puertos sus escuelas, donde aprendió el oficio familiar de la mejor manera, tanto así que cuando cumplió sus 18 años heredó el barco de su abuelo y comenzó a navegar. Al principio nadie quería unirse a su tripulación, “un niñato de 18 años no está listo para ser capitán” era lo que  decían, su cuerpo era débil, su ropa de niño bueno, y su actitud era infantil, entonces  tuvo que probarse ante muchos, dentro de su inmadurez quería probar que era el mejor. Y lo logró cortando un par de cabezas y dejando cuerpos sin vida, pero no se arrepentía, su corazón era frío a la hora de atacar.

Un año después, para sus 19 años, las personas rogaban unirse a él en sus aventuras, pero ahora él era el que se negaba, había conseguido la mejor tripulación que hubiese podido desear, hombres fieles, dispuestos a entregar su vida al océano junto a él, capaces de cometer los más crueles delitos con tal de conseguir aquello que estaban buscando.

Como ahora.

Había pasado el tiempo, Samuel acababa de cumplir sus 24 años, ya no era un niño, era un hombre hecho y derecho. Tanto su cuerpo como su mente habían crecido en conjunto, su pecho y brazos marcados entre tatuajes y heridas en batalla. Su manera de vestir cambio radicalmente también, dejo atrás la ropa de “niño bueno” como solían decir y comenzó con la vestimenta de un verdadero pirata, botas y pantalones de cuero, camisas de tela y chaquetas oscuras. En su cadera junto a él siempre sus dos fieles espadas y su pistola cargada. Siempre debía estar listo, sus armas nunca abandonaban su cuerpo.

Su tripulación le había hecho una fiesta mientras navegaban de regreso al pueblo natal de su capitán para que este visitara su familia, al año eran pocas las veces que iba a visitarlos, pero siempre les dejaba dinero, joyas y lo necesario para vivir bien unos buenos meses. También donaba al orfanato del pueblo y a otros lugares más. El pueblo donde había nacido y pasado algún tiempo en su niñez había sido abandonado por los reyes, muchas veces morían de hambre, las casas se venía abajo y la gente enfermaba de gravedad, cabe mencionar que a los reyes era poco lo que les importaba, así que el intentaba ayudar un poco, una vez al año no lo hacía mejor persona.

Una vez una persona lo llamo “El Robin Hood Pirata”, a esa persona le corto la lengua. Él no era un santo, él ayudaba a los que lo ayudaban. El orfanato, por ejemplo, le había dado a su mejor amigo, su mano derecha, su fiel teniente Rubén Doblas (y el estaría eternamente agradecido con ellos.)

Pero, tenía una reputación que mantener.

Dentro de su duro corazón, muchas veces tenía piedad, las únicas personas que conocían el lado bueno del capitán era su tripulación, principalmente su teniente, pero el miedo era incluso más grande, entonces nadie nunca mencionaba nada.

A ellos no debía importarles, solo seguían órdenes como cualquiera.

Pero los planes habían cambiado cuando pensaban partir unas horas más tarde de ese pueblo para no verlo más al menos durante un largo periodo de tiempo.  Frank, su cocinero, había llegado un poco más tarde al puerto de la hora citada pero antes de que Samuel lo hubiera podido regañar este le dio la mejor noticia del día.

El rey estaba en el pueblo.

Eso solo había alegrado su cumpleaños.

El Rey Roberto Díaz era un inútil, cuando el pueblo rogaba por ayuda este lo único que sabía decir era que él no debía lidiar con gente que estaba a tantas horas de su castillo y solo sabían pescar. Así de descarado.

Pero el rey tenía un heredero, un hijo de 20 años llamado Guillermo. No se sabía mucho de él más que era su futuro soberano. Nunca era visto en público, ni en eventos sociales que el rey organizaba, exceptuando el que se hizo “en su honor” para buscarle una pareja, evento que no salió nada bien ya que el príncipe ni se presentó, el rey Roberto nunca hablaba de su hijo.

La reina a diferencia del rey,siempre hablaba del príncipe con ilusión, era la luz de sus ojos, su razón de vivir.

Pero, si había algo que tenían en común la pareja real es que harían lo que fuera para proteger a su hijo.

Samuel sonrió con malicia.

Sus hombres conocían mejor que nadie cuando tenía una idea. Todos fueron a tomar sus armas.

No fue sencillo, la villa donde se habían estado quedando tenía más seguridad que muchas a las que habían atracado con anterioridad. Samuel les ordenó a sus hombres ser “lo más limpios posibles”, que significaba nada de muertos a no ser que fuera necesario, al final esos hombres solo cumplían órdenes de un idiota para poder alimentar sus familias. Entraron rápido y silencioso, noqueando en el camino a todo aquel que se les atravesara o intentara detenerlos. Una joven de no más de 20 años les dijo en donde estaba el príncipe entre llantos y temblores.

La última habitación, típico.

Samuel se movió con destreza, poniendo en práctica todo aquello que lo hacía ser el mejor, subió las escaleras, evito los guardas que pudo pero cuando llego a la habitación habían cinco guardas cuidando la puerta del príncipe. Mierda. Tomo una respiración profunda y saco sus dos espadas, que para él eran como una extensión más de su cuerpo. Tomo otra respiración y los enfrento. Sus movimientos siempre fueron fluidos y rápidos, no mato a ninguno sin embargo, solo les quebró las piernas para que no pudieran ir por ayuda, y cuando termino Rubén llegó a ponerles tela en la boca para que no gritasen.Rápidamente movió el pomo de la puerta para entrar y se sorprendió cuando noto que la puerta no estaba cerrada con llave.

Cuando finalmente entró, pensó que el príncipe gritaría al verlo o que  intentaría escapar. Pero este estaba sentado en la ventana observando el océano con admiración, Samuel conocía esa mirada, era la misma con la que él veía el agua salada. Volteo a verlos y en su mirada no había más que tristeza y miedo.
-Cámbiate- le dijo Samuel duramente mientras le amenazaba con su espada.No podía llevárselo en pijamas de seda, sería una estupidez .
El príncipe suspiro, resignado, se levanto de la ventana y caminó hasta el ropero.
-Qué sea rápido- dijo duramente el capitán. Y el príncipe agilizo sus movimientos

No pasaron ni dos minutos cuando el príncipe Guillermo se había puesto un pantalón, unas botas oscuras y una capa celeste que parecía más un abrigo que otra cosa. Su corona nunca abandonando su cabeza. Tanto el capitán como su teniente estaban realmente confundidos, ¿porqué no intentaba huir? ¿Porqué no pedía ayuda o rogaba por su vida? Pero no querían perder más tiempo pensando en tonterías, así que taparon la boca, los ojos, le amarraron las manos y lo sacaron de ahí.

La salida fue definitivamente más rápida que la entrada, ya con los guardas heridos no había quien se interpusiese en su camino. Las sirvientas estaban escondidas y tampoco mucho podrían hacer, no tenían armas para luchar contra ellos.

Samuel lo monto en un caballo que se había robado esa tarde y comenzó su regreso al puerto, este quedaba como a unos diez minutos.

Al llegar, su tripulación tomó al príncipe y lo sentaron en medio de la proa, amarrado de pies y manos. Revisaron que no llevará armas con él o algo que pudiese provocar una explosión en el barco.
El príncipe no llevaba nada,ni si quiera joyas, solo una triste cadena de metal sin ningún valor.

El capitán dio la orden, sus hombres comenzaron a moverse rápido y en cuestión de minutos el barco comenzó a adentrarse en el océano una vez más.

Samuel observó una vez más el pueblo mientras el barco comenzaba a alejarse, siempre sentía un poco de nostalgia al marchar pero el viento salado que pegaba en su nuca hacía que se olvidara de eso. Sonrío con malicia, caminó  hacia su prisionero y le quito la venda de los ojos.

-Bienvenido al “King’s Crown”, Príncipe Guillermo- dijo duramente, los ojos del príncipe con miedo se fijaban en los de él- Será un honor tenerlo en alta mar con nosotros-

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¡Bienvenidxs a  una nueva aventura!

Espero que guste muchísimo, porque me encanta la temática y la idea que quiero desarrollar. Esta es como la introducción, prólogo o como quieran llamarle, quería que quedara pequeña para comenzar con lo demás en el siguiente capítulo.

Gracias a Faby por la portada, me encanta <3

Sin más me despido, espero que lo disfruten.

Nos leemos pronto :)

-Lex


(Inicialmente solo la iba a publicar en Wattpad pero alguien por ahí me pidió que aquí también y meh, ya que :) )

But the fact that Logan, Kendall, and James were a part of Carlos’ groomsmen makes me so happy. Carlos could’ve easily only invited them or not invite them at all but he made the three of them groomsmen to have them by his side witnessing the best day of his life because they are special to him.

Just thinking about that makes me want to cry from happiness. I don’t think I could love these four men anymore than I already do